Capillas Tremere – Viena, la casa que construyó Etrius.

La mayoría de sus habitantes no lo sospechan siquiera, pero la capilla de Viena hace poco que ha emergido por fin de una cuarentena que ha durado más de un siglo. Tras la transformación, Etrius expresó serias dudas acerca de la conveniencia de propagar el vampirismo por la casa. Tremere accedió a actuar con cautela y ordenó una conversión lenta. Etrius aprovechó su autoridad para prohibir cualquier Abrazo en Viena, alegando que él se haría responsable de los escasos magi allí congregados. Entre 1030 y 1185, Tremere y él fueron los únicos vampiros que entraron en la capilla austriaca. Mientras Goratrix Abrazaba magi tan rápido como le permitían las órdenes de Tremere, Etrius aguardó a que llegara su hora y fue carcomiendo despacio los prejuicios de sus candidatos en potencia. En 1185, invitó a una cábala de magi vieneses a Ceoris y dio el último paso. Regresaron convertidos en firmes aliados y agentes. Etrius se enorgulleció de anunciar que Viena abría sus puertas al resto del clan.

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Toda esta espera ha dado sus frutos. Viena el refugio más seguro para la facción conservadora del clan. Su señor, Filaereus, sigue siendo tan firme partidario de Etrius en la no-vida como lo fue en vida. Los visitantes de su capilla que sean reputados aliados de Goratrix son sujetos a una estrecha vigilancia con el propósito de hacerles sentir que no son bien recibidos. Filaereus da la bienvenida a los demás con un discurso que habla en contra de la torpeza y la rudeza de “la facción de París”, como ha dado en llamar a los conspiradores. Incluso los magi mortales son prevenidos contra la perfidia de Goratrix. Como es lógico, una capilla regida por los conservadores alberga a una proporción inusitada de magi mortales; sólo cuatro de sus diez magi veteranos han recibido el Abrazo.

Influencia insólita

La capilla de Viena, la cual data del año 920, se construyó siguiendo las especificaciones de Etrius, quien la rigió desde su fundación hasta el año 1022, aunque fueron frecuentes sus ausencias a partir del cambio de siglo, por lo que la administración quedó en manos del por aquel entonces castellano, Filaereus. Durante su estancia en Viena, Etrius infringió la prohibición de la Orden de Hermes de implicarse en los asuntos del mundo para granjearse el favor de los dirigentes locales. Entabló amistad con líderes de la iglesia, consiguiendo desarmar con sus fervientes expresiones de piedad cualquier temor que pudiera sentir el clero hacia los hechiceros. Se esforzó por quitarle importancia a la Casa Tremere y al verdadero alcance de sus habilidades sobrenaturales. Si les prestaba ayuda mágica a sus aliados, rehusaba todo el mérito por sus acciones. En el año 955, hizo uso sutil de su magia de la tierra para ayudar al rey alemán Otto el Grande a expulsar a los invasores magiares, paganos y, por tanto, enemigos de todos los hombres temerosos de Dios. Embarró el terreno bajo los pies de los magiares, y lo solidificó bajo los de las fuerzas de Otto. El caos imperante en cualquier campo de batalla ocultó la intervención de la magia de Etrius en la victoria. Etrius mantuvo su gesto en secreto también para sus compañeros magi, Tremere entre ellos. Pensó que Tremere se burlaría de su altruismo. Por aquel entonces, no sabía que los magiares alojaban a vampiros en su seno, ni supo ver los indicios que delataban la presencia de vampiros en la corte de Otto.

Dado que la presencia de Etrius en Viena era cada vez menor, Filaereus comenzó a presentarse a las amistades de su líder en la corte y entre la jerarquía eclesiástica. A mediados del siglo XI, se convirtió en consejero ocasional del dirigente de Austria, el duque Leopold III, entonces cabeza de la poderosa familia regente de la región, los Babenburg. Filaereus no ayudó a los Babenburg abriendo simas en la tierra ni enviando a árboles animados contra sus enemigos en el campo de batalla, sino que se dio a conocer como un erudito conocedor de algunos divertidos juegos de salón. Gran parte de los consejos que dispensó procedían más de su innato sentido de la cautela que de cualquier conocimiento arcano. Tampoco Filaereus se dio cuenta de las maquinaciones Cainitas que se escondían tras ciertas decisiones extrañas que tomaron los Babenburg a lo largo de los años, ni supo relacionar los diversos atentados que sufrió con las “criaturas de la noche” que, por aquel entonces, también asediaban Ceoris. Los seres ocultos entre las sombras de los Babenburg terminaron por acostumbrarse a la presencia de Filaereus, o eso parece… hace décadas que no sufre ningún ataque.

1197 es el último año de un periodo de cuatro durante el que los cuatro hijos del difunto Leopold V se han repartido los territorios austríacos. Filaereus te ha cogido cariño a Leopold VI, sin duda el más brillante y carismático de los cuatro. Aunque su interés por la política ha menguado, sigue visitando de forma ocasional a Leopold VI para proporcionarle augurios y sabios consejos libre de segundas intenciones.

La confusión que impera ahora en Austria retrasará la prosperidad de Viena. Filaereus, ya vampiro, se ha percatado de los Cainitas manipulan la política de los mortales, tanto aquí como en el resto de Europa. Varios clanes apoyan a cada uno de los cuatro hermanos competidores. Las desapariciones de una noche para otra son cada vez más frecuentes, ya que la lucha en la sombra de los Cainitas se recrudece. Pese a tener una corazonada, Filaereus ha comenzado a aprenderse los nombres y los planes de la jerarquía secreta de la ciudad. Aunque le gustaría ver cómo Leopold VI sale triunfante, ese objetivo es secundario en relación con la seguridad de la capilla. A tal fin, ha forjado una alianza con los partidarios Ventrue de Leopold y ha llegado a un acuerdo con los Lasombra vieneses, quienes apoyan a Frederick Babenburg. Este último pacto de no-agresión se consiguió gracias a la mediación de Giacomo Guicciardini, enviado Lasombra en Ceoris. Si cualquiera de los otros dos hermanos resulta victorioso, Filaereus se teme que los clanes enemigos pudieran atacar su pacífica capilla. Aunque le gustaría mantenerse al margen de la lucha por el poder, los Ventrue están implicándolo cada vez más en ella, contentos de poder desconcertar a sus enemigos con la ayuda de los inusitados poderes de Filaereus y sus seguidores. Filaereus ha llegado incluso a Abrazar a personas ajenas a la capilla para poder suplir a los Ventrue con los agentes que exigen.

Aunque Etrius intuye que Guicciardini se relaciona de algún modo con Filaereus en Viena, no se imagina la magnitud de la implicación de su protegido en la crisis política de esa ciudad. Filaereus se lo ha ocultado, igual que Etrius le ocultó a Tremere su participación en las batallas de Otto. Filaereus teme la desaprobación de Etrius y está convencido de que eso es justo lo que le granjearía su papel de peón de los Ventrue si llegase a oídos de su superior.

Unidos contra Goratrix

Filaereus es un hombre de facciones marcadas que se olvida de su acostumbrada taciturnidad cada vez que piensa en Goratrix. Ya hace mucho que ha desistido de ocultar el odio que siente hacia el fundador de Ceoris. Etrius metió a Filaereus en la Casa Tremere después de que hubiera sido expulsado a traición de otra casa hermética. Aunque Filaereus le está agradecido a Etrius por haberle ofrecido refugio, su odio hacia Goratrix no es sólo un reflejo del de su amigo. Hace noventa años, Goratrix humilló a Filaereus durante una demostración de magi en Ceoris. Filaereus había dedicado meses al perfeccionamiento de un efecto con el que pretendía impresionar al mismísimo Tremere: quería materializar diamantes de la nada, para que se derramaran sobre el salón del consejo como una lluvia delicada. Lo que consiguió fue cubrir de hollín a los grandes magi de Tremere allí reunidos. Goratrix aplicó toda su sangrante mordacidad con Filaereus y Tremere sumó su risa a las de los demás. Aunque no pudo demostrar nada, Filaereus sospecha que Goratrix interfirió con su hechizo. Incluso sus aliados en Viena conocen esta historia y le achacan el odio que siente Filaereus por Goratrix… aunque jamás osarían decírselo a la cara. En los momentos de mayor aflicción, Filaereus incluso admite para sí que sus esfuerzos por vengar aquella humillación sólo consiguen ridiculizarlo aún más pero, cuanto más masculla acerca de aquel lejano incidente, más alimenta su odio. Ha llegado a un punto en el que estaría dispuesto a sufrir la Muerte Final, incluso a enviar su alma al suplicio eterno, con tal de arrastrar a Goratrix consigo.

La voluptuosa y rubia pajiza Ala amó en secreto a Filaereus durante muchos años antes de que éste le concediera el Abrazo. En vida, su fuerte fe cristiana, profesada con mesura, la llevó a trabar amistad con Tosia, ahora líder moral de los magi con vida de Ceoris, a la que conoció en Umor Mons, su capilla en Transilvania. Sin embargo, dado que albergaba impulsos salvajes y carnales que era incapaz de suprimir por completo, Ala se consideraba indigna de la admiración de Tosia. Cuando huyó a Viena, sus fantasías comenzaron a girar en torno al señor de la capilla, Filaereus. Aunque sus rasgos curtidos por el tiempo y su torso poderoso hacían de él un hombre atractivo, el deseo de Ala le parecía absurdo incluso a ella. Los propios amigos de Filaereus lo tenían por una figura absurda. Él parecía darse cuenta de lo que ella sentía por él, lo cual contribuía a alimentar su tormento. Cuando por fin se rindió y se arrojó a sus brazos, él la Abrazó. El descubrimiento de su vampirismo supuso un gran alivio para ella: resultaba evidente que la había embrujado con sus poderes sobrenaturales. Se sentía tan aliviada por haber encontrado una explicación para sus ansias que no tuvo tiempo de lamentarse por su inocencia robada. De hecho, disfrutaba de su nueva claridad. Se ha convertido en la partidaria más vociferante de Filaereus en Viena. Aquellos Cainitas que se burlan de Filaereus a sus espaldas, temen y respetan a Ala. Mientras ella siga dispuesta a apoyar a Filaereus, ellos también. Sin embargo, si algo llegara a ocurrirle, el liderazgo de Filaereus podría verse puesto en entredicho por parte de algún colega cuya dedicación a la causa conservadora proceda más de una convicción juiciosa que de un rencor envenenado.

El posible retador bien pudiera ser el sorprendentemente joven Audax, víctima de la maldición de un demonio. Cuando tenía catorce años, empleó su talento mágico innato para expulsar a un demonio que había adoptado forma humana de su aldea natal. El ser se vengó encantando a Audax para que su aspecto no cambiara jamás. A lo largo de toda su carrera, desde su periodo de aprendiz junto a un magus Tremere hasta su estado actual como Cainita en Viena, ha sufrido la inevitable tendencia de los demás a tratarle como si fuese un novato imberbe. Ni siquiera quienes conocen sus extraordinarios prodigios como mago y erudito pueden evitar tratarle como a un crío. Audax se enfrenta con gran seriedad a las circunstancias, decidido a superar esta deficiencia sin guardarles rencor a aquellos que se dejan engañar por las apariencias. Rara vez se aleja de la capilla vienesa, donde los demás le conocen y respetan. Aceptó encantado la condición de Cainita; ahora se mueve en un mundo donde la edad aparente de cada uno no significa nada. Se ha convertido en el participante más activo de la política de las noches austríacas. Le encanta reunirse con otros Cainitas, incluso los enemigos a los que debe intentar destruir le fascinan. Algún día se parará a pensar y se dará cuenta de que ése debía de ser el propósito de la maldición del demonio… prepararlo para el día en el que renunciaría a su alma para abrazar alegremente una existencia vampírica.

Peter Schloss, antiguo mercenario cuya sangre se convirtió en hielo tras el Abrazo, participa junto a Audax en la batalla encubierta en nombre de Leopold VI. El fuerte de Schloss es la muerte a distancia. Envía a sus adversarios a la Muerte Definitiva construyendo elaboradas trampas, envenenándolos con venenos alquímicos o manipulando a sus enemigos para que se destruyan entre sí. Schloss ha sentido un miedo cerval a la muerte desde la primera vez que puso el pie en un campo de batalla, siendo un mozalbete. Le está agradecido a Tremere, y a Filaereus en particular, por haberle ofrecido la posibilidad de la existencia eterna, pero jamás permitiría que su sentido de la lealtad le obligara a emprender una acción que pudiese poner en peligro su propia supervivencia. Le gusta la compañía de Audax y se ha decidido a conseguir que su serio camarada aprenda a disfrutar de los efímeros placeres del mundo.

Entre los magi mortales, puede que la principal amenaza a la autoridad de Filaereus sea el rigorista teutón, Lucidus. Calvo, vanidoso e imperioso, sus compañeros soportan a regañadientes su presencia en la capilla. Se ha aprendido textos enteros sobre ocultismo y exhibe una irritante capacidad para responder enseguida a casi cualquier pregunta acerca de metodología arcana que se le plantee, da igual lo rebuscada que sea. Sus habilidades como mago son legendarias; llegó a derrotar en una ocasión al mismísimo Tremere en un certamen, el duelo mágico creado por este último. Sin embargo, Lucidus se resiste a emplear sus poderes antes de haber examinado en detalle todas y cada una de las posibles consecuencias. Preferiría no hacer nada antes que llevar a cabo alguna acción que pudiera ganarle el desprecio o el recelo de los demás. Filaereus conoce demasiado a Lucidus como para confundir su impopularidad con necedad, y le preocupa que no tarde en descubrir la verdad. Lucidus no oculta su desdén por él y Filaereus le ha encargado a la adorable Ala que comience a prepararlo para el Abrazo. A ella le preocupa que el mago sea demasiado testarudo como para unirse motu proprio a las filas de los de la sangre, y demasiado poderoso como para deshacerse de él con facilidad.

Madera maciza

La capilla de Viena, anclada en un escarpado promontorio varios kilómetros al norte de la ciudad, se parece a un enorme e imponente pabellón de caza. Sus paredes están levantadas con inmensos bloques de piedra gris, extraídos de la tierra gracias a la magia de Etrius. Unos voluminosos maderos componen los pilares y las vigas que soportan la estructura. Todas las habitaciones son muy espaciosas.

Una vasta red de estancias abandonadas surca la colina sobre la que se yergue el edificio. Etrius las construyó para alojar al futuro aumento de población sin llamar la atención. A la capilla todavía no le ha hecho falta ese espacio y las cámaras llevan siglos selladas. Los intrusos podrían sentirse tentados por los sellos de plomo de las puertas que conducen a las cámaras subterráneas, sólo para dedicar un considerable tiempo y esfuerzo a la tarea de irrumpir en una zona que no se utiliza ni como almacén.

Los laboratorios de Viena son más grandes y están mejor abastecidos que los de Ceoris. Resulta mucho más sencillo transportar los ingredientes exóticos que necesitan los alquimistas a Viena que a los Alpes de Transilvania. Los laboratorios no están ligados a los aposentos personales. Cada mago puede elegir un laboratorio para uso personal y asegurarse de que nadie lo moleste por medio de cerraduras, defensas y alarmas.

La biblioteca es la mejor que tienen los Tremere a su disposición, aparte de la de Ceoris. Cuando Goratrix creó la biblioteca de Ceoris, lo que hizo fue saquear las colecciones de otras capillas. Etrius protegió la biblioteca de su capilla consiguiendo que Tremere la dejara exenta de contribuir con ninguno de sus libros. La biblioteca de Viena es más pequeña que la de Ceoris, pero también está más ordenada. Su bibliotecaria, la maga mortal Farica, es muy estricta con sus colegas y no duda en presionarlos para que devuelvan el material desaparecido. Aunque los residentes de la capilla (sobre todo los Cainitas) no se toman sus reprimendas demasiado bien, saben que, al final, su pasión por el orden redunda en beneficio de todos. Farica se asegura de que los documentos estén siempre disponibles y resulte sencillos encontrarlos. Los Tremere vieneses que regresan de Ceoris, con su colección controlada por el caos, aprenden a apreciar a Farica por su infatigable determinación, por irritante que pueda resultar a veces. Los propios magi de Ceoris acuden a Viena en ocasiones para buscar tomos que deberían estar disponibles en su propia capilla pero que algún rival ha debido de hurtar.

Las áreas comunes son suntuosas y formidables a un tiempo. El robusto mobiliario de madera está cubierto por manteles de terciopelo ribeteado de oro. Inciensos de abrumadora fragancia, del gusto de Ala, emana de numerosos incensarios de cobre. Los tapices representan a Tremere, Goratrix, Etrius y varios fundadores de la tradición hermética, fallecidos tiempo ha; todos ellos parecen dedicar miradas de desaprobación a los ocupantes de la estancia. Impresionantes astas de ciervo, cabezas de jabalíes y otros trofeos de caza mayor se reparten las paredes del edificio.

La capilla de Viena carece de las elaboradas medidas defensivas de la sitiada Ceoris, aunque Filaereus ha añadido algunas dado que los Tremere comienzan a hacerse notar en los círculos Cainitas de la ciudad. Audax y Peter Schloss trabajan juntos en la colocación de ingeniosas trampas; Schloss las diseña y Audax las crea por medio de Alquimia Taumatúrgica.

Una fortaleza conservadora

Viena es bien conocida en los círculos conspiradores como territorio enemigo. La llaman Ia capilla de Etrius”, un insulto por partida doble que cuestiona el derecho de Etrius a regir Ceoris y la posición de Filaereus como nada más que el lambiscón de su mentor. Goratrix no ha vuelto a pisar Viena desde su transformación. Malgorzata nunca ha estado aquí, aunque sí que ha enviado a Jervais para que utilice la biblioteca en varias ocasiones desde la reapertura. Aparte de su papel como bastión conservador, la principal cualidad de Viena estriba en su bien organizada biblioteca. Cuando Goratrix desea colocar un par de oídos dentro de los muros de Viena, envía a un aliado de baja posición para que rastree sus estanterías. A Filaereus le gustaría poder prohibirle la entrada a los partidarios de Goratrix, pero Etrius le ha aconsejado que no lo haga. Etrius sabe que ese gesto sería visto como una provocación por parte de los conspiradores, quienes probablemente apelarían a Tremere y es posible que consiguieran la expulsión de Filaereus. Por tanto, éste incomoda a los visitantes conspiradores sometiéndolos a una vigilancia nada sutil. Poco dado a ardides, ni se le ocurre intentar persuadirlos o embaucarlos para que traicionen a su líder. Audax, por otro lado, se da cuenta de que el orgullo y la mordacidad de Goratrix hacen de él un señor difícil de servir. Se ha propuesto sonsacar a los criados de Goratrix cada vez que viene alguno de visita y ya ha marcado a unos cuantos como posibles desertores. Cree que Frondator, la cazadora parisina de Goratrix, podría llegar a volverse contra él si se le prometiera una capilla para ella sola. Audax ha llegado a tentar a Jervais para que encauce su camino. Aunque Jervais no tiene ninguna intención de traicionar a Malgorzata, le gustan los duelos dialécticos con Audax y ha llegado a cogerle cierto apego. Ambos esperan no verse obligados a destruir al otro en caso de que se declare la guerra abierta dentro del clan.