Historia de los Baali Parte 2

El surgimiento y degradacion de la Primera Tribu, los primeros adoradores de los Hijos, y su paso de acólitos humanos a lo que serán los Baali.

La primera tribu creció fuerte en la sangre, pero se pudrió en espíritu a medida que paso su mal a sus hijos y nietos. Peor aún, jugando con esos nombres malditos hizo a los Hijos más conscientes del mundo que aguardaba más allá de sus sueños. Lo unico que ataba a estas criaturas a la realidad eran sus nombres, cada vez que éstos eran pronunciados los Hijos se acercaban un poco más a la vigilia.

La primera tribu terminó comprendiendo que su servidumbre no tenía sentido. Debido a sus acciones los antiguos maestros despertarían y caminarian por el mundo como colosos. Las plagas se extenderían con cada paso de estos titanes, y el servicio de la tribu no les protegería de la muerte y las tinieblas. Al final los acólitos tomaron la única descición posible: escondieron los nombres malditos dentro de sus pensamientos y no se atrevieron a pronunciarlos de nuevo para no darles poder, tentando el despertar de los monstruos. Este curso de acción funciono aunque a duras penas. Privados de una fuente de sustento, los Hijos permanecieron anclados en la frontera entre el sueño y la vigilia. Por suerte, las criaturas no eran conscientes de estar dormidas y gobernaban un mundo que no exisitia mas que en su imaginación febril. Sin embargo, para mantener a los Hijos allí era necesario el poder, ya que tanto se había empleado a lo largo de los siglos para acercarlos al despertar. Para ello la primera Tribu torturó a sus hermanos, violó a sus propios hijos, se mutiló, devoro a los debiles en orgías caníbales y se rebozó en la miseria y la degradación. Sacrificando los jirones de moralidad que aún le quedaban, llenó los sueños de los monstruos con el sonido de la angustia y la podredumbre y los mantuvo dormidos con la nana de un asesino. Mientras hubiera muerte suficiente en su mundo onírico los mostruos no la buscarían en ninguna otra parte.

Pero los verdaderos nombres de las criaturas aún tenían poder, y la primera tribu no eran tan estúpida como para volver totalmente la espalda a la magia. Los acólitos humanos formaron cultos alrededor de las diferentes entidades y aprendieron a diluir los nombres de los Hijos. Tomando la raíz del nombre y cambiándola, o enmascarándola detrás de varios idiomas mortales, un sacerdote astuto podía acceder a fracciones del poder de una de las entidades dormidas sin despertarla. Esta energía era menor de lo que podría haber sido, pero el riesgo era más bajo.

Es irónico que las criaturas que conoces como demonios fueran en su día reverenciadas como deidades mesopotámicas, que a su vez fueron destiladas de las representaciones veladas de los Hijos dormidos. Puedes descansar tranquilo sabiendo que sus nombres conservan hoy muy poco poder. Siglos y generaciones de lenguas invasoras han diluido su fuerza hasta prácticamente extinguirla. Sin embargo, en ocasiones algún estupido se topa con los sonidos correctos y los entona para atraer… atenciones no deseadas. Los Hijos siguen reposando, y sus sueños son ahora mucho menos agradables.