El Concilio de las Nueve Tradiciones

El tiempo no ha cambiado mi antigue fe;
El lazo es tan fuerte como atado lo dejé;
Ni ha logrado el amargo fruto que sembraba
Hacer menos preciosa la elevada causa de mi corazón.
– Vittoria Colonna, “Poema de Amor IV”.

 

Unidos o muertos

Es el Día del Juicio.

Los signos llevan décadas apareciendo: el alzamiento de una Orden monolítica, la invención de extrañas máquinas, el azote de pestes y guerras que han asolado muchos países. El cambio está en el ambiente. Hasta en las tierras en las que nunca se ha visto a un hombre blanco se presiente la tormenta. Cuando esta llegue (ya está aquí) todo el mundo necesitará un jugar donde huir y un compañero al que aferrarse.

Los sueños y profecías han predicho este día. Las voces que claman en el desierto, tanto tiempo ignoradas, comienzan a cobrar sentido. Muchos magos creen que antes de que la tempestad ruja con toda su furia hay que construir un refugio, preparan una última defenza. La fortaleza: Horizonte, el mundo más allá de las nubes. Los últimos defensores: el Concilio de las Nueve Tradiciones Místicas.

Esa palabra, Tradición, es vital. Si algo quiere sobrevivir a la tormenta deberá estar profundamente enraizado en las antiguas costumbres. Aunque muchas de las sectas que ahora unen sus manos son nuevas confederaciones, las fes que preservan se remontan a la antigüedad. Hay que explorar nuevas Sendas, pero para que prosperen deben conducir de vuelta a los caminos ya familiares, así como a nuevos ideales.

Los magos no son inocentes. El Día del Juicio ha llegado, en parte, por culpa de su orgullo. Los fuegos que arden en las plazas de los pueblos y en las ruinas de las Alianzas fueron encendidos por los abusos de los hechiceros que se hicieron demasiado poderosos. Había gobernado como tiranos, y ahora todo el mundo recoge la cosecha. Durante los largos años de la Convocatoria las voces más poderosas y sabias clamaron en busca del regreso a la Senda Dorada, a la búsqueda de un objetivo más elevado que la supervivencia o la conquista, la Ascensión, el más noble propósito de un mago.

Ahora los Despertados se reúnen. Procedentes de todo un mundo demasiado vasto para describirlo con un mapa, llegan en grupos. Aquí tenemos una taciturna cábala de jueces Herméticos conferenciando en latín. Ahí, un grupo de extranjeros de piel oscura que mantienen su orgullo pese a enfrentarse a lo desconocido. En la esquina, hombres y mujeres de ojos salvajes comparten escandalosas comuniones. En el cielo rugen los dragones, transportando a sus compañeros con alguna misión urgente. La Convocatoria es un período de maravillas, pero estas comparten una sombría certeza: que el Día del Juicio está aquí, y que todos deben unirse para resistirlo… o morir.

Heredero de un rico legado, un mago del Concilio extrae su fe de un pozo que tiene cientos de años de antigüedad. Quizás sus ancestros practicaran en monasterios tibetanos, recogieran hierbas bajo la luz de la luna en el verano o cantaran himnos al Redentor mientras el Espíritu Santo resonaba en sus huesos. Para unirse a la misión del Concilio un hechicero debe creer en su causa: preservar las Antiguas Costumbres por medio de la dedicación y la armonía. Es una labor inmensa, aparentemente imposible, ya que ninguna congregación de tal diversidad ha logrado jámas el éxito. Para resistir, cada mago del Concilio debe dejar de lado sus miedos personales y sus prejuicios, aferrar su fe y afrontar lo desconocido con las manos abiertas. En una era tristemente famosa por su intolerancia, se trata poco menos que de una hazaña.

No es nada sencillo. Aunque la mayoría de las Tradiciones se están formando ahora, casi todos los grupos tienen cuentas pendientes con los demás. Cristianos, paganos, musulmanes y nigromantes comparten antiguos odios. Los hindúes no sienten aprecio alguno por sus conquistadores islámicos, y la rivalidad entre los Akáshicos y los Thanatoicos aún sigue viva. Gentes dispares de tierras lejanas son reunidas en difíciles confederaciones que agitan nuevas animosidades, por lo que muchos magos simplemente dicen “Al infierno”, antes de marcharse. Los que permanecen son puestos a prueba en un crisol de fe y guerra. Sus creencias son fuertes, y su compromiso está guiado por la convicción de que este nuevo camino debe prevalecer.

Es el Día del Juicio… el Génesis para casi todas las Tradiciones y las Revelaciones para el mundo de la magia. El desenlace es cualquier cosa menos cierto.

Esferas de influencia

• Alianzas: la Orden de Hermes tiene la mayor base de poder establecido en Europa. Durante más de 500 años estos magos han mantenido un Tribunal organizado, construido fortalezas y gobernado como príncipes de reinos privados. A pesar de su rivalidad con otras sectas (y entre ellos mismos), las logias urbanas y los castillos rurales de la Orden tienen a su disposición vastos recursos y respeto. También son objetivos muy evidentes. Las Guerras de las Logias y las Purgas Universitarias han debilitado los enclaves Herméticos, y los intermitentes conflictos con los vampiros han privado a la Orden de su vitalidad. Las Alianzas están cayendo, pero las que restan son realmente poderosas.

• La Iglesia: los magos cristianos y los Solificati, herejes para la Iglesia, tienen aliados y deudores repartidos por todas las tierras de Dios. Puede que el Papa haya renunciado a sus comunidades, pero la fe y la caridad hacen muchos amigos, tanto entre los campesinos que trabajan en las capillas como entre el bajo clero.

• Enclaves paganos: los Verbena tienen un objetivo: la conservación de las Viejas Religiones. Muchos campesinos recuerdan a los Dioses de la Cosecha y los encantamientos mágicos que tenían éxito cuando las plegarias cristianas parecían fallar. Otros simplemente no quieren convertirse. Los hay que huyen de los cazadores de brujos o de las hordas de Tezghul el Loco. Para estos refugiados, los brujos de la naturaleza ofresen santuario y consuelo. A cambio, los paganos los recompenzan con un servicio fiel y su ayuda encubierta, especialmente en Britania, donde la Década de la Caza se cobra una sangrienta venganza por la Marcha de Wyndgarde.

• Bestias mágicas: las criaturas fabulosas están muriendo, cazadas por Dedalianos y mortales o afectadas por extraños males. Los Verbena, Akáshicos y Cuentasueños han formado una extraña alianza para salvar a todas las que puedan. Sus “misiones de rescate” los enfrentan a los cazadores de monstruos, a los elementos y a las mismas bestias (que raramente quieren la ayuda de los humanos). De vez en cuando una criatura mágica devuelve un favor cabalgando hacia la batalla o cazando a los rivales de sus “amigos”.

• Las hadas: los Herméticos y los brujos tienen viejos lazos con la Buena Gente. Aunque las relaciones no han sido siempre cordiales (ni lo son ahora), muchas hadas reconocen a los enemigos que comparten con los magos. En Britania, Mistridge, Baerwald y en los bosques eslavos el Pueblo del Ensueño lucha junto con los hechiceros. Las treguas como el Pacto de Glastonbury y la Llamada de la Cabra son ejemplos de estas alianzas crespulares.

• Cortes y plebeyos: la magia es una herramienta grandiosa, y aquellos que la comprenden suelen ser reverenciados. Son muchos los nobles que se arriesgan a terminar en la hoguera por procurarse los servicios de un mago, y muchos los plebeyos que recuerdan al herbolario que salvó la vida de su esposa, o al alquimista que le proporsionó un poco de oro. Los mortales pueden ser incostantes, pero también devotos. Aunque su ayuda es muy limitada, sus favores pueden marcar la diferencia…

• Parias: para aquellos que no tienen mucho que perder, la posibilidad de ayudar a un mago parece muy atractiva. Ladrones, gitanos, artistas ambulantes y mercenarios suelen estar encantados de echar una mano a un amigo hechicero. Aunque estos favores puedan parecer sospechosos, esta gente es sorprendentemente devota (y muy útil) hacia los que la tratan bien.

• Horizonte y Doissetep: estos lugares, dos de las Alianzas más poderosas de la Creación, proporsionan refugio a los magos agotados. Seguras en sus Reinos de Otros Mundos, estas fortalezas soportan constantes ataques y dan cobijo a infinitas diplomacias. El Concilio de reune en Horizonte, donde su número elegido, el nueve, da un aire propocio a los actos. Doissetep la controlan los Herméticos, pero tiene sus puertas abiertas a otras Tradiciones. A pesar de las intrigas bizantinas que contaminan la existencia de estos Reinos, estos pilares soportan lo peor de la tormenta.

Eventos futuros:

Oh victorias mecánicas, oh infames conquistas.
-Montaigne, Ensayos

El Día del Juicio comienza con fuego, llega al climax con lágrimas y se convierte en una guerra de 500 años. A pesar del largo invierno de la traiciones, de los cismas y de las batallas perdidas, la fe que arde en el corazón del Concilio lo conduce hasta el verano.

El primer gran gesto de esta confederación, la Marcha de los Nueve, es problemático. Aunque estos emisarios de buena voluntad atraen a muchos aliados a las puertas de las Tradiciones, cometen algunos errores bastante caros. Un pueblo francés entero es arrasado en una batalla, lo que provoca una colosal caza de brujos. Dos miembros (¿o eran tres?) comparten un malhadado romance. Pero aún, la Primer Cábala es traicionada por uno de los suyos (el Solificato) y es destrozada por las fuerzas Dedalianas. En un momento de lealtad mal entendida, muchos Solificati se ponen del lado de su camarada, alejando a todo el Concilio. El resto abandona la Tradición y se une a las Casas de Hermes o a la Orden de la Razón, forma un nuevo grupo de Dispares (los Hijos del Conocimiento) o se marcha por su cuenta. El asesinato del Primus Solificati disuelve la Tradición y las Nueve se convierten en Ocho, un número menos propicio que el anterior.

A partir de aquí, las cosas no dejan de empeorar. Las relaciones entre los Cuentasueños y sus primos blancos se deterioran. A medida que la Era de la Expedición, la Conquista y el Imperio recorren sus tierras, muchos chamanes abandonan disgustados el Concilio. Las persecuciones devastan a los Verbena y a los Chakravanti. Las Casas Herméticas ascienden y caen mientras la ciencia y la razón dan luz a la Revolución Industrial y a la Era de la Rebelión. Irónicamente, esta última concede a las Tradiciones una posibilidad para reconstruirse. Mientras la industrialización alimenta la pobreza y la guerra, los mortales se giran hacia las antiguas fes y los secretos arcanos. La magia vuelve a florecer en formas diferentes, pero poderosa. La incorporación de dos nuevas Tradiciones alivia el golpe cuando los Ahl-i-Batin abandonan el Concilio y desaparecen.

A medida que la “Razón” se convierte en la nueva fe, su opuesta (la locura) también prospera. Las sectas infernales, siempre presentes, renacen como una enfermiza flor: los Nefandos. Esta “Bestia Voraz” pasa de ser un grupo de cultos dispersos a convertirse en una epidemia mundial. Los Errantes, antaño remolinos aislados, aúllan ahora por todo el mundo reuniendo fuerzas con el paso de los años. La Orden de la Razón, que en el pasado perseguía sus objetivos con devoción, se convierte en una hichada Tecnocracia. Para cuando las Tradiciones logran recuperar el equilibrio el mundo se ha oscurecido y la Guerra es aún más devastadora. Sin embargo, a pesar de todo, el ideal de la Ascensión también ha recuperado fuerzas.

Quinientos años despúes del comienzo de la Guerra de la Ascensión, un nuevo Día del Juicio encuentra al Concilio con nuevas herramientas, aliados y propósitos.

Como siempre, ese futuro es incierto… pero queda la esperanza.