El Abuelo…

Intenso relato corto, ambientado en un cementerio irlandés y basado en Vampiro, La Mascarada.Escrito por Luca Vizjerei.

25 de Noviembre, Irlanda.

Llueve. Una de tantas borrascas que azotan las costas irlandesas se encuentra en su punto álgido. Los vientos rozan los 80 kmh.

Los siempre verdes bosques y praderas del lugar, bailan frenéticos al compás que marcan las cargas de aire. Latas, papeles y otros desperdicios vuelan violentos, como embrujados por las calles de Dublín.

“Tong”, “Tong”, “Tong”.

El reloj de la torre de la iglesia de Saint Michael´s marca las tres de la madrugada, pero, a estas horas, lo hace para nadie. Los ciudadanos de bien duermen profundamente, ajenos a los crímenes y violaciones que azotan las esquinas de la ciudad.

En la parte trasera de la iglesia, se encuentra el cementerio municipal. Se trata de una zona ajardinada de grandes dimensiones, en la que una constante bruma, los cipreses y las lápidas comparten protagonismo, fundiéndose un un sobrecogedor paisaje al caer la noche.

El lugar parece tranquilo. Incluso el viento desaparece conforme nos internamos entre sus tumbas, casi como si el dios Heolos quisiera respetar el silencio y la paz de quienes ya no caminan entre los vivos, o dicho con propiedad, de quienes ya no caminan…en absoluto.

En el centro del mismo, se encuentra el panteón propiedad de la familia Giovanni, que utilizan para guardar unidas las cenizas de sus miembros en las islas británicas llevados a la muerte definitiva.

Se trata de una edificación del más puro estilo greco-romano, de unos 5 metros de altura y unos 20 de diagonal, considerando que su forma es rectangular.

De una sola entrada, su pórtico, tallado en robusta madera de cerezo, se encuentra presidido en el exterior por una escalinata de mármol renacentista y cuatro grandes columnas dóricas.

En la cubierta, una gárgola de piedra por cada una de las cuatro esquinas otea el horizonte, inquisidora, con mirada amenazante.

-Vamos Lorenzo, no solloces, deberías ser una noche alegre para tí. Me he molestado en concederte el honor de morir aquí, junto a los tuyos.

Una voz resuena ténuemente desde el interior del panteón.

Desde una de las ventanas, puede observarse una dantesca situación.

Hay un pentáculo de unos dos metros de diámetro dibujado en un denso color rojizo en el centro del suelo de la estancia. Parece sangre.

En el punto de confluencia de las líneas de la diabólica señal, un hombre desnudo atado con cadenas de pies y manos a una silla metálica. Tiene los ojos desorbitados, como salidos de sus cuencas por el esfuerzo para intentar librarse de las sujecciones, que, por otra parte, comienzan a atravesar la carne del sujeto. Su cuerpo, está tatuado entero, recientemente parece, con multitud de simbología profana y satanista.

Pero no fue él quién habló. Está amordazado.

Junto a él, otro individuo, más corpulento, ataviado con una gran túnica de una penetrante coloración negra. En sus manos, porta un cáliz de cristal dorado que tiene una gran inscripción rúnica en uno de sus laterales, y un crucifijo invertido en el otro. Llama la atención la longitud de sus uñas, que más bien se asemejan a punzantes cuchillos por su afilación.

Con gestio serio y los ojos en blanco como si se encontrara atravesando un profundo trance, se agacha sobre su prisionero, y de un rápido zarpazo, abre una profunda brecha en su garganta. Su sangre comienza a derramarse cual cruenta metáfora de la fuente que hay en el exterior del edificio.

El satanista entonces sonríe, y sitúa el cáliz debajo de la herida. Levanta solemne el recipiente, y desafiante, recita:

-Corpus Christi ad infernum.

Tras esto, bebe. Una vez terminado el contenido, lanza el cáliz contra la pared, reventándolo en mil pedazos, y violéntamente, como si hubiera perdido la razón por completo se lanza feroz al cuello de su víctima, a la herida abierta.

Los ojos hasta entonces inyectados en sangre del prisionero por la furia y el descomunal esfuerzo, comienzan, conforme va perdiendo la totalidad de su fuente de sustento, a retomar un blanco natural, primero, para adoptar más tarde un gris mortecino.

-Ya eres mío, comienzo a sentirlo, argh…..es la fuerza de tu sangre, es la antiguedad de tus conocimientos, ya eres mío.- Susurra para sí el ladrón de almas mientras se reincorpora, tras haber absorvido todo cuanto poseía el Giovanni, su vitae.

Entre tanto, donde hace unos instantes reposaba el maltrecho y escorzado cuerpo del vampiro apresado, poco a poco, comienzan a quedar sólo cenizas dispersas por el suelo y la silla.

Toc, toc, toc…¿hay alguien en casa?

-¿Qué, quién eres?- Grita furioso el satanista al tiempo que, con un rápido movimiento se gira hacia la entrada desenvainando una brillante daga de marfil.

Sorprendido porque la sala sigue vacía y en silencio, se hace sigilosamente a un lado, pega su cuerpo contra la pared, y comienza a aproximarse lentamente a una ventana.

Cauteloso, asoma la cabeza y busca en el exterior.

Nada, no hay nada ahí fuera.

Vamos imbécil, ¿porqué buscas ahí fuera?, ¿acaso no reconoces mi voz?

-¿Cómo? ¿Lorenzo? Pero si….- responde en alto el cainita, al tiempo que, confundido, busca entre los restos, cenizas, y ropajes del giovanni.

Deja ya de buscar, resultas patético, ¿de verdad no comprendes dónde estoy o es que no quieres asumirlo?

-No!- gritó entonces enfurecido el vampiro, dejando la daga caer al suelo y llevándose las manos a la cabeza. -¡Ni se te ocurra quedarte ahí dentro! ¡estás muerto! ¿muerto me entiendes?-

Aún no mi queridísimo compañero, ahora compartimos cuerpo pero…tranquilo, será por poco tiempo.

Ha sido decisión tuya entrar en el punto sin retorno de la diablerie, no mía. Ahora, no es mi problema que no sepas salir de él. ¿Perdido?

Coge tu daga, atraviésate el cuello como has hecho conmigo, y derrama tu sangre hasta que mueras. Es una orden. Ciao, bambino.
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-Señor, es un hombre sólo….¿entramos?-

Dos policías asomados a uno de los ventanucos del panteón acaban de llegar alertados por el párroco, en su llamada dijo haber oído un golpe, como si se hubieran roto unos cristales, quizá unos profanadores.

-No, espera, está cogiendo un cuchillo del suelo, se va a armar…dale el alto.-

-¡Polcía! ¡Deténgase!, ¡está rodeado! ¡No! ¡No haga eso!-
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Nota policial a la prensa, Dublín–>

Un hombre de mediana edad se dio muerte anoche sobre las 3 de la madrugada seccionándose el cuello con un cuchillo en el cementerio de la iglesia de Saint Michael´s, se debió probablemente a la macabra culminación de un rito sectario. Actualmente se está iniciando la investigación con el acopio de pruebas.

John Mc Andy, Comisario Jefe.