Ceoris: Sus habitantes

En la cúspide de la ensangrentada pirámide de ambición de Ceoris se asienta una elite de Cainitas, casi todos abrazados durante el siglo XI. Son los supervivientes de la capilla. La longevidad de los aprendices y los invitados es algo menos, obligados a morir en lugar de los amos que los manipulan. Los magi mortales, o bien persiguen sus propios fines, ajenos a todo o, con una precaución nacida del miedo, buscan pruebas que corroboren sus sospechas acerca de Etrius y su círculo. Bajo el escrutinio de los manipuladores, los ghouls se afanan en sus quehaceres y las Gárgolas, aun sin saberlo, construyen una sociedad aparte.

UNA TELARAÑA DE ODIO Y AMBICIÓN

Aunque destacan las dos facciones que dominan las luchas por el poder dentro del clan Tremere, la política del interior de Ceoris consiste, sobre todo, en una telaraña de alianzas temporales forjadas entre jugadores aislados que traman planes impulsados sobre todo por la inquina y el desprecio. Incluso antes de que el Consejo de los Siete se entregara al pacto arrogante e imprudente que los transformó en vampiros, los magi dirigentes de la Casa Tremere eran tan célebres por sus ensañadas rivalidades internas como por conspirar para hacerse con el poder dentro de la Orden de Hermes. Desde su concepción, la Casa Tremere ha ejemplificado los peores rasgos de la mente culta, desde el indolente desdén hacia el hombre de a pie hasta el odio más visceral hacia aquellos colegas cuyos logros empañan los suyos. La transformación no ha conseguido sino intensificar esos defectos para la mayoría de los magi vampiros. Algunos, arrepintiéndose de su irreversible error, se sumen en los simas del odio hacia si mismos y aprenden a proyectar esa aversión hacia el exterior. Otros beben con avidez de la existencia vampírica, encontrando en el exceso de crueldad una sensación de poder tan pura y primaria como el ejercicio de la magia jamás había sabido proporcionarles. Por si esto no fuese suficiente, para asegurar que la capilla se convirtiese en una jaula llena de ratas enzarzadas en una guerra por la supremacía, el cerco de Ceoris a manos de los clanes enemigos consigue que cada uno de estos individuos, egoístas feroces, dependan de los demás para sobrevivir, cuando para ellos no existe nada más odioso que tener que estarles agradecidos a alguien. Esta dependencia impuesta alimenta aún más las llamas de los celos y los resquemores.

FACCIONES VAMPÍRICAS

Las dos facciones coherentes de Ceoris son las de los conspiradores y los conservadores. Los primeros abogan por el abrazo inmediato de todos los Tremere mortales. Los conservadores defienden un acercamiento gradual destinado a que nadie entre en la hermandad antes de asegurarse de que acepta todas las consecuencias. Esta división de estrategias parece una percha endeble donde colgar un conflicto letal de siglos de antigüedad, y debe entenderse como una guerra de personalidades entre dos hombres que se desprecian entre si con un fervor incombustible. Se trata, claro está, de Etrius y Goratrix.
Etrius encabeza la facción conservadora de Ceoris, así como la del clan completo. Su factótum más leal es su castellano, Curaferrum, para el que la calumnia es un credo personal.
Los conspiradores preferirían ser francos y abiertos en lo que al abrazo respecta, pero deben emplear subterfugios para sortear el poder de Etrius y las prohibiciones de Tremere. La líder de los conspiradores es Malgorzata, protegida y servidora de Goratrix. Ha jurado mantener la capilla de Goratrix lista para el inevitable día en el que él regrese y vuelva a regir. Cuenta con la absoluta devoción de Jervais, el guaria de Vis de Ceoris. Gracias a su acceso a esa sustancia, Jervais disfruta de influencia sobre los magi mortales de la capilla.
El resto de los Cainitas que ocupan puestos de ventaja incluye a Esoara, el señor de la guerra, a Paul Cordward, el señor de los espías, a Epistatia, la cazadora, a Celestyn, el bibliotecario, y a Medacamina, la Torturadora. Obedecen las ordenes de Etrius (transmitidas por Carreferum, por lo general) sin considerarse a si mismo por ello miembros de la facción conservadora. Siguen a Etrius por que es el señor actual de Ceoris. Lo más probable es que obedecieran a su sucesor con la misma presteza. La mayoría piensan en el futuro y en ocasiones se alían con Malgorzata, por si acaso ésta consiguiera derrocara a Etirus. Sólo Celestyn se interesa de verdad más por sus estudios (acerca de los secretos de los Tzimisce) que por enfrentarse a sus compañeros Tremere. El resto se inmiscuye sin pudor en las responsabilidades de su vecino, sabotean experimentos e intentan sobornar a los aprendices de los demás. Para la mayoría, la política de la capilla consiste en vengarse, de forma mezquina pero ineludible, del colega que haga menos tiempo que le ha ofendido.

ENTRE LOS MAGI

Muchos magi mortales, sobre todo visitantes de otras capillas, se suman a las rivalidades internas sin saber que intrigan con o contra vampiros. Por ejemplo, el engañosamente astuto Bitiurges se ha unido hace poco a Medacamina para volver a un protegido en ciernes de Curaferrum contra él. Se sentía satisfecho de granajearse un futuro favor de la temible Medacamina y actuó sin saber que la interrogadora de la capilla procedió a abrazar al aprendiz, al cual Curaferrum había señalado como suyo con anterioridad.
Una facción relativamente nueva entre los magi mortales, exclusiva de Ceoris, es la de los hechiceros cristianos. Su lider es Tosia, una maga venerable que volvió a encontrar la fe religiosa tras sufrir una humillación a manos de los Tremere. En su capilla de Umor Mons, ahora destruida, se rodeó de magi que pensaron como ella. A los miembros más jóvenes de su facción les preocupa cada vez más que no esté cualificada para el mando, y se vuelven en silencio hacia su antiguo aprendiz, el maldito pero vigoroso Omnifer. Los magi cristianos saben que algo horrible ocurre en Ceoris y, en cónclaves secretos, señalan a Etrius como el responsable. No obstante, sus sospechas apuntan al diabolismo y no al vampirismo.

VISITANTES

Pese a la reputación de Ceoris como fortaleza inexpugnable, en realidad Etrius se alegra de abrirle sus puertas a cualquier visitante de utilidad. Le interesa, sobre todo, cultivar posibles alianzas dentro de otros clanes. Sabe que Goratrix esta haciendo lo mismo y no quiere ver su facción eclipsada por la superioridad diplomática de su rival.

ENVIADOS DISPENSABLES

Los Cainitas importantes de los demás clanes se resisten a entrar a Ceoris (la magia de los usurpadores sigue siendo fuente de malentendidos), pero envían a sus inferiores más prescindibles como enviados permanentes o temporales. Algunos, envían a agentes de confianza, pero la mayoría selecciona novatos, a rivales demasiado ambiciosos y a violadores de la disciplina del clan. En ocasiones, el Cainita que desee deshacerse de un subalterno sin despertar sospechas, lo asigna a Ceoris, a sabiendas de que las probabilidades de que encuentre allí su Muerte Final son excelentes. En casos extremos, el enviado llega incluso con una carta que transfiere su alianza feudal a los Tremere, a quienes no podría importarles menos aprovecharse de un juramento de lealtad incondicional.
Los enviados vulnerables y temerosos pueden encontrar intereses en común e incluso formar una facción informal dentro de la capilla. Un grupo reciente de enviados incluía a un caballero francés Ventrue, un Asombra italiano exiliado por su hostil sire y una erudita Capadocio en busca de ampliar sus conocimientos de la magia de la muerte. El grupo desapareció durante una excursión al norte, hacia los dominios del señor Tzimisce, Ioan. Curaferrum ha enviado ha enviado hace poco una brazada de cartas solicitando una nueva comitiva de enviados que los sustituyan.

MAGI DE OTRAS CASAS

Aunque se fomente la visita de otros vampiros, Etrius evita la llegada de magi procedentes de otras casa herméticas tanto como le resulte posible, temerosos de que pudieran descubrir la conspiración. Por su parte, la mayoría de los magi ajenos a los Tremere prefieren mantenerse lejos de Ceoris. Cuando sus obligaciones los impelen a acudir a una capilla Tremere, eligen algunas menos siniestras, como el tranquilo Cubil de León en Inglaterra o las soleadas tierras de Perugia.
Empero, siempre hay algún mago cuyas investigaciones le exigen escarbar en la famosa biblioteca de Ceoris. Tosia se preocupa de darle una calurosa bienvenida a estos visitantes y ocuparse de que sus necesidades sean bien atendidas. Con los que se ganen su confianza compartirá sus sospechas acerca de Etrius y sus seguidores.