Ceoris: Las Indagaciones de Tremere y Etrius

1037-1133 Tremere y Etrius no perdieron el tiempo durante aquellos casi 100 años de derramamiento de sangre. Entre el año 1037 y 1121, viajaron de una capilla a otra, llevando a cabo los experimentos secretos que engendraron el arte vampírico de la taumaturgia.

Ya había comenzado su obra en Ceoris y la continuaron en el extranjero. Convirtieron los hechizos y encantamientos de la magia herméticas a un sistema de poder que no dependía de Vis, sino de la potencia sobrenatural de la sangre trasmitida y almacenada en el cuerpo de los vampiros.

Aparecían en Ceoris sólo para intercambiar sus hallazgos con los derivados de los estudios con Gárgolas de Goratrix. Gran parte de las siete primeras décadas de indagaciones consistió en trabajo teórico. Los descubrimientos prácticos se producían con cuentagotas. Tremere u Etrius dedicaron los últimos 20 años a encontrar hechizos y rituales herméticos específicos compatibles, susceptibles de transmutarse en magia de la sangre para traducirlos a fórmulas taumatúrgicas.

LA CAZA

Llegado el año 1121, a sabiendas del éxito que había cosechado Goratrix con la creación de las Gárgolas, se sintieron preparados para rastrear los diversos apuntes y referencias literarias acerca del vampirismo. Acompañados por un puñado de Gárgolas tempranas, anduvieron sin propósito fijo por los rincones más recónditos de Europa, fingiéndose en ocasiones vampiros pertenecientes a otros clanes. Ensamblaron aquellos hechos básicos de la existencia de los vampiros. Descubrieron que podían aumentar su poder bebiendo sangre más próxima a Cain, el primer vampiro. Tremere puso en práctica aquella teoría de inmediato, asesinando a un antiguo vampiro en Roma y consumiendo su vitae. Tremere se empeñó en descubrir quién se encontraba en su cúspide para derrocarlo. Entre 1126 y 1132, Etrius y él rastrearon a los vampiros antiguos conocidos como Matusalén. Dondequiera que encontrase a uno de ellos, planeaban con minuciosidad un asalto y convocaban los demás consejeros para que abandonasen sus puestos y se unieran a la matanza. Así fue como consiguieron aumentar el poder de su propia sangre, propulsando al mismo tiempo la fuerza de su Taumaturgia.

LA SIGUIENTE DEPRAVACIÓN

La cacería de los diversos vampiros antiguos condujo a Tremere a ansiar un encuentro con una criatura que él llamaba Antediluviano. Este ser era un padre de vampiros, fundador de una de las grandes líneas de los engendros del infierno. Tremere quería aquel poder para sí, para ascender en el escalafón de la superioridad vampírica.

Etrius y Tremere viajaron de uno a otro confín y sus periplos los condujeron a las tierras controladas ahora por los musulmanes. Existen susurros que cuentan que andaban tras la pista del lugar de descanso del mismísimo Set, dios malévolo del antiguo Egipto y padre de vampiros. Aun cuando esto fuese verdad, nunca lo encontraron. En 1133, Tremere reunió al Consejo de los Siete y presentó el informe de Goratrix donde se narra cómo su señor había descubierto la tumba de una criatura llamada Saulot. Este antiquísimo vampiro, portador del tercer ojo de la sabiduría, era el padre de una línea de criaturas llamadas Salubri. Goratrix partió con la esperanza de amasar más poder. No regresó con las manos vacías, ni solo. El consejo en pleno llegó portando el cuerpo postrado de Tremere. Algunos venían imbuidos de nuevo poder, otros despotricaban contra la locura de la ambición. Goratrix guardaba silencio, pero sus zancadas imprimían a su paso la huella de un odio renovado.

Al parecer, tremere bebió la sangre de Saulot y lo asesinó. Ahora poseía el poder de los antiguos, pero desde entonces se ha mantenido susceptible a sueños profundos y a misteriosos cambios de personalidad e incluso de apariencia física. Tremere fue un hombre en su día, luego fue un vampiro. Ahora es un monstruo de los que pueblan las leyendas. Nadie se esperaba este resultado.