Credo – Martir

Piensa en todo lo que estarías dispuesto a sacrificar a cambio de retrasar el día del juicio ¿De acuerdo? Bien. Si la lista comienza con tu vida e incluye tu alma, puede que seas un Mártir. Otros cazadores pueden sacrificar sus vidas para destruir a las abominaciones, pero se sabe de Mártires que han sacrificado: todas sus posesiones, todos sus lazos e incluso su buen nombre, al servicio de la causa. Si creyera que fuera a suponer alguna diferencia, te aconsejaría “Líbrate de cuanto puedas”. Nosotros somos los cazadores más acongojados, auto-atormentados y adictos al drama que puedas encontrarte… y a pesar de todo ello. un grupo estupendo.

Cierto, algunos de nosotros nos regodeamos en un estoicismo enfermizo, pero eso no es más que una actitud. En último caso, lo que todos nosotros queremos es ser la estrena en nuestros propias tragedias pasionales. Que sea porque creemos que tenemos algo que expiar o porque vemos nuestra salvación en el sacrificio por otros, depende de cada Mártir en particular. ¿Haces trampas en el juego? ¿Defraudas en tu declaración de impuestos? ¿Mientes en tus informes? ¿Eres marica? ¿Un maniático? ¿Te masturbas en exceso? ¿Sintonizas la televisión por cable sin pagar? ¿Robas en las tiendas? Acaba con ello de una vez, cariño, eso no es lo tuyo. Como el resto de los santos, puedes utilizar tu cuerpo para proteger a todas las ancianas y huérfanos que quieras, pero si te pone caliente que te claven garras y te den palizas, estás cometiendo un pecado.

Fin del editorial.

En realidad, lo que más me preocupa de ser un Mártir es el gran número de vosotros que parecéis florecer con el estrés del trabajo (no os equivoquéis, esto es un trabajo y todos nosotros somos empleados). Y la gran cantidad de vosotros (si, también yo) que parecéis más satisfechos con lo que hacéis ahora que con vuestra vida anterior. No felices, cuidado, sino satisfechos. Os esforzáis hasta desplomaras, os ofrecéis voluntarios para todas las tareas, os entregáis a caza y después pasáis una semana entera quejándoos de lo mal que lo habéis pasado y del inmenso peso que el mundo carga sobre vuestros pobres hombros.

¿Por qué asocian los otros cazadores con nosotros? Porque saben que estamos dispuestos a recibir ese balazo que va dirigido a ellos. Porque saben que daremos nuestra sangre, nuestro aliento y nuestro cuerpo para mantener a los demás con vida, incluyendo a civiles. Algunos de vosotros habéis llegado a confesar “asesinatos” cometidos por otros cazadores y habéis ido a prisión para preservar a sus familias.

Probablemente son mis raíces católicas las que hacen que me dé cuenta de ello, pero la verdad es que hay un montón de religiosos metidos en lo del Martirio, aunque no sólo monjas y sacerdotes. Su capacidad de persuasión se acrecienta y sienten toda la gama de emociones. Trabajar con esta gente en circunstancias no demasiado religiosas me ha permitido comprender, por primera vez en mi vida, que el donar tus ropas no te convierte en una especie de robot confesional. Lo cual no es sino otra manera de decir que la gente de la Iglesia puede estar tan confusa como el resto de nosotros. A pesar de todos nuestros defectos, daría todo lo que tengo por ser un Mártir en vez de cualquier otro tipo de cazador.

Hasta mi vida.

Debilidades: si haces lo que haces porque te gusta el sufrimiento (¿acaso no fuste elegido por ello?) tus motivaciones se reducen a un hecho. La innegable verdad es que algunos de vosotros sois masoquistas devotos. Puedes llamarlo como quieras; mala suerte, un trabajo asqueroso que alguien tiene que hacer… Puedes negar que tienes este problema. Pero enfoca el problema: estás aquí para administrar el castigo cuando sea necesario, no para sufrirlo por cualquier razón.

El masoquismo, incomprensible como es para mí, implica por lo menos que estás dispuesto a salir ahí fuera y enfrentarte al enemigo. Algunos chiflados obsesos de la auto-negación llevan las cosas demasiado lejos, por lo que, llegado el momento de actuar, no están preparados…  ¡Y nos ponen a todos en peligro! Toma el ejemplo de aquella mujer a la que le dio por ayunar, en parte para ayudar a alimentar a las familias de los que habían muerto en la caza y en parte para “purificarse” antes de los combates. ¡Una noche, mientras se dirigía a una lucha, se desmayó en el coche! Y luego está el tipo que comenzó a vivir en el escondite del grupo. ¡Resultó que había vendido todo lo que tenía para que el resto comprar equipo! Es difícil desdeñar una entrega como ésta, pero al cabo de unas pocas semanas, nadie lo quería tener cerca: el pobre no tenía dónde bañarse. Por favor, gente, no tratéis de responsabilizaros del bienestar de otros si no podéis ocuparos de vosotros mismos.

Quizá sea necesario que aclare que con lo de “ocuparos de vosotros mismos” me refiero a la salud y la higiene personal, no a “hemos hecho cosas terribles y no merecemos vivir”. Si de verdad sentís la necesidad de sacrificaros, al menos dadle a vuestros aliados la oportunidad de apartarse. Los chalecos de dinamita son una opción demasiado ruidosa. Y, además, podrían no servir de nada contra el enemigo al que os enfrentáis.

Apócrifos: circula por ahí una teoría terrorífica, fruto de los desvaríos de uno de vosotros, obsesos apocalípticos y melancólicos, que sugiere que el mudo ya ha terminado y todos estamos en el Infierno. ¡Oh, tú sí que eres un Mártir!

Por lo demás, la inmensa mayoría de vosotros no termináis de poneros de acuerdo sobre cuál de los inminentes escenarios del fin del mundo es el correcto: sólo unos pocos cientos de parejas de anglosajones blancos y protestantes, temerosos de Dios y en edad de tener hijos sobrevivirán al cataclismo; sólo gays y las lesbianas sobrevivirán al cataclismo; sólo las 88 celebridades más hermosas sobrevivirán al cataclismo. Lo que todos estos desenlaces tienen en común es que tú (tú sólo, tú y otros cazadores, tú y cualquiera que pueda ser convencido de que estás en lo cierto) lo harás posible, por medio del Sacrificio Definitivo. Oye, si eso es cierto, al menos el próximo mundo será mejor que éste.

La Exaltación: aquellos entre vosotros más inclinados a hablar soléis describir a su primer Monstruo como “implacable” o “una máquina de matar”. Los más discretos asienten ante estas palabras. Considerando el abuso que sufre la mayoría de Mártires cuando se unen a nuestras filas, lo asombroso es que alguno de nosotros haya vivido para ver otro día.

ESTEREOTIPOS

  • Defensores: Sacrifican Su iniciativa a cambio de seguridad (con la excepción de aquel, tipo de la tele, el señor “Hola-América-soy-un-cazador-de-monstruos-y-todos-vosotros-sois-sacos-de-patatas-en-peligro.).
  • Espectadores: Ven a sufrir con el resto de nosotros. Todavía no es demasiado tarde.
  • Inocentes: La ingenuidad no es una cualidad apropiada para cazar monstruos.
  • Jueces: Cuando llega el momento de hacer lo que debe hacer, estos tíos nos hacen parecer aficionados.
  • Redentores: los únicos que sufren tanto en el trabajo como nosotros.
  • Vengadores: Lo que les falta en dureza les sobra en brutalidad
  • Visionarios: Esta gente está demasiado alejada de la realidad como para ser de alguna utilidad.
  • El Enemigo: El castigo encarnado. Así que ¿quién es el que nos crea?

Creación personajes: los Mártires suelen tener altas puntuaciones en Resistencia y Empatía. Las excepciones a esto último son aquellos que practican diversas formas de auto-sacrificio, con el propósito de llamar la atención o ganarse la aprobación de otros. Algunos miembros de este credo comienzan poseyendo Recursos sustanciales, pero con el tiempo, los regalan, las abandonan o pierden de cualquier manera.

Convicción inicial: 4

Alias: Casandras, Perdedores, Masoquistas, Jodidos.