Brujah – La autentica historia de la rebelion

AL PRINCIPIO

Los orígenes de nuestro Clan se remontan a la primera ciudad humana, Enoch, fundada hace más de 10.000 años. Por ese motivo, los registros fiables sobre nuestras primeras noches son… poco claros. Hay desacuerdos sobre nombres, fechas, sexos y motivos. Lo que te contaré de esas noches sólo es la fábula más común.

Caín, el Primer Vampiro, fundó la ciudad de Enoch y abandonó a sus Chiquillos y a los Chiquillos de éstos después de que el Gran Diluvio destruyera la ciudad. Sus herederos la reconstruyeron, pero el conflicto estalló en la Segunda Ciudad entre la Segunda y la Tercera Generación y estos últimos destruyeron a sus ancestros. La ciudad cayó poco después. En algún momento de este conflicto, aquélla a quien llamamos Brujah fue asesinada. La mayoría dice que un Chiquillo suyo de Cuarta Generación, un hombre llamado Troile, la Diabolizó, pero otras historias cuentan que Brujah fue asesinada por el Antediluviano Ventrue y que Troile lo Diabolizó a él como represalia. Según esas historias, la enemistad entre los Brujah y los Ventrue data de esa noche. Según otras historias, Troile era el Antediluviano (o Antediluviana, ya que el sexo de los participantes es una especulación) y Brujah su Chiquillo asesino.

Los primeros Brujah fueron considerados un Clan de eruditos, al menos según nuestra mitología colectiva. Me parece improbable que todo el Clan tuviera aficiones tan comedidas. Después de todo, se conoce a nuestro Clan por su fuerza, velocidad, manipulación emocional y furia berserker, y, aunque muchos viejos Brujah fueran filósofos, parece improbable que nuestros ancestros interpretaran colectivamente el papel de “Clan Erudito” que nos asignaban en la antigüedad. Quizá los primeros Brujah, resentidos por nuestro temperamento legendario, buscaron combatir su inclinación innata a la violencia volviéndose más intelectuales y filosóficos. Se supone que los pares de Troile de la Cuarta Generación eran más comedidos emocionalmente que quienes descendían de él, por lo que tal vez nuestra reputación histórica viene de ellos. En todo caso, es debatible, ya que nadie nos ha llamado “El Clan Erudito” desde hace mucho.

LA ÉPOCA DE CARTAGO

Los primeros Brujah sin duda jugaron roles importantes en Mesopotamia y en Atenas, pero sobre todo en Cartago. Cartago, la joya del imperio fenicio, era una de las ciudades más cosmopolitas de su tiempo y, si Aníbal hubiera tenido un poco más de éxito, habría sido el centro de la civilización occidental en vez de Roma y todos estaríamos mucho mejor.

Mientras que los Ventrue romanos animaban a los vampiros a ocultar sus actividades de los mortales, los Brujah de Cartago seguían un camino distinto: relación abierta y directa con los mortales de la ciudad bajo el gobierno del propio Troile como rey-dios de la ciudad. Nuestros Idealistas dicen que era una utopía en la que la Estirpe y la Grey vivían en paz y respeto mutuo. No sorprende que los Ventrue no coincidan.

Como los ganadores escriben la historia, la mayoría de historiadores mortales afirman que Cartago tenía una terrible cultura de sacrificios humanos, y la mayoría de los vampíricos acusan a Troile de tratar con demonios. No ayudó que, aunque los Brujah dominaban la ciudad, Troile permitiera que una gran población Assamita y Setita se asentara allí.

Pese a los mejores esfuerzos de Troile, probablemente hubo muchos abusos sobre los mortales por parte de miembros de esos Clanes y de Brujah jóvenes corrompidos por ellos.

Los conflictos iniciales entre Cartago y Roma eran escaramuzas militares previsibles entre dos imperios competidores que compartían esferas de influencia. No sabemos qué condujo a los Ventrue romanos a llegar a la conclusión de que Cartago era una amenaza existencial y a comprometerse a aniquilarla, pero así fue. Probablemente los Malkavian, que infestaban Roma y extendían locura y paranoia a su paso. Al final, Roma tomó la ciudad, la quemó hasta sus cimientos y echó sal sobre la tierra, supuestamente para impedir que cualquier Vástago fusionado con el suelo se alzara. Según algunos relatos, el propio Troile descansa enterrado bajo el suelo tunecino, atrapado por toda la eternidad.

Ciertamente, nunca se ha sentido su presencia desde entonces. Bueno, no su presencia física. Algunos creen que nuestra tendencia hereditaria hacia el Frenesí es resultado de un lazo de Sangre con un Fundador de Clan enloquecido atrapado para siempre en un Ansia agónica bajo las arenas de Túnez. La mayor consecuencia de la pérdida de Cartago puede verse en el auge de la hegemonía romana (y, por tanto, Ventrue). Cuando cayó la ciudad, era la única civilización remotamente capaz de contrarrestar el poder de Roma.

Sin ella, nada impediría que Roma se volviera la potencia sociopolítica dominante en Europa, Oriente Próximo y el norte de África. Con su caída, llegaron los megalómanos autoritarios del Clan Ventrue, que pasaron los siguientes dos milenios convencidos de que la destrucción de Cartago justificaba su derecho a gobernar a todos los demás Vástagos. Cartago cayó mucho antes que César, pero pocos Brujah se sorprendieron cuando la República romana se convirtió en el Imperio romano y se sacrificó la idea misma de la libertad individual en el altar del nacionalismo romano.

Después de todo, existe un motivo por el que los fascistas del siglo xx eligieron como símbolos la imagen romana de un águila sobre un haz de varas.

DE LA INQUISICIÓN A LA REVUELTA

La época romana y la posterior “Edad Oscura” que siguió a la caída de Roma fueron tiempos sombríos para el Clan Brujah. No, eso no es exacto. En realidad, desde la caída de Cartago no ha habido ninguna época que no resultase oscura para el Clan Brujah. Nuestros éxitos desde entonces han sido esporádicos y nos han costado más en vidas y principios de lo que hemos ganado. La primera puñalada al resurgir Brujah fue en la Edad Media durante la Revuelta Anarquista. Ésta tenía su origen en la Inquisición de la Iglesia católica contra la herejía cátara. Mientras quemaban albigenses en la estaca por diversos motivos doctrinales, los inquisidores descubrieron para su sorpresa que algunos de los cátaros eran, de hecho, vampiros. Tras encontrar pruebas concluyentes de nuestra existencia, la Madre Iglesia hizo exactamente lo que uno esperaría de una religión surgida de una tierra autoritaria fertilizada por los Ventrue: trataron de matarnos a todos.

Durante un tiempo, tuvieron éxito. Tanto que los Antiguos europeos decidieron enviar a sus propios Chiquillos a sus Muertes Definitivas contra la Inquisición esperando que una vez todos los soldados rasos hubieran muerto, la Iglesia pensase que la guerra había terminado. Comprensiblemente, algunos de esos Chiquillos se negaron a morir por tal propósito, pero carecían no sólo de liderazgo sino también de la capacidad de articular una respuesta más allá de la obediencia suicida. En esa época, había pocos Príncipes Brujah en el camino de la Inquisición. Nuestras inclinaciones antiautoritarias, combinadas con la antipatía hacia los Ventrue y sus lameculos, había evitado en gran parte que los Antiguos Brujah obtuvieran poder temporal.

Irónicamente, esto fue una bendición para nuestro Clan durante la Inquisición. Vetados de los puestos de poder, pero dotados de persuasión y retórica, esos Brujah estaban en una posición inmejorable para ofrecer un curso de acción alternativo a los aterrorizados Chiquillos de los demás Clanes: «¡Decid No!» Los Brujah presentaron a los vampiros jóvenes de los otros Clanes una idea que nunca se les había ocurrido: la rebelión. «Desafiad a vuestros Sires.

Rechazad sus órdenes. Vivid vuestras no-vidas libres de los dictados de otros. No aceptéis gobernante». La idea se extendió tan bien que surgió una palabra para esos Vástagos sin señor: Anarquistas.

Aunque nuestro Clan dirigió la Revuelta Anarquista, no somos tan arrogantes como para afirmar que lo hicimos todo. Los Anarquistas Tzimisce derrotaron el Vínculo de Sangre con un ritual que rescató a muchos reclutas potenciales de la esclavitud. Los Lasombra también interpretaron su papel, aunque de un modo que incluso algunos Anarquistas Brujah encontraron problemático (Diabolizaron al Fundador de su propio Clan), un evento que reverberó entre los Vástagos de Europa y pronto se repitió contra el Fundador Tzimisce.

En serio, no soy tan remilgado como para espantarme ante la idea del Amaranto, aunque nunca lo he practicado. Era una Guerra de Generaciones, después de todo, y la Diablerie era una de las pocas maneras de igualar las probabilidades entre Antiguos y Ancillae. Pero para los Vástagos de entonces la Diablerie era el pecado más vil, y canibalizar a dos Antediluvianos agitó a los Anarquistas incluso cuando impulsó a los Antiguos a tomar contramedidas aún más duras.

Entonces, uno de nuestros Antiguos, Patricia de Bollingbroke, atacó a Hardestadt, uno de los Ventrue más influyentes de Europa, y, según algunos relatos, de hecho, lo Diabolizó. Cierto o no, todo el Clan se puso en contra de nuestro movimiento de un modo tan implacable como cuando aniquilaron Cartago.

Las fuerzas en nuestra contra eran insuperables sin importar cuánto lucháramos, pero quiero creer que, al final, nos derrotamos nosotros mismos. La claridad moral de la causa Anarquista quedó embarrada por estas Diableries tan notables, e incluso más cuando los Assamitas nos ofrecieron su ayuda. Básicamente, si proporcionábamos información de los movimientos y refugios de los Antiguos tradicionalistas, los Assamitas los eliminarían, reclamando su Sangre en el proceso. Lo que comenzó como un movimiento de nobles luchadores por la libertad se convirtió en un grupo caótico de judas traicioneros. Tampoco ayudó que los líderes Anarquistas tomaran conciencia del precio que había que pagar por la ayuda de los Tzimisce: el ritual de la Vaulderie que nos permitía segar los Vínculos de Sangre los reemplazaba con lazos emocionales igualmente fuertes hacia el Movimiento Anarquista en su conjunto. Realmente, no estábamos liberando a los Chiquillos de nuestros enemigos. Los estábamos haciendo esclavos de otros amos.

DE LA REVUELTA A LA “LEAL OPOSICIÓN”

Y así fue como terminó. Asediados por todos lados por la naciente Camarilla, por la Inquisición, por los Assamitas y por los caníbales sedientos de Sangre de nuestras filas, los líderes Anarquistas sencillamente se rindieron. La Convención de Thorns nos permitió a la mayoría (principalmente a quienes no teníamos marcas negras en el aura) unirnos a la Camarilla. Para muchos rebeldes, especialmente Tzimisce y Lasombra, eso era inconcebible. Primero, su orgullo no lo permitiría. Segundo, muchos eran Diabolistas consumados y nunca habrían sido aceptados.

Por último, la mayoría de ellos se habían vuelto adictos a la Vaulderie y a la Sangrede los Antiguos. Así, de las cenizas de nuestra noble idea, nació el Sabbat. Hasta hoy en día, los Ventrue señalan el Sabbat como ejemplo de por qué los otros Vástagos no deberían escucharnos. Jodidos pomposos. Tras Thorns, una pequeña parte de nuestro Clan decidió unirse al Sabbat como Antitribu, pero el resto de los Brujah volvimos al rebaño. Sinceramente, no extrañamos a los Antitribu, pues eran los más proclives al Frenesí y quienes menos podían presentar un argumento razonado sobre… bueno, sobre nada. Ellos lo ven como una fortaleza, pero nosotros sabemos qué es realmente. Los Brujah anticipamos que los Antiguos Ventrue victoriosos nos maltratarían terriblemente, y la mayoría montamos un espectáculo por lo enfadados que estábamos con los crueles abusos del Tratado. De hecho, los Anarquistas Brujah más sabios estaban discretamente encantados con las concesiones ganadas, especialmente una vez se vio cómo podríamos aprovecharlas.

El Tratado garantizaba el derecho de los Anarquistas a “trabajar pacíficamente” para lograr sus objetivos, pero sin especificarlos. El Tratado nos aseguraba los mismos derechos y privilegios que a cualquier otro miembro de la Camarilla.

Exigía que quien nos hubiera arrebatado dominios nos los devolviera, mientras que sólo nos requería devolver todo lo que habíamos tomado a nuestros Sires o a los Antiguos de nuestro Clan, la mayoría también Anarquistas.

Lo que es más importante, el Tratado contenía el siguiente lenguaje increíblemente ambiguo: «Los Anarquistas tienen garantizada la libertad para actuar según les plazca siempre que no rompan la Mascarada impuesta para la protección de todos los Vástagos frente a la Grey». Es decir, si ayudábamos a preservar la Mascarada y no empleábamos la violencia expresa contra nuestros pares de la Camarilla, teníamos libertad para hacer lo que quisiéramos.

Aún me sorprende que la Camarilla usara ese lenguaje en un tratado que consideraba un documento mágicamente vinculante. Me imagino que los Ventrue fueron tan arrogantes que no imaginaron la posibilidad de que los agresivos Brujah los insultaran en sus propios Elíseos. Sinceramente, no puedo asegurar que el Tratado fuera un documento mágicamente vinculante, pero extendimos el rumor de que así era y los Tremere nunca nos han contradicho. La Convención de Thorns también fue (o eso dicen) el mecanismo por el que los Tremere impusieron a los Assamitas su famosa Maldición de la Sangre y, por lo que la mayoría de vampiros de la Camarilla saben, si la Secta violara el tratado para tratar de exterminar a los Anarquistas, podría potencialmente liberar a los Assamitas para que empezaran de nuevo su campaña de Diablerie.

Del mismo modo, podría ser que todo esto fuera unatontería. Los Tremere no dicen nada, e incluso si el Tratado no es mágicamente vinculante, podrían usarlo para mantener cerca sutilmente al Movimiento Anarquista como un modo de debilitar indirectamente a los Ventrue. Según mi experiencia, eso sin duda encajaría con el modus operandi de los Tremere.

Como sea, la mayoría de los Antiguos de la Camarilla han sido muy tolerantes con los Anarquistas (y los Brujah somos sinónimo de Anarquistas en la mayoría de dominios de la Camarilla) salvo que puedan probar que hemos roto la Mascarada o sido violentos sin provocación, momento en que tratan de aplastarnos como si fuéramos gusanos.

Es un vacío legal que hemos usado con gran éxito desde entonces. En vez de interferir directamente con la política de la Camarilla, vamos tras los mortales. No rompemos la Mascarada, pero la tensamos todo lo que podemos sin que haya consecuencias, usando nuestra Presencia para inspirar a los mortales a alzarse contra los gobiernos autocráticos.

En las colonias de EE.UU., los Brujah prendieron la llama de la Revolución Estadounidense. En Francia, observamos desde las sombras mientras los campesinos iracundos asaltaban la Bastilla al grito de Liberté, Equalité y Fraternité.

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Ricardo Blanch

Ricardo Blanch

Un amante de los juegos de rol...

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