Historia de las Hadas (Parte 3)

Mas allá de las grises colinas de lo mundano
Encerrada en lo mas profundo de vuestros corazones
Esta la llave del Ensueño
Soltad vuestras cadenas
Y arrojas lejos los grilletes

Venid changellings
Y unios a la danza del sueño
O llegara el invierno
Convirtiendo el Ensueño en un recuerdo

¡Reclamad vuestra herencia!
¡Que empiecen los juegos!

La Ruptura
Finalmente, las hebras que conectaban el Ensueño con el mundo mortal se volvieron tan finas que empezaron a romperse, una tras otra. Esta ruptura final de los lazos entre los dos reinos se conoce entre las hadas como la Ruptura, puesto que no solo rompió los tenues lazos entre Arcadia y el reino humano, sino que tan bien rompió el sueño de que la División podía repararse.

Él termino “Ruptura” hace pensar en un repentino suceso cataclismico –como un terremoto o el lanzamiento de una bomba nuclear- pero en realidad, la Ruptura describe un proceso de pequeñas catástrofes conforme los portales que unían a Arcadia con el mundo mortal se fueron debilitando uno a una hasta caer, impidiendo el acceso al Ensueño por sus lugares concretos de contacto.

Muchos sabios apuntan a la erupción de la Peste Negra en 1437 como el catalizador para la Ruptura, Entre 1347 y 1351, 75 millones de personas de toda Europa –incluyendo un tercio de la población de Inglaterra- fueron presa de esta virulenta enfermedad. La ola de miedo y desesperación que cayo sobre el mundo en este momento causo ecos a través de las Nieblas, que reverberaron en los reinos feericos.

En el sigo XIV, el mundo humano experimento los dolores de parto de una nueva era, los profetas de la razón, cuyos esfuerzos darían como resultado el Renacimiento y la génesis de la teoría científica moderna, empezaron a racionalizar los eventos misteriosos e incomprensibles tales como pandemias. La gente común se refugio en la religión, olvidando sus antiguas creencias en lo sobrenatural a favor de la seguridad que les proporcionaba la Iglesia, una institución en la que no había lugar para la magia fuera de la suya.

Conforme portal tras portal se desvanecían en la nada o estallaban en miles de esquirlas que desaparecían tras su primer encuentro con la mortalidad, los hijos del Ensueño se dieron cuenta que la inacción solo serviría para destruirles. En los años que englobaron la Ruptura, todas las hadas hicieron una de estas tres elecciones que determinaron para siempre su destino.

Algunas se retiraron a sus lugares de poder, sus feudos o cañadas feericas, y realizaron grandes rituales de magia feerica para aislarse del mundo mortal. Aquí siguen morando las hadas conocidas como las Perdidas… perdidas en su propia realidad inmutable.

La mayoría de las sidhe, con tan solo un puñado de excepciones, huyo a Arcadia a través de las puertas que quedaban. En algunos casos, feroces batallas fueron libradas a las puertas de los portales en proceso de destrucción, mientras los frenéticos sidhe luchaban por su derecho a cruzar hacia el Ensueño antes de que los portales se cerraran para siempre. Las leyendas feericas afirman que la puerta de Plata, junto con su feudo, la corte de Todos los Reyes, fue la ultima de estos portales en caer y que su cierre señalo el fin de la Edad de las Hadas.

Muchos de linaje plebeyo –como los eshu, trolls, boggans y pooka- se vieron atrapados en el mundo mortal dejados atrás por una nobleza aterrada que se preocupo menos del bien de las hadas que de su propia supervivencia. Estas hadas abandonadas lucharon para adaptarse al helado mundo de la cruda realidad. Conforme la Banalidad se extendió por el mundo, no estorbada ya por los lazos con el Ensueño, las hadas que no pudieron retirarse a Arcadia sobrellevaron una transformación desesperada; ocultaron sus verdaderas naturalezas con una capa de Banalidad que les permitiría existes en un mundo que ya no creía en ellas. Se convirtieron en Changelings y durante los siguientes seis siglos, lucharon por mantener vivos los fragmentos del Ensueño.