Credo – Juicio

Lo que tú haces no es justicia, ya lo que combates no es el crimen. Es la corrupción de humanidad, en cuerpo y alma, provocada por cosas que parecen personas a quienes las rodean. Pero los monstruos no pueden esconderse de ti y de mí. Por eso tenemos que ser a un tiempo jurados, jueces y, si, incluso verdugos. A veces es difícil porque matar a una bestia de presa sigue siendo matar. Es incluso más difícil si la bestia esconde Su naturaleza detrás de una máscara perfecta. Ha ocasiones en que se te pide que hagas lo imposible, ocasiones en las que sabes que la bestia se esconde en el interior de alguien. Ya no es un truco de la carne ni una cosa muerta que todavía no ha aceptado su muerte. Y los Otros. Te miran. Esperan que decidas, que elijas si alguna alma desgraciada debe vivir o morir y todo lo que tú puedes pensar es: No, yo no, otra vez no, y también, ¿Cómo demonios he acabado así, haciendo esto?

La respuesta es que haces lo que haces precisamente porque te planteas las preguntas y te cuestionas tu papel en todo ello. Si estás entregado a tu misión, tendrás que tomar un millar de decisiones, grandes y pequeñas, en el transcurso de cada caza: ¿Funcionara la plata esta vez? ¿Debemos implicar a esos civiles o no? ¿Podría realizarse un “exorcismo” o simplemente matamos al pobre desgraciado antes de que asesine a alguien más? El problema con entregarse a tu misión es que puede hacer que mueras. En cuyo caso, tu cuidadosa evaluación de la situación será historia. Es una cuestión de equilibrio y de saber cuánto equilibrio es excesivo, si sabes lo que quiero decir. Probablemente sí. Es posible que en el transcurso de tu vida anterior pasases mucho tiempo tomando esta clase de decisiones. Eras un médico, un asistente social, un militar e incluso… un juez. No importa lo que hicieras día tras día las mismas preguntas quedaban siempre adormecidas en el interior de tu mente: ¿Supone que hago la diferencia? ¿Hago que las cosas sean mejores? ¿Podría mejorarse el mundo si desaparecieran algunas de las personas que lo habitan?. Entonces, un día, te encontraste haciéndote esas mismas preguntas en situaciones que nunca hubieras podido imaginar. Tu nueva vida había comenzado.

Esta nueva vida transcurría en otro mundo. Pero el mundo real no había desaparecido. ni tampoco las duras decisiones que se esperaban de ti. Simplemente has descubierto que numerosos aspectos de la realidad pasan inadvertidos a la mayor parte de la población.

Sabes que lo justo sería decirles: Mira, ¿Vez con lo que compartimos el mundo? Pero también has aprendido que no puedes hacerlo porque ellos no pueden ver lo que para ti es claro como el agua. Llegará un tiempo, muy pronto, en que sabremos contra qué nos enfrentamos y dónde se esconde. Cuando eso ocurra, difundir la verdad no será sólo el camino más seguro; podría ser el único. Es difícil asegurarlo, pero algunas personas parecen servir a las fuerzas con las que combatimos, sin saber que son meros peones en una guerra. No es que estén poseídos ni nada parecido, no son más que víctimas engañadas, ¿Y quién sabe quién nos está escuchando en este mismo momento? Hasta que tengamos una pista, la discreción debe ser nuestra divisa.

Mientras tanto, mantén la boca cerrada y los abiertos. Puede parecer injusto. Es como si los videntes tuvieran que tomar las decisiones ciegos sin consultarlo. Ten por seguro esto: muy a menudo odiarás las cosas que te verás obligado a hacer. Odiarás tener que mentir, sea a tu familia, los amigos o los socios, pero la verdad es tal. Revelar la verdad a alguien que no puede ver equivale a firmar su de muerte, por mencionar la tuya. Odiarás también tener que juzgar a otro cazador, tener que decidir que alguien que combate a tu lado es una amenaza mayor que el enemigo. Entonces, por encima de todo, Odiarás tener que matar, te parecerá que todo cuanto haces, todo cuanto los cazadores hacen, está condenado al fracaso. Pero más fuerte que tu odio será la certeza de que el mundo se convertirá en un lugar oscuro y tú mismo en algo terrible si nadie toma las decisiones difíciles. Tus decisiones

Debilidades: la indecisión puede amargarte la existencia. Todos los Jueces se enfrentan a ella más tarde o más temprano. Espérala, pero no permitas que te controle, porque invitará a otros cazadores a cuestionar tus juicios o a seguir el consejo de cualquier otro. Las riñas generalizadas ponen en peligro a la gente a la que pretendes proteger y atraen la atención de la ley. Si tú debes ser duro contigo mismo y con tus compañeros, imagínate lo poco comprensivos que se mostrarán los jueces de verdad.

El otro extremo no es mejor: la megalomanía consiste en creer que tú (y sólo tú) sabes lo que está bien y está mal en la caza. Estás aquí para mantener el orden, para recordar a los cazadores lo que son y lo que hacen… y lo que no hacen. Nadie te pide que pienses por ellos. Recuerda tu lugar, pero asegúrate de que los otros conocen también el suyo.

Los Jueces legalistas son un dolor de cabeza para todos nosotros. La línea que diferencia el mantenimiento de un código de comportamiento de la sumisión estricta a la letra de la ley es muy sutil. Si siempre estás seguro de tus decisiones, es que no te has hecho todas las preguntas necesarias.

Apócrifos: reconoces las señales que vaticinan la llegada del Juicio Final cuando las ves. Muchos de vosotros tratáis de recoger toda la información posible antes del inevitable fin. Después de todo, las tácticas sin inteligencia son suicidas. También soléis citar regularmente Las Revelaciones de Nostradamus o El Libro de los Muertos. Otros, convencidos de que la figura del cazador no es nueva, apuntan al ejemplo de Juana de Arco o Bernadette de Lourdes como nuestras predecesoras. Ellas dijeron e hicieron lo que era necesario para salvar el mundo y tú no debes hacer menos.

Un buen número de vosotros asegura haber encontrado la fe por vez primera gracias a monstruos a los que nos enfrentamos y a las preguntas que han tenido que plantearse. Otros dicen que su fe en la existencia de una fuerza benevolente que guía al universo ha sido derribada por la visión del mundo real. La mitad de vosotros asegura que los actuales acontecimientos os han acercado a vuestros queridos, mientras que la Otra mitad siente que nunca ha estado más distante de ellos.

Los Jueces más activos se implican en las vidas de sus comunidades a través de programas sociales, tanto para vigilar sus localidades y poder realizar las cazas de manera más eficaz como para calmar sus conflictivos sentimientos respecto a sus actividades. Y respecta a ellos mismos. Considera este consejo que te da la voz de la experiencia.

La exaltación: un denominador común en el de Jueces (y algo insólito entre las demás cazadores) es que su primer encuentro con lo sobrenatural implica a varias criaturas y no a una sola. Normalmente se encuentran con monstruos que Luchan entre si en vez de amenazar directamente a las personas… lo cual no quiere decir que éstas no sean heridas como consecuencia del enfrentamiento. Los jueces consideran su Conversión una especia de prueba en la que tienen que identificar la amenaza más inmediata y enfrentarse a ella en su primer lugar. A partir de entonces, las pruebas se hacen cada vez más duras.

Creación de personajes: los Jueces suelen contar con elevadas puntuaciones de astucia o percepción, pero su Fuerza de Voluntad varia bastante. Ya utilicen la fuerza o la sutileza, tratan de ser mediadores en cualquier situación. Su determinación a obtener toda la información pertinente antes de tomar una decisión importante convierte a Investigación en una habilidad muy apropiada para ellos. Muchos Jueces ejercen o han ejercido profesiones que requieren una visión ética y que los someten al juicio de sus pares (y viceversa). Algunos de estos campos (derecho, medicina) son bastante lucrativos, así que el Trasfondo Recursos es una posibilidad a considerar.

Convicción inicial: 3

Alias: Justicias, Justicieros, la Ley, Jueces.

ESTEREOTIPOS

  • Defensores: Gente honorable dotada de temperamento y firmeza. A menudo Son los que nos avisan cuando “las cosas” comienzan a descontrolarse.
  • Espectadores: Su utilidad debe decidida en cada caso particular.
  • Inocentes: Epítomes de la indefensa humanidad. los mejores de todos nosotros. Su infatigable creencia en la bondad de sus objetivos enfoca nuestra misión.
  • Mártires: Ejercicios de futilidad vivientes, aunque quizá necesarios violencia está ya extendida sociedad. ¿Podernos obtener algún beneficio de un sacrificio voluntario? No lo creo.
  • Redentores: Esenciales para nuestro éxito. Son los únicos capaces de salvar a una abominación para puede recuperar su humanidad. Desgraciadamente, a veces apresuran demasiado a perdonar las ofensas.
  • Vengadores: Útiles pero peligrosos si son guiados apropiadamente. Mira lo que ocurrió con el que apareció en las noticias de la televisión.
  • Visionarios: Valiosos para la guerra aunque a veces se empeñan demasiado en hacer las cosas “a su manera”.
  • El Enemigo: Tan diferentes entre sí como quienes los cazamos. A decir verdad, unos pocos ellos pueden ser mejores aliados qué algunas cazadores.