¡Hereda la Tierra!

Esa fue la primera cosa que me dijeron, la primera vez que me “conecté”. Tuve un momento de horrorosa revelación. El mundo no era lo que siempre había creído. La vida que hasta entonces había llevado no había sido más que una ilusión. Mi trabajo, mi familia, mis sueños, todo ello era un engaño. Cada una de las certezas que mi familia y la sociedad me habían inculcado (que no había nada que temer, que todo iría bien) era una mentira. ¿Qué me ocurrió? ¿De qué estoy hablando? Todo tiene que ver con lo mismo. Los monstruos son reales. Existen. Yo los he visto. }

No me refiero a que “las personas pueden ser monstruos” o “el lado oscuro del hombre es monstruoso” o “la sociedad crea sus propios monstruos”. Todo eso es una mierda insignificante. Hablo de criaturas que caminan, criaturas vivientes en algunos casos, pero no humanas ni naturales, que existen, se esconden entre las sombras y se alimentan de la humanidad. Cuando eras un niño y te asustaban las cosas que se ocultaban debajo de tu cama o más allá de tu ventana, tu miedo respondía a una verdad. Estaban allí, vigilándote, esperando. A medida que crecemos, arrojamos sobre nuestros ojos un velo de ceguera en un esfuerzo subconsciente por permanecer cuerdos. No queremos creer que existen criaturas merodeando en la noche. Pero sí que existen.

No espero que me creas. mayoría de la gente que visita este sitio piensa que soy un demente. Estupendo; no podrían creer, aunque lo intentasen. defensas que sus propias mentes han levantado y las influencias que durante tanto tiempo les han sido impuestas no les dejarán creer. Mejor para ellos. Que visiten otros sitios.

Para aquellos de vosotros que comprendéis, que habéis visto lo que yo he visto, que sabéis lo que yo sé… mis condolencias. Estamos atrapados entre quienes nos desprecian y piensan que estamos locos y las criaturas que son responsables de todo ello… las cosas horripilantes a las que debemos enfrentarnos todos los días y todas las noches.

NO ESTAS SOLO

Pero déjame ofrecerle algún consuelo, alguna seguridad. Estás entre amigos. Sé por lo que estás pasando. No puedes mirar a ningún lugar sin ver algo que destroza tu alma: un grotesco cadáver que camina, un hombre-animal arrastrándose, una persona que sabes que había muerto o alguna clase de espíritu aferrándose al cuerpo de un inconsciente ser humano. Se esconden y vagan entre nosotros, sin ser detectados. Eligen a quiénes matar y a quiénes indultar, a quiénes reservar para más tarde y a quiénes devorar inmediatamente, sin que sepamos lo que está ocurriendo… hasta ahora.

Ahora hemos abierto los ojos y los vemos por todas partes. Pero quienes han sido elegidos para ser sus víctimas no nos escuchan. Allí van, solos, ignorantes, hacia su perdición.

Déjame adivinar: tu familia se pregunta qué es lo que anda mal en ti; estás “agitado”, “colgado”. Tus compañeros de trabajo te evitan últimamente; eres “inestable”, “actúas de forma rara”. Puede que ya te hayan despedido; es difícil conservar tu puesto de trabajo cuando atacas a un “colega”. Por supuesto, nadie te creyó cuando trataste de explicar lo que él era realmente. Pero entonces supo que ibas a por él… Quizá has sido arrestado recientemente por asalto, por perturbar la paz o por posesión de armas. Ni siquiera la Policía cree tu historia. No te creen cuando les dices lo que tus víctimas son en realidad, o cuando les cuentas por qué las atacaste. Quieren encerrarte en una celda o en un manicomio, donde ellos y otras cosas te tengan a su alcance.

¿Te suena? Entonces escucha esto, porque probablemente será el mayor consuelo que hayas tenido en mucho tiempo: tienes razón. No estás loco. Hay otros como tú. Nos has encontrado. Lo malo es que, si estás cuerdo y tienes razón, significa que todo eso que has visto, todo eso que has temido, es real. Los monstruos existen.

LOS EXALTADOS

Hay otros como tú ahí fuera. Todos nosotros hemos combatido las espeluznantes visiones y las incomprensibles verdades a las que ahora tú te enfrentas. Todos hemos tenido que luchar con lo que sabemos, lo que hemos presenciado y aquello en lo que nos hemos convertido. Creé este sitio intentando exorcizar mis propios demonios, intentando encontrar una catarsis, pero también con el propósito de contactar con quienes sufren la misma tortura. Eres bienvenido a unirte a este grupo que forman aquellos que buscan respuestas a la realidad del mundo, aquellos que se preguntan cómo es posible que hayamos pasado todas nuestras vidas ignorando el simple hecho de que los monstruos existen y nos controlan como si fuéramos marionetas sobre un escenario.

Los pocos que pertenecemos a esta lista nos hacemos llamar los Exaltados. Es un nombre extraño, lo sé, pero sugiere todo cuanto cada uno de nosotros ha experimentado.

No hace mucho eras una persona perfectamente normal. Tu vida transcurría como siempre lo había hecho. Había momentos difíciles, a veces escaseaba el dinero, el futuro era bastante incierto. Entonces, por alguna razón, las cosas cambiaron recientemente. Los testimonios difieren, pero todos los que han visitado este fórum coinciden en unas líneas más o menos generales: una voz comenzó a hablarte. Puede que sonase como la tuya, o quizá como la misma Palabra de Dios. O puede que estuvieras leyendo el periódico o la cartelera y entonces, durante un momento fugaz, el mundo cambiase frente a tus ojos. El mensaje era misterioso, pero enfático: “NO TOLERES QUE ESO VIVA”. “LA MUERTE CAMINA ENTRE VOSOTROS”. “SALVA A ÉSTE Y TODOS ENCONTRARAN LA SALVACIÓN”.

O, en mi caso, “‘HEREDA LA TIERRA”. Puede que no recibieras ningún mensaje, sino que tuvieras un sueño o sufrieras algún tipo de alucinación en los que aparecían y ocurrían cosas terribles. O puede que fueras asaltado por un sonido penetrante, abrumado por un ataque de nauseas o golpeado por la convicción profunda de que algo estaba bailando sobre tu tumba. Fuera lo que fuese. no fue más que el principio. Probablemente, los momentos posteriores fueron confusos, pero tus sentidos parecieron atraídos hacia alguna clase de criatura, puede incluso que dos o más. que aparecían. aparentemente de ninguna parte, o simplemente emergían de la multitud.

Instintivamente supiste que aquella cosa no debía existir, que era la encamación del mal y que todos aquellos que se encontraban cerca de ella estaban en peligro mortal. No podías ignorarla. No podías quedarte mirando sin más. ¡Tenías que hacer algo!

Puede que no estuvieras solo. Aunque la mayoría de la gente presente parecía ajena a lo que acababas de otros respondieron a su presencia igual que tú. Aparentemente, un puñado de personas sintieron lo mismo que tú habías sentido. La multitud se desperdigó asustada mientras os arrojabais sin vacilación contra aquella criatura que no podíais identificar, pero cuya existencia, lo sabíais, no debía ser tolerada.

Entonces fue cuando mostraste El Poder. Por alguna razón, habías sido exaltado y se te habían concedido extrañas habilidades. Nunca habías hecho nada ni remotamente similar, pero ahora podías propinar golpes terroríficos. Podías impedir que los inocentes fueran dañados con una simple orden. Podías mirar a los ojos de la criatura y conocer sus más profundos secretos. Y podáis hacer todas estas cosas tan fácilmente como cerrabas. el puño, hablabas en voz alta o lanzabas una mirada penetrante.

Cuando la neblina roja hubo pasado, el monstruo había sido destruido o había huido, sin dejar rastro alguno de su existencia. En aquel momento de consciencia, probablemente escapaste del lugar y trataste de negar lo que había ocurrido.

La verdad es que habías sido “exaltado”, elegido. La claridad, la fuerza y la pasión necesarias para ver la realidad como lo que es en realidad te fue concedida… o impuesta. Fuera una maldición o una bendición, tu vida cambió para siempre.

LOS HERALDOS

“Debo de estar volviéndome loco”, es lo que probablemente pensaste después de escuchar las voces y sufrir las alucinaciones. No estás loco. Todos los exaltados han escuchado las voces y han visto las señales. A falta de un término mejor o sencillamente para otorgar a unos completamente desconocido alguna clase de familiaridad, hemos denominado a su fuente “Heraldos” o “Mensajeros”. Los pocos de nosotros que han hablado sobre ello, ya sea en persona, por teléfono o a través de Internet, no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de los Heraldos. ¿Son el producto de un delirio masivo? ¿Es nuestro subconsciente colectivo que nos espolea? ¿Dios o alguna clase de deidad? ¿Emisiones alienígenas destinadas a ciertos individuos? ¿Un plan gubernamental para manipularnos y convertirnos en armas? ¿O acaso nuestro propio subconsciente que responde a las inquietudes del mundo o siente la proximidad de su final? Nadie lo sabe.

Y, sin embargo, los mensajes parecen ser muy reales, dado que todos nosotros los hemos experimentado. Todos estamos de acuerdo en que existe una conexión entre los Heraldos y aquello que comunican y nuestro contacto con los monstruos. Los mensajes parecen servir para despertarnos a la consciencia de que existen criaturas horripilantes a las que debemos combatir. Al mismo tiempo, de alguna manera, son el vehículo por el que se nos otorgan las herramientas para hacerlo. Incluso, algunos exaltados aseguran mantener contactos repetidos con los Heraldos, recibir mensajes en los que son advertidos de la inminencia de un peligro o de una lucha con… ¿qué? ¿Lo sobrenatural? ¿Son estos Mensajeros o Heraldos los únicos responsables de lo que vemos y de nuestras extrañas habilidades? ¿Por qué nos eligen precisamente a. nosotros? ¿Cuál es su propósito? ¿Por qué no se explican directamente? ¿Quiénes son?

No lo sabemos. Todo lo que podemos hacer es conjeturar y confiar en tener razón.

MONSTRUOS

Me siento estúpido escribiendo esta palabra. como si al hacerlo estuviese desafiando todo aquello que me ha sido enseñado… o quizá lo que esas fuerzas me han querido hacer creer.

Después de tu primera experiencia (llamémosla la exaltación). probablemente buscaste algún significado a la experiencia. alguna explicación que te permitiera volver a la cómoda vida que habías llevado hasta entonces. Pero no había escapatoria. ¿verdad?

No importaba que cerrases los ojos o tratases de aparatarte. Veías a aquellas criaturas por todas partes: en las calles, en la televisión. en el trabajo. en el nietro. en los periódicos y. en algunos casos. que Dios te ampare, en tu propia casa.

Todo lo que querías era huir, dejar tras de ti aquel perturbador e inexplicable episodio. Pero ellos no te dejarían. Las criaturas estaban por todas partes y tus esfuerzos por ignorarlas no servían de nada. Tenías que tomar una decisión: buscar ayuda profesional, suicidarte, enloquecer o enfrentarte a aquello que, deseabas con todas tus fuerzas, no fuera cierto. Ojalá alguien hubiese podido confirmar lo que veías, IO que sabías. Pero nadie podía. Pensaban que estabas loco, te miraban recelosos y, sospechabas, extendían rumores sobre que eras un tipo problemático… que lo sabías.

Probablemente, no pasó mucho tiempo antes de que los problemas te persiguiesen a ti. Policía y los médicos querían confinarte, protegerte de ti mismo y asegurare de que no harías daño a nadie. Entonces comprendiste al fin que no podías contar con la ayuda de nadie. Todo el mundo parecía ciego, como la multitud fanática en el momento de tu cambio, y nadie te ofrecía salvación. Aunque quizá aquellos otros (los otros que también hicieron algo aquella noche) sí podrían…

Puede que hayas regresado a la “escena del crimen” para buscar a los otros que lucharon a tu lado. Puede que en el fondo desearas ser encontrado y asesinado por una de las criaturas y te ofrecieras como cebo pero, en vez de encontrarte con un espíritu malvado, dieras con un alma gemela. Puede que las noticias sobre otros acontecimientos extraños te hayan puesto tras la pista de otras personas que hayan sufrido experiencias similares a las tuyas. O puede que hayas decidido buscar respuestas en la Red y hayas llegado hasta aquí. Pero el encontrar a otros como tú ha servido para confirmar que las criaturas que viste eran reales.

No sabemos de dónde vienen los monstruos, pero los esporádicos contactos que mantenemos con los elegidos de todo el mundo confirman que se encuentran por todas partes. Puede que sean hijos de nuestros propios pecados. Puede que no seamos el pináculo de la evolución, como siempre hemos creído (o como siempre se nos ha hecho creer), y en cambio lo sean esas abominaciones. Puede que sean más viejas que la propia humanidad, alguna clase de raza superior que siempre ha estado ahí.

El hecho de que nunca antes hubiéramos visto a estas criaturas (y de que la mayoría de la gente siga sin verlas) parece confirmar la teoría de que los monstruos han estado entre nosotros desde hace mucho tiempo. Una amenaza reciente no podría estar tan extendida ni ser tan insidiosa. Una amenaza reciente no podría contar ya con peones humanos, voluntarios e involuntarios (sí, la evidencia sugiere que hay humanos que se han visto expuestos a la influencia de los monstruos y trabajan, consciente e inconscientemente para ellos. Yo personalmente he visto algunos agentes humanos de los “maestros”. Estas personas parecen poseer una fuerza increíble, probablemente otorgada como recompensa por su lealtad, Otros informes sugieren que la Policía y los políticos podrían estar también bajo su control; aquellos exaltados que han cometido el error de revelar su existencia a las criaturas han sido poco después arrestados bajo cargos falsos…).

Así que, por nuestra propia seguridad, debemos asumir que los monstruos están por todas partes. Parecen atrincherados en sus posiciones y parece que el tiempo juega de su lado, pero, ¿Qué es lo que son? Es frustrante, pero no lo sabemos, Las suposiciones de algunos de nosotros remiten a las viejas leyendas y los cuentos populares: Criaturas que beben sangre y que cambian sus formas por las de animales y objetos, brujas y hechiceros que realizan conjuros y maldiciones, fantasmas que infestan los lugares y atormentan a las personas. ¿Son verdaderas estas leyendas? ¿Existen los vampiros y los hombre-lobo? Y si queremos hacer algo contra ellos, ¿servirán de algo los recursos a los que hacen referencia estas historias? ¿Te salvará la vida una cruz? ¿Los mantendrá a raya el ajo? ¿Es cierto que no se reflejan en los espejos? ¿O acaso son tan falsas las leyendas como siempre se nos ha hecho creer? Sólo hay una manera de descubrirlo.

LA CAZA

Una de las primeras cuestiones que te planteas después de haber aceptado lo que has visto y aquello en lo que te has convertido es “¿Por qué?”. “¿Por qué me he convertido en esto?”. Puede que los Heraldos tengan algún objetivo específico para nosotros. Puede que el convertirse en uno de los exaltados sea algo totalmente fortuito. Puede que seamos nosotros mismos los que decidimos nuestro destino.

Si tus sentimientos y tu ética se asemejan en algo a los míos, entonces pensarás que sólo puede haber un propósito para nuestro cambio. Si se nos hace ver lo que vemos, si se nos otorgan las habilidades con las que contamos y si se nos concede acceso al conocimiento que ahora poseemos, no puede ser sin una razón. Las coincidencias son demasiado importantes para que el cambio se produzca por completo al azar. Cuando recorro las calles y veo las figuras que se ocultan en las sombras, cogiendo gente como quien coge un caramelo de un frasco, mi alma no me permite más que una respuesta: luchar contra ellos. No puedo quedarme inmóvil mientras se manipula y se asesina a gente inocente, inconsciente. No pude hacerlo cuando se produjo mi cambio y no puedo hacerlo ahora. Tampoco creo que tú puedas. No habrías venido a buscar este sitio si no sintieras que existe un propósito. Lo que necesitabas era la seguridad de que al decidirte a actuar estabas haciendo lo correcto.

Quienes pertenecen a esta lista llamamos a este propósito “la caza”. Nos hemos consagrado tanto a la búsqueda de la verdad, como a vigilar y, quizá, destruir a los monstruos. Naturalmente, no hace falta pertenecer a ninguna lista de correo enaltecida para haber llegado a la misma conclusión. Probablemente, también tú hayas aceptado este imperativo antes de llegar aquí. “La caza” significa sencillamente nuestro convencimiento de que los monstruos son una abominación. Significa encontrarlos, espiarlos, aprender todo lo que podamos sobre ellos y, llegado el momento, enfrentarnos a ellos. Algunos cazadores consideran que la destrucción de los monstruos es la única respuesta. Otros muestran una preocupación genuina y dicen que quizá los monstruos no sean más que el producto de un descarrío y que al matarlos podríamos estar condenando almas que no merecen ese destino. Estos últimos esperan (y temen) que estas criaturas conserven un destello de humanidad y opinan que, si de verdad aspiramos a hacer el bien, deberíamos tratar de recuperarlas. Tu visión de la caza depende sólo de ti. Es algo que sólo puede dictarte tu propia sensibilidad. En último caso, debes hacer aquello que tu corazón te dice que es correcto o puede que un día te encuentres con que lo que tienes que hacer te ha convertido en uno de ellos.

¿ES ESTO TODO?

Algunos cazadores especialmente pesimistas creen que enfrentarse a los monstruos y tratar con ellos es el principio y el fin de la existencia de los exaltados (diría ‘que están contentos con este propósito; porque ninguno de nosotros podría estarlo con la vida que nos ha tocado vivir). ¿Es eso cierto?

Como dije antes, los acontecimientos que conducen a nuestra transformación esconden esconden coincidencias como para ser completamente fortuitos, El azar no puede, por sí mismo, explicar por qué repentinamente empezamos a ver el mundo de manera diferente y porqué de pronto manifestamos habilidades extrañas. Si el cambio le hubiese ocurrido a una sola persona en todo el mundo, quizá hubiese considerarse fortuito. Pero no es así. El cambio afecta a personas de todo el mundo y, aparentemente, en pequeños grupos al mismo tiempo.

No, aunque no podamos percibir a los jugadores, un juego más importante está en marcha.

La única respuesta que puedo aceptar es que somos peones de fuerzas mayores, poderes que persiguen un objetivo, pequeño o grande, y que utilizan a la humanidad para conseguirlo. Si se trata de un regalo o una carga, de una maldición o una bendición, es algo que no puedo asegurar. Sin embargo, cuando yo, otros exaltados y puede que hasta tú mismo sentimos que tenemos una responsabilidad moral, cuando sentimos que debemos enfrentarnos a los monstruos a los que vemos, no puedo sino concluir que servimos a un bien mayor. Hemos sido cambiados y nos consagramos al servicio y la protección de la humanidad, independientemente de que nuestros amigos y nuestras familias no comprendan ni aprecien nuestros sacrificios. Puede que sea esa simple resolución, la necesidad de convertir el mundo en un lugar mejor, lo que nos convierte en candidatos para la ser exaltados.

Las primeras palabras que recibí de los Mensajeros fueron “HEREDA LA TIERRA”. En los pocos meses que han transcurrido desde mi transformación he pensado constantemente en ellas. Como entonces, siguen sin tener un significado lógico, pero a medida que hablo y me encuentro con otros cazadores, comienzo a sospechar que esconden una verdad intuitiva. Tenemos un propósito; debemos ganarnos un mundo nuestro, libre de la opresión monstruosa y puede que también de la de aquellas fuerzas que nos espolean para que nos liberemos. Para aquellos que no desean más que erradicar a todos los monstruos, al margen del espíritu o alma que puedan poseer, quizá este mundo es el que ya conocemos (o creíamos conocer) y que, por tanto, debería ser reclamado. Para aquellos que esperan preservar el bien que puedan encontrar en las criaturas, quizá este mundo sea el próximo, un mundo en el que la salvación y la buena voluntad sean recompensadas y en el que todos aquellos que lo merezcan sean libres.

Por lo que a mí se refiere, no estoy seguro de por qué luchamos. Al margen de la persecución y el dominio a que nos somete lo desconocido. quiero creer que la humanidad es capaz de realizar hazañas y actos extraordinarios de virtud.

Toma como simple ejemplo esta asombrosa herramienta con la que gente desperdigada por todo el mundo se comunica con tanta facilidad. Incluso uncidos como estamos por el yugo, los seres humanos nos mostramos capaces de tener ingenuidad y compasión. Aunque los monstruos parecen estar por todas partes, también lo estamos nosotros y, presumiblemente, somos mucho más numerosos. Es nuestra diversidad lo que nos hace fuertes. Es nuestro coraje lo que nos otorga la fuerza para continuar. Y ahora, para contraatacar. Quiero creer que en alguna parte, escondido en la niebla de nuestro potencial. se esconde un mundo en el que merece la pena vivir y quiero creer también que podemos alcanzarlo y disfrutar de él, libres de influencias monstruosas.

BUENA SUERTE

Esto es todo cuanto tengo que decirte. No pretendo poseer una sabiduría o una visión privilegiadas. pero creé este sitio y ofrezco estos pensamientos porque mi corazón me dice que es lo que debo hacer. En un mundo como el nuestro. ¿en qué otra cosa puedes confiar? Espero que te sirva de ayuda y te proporcione alguna guía. Es lo menos que podemos hacer los unos por los otros.

 

Que Dios os proteja.

Testigo 1

 

 

 

Ricardo Blanch

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.