Hermandad Akashica

Todas las cosas mueren. Sólo el alma vive para siempre, pasando de un recipiente al otro en un interminable Ciclo del Dharma. ¿Quién sabe dónde conducirá la siguiente vida?

 

Los Hermanos Akáshicos encuentran la raíz de sus Artes en estas observaciones. Al contrario que los cristianos, estos exóticos magos creen que cada vida es una de muchas, así que pasan todo su tiempo perfeccionando su alma para el regreso a la Rueda.
No quiere decir que no crean en el Infierno. En los Pozos de la Armonía se arrancan uno a uno los pecados del alma por medio de exquisitas agonías. Para evitar tales tormentos los Hermanos practican un Arte igualmente exquisito, creado en una antigua aldea llamada Meru. Por medio de la maestría del cuerpo, la mente y el espíritu estos magos ascienden, pasando de ser mortales incapaces a convertirse en espléndidos inmortales, herederos del Do (“Camino”) que el hombre a perdido.
La Senda de la Hermandad comenzó en Meru, la “primera aldea”, construida en lo alto de las montañas de Oriente. Allí, los grandes espíritus del Dragón, el Tigre y el Fénix instruyeron a los hombres en la Senda de la Vida Armoniosa. Los peligros eran muchos. Para protegerse, los Meru’ai moldearon el Do en poderosas artes guerreras. Cuando la aldea murió, como le ocurre a todas las cosas, sus descendientes vagaron por el mundo o construyeron fortalezas en las alturas mientras seguían refinando el Do. Aunque estos “Hermanos de Meru” se separaron, sus mentes regresaron a una única fuente, los recuerdos compartidos de su hogar ancestral.
El Estanque de Meru se hizo más profundo con el paso de las edades. Hermanos que nunca se habían visto personalmente se conocían los unos a los otros, y los que morían dejaban sus recuerdos en las aguas espirituales. Como las carpas, los Hermanos nadaban en este Estanque antes, durante y después de cada vida. Allí se purificaban de los terrores del Infierno. Mientras los hijos de Meru se extendían por todas las tierras orientales, las Aguas formaron una conexión mística entre ellos.
Varios de estos magos (ahora llamados Akashi por su reverencia a Akasha, la revelación primordial de la vida) viajaron al sur, enseñando y aprendiendo mientras tanto. A medida que su sabiduría crecía, lo mismo ocurrió con su arrogancia. Con el tiempo se ganaron el apodo de “Puños Guerreros”, y todos los que no estaban de acuerdo con sus enseñanzas caían ante sus Artes. Al poco tiempo una terrible guerra contra las sectas Thanatoicas contaminó el Estanque. Los Hermanos eran abatidos, recordaban sus muertes y las vengaban en una vida posterior. La Senda de la Armonía se convirtió en la de la Destrucción. Para cuando las Akashi se retiraron habían pasado cientos de años y miles de vidas. Dispuestos a evitar tales cosas en el futuro, casi todos los Hermanos se recluyeron y enfocaron sus mentes en la búsqueda de la paz.
Sin embargo, ha sido difícil encontrarla. Han surgido sectas rivales, cayendo sobre ellos como dragones hambrientos a la menor oportunidad. Gracias a la Larga Noche (un resurgimiento reciente de la antigua guerra) las tensiones con los Thanatoicos se han convertido en heridas abiertas. ¡Y también han llegado los extranjeros, con sus olores desagradables y sus modales aún peores! A pesar de todo, los Puños Guerreros han domado su furia. Mezclando el Do con la fe de Buda, de Lao Tzu y del Maestro Kung, han perfeccionado sus cuerpos, espíritus y mentes. Sin embargo, todos los hombres tienen un punto de ruptura. Mientras la Guerra de la Ascensión agita las aguas del Estanque, los Hermanos Akáshicos las contemplan en busca de una respuesta.
Un grupo de “Caminantes” (emisarios) viaja ahora hacia el Concilio. Cada uno es un alma valiente con Artes formidables, ojo curioso y un espíritu indómito. No es fácil viajar tan lejos, ni entrar en la guerra de otros. Un Caminante Akáshico combina la maestría espiritual con una considerable capacidad marcial. Del pozo de sabiduría del Estanque aprende suficientes habilidades como para sobrevivir en este nuevo y amargo mundo. Sin embargo, se enfrenta a importantes obstáculos (idiomas extraños, costumbres aún más extrañas, rudos compañeros y gente que teme sus “ojos demoníacos”). Dando un fuerte suspiro se vuelve hacia su interior, busca en las tranquilizadoras aguas del Estanque y trata de superar las ilusiones que lo rodean.

Filosofía: “el mundo es una sombra que baila, un velo de dolor para aquellos que no pueden ver más allá. Todas las cosas pueden Despertar, aunque muchos rehusan. Guía a aquellos que parezcan preparados y vigila a los demás.
El Camino fluye a través de la moderación. Preserva la salud, trasciende el egoísmo y supera todos los límites. El Do brota del equilibro de los elementos. Cuando menos le esperes, el Camino vendrá a ti. Hasta entonces, prepárate. El agua no se mantiene en un recipiente agrietado”.

Estilo: la terrible fuerza del practicante de Do, su sorprendente consciencia y su valentía inquebrantable son frutos del árbol de la perfección espiritual. Idealmente, su armonía con la Rueda del Dharma le permite fluir más allá del Yo y del Otro, entrando en las aguas compartidas de la “mente total/no-mente” en la que residen todos los seres. Al hacerlo el Hermano siente emociones, lee mentes, envía pensamientos a lugares distantes y deja atrás su cuerpo.
Éste es una copa. El alma es el agua. Cuanto más fuerte es la copa, mayor capacidad tiene. Por tanto, el Hermano ejercita su cuerpo constantemente. Su empatía por los demás se traduce en una compasión hacia todos los seres, incluso sus enemigos. Un Hermano bien adiestrado trata de reformar a sus oponentes. La violencia es el último recurso.

Organización: retiros independientes por todo el Oriente acogen incontables escuelas Akáshicas, Xiudaoyuan. Las Aguas de Meru las conectan todas, permitiendo a un maestro en Zhongguo (China) conferenciar con otro en Choson (Corea). Aunque casi todos los Xiudaoyuan separan a los hombres (“Puertas Amarillas”) de las mujeres (“Puertas Rojas”), ambos sexos reciben un entrenamiento prácticamente idéntico. En cada retiro un anciano abad y diversos suplentes (los “ancianos reverenciados”) ostentan la autoridad final. Los escasos Caminantes en Europa no tienen una organización formal, pero siguen una cadena de respeto basada en la antigüedad.

Primus: Wu Jin habla por la Hermandad en el Concilio, pero dejando claro que él no es el lider. En esencia, cada Hermano se gobierna a sí mismo.

Iniciación: la Hermandad comienza con el entrenamiento. Incluso el más poderoso mago es considerado un niño hasta que empieza las clases. El iniciado debe convencer al maestro para que le enseñe. Si lo logra deberá seguir un código de comportamiento llamado los Nobles Preceptos, que aconsejan al iniciado evitar el discurso dañino, las muertes innecesarias, las intoxicaciones y una conducta sexual inapropiada. Tras tomar el nombre de “Hermano” (para todos, hombres y mujeres), el iniciado se adentra en el ardua Camino. Es puesto a prueba constantemente, y puede ser rechazado en cualquier momento. Al final es el maestro el que decide si el Hermano merece o no entrar en la Tradición. Si es aceptado, una exquisita ceremonia le da la bienvenida al Estanque.

Daemon: el Dragón, el Tigre y el Fénix guían a casi todos los Hermanos, pero algunos encuentran la dirección gracias a maestros astrales o a espíritus elementales.

Afinidades: Mente y Agua.

Seguidores: viajeros orientales, acólitos Akáshicos (artesanos, familias, iniciados Durmientes, guerreros).

Conceptos: diplomático, maestro de las armas, sabio, estudiante de las Artes extranjeras, traductor, joven aprendiz, guerrero vengativo.

Se lento para la furia.
La prisa y el orgullo nublan el juicio claro.