Bram Stoker

Vida y obra del autor de la genial obra DRACULA, basada en el personaje real de Vlad Tepes.

Nació en Dublín en 1847 y gozó de una salud precaria desde muy joven, lo que no le impidió que cursara estudios en el Trinity College de su ciudad natal. Más tarde ejercerá como crítico y director teatral, escribiendo varias obras de tipo fantástico, hasta que concibió su novela Drácula, que fue editada por Constable Pres de Londres en mayo de 1897.

El día 18 del mismo mes, Stoker hizo dar representación teatral de la obra en su prólogo y cinco actos, y de esta forma empezó a cobrar forma casi corpórea la figura legendaria del conde Drácula, el temible vampiro de Transilvania.

El irlandés Bram Stoker publicó la novela Drácula basándose en las leyendas surgidas en la Europa Central, sobre todo en Transilvania. Es posible que hubiese leído el libro del abad Dom Agustín Calmet, así como los relatos de Polidori y de otros autores. De lo que no hay duda es que tomó como referencia al caudillo válaco Vlad “El Empalador”, que mostraba un gusto exacerbado por la sangre de sus víctimas.

Si estudiamos la biografía de Bram Stoker, nos encontramos con un hombre reservado, seguidor del esoterismo y un periodista que conocía el oficio, sin destacar por su brillantez. La mayoría de sus relatos reúnen el gancho de lo popular, al ofrecer el estilo más conveniente para la prensa, que en aquellos tiempos recurría a las llamadas “novelas por entregas” o a los cuentos más o menos sensacionalistas.

Pero Drácula resultó todo un acierto, al convertirse en lo que se ha considerado la catedral del vampirismo. La novela está redactada en forma epistolar, lo que resultaba bastante corriente entonces (en Inglaterra la alta burguesía acostumbraba a escribir su Diario). Un recurso más directo, al ahorrarse muchas gratuitas descripciones.

El argumento de su novela puede resumirse de la siguiente manera: Jonathan Harker, un joven empleado de una firma inglesa dedicada a la compra y venta de fincas, llega a Transilvania para entrevistarse con el conde Drácula, el cual desea adquirir una propiedad en Londres. Desde el primer momento que Jonathan pisa aquellas tierras, advierte que ha entrado en un mundo cargado de supersticiones y amenazas tangibles, como la muerte de mujeres y niños, lobos sanguinarios, paisajes salidos de los infiernos y un castillo que parece haber sido edificado para dar alojamiento al mismo Satanás.

Todo lo anterior sólo es la antesala de la gran presencia, del vampiro por antonomasia: Drácula. Bram Stoker le confiere esta imagen: su rostro era firmemente aguileño, exhibía una frente alta y abombada, y sus sienes aparecían cubiertas por un cabello ralo, que se hacía bastante abundante en la cabeza. Sus cejas casi quedaban juntas en el ceño al ser tan espesas, y se hallaban compuestas por un pelo tupido que adquiría una curva pronunciada debido a su profusión.

La boca resultaba cruel debido a su firmeza, en la que aparecían unos dientes blancos y afilados, que le asomaban por encima de los labios. Estos eran tan rojos que delataban una energía prodigiosa en un hombre de avanzada edad. Por otra parte, exhibía unas orejas pálidas y exageradamente puntiagudas en la zona superior. En todo su semblante dominaba una palidez extraordinaria…

Pero si la figura del vampiro impresiona, mucho más sobrecoge su comportamiento: no se refleja en los espejos, sólo recibe a su invitado durante la noche, es capaz de descender por las paredes del castillo como lo haría un gato y, cuando Jonathan se ve asediado por unas bellísimas harpías, interviene como un tirano poderoso para dejar claro que el “joven inglés” solo a él le pertenece.

Puede resumirse esta parte de la novela como un macabro preámbulo de una tragedia, que irá adquiriendo tintes de Apocalipsis en un barco que atraviesa el Canal de la Mancha llevando en sus bodegas el ataúd del conde Drácula.

Frente a las costas de Inglaterra, éste abandona la embarcación después de adquirir la forma de un perro gigantesco. Un suceso que va a ser encadenado con el ataque del vampiro, sobre unas bellísimas jóvenes londinenses, una de las cuales es la prometida de Jonathan Harker.

Como las jóvenes se consumen por culpa de una enfermedad misteriosa, se recurre a los servicios del doctor Van Helsing. Y este personaje se convertirá, nada más aparecer, en un incansable cazador de vampiros. Gracias a sus recursos, sobre todo el empleo de ajos y de cruces, junto a las puertas y las ventanas completamente cerradas, se logra detener los primeros ataques.

No obstante, Drácula cuenta con tantos poderes, que es capaz de influir en la mente de un loco homicida para que le permita la entrada allí donde se encuentra su víctima más preciada. Ha convertido a una de las jóvenes en una vampira. Y cuando intenta hacer lo mismo con Mina Harker, que ya es esposa de Jonathan, a la que materialmente ha dado muerte, es destruido…

¿Destruido? La literatura y el cine nos han demostrado que por muchas afiladas estacas que se claven en el corazón de Drácula, durante el día y mientras yace en el ataúd que le sirve de lecho, siempre resucita.

Bram Stoker murió en Londres en 1912.