Bestias de la Luna

Los hombres lobo nacen monstruos bajo piel humana, sin conocer su autentica naturaleza hasta que cambian a la luz de la luna por vez primera. Caminan por dos mundos pero no son bienvenidos en ninguno. Llaman a los humanos y espíritus “familia” pero no so amados por ninguno. La razón humana se debate contra los instintos animales; la luna, siempre cambiante, agita su sangre.

Aunque los Uratha rechazan olvidar las historias de Pangea y la muerte trágica pro necesaria de Padre Lobo, los días de leyenda terminaron hace mucho tiempo. Ahora los hombres lobo cazan por bosques de asfalto, ladrillo y cristal así como en los bosques profundos, mientras sus garras son puestas a prueba contra la pólvora y el acero. Son los depredadores de la edad moderna.

Corazón de Lobo

Incluso si un hombre lobo cree que es, en esencia, humano, su propio corazón niega tal mentira. Sus instintos crecen en intensidad con el tiempo. Cuando está hambriento, desea carne: cuanto más cruda y sangrienta, mejor. Cuando está solo, desea compañía: la presencia de la manada le solaza de forma que la soledad nunca podría. Permanece monógamo, pero su apetito sexual se incrementa, y se convertirá en fieramente posesivo con respecto a su pareja. Los instintos lobunos bullen durante los momentos de vigilia, mientras que sueña con la presa y con la luna.

Sus sentidos les muestran aspectos del mundo que nunca antes había visto. Cundo viste su piel humana, le invade la claustrofobia. Su vista es tan fuerte como siempre, pero sus otros sentidos ven disminuido su potencial. Solo cuando cambia de forma pude disfrutar de sus autenticas capacidades. Parece algo nimio, pero si que les afecta. En todo momento que está pasando por ato cosas que de otra manera escucharía u olería. Con el tiempo, llevar a piel de un humano le resulta más alienante a la par que se siente más confortable con la forma Dalu; temeroso por aquellos que una vez quisieron volver a sus vidas de humano.

Los hombres lobo sienten a niveles que los humanos apenas llegan a equiparar. Sus alegrías son más profundas, sus melancolías más abrumadoras. Nada pulsa en el corazón de un hombre lobo como la ira. Incluso durante al infancia, un hombre lobo es rápido para la furia. Cuando se hace mayor, la ira de su alma crece con él, hasta convertirse en una fuerza sin parragón. Si se reprime, estrangulará su vida, sofocándole hasta que se colapse bajo su peso. La ira necesita descargarse, y un hombre lobo encuentra su válvula de escape al adoptar la forma Gauru, la forma de Rabia. Gauru, mitad hombre, mitad lobo, es un conducto directo para la ira de un hombre lobo, y éste solo adopta la forma de guerra para descargar esta furia.

No obstante, la forma de guerra pude llegar a tomar el control de un hombre lobo, enturbiando sus sentidos con una niebla roja conocida como Rabia Mortal. Cuando se ve abrumado por ésta, se volverá contra cualquier cosa cercana, incluso hasta el punto de matar a su propia familia y miembros de manada con su furia homicida. No queda nada del hombre o el lobo: solo el monstruo.

Aunque es complicado mantener a raya los instintos predadores, los hombres lobo deben seguir intentándolo, aquel que se entrega a su furia muy a menudo, quien caza cuando no está hambriento o come la carne de humanos o lobos, se hace más bestial, hasta que n queda más que un monstruo primario con la vaga astucia de un ser humano. Rechazar cambiar bajo la luna y correr como un lobo puede distorsionar el ego de un Uratha, pudiendo hacer que se vuelva loco. Un hombre lobo no puede rendirse a sus instintos de depredador, pero tampoco puede renunciar a ellos. Solo caminando por el filo de la senda entre el humano y la bestia, hallará algo de paz. Tales momentos son huidizos, pero son el corazón y el alma de aquello por lo que el Pueblo lucha.

Contienda Sangrienta

Los Exiliados se encuentran bajo asedio constante… principalmente por los de su propia raza. Sin importar lo cierta que sea la leyenda de Padre Lobo, las Tribus Puras si lo son. Con el transcurso de los milenios, las Tribus Puras han atormentado a los Exiliados sin descanso, atacando desde las tinieblas y asesinando a los que podían atrapar. Cuando no pueden golpear de forma directa, los Puros no dudan en atacar a los seres amados de su presa, aunque la verdad es que son pocas las veces en que no pueden alcanzara los Exiliados. En apariencia, los Puros son más numerosos que las Tribus de Selene, al menos lo suficiente como para lanzas un furioso asalto tras otro.

Dos Mundos

Algunas amenazas provienen de más allá del mundo físico. Un eco del Mundo de Tinieblas físico yace más allá de la percepción, detrás de los espejos y a final de los caminos que no llegan a ninguna parte. Esta sombra efímera, el Misil, lleva atada al mundo físico desde el principio, cada una influenciando a la otra.

Los hombres lobo son concientes de este mundo (es parte de su herencia) pero tal conocimiento es tanto una bendición como una maldición. El conocimiento del mundo espiritual y las entidades que escapan de él, son una responsabilidad más que un don. La libertad para atravesar la Celosía, el muro entre materia y espíritu, es un poder que despierta la envidia y el resentimiento de los espíritus, no la admiración. Una vez iniciado en el conocimiento del Reino Sombra, un hombre lobo sabe lo suficiente para meterse en problemas con sus habitantes.

De la misma forma que es estúpido que un hombre lobo ignore su lado bestial, también lo es negar su herencia espiritual y las responsabilidades unidas a ella. Los Exiliados habrían sido cazados y destruidos hace ya tiempo si no fuera por los pactos que mantienen con sus tótems lobo y las bendiciones de la Luna. El mundo espiritual posee gran poder para aquellos que son capaces de asumir sus responsabilidades: potentes Dones, ritos elaborados, incluso aliados potenciales… y al realizar cambios en cualquiera de estos mundos, una manada de hombres lobo puede producir similares transformaciones en su reflejo. Destruir una infestación de espíritus de la enfermedad en la Sombra puede hacer al mundo físico más saludable, mientras que reducir a escombros la casa abandonada de un asesino en serie puede hacer que los espíritus del mido y la muerte que se congregan en las cercanías en el mundo espiritual, se marchen.

Para expandir y ampliar su territorio, los hombres lobo han de prestar atención a ambos mundos. Extraen la energía del mundo espiritual para alimentar sus poderes sobrenaturales mediante el control de los loci, lugares donde la energía espiritual se vierte en el mundo físico. Solo de esta forma pueden resistir ante sus múltiples enemigos, de carne y espíritu, que los destrozarían a la menor oportunidad.

La Caza

La caza es el alma de la existencia del hombre lobo. Pocos predadores en el mundo de la carne pueden compararse a un Uratha, y muchos menos son tan peligrosos como una manada de hombres lobo. Los Uratha son criaturas que poseen los sentidos aguzados de una bestia, una fuerza más allá de la que pudiera exhibir cualquier humano, y el instinto de una maquina de matar. Un hombre lobo no se sienta a esperar que su vida se sienta amenazada, sino que se ve impelido a cazar. Y la elección de su presa le define, haciendo que los Exiliados y las Tribus Puras se lancen al cuello de otros.

Los Exiliados evitan cazar presas humanas… en la medida de lo posible. Prefieren cebarse sobre espíritus que se adentran en el mundo para perseguir las amenazas que suponen sus apetitos alienígenos y sus compulsiones más peligrosas. Aunque pactar con estos espíritus es una posibilidad, en la mayoría de las ocasiones, estos intrusos se convierten en las presas de los hombres lobo. Algunos Exiliados protegen el mundo físico como si se tratase de su deber, mientras que otros lo hacen con la pretensión de proteger a sus familias humanas. También los hay que no se preocupan demasiado de los humanos, pero acechan a los espíritus rebeldes por hambre o simplemente, una cuestión de territorialidad. Además, en muchas ocasiones los hombres lobo se dedican a cazar a los antiguos rivales de Padre lobo, conocidos como los Anfitriones: criaturas horribles, mitad espíritu, mitad alimaña, que se hacen más fuertes e inteligentes según incrementan su número. Los hombres lobo cazan humanos, siempre y cuando estos supongan una amenaza para su territorio.

Ellos también son cazados: pro espíritus amargados y resentidos contra el poder de estos bastardos, mitad seres de carne, que poseen poder sobre el mundo espiritual, y también por su propia estirpe. Las Tribus Puras se han situado del lado de los espíritus, y cazan sin descanso a los Exiliados. Los Anfitriones tratan de abatir a los Uratha allí donde los encuentran, y algunos otros habitantes sobrenaturales del Mundote Tinieblas incluso cazan hombres lobo con balas de plata, quizá por ninguna otra razón que la crueldad.
Esta es la elección del cazador. Una manada de hombres lobo debe defender su territorio contra las incursiones del exterior, no solo las del mundo físico, sino también las del espiritual. No puede esperar simplemente a que sus enemigos realicen el primer movimiento. Los hombres lobo que descubran a un enemigo más allá de los límites de su territorio han de decidir si vale la pena luchar contra él, cazándole así antes de que tenga la oportunidad de acumular el suficiente poder como para constituir una amenaza.
La elección suele ser rápida. Los Uratha son los mejores predadores que caminan bajo la luna… y los predadores cazan.