Historia de las Hadas (Parte 2)

Mas allá de las grises colinas de lo mundano
Encerrada en lo mas profundo de vuestros corazones
Esta la llave del Ensueño
Soltad vuestras cadenas
Y arrojas lejos los grilletes

Venid changellings
Y unios a la danza del sueño
O llegara el invierno
Convirtiendo el Ensueño en un recuerdo

¡Reclamad vuestra herencia!
¡Que empiecen los juegos!


La división
Algunos dicen que la División emergió simultáneamente a la Edad de Hierro, cuando los humanos aprendieron el arte de construir armas duraderas que podían causar un grave daño tanto a enemigos mortales como a inmortales. Otros afirman que tan pronto como los humanos aprendieron a soñar, también aprendieron a no creer en sus sueños, negando a la luz del día los fantasmas que acechaban en sus noches. Conforme las tribus crecieron y se convirtieron en comunidades sedentarias, las ciudades anclaron a los humanos a un lugar, rodeándoles con casas de madera o piedra. La propia realidad empezó a asentarse en una única forma inmutable. Los sueños –y los Verdaderos Soñadores- se convirtieron en la excepción en vez de en la regla. Gradualmente el reino mortal y el Ensueño empezaron a separarse conforme los humanos situaban barreras de incredulidad y muros de explicaciones entre ellos y las criaturas nacidas de su imaginación. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.

Una vez dada a los humanos, la facultad de soñar no podía quitarse tan fácilmente. Donde antes controlaban las visiones de los hombres y mujeres, las hadas se encontraban con que ahora estaban inseparablemente ligadas a los sueños de los mortales. Sus vidas empezaron a imitar a la sociedad a su alrededor, y la existencia feerica pronto fue un reflejo de los sueños de desarrollo de la humanidad. Los jefes feericos evolucionaron hasta convertirse en reyes, los guerreros adoptaron la apariencia de caballeros, y las tierras feericas se convirtieron en feudos y estados. Del mismo modo, las guerras y conflictos entre las tribus humanas –ahora naciones emergentes- proyectaban su reflejo en el mundo del Ensueño.

Como resultado, las hadas empezaron a erigir defensas para protegerse de las visiones no deseadas de la sociedad mortal. Las Nieblas se alzaron para obnubilar las mentes de los humanos y que sus sueños no pudieran penetrar mas allá del reino mortal, e Arcadia. Esto solo sirvió para hacer que ambos mundos se separaran aun más.

El establecimiento de la inquisición en 1233 llevo a la División a su culminación, mientras las persecuciones doctrinales de la Iglesia pugnaban por eliminar todos los elementos sobrenaturales –incluidas las hadas- del mundo. Para protegerse a sí mismas de la horca y la hoguera, las hadas se retiraron aun más al Ensueño, en algunos casos aislándose del todo a sí mismas del mundo mortal o limitando él trafico entre los bordes de ambos reinos a ciertas épocas del año como Sanhain (todos los santos), Beltaine y el solsticio de verano. Otros duendes probaron fortuna a través de los pasos, huyendo de sus hogares en Europa en búsqueda de nuevas tierras aun intactas por la Banalidad.