La Era Vikinga

El saqueo del monasterio de Lindisfarne, en la costa oriental de la región inglesa de Northumbria, el 8 de junio del 793, marca oficialmente el inicio de la era vikinga. La frase “a furare normannorum libera nos, Domine” (de la furia de los hombres del norte, líbranos, Señor) recorre toda la cristiandad.

Las crónicas escritas por los aterrorizados monjes de Lindisfarne y de otros muchos monasterios dieron a los vikingos esa imagen de sanguinarios asesinos dispuestos a conseguir riquezas a sangre y fuego que perduraría durante siglos, eclipsando esa otra faceta que los ha situado más recientemente en la historia como grandes artistas, navegantes, comerciantes y fundadores de ciudades y estados.
La denominación “vikingo” no se sabe muy bien de dónde procede y qué significa. Los que ahora llamamos vikingos eran un pueblo único distribuido por distintas regiones de Escandinavia, compartiendo la misma lengua, los mismos dioses y similares costumbres. Ellos usaban el término “vikingo” (ir de vikingo) para designar a quienes componían una expedición marítima de saqueo a tierras más o menos lejanas, mientras que los pueblos contemporáneos a los vikingos los llamaron de muy diversas maneras:

Los anglo-sajones Daneses (incluso si eran noruegos)
Los árabes (occidente) Mayus (bárbaros infieles)
Los árabes (oriente) Varegos (del mar Varego / Báltico)
Los eslavos Rus (remeros)
Los francos Normandos (hombres del norte)
Los germanos Ascomanni (hombres del fresno)
Los irlandeses Lochlainach (habitantes del país de los lagos
Si para el comienzo de la Era vikinga tenemos una fecha exacta (aunque eso no quiera decir que antes no hubiese vikingos ni asaltos), no es tan fácil precisar el final, aunque suele fijarse alrededor del 1100, cuando el noruego Harald, último pretendiente vikingo al trono inglés, es derrotado en Stamfordbridge.

Saqueo y Piratería
Ya hemos visto que el saqueo de Lindisfarne supuso el comienzo de la Era vikinga, pero es muy lógico suponer que los vikingos ya llevaban muchos años haciendo este tipo de asaltos a otros monasterios y poblaciones costeras, cuyos habitantes no tuvieron la oportunidad ni los conocimientos suficientes para dejar constancia escrita de ello.

Los barcos de guerra, ligeros y rápidos, capaces de navegar por aguas poco profundas, llegaban hasta las mismas playas o riberas de los ríos, donde los guerreros inmediatamente saltaban a tierra con las armas preparadas y dando gritos estentoreos – que debieron suponer algo así como lo que hoy en día llamamos guerra sicológica -. Estos ataques fulminantes, llamados strandhugg, se basaban en el efecto sorpresa, tomando rápidamente y por al fuerza bruta lo que encontraban valioso, matando a todo aquél que se interpusiese en su camino, incendiando las casas y desapareciendo con la misma rapidez que habían llegado. Aunque en ningún momento sirva de justificación, es preciso decir que en aquellos tiempos los vikingos no eran ni mucho menos los únicos que se dedicaban a este tipo de actividades.

El éxito obtenido en Lindisfarne (y seguramente otros lugares) originó que se repitieran este tipo de ataques año tras año por todas las costas europeas. Las expediciones de saqueo se organizaban durante el verano, cuando las condiciones metereológicas permitían largos viajes por los mares nórdicos; aún así, la vida en el alta mar podía ser muy dura cuando no hacían navegación costera, como era el caso de los noruegos cuando iban hacia las islas atlánticas, sobre todo cuando el viento no soplaba y debían usar los remos, con una dieta exclusiva a base de carne y pescado secos y, al no haber camarotes ni bodega, permaneciendo todo el tiempo a la intemperie; pero sabían que después de pocos días de relativas fatigas y penalidades, volverían a sus casas con las manos llenas de abundantes riquezas que les proporcionarían bienestar y, tal vez lo más importante, honor y gloria que supondría prestigio social.

En las asambleas locales de primavera se anunciaban las expediciones que iban a organizarse para la temporada estival; es fácil imaginar el nerviosismo y la impaciencia provocada por la inacción invernal y la falta de luz y calor. Antes de partir, la tripulación hacía el juramento solemne de obedecer al jefe hasta regresar del viaje y se decidía el reparto del botín, que solía ser la mitad para el que organizaba el viaje, suministrando barcos y víveres (al fin y al cabo, esto también era un viaje de negocios), y la otra mitad a repartir a partes iguales entre los participantes, incluido el jefe de la expedición.

Comercio y Rutas Comerciales
El comercio dio lugar a las primeras grandes ciudades vikingas, como fueron Ribe y Hedeby, en Dinamarca, y Kaupang, en Noruega. En Suecia adquirió gran importancia Birka, en una pequeña isla del lago Mälar, y Gotland, en el mar Báltico. Fuera de Escandinavia, establecieron importantes centros comerciales en York (Inglaterra), Dublín (Irlanda), Novgorod (Rusia) and Kiev (Ucrania) y muchos otros creados de forma más provisional (una de las cosas que marcaba la estabilidad de un poblado era la residencia de mujeres vikingas).
Hasta estas ciudades llegaban comerciantes procedentes de tierra lejanas para intercambiar sus elementos más preciados: paño frisón, seda china, joyas y monedas de oro y plata, vino, sal y especias; a cambio se llevaban pieles nórdicas de zorro, armiño, oso, lobo, lince o castor, marfil de morsa, con el que se hacían tallas religiosas, cera, con la que se fabricaban velas, pescado seco, que alimentaba los días de cuaresma, brea para calafatear barcos y hierro para hacer armas y herramientas. Y todo tipo de artesanías en cerámica, esteatita, madera o hueso. Y no olvidemos a los esclavos, elementos comunes en todos los mercados de la época. En las excavaciones de la ciudad sueca de Hëlgo se ha encontrado algo tan exótico como un buda del siglo VI procedente del norte de la India.
El patrón de valor más preciado y estable era la plata, la mayoría procedente de las minas árabes, ya fuera en bruto o en forma de joyas y, sobre todo, monedas. Los vikingos no tuvieron moneda propia antes del 975, cuando se acuñaron las primeras en Dinamarca, aunque en pequeñas cantidades; preferían adquirir las de los pueblos mediterráneos, europeos y sobre todo árabes no por su valor monetario si no por su peso en oro o plata, de ahí que se hayan encontrado muchas de ellas partidas o que muchas fueran fundidas para hacer joyas. Para pesar la plata, los mercaderes llevaban consigo pequeñas balanzas desmontables, que podían ser guardadas, junto con las pesas, en una caja de bronce después de ser plegadas. En Escandinavia se llevan contabilizadas más de cien mil monedas, y se siguen descubriendo más cada vez que sale a la luz una nueva tumba en algún lugar, especialmente en Suecia, donde se han encontrado más monedas inglesas antiguas que en la misma Inglaterra, y especialmente en Gotland, donde han salido a la luz decenas de miles de monedas árabes, a las que se van añadiendo las que cada primavera surge bajo los arados.

Migraciones y Colonizaciones
Los vikingos suecos, sobre todo los gotlandeses, ya habían abierto las rutas comerciales del este, incluso antes del comienzo de la era vikinga, llegando hasta Constantinopla, Jerusalem y Bagdad (muchas piedras rúnicas de Gotland de siglo IX recuerdan la muerte de viajeros que llegaron a estos lugares); para ello remontaron los ríos rusos y arrastraron sus barcos por tierra cuando hizo falta, como en casos de rápidos o simplemente cuando se acababa el río y tenían que llegar hasta otro que corriese en sentido contrario.
Después, prácticamente tuvieron la exclusiva sobre estas tierras, ya que los noruegos y daneses prefirieron viajar en dirección contraria: los noruegos navegaron sobre todo por mar abierto, llegando a las islas Feroe, Shetland, Orcadas, Irlanda; más tarde a Islandia y desde allí a Groenlandia; por su parte, los daneses prefirieron establecerse principalmente en tierras francesas (Normandía) e inglesas (Danelang).
Prácticamente todos los pueblos y territorios cercanos a los vikingos estaban divididos y en continuas luchas internas: post-celtas, anglo-sajones, eslavos y los reinos en que se fragmentó el imperio de Carlomagno tras su muerte. La falta de estabilidad facilitó la entrada de los vikingos tanto en las expediciones de saqueo como en las de colonización. El estallido migratorio llevó a muchos colonos nórdicos a asentarse tanto en tierras conquistadas a la fuerza como en islas deshabitadas.

Armas y Guerreros
Los hallazgos arqueológicos han demostrado que la típica imagen del vikingo tocado con un casco cornudo que puede verse en la mayoría de los actuales festivales es falsa; parece ser que esa idea tan extendida procede de las primeras representaciones de las óperas de Wagner, cuyo diseñador tal vez se basó en cierta iconografía presente en antiguos cuernos para beber de oro muy anteriores a la era vikinga, encontrados al sur de la península danesa de Jutlandia en los siglos XVII y XVIII, que muestran ciertas figuras, que podrían representar algún tipo de ritual chamánico, tocadas con largos cuernos. Estos cuernos de oro adquirieron cierta celebridad en 1802, cuando fueron robados del Tesoro Real y fundidos. Los que se exhiben actualmente en el Museo Nacional son réplicas de aquellos.
Conocemos bien sus armas, ya que se han encontrado abundantemente en las tumbas, pues, hasta la llegada del cristianismo, era habitual enterrar a los vikingos junto con su armamento personal. Estas armas vikingas eran:
· Hacha de guerra, bastante pesada y con mango largo. Podía llegar a metro y medio de longitud y solía tener la hoja labrada con filigranas. También había otras hachas de guerra más ligeras hechas para ser arrojadas.
· Arco y flechas, el arco era de madera de tejo y, según cuentan algunas sagas, las mejores cuerdas eran las hechas con cabellos de mujer trenzados.
· Lanza o venablo, usada tanto como arma arrojadiza o en la lucha cuerpo a cuerpo.
· Cuchillo, que podía servir tanto para comer como para matar.
· Espada, larga y de doble filo; era el objeto personal más valioso para un vikingo, al que daban nombre propio; tanto la empuñadura como los pomos solían estar profusamente decorados con oro, plata y cobre, sobre todo las de los ricos, que se mandaban hacer lujosas espadas que mostrasen su fortuna.

Los guerreros no llevaban uniforme y tenían que armarse y vestirse por sus propios medios. El atuendo defensivo básico consistía en:
· Chaqueta de cuero o una cota de malla, según las posibilidades económicas.
· Casco cónico de cuero – algunos de metal -, que solía llevar una protección para la nariz. Por supuesto, no tenían cuernos, que les hubieran entorpecido los movimientos del combate.
· Broquel o escudo redondo de madera, pintados por fuera, ribeteados de cuero y con un refuerzo central de hierro, con un asa para sujetarlo por la parte posterior. En los drakkar, se colocaban por fuera de la borda. Había otros, más usados en Inglaterra, alargados y triangulares.

Siguiendo el paradigma de la ética del héroe, según la cual la muerte ideal es la que sobreviene en plena batalla, los guerreros vikingos se enfrentaban a sus enemigos con una audacia y un valor sin límites, ya que de la gloria del combate dependían su honor y su reputación. En los barcos, los mejores guerreros, los más temerarios, se colocaban en la proa.

Había un grupo especial de guerreros profesionales, llamados berserkers, que iban vestidos con piel de oso o lobo y se les creía inmunes al dolor y a las heridas de las armas. Posiblemente formaban parte de una especie de secta englobada dentro de un culto a Odín que consumía ciertos hongos alucinógenos, aparte de reunir una serie de atributos sicológicos cercanos a lo que hoy llamamos sicopatía y epilepsia. Antes del enfrentamiento, los berserkers entraban en trance, lo que les inducía a combatir feroz e incansablemente durante horas e incluso días. Tenían la curiosa costumbre de dar aullidos y mordiscos a sus escudos o de despojarse de sus ropas según avanzaba a la lucha. Cuando esta terminaba, quedaban totalmente extenuados y algunos llegaban a morir de agotamiento sin haber recibido ninguna herida mortal. Es de suponer que ninguno llegaba a viejo.

Como estos individuos solían ser extremadamente violentos y pendencieros, además de que a veces llegaban a caer en trance involuntariamente y no había manera de controlarlos, en las temporadas pacíficas tenían que vivir en los bosques, separados de la gente normal, ya que su vida era la acción y el combate, como ocurre con ciertos veteranos de las guerras actuales (algunos de estos también sometidos a los efectos de ciertas drogas mezcladas con la comida para infundirles valor). Algunos retaban públicamente a propietarios de granjas con el único objeto de vencerlos en el duelo y quedarse con todo, incluida la familia. El retado no podía negarse, ya que en ello le iba el mantener su honor y buen nombre, elementos muy preciados por los vikingos.

Barcos
Los vikingos construyeron diversos tipos de embarcaciones según cual fuese su utilización y qué tipo de aguas tendrían que surcar, aunque el modelo básico era el mismo para todas. Esencialmente había dos clases de barcos: los de guerra y los de transporte.
· Los drakkar, usados en las incursiones guerreras, ya que eran las naves más rápidas y manejables; con su poco calado, podían navegar por aguas poco profundas.
· Los knörr, usados para el comercio o la colonización, eran más lentos, pero al ser mayores, disponían de espacio en el centro para almacenar mercancías y animales.

Había otras variantes menores como las barcas de remos que se llevaban en las naves, similares a las barcazas usadas para pescar o para atravesar aguas tranquilas.
La proa y la popa eran iguales; así, en caso de precisar maniobrar hacia atrás, sólo tenían que remar en sentido contrario. La quilla era la parte más importante, para la cual elegían una encina del tamaño adecuado, ya que tenía que ser de una sola pieza; estaba hecha de forma que la nave sólo precisaba un metro de agua para navegar; así podían introducirse por lugares donde ninguna otra nave podía hacerlo o desembarcar en cualquier playa. El timón estaba en popa a estribor sujeto con una correa de cuero.

Los drakkars tenía un mástil abatible y una vela rectangular, pero cuando no había viento o la situación lo requería, sobre todo al maniobrar en aguas costeras y al adentrarse por los ríos, eran impulsados a remo por los propios guerreros, que lo hacían por turnos. Dependiendo del tamaño, la nave podía necesitar entre 20 y 50 remeros. Como no había demasiado espacio para equipajes o mercancías, cada vikingo debía llevar su propio arcón, donde guardaba sus pertenencias y, sobre todo, el botín fruto de los saqueos; también le servía como asiento cuando le tocaba remar.

Los knörr eran más robustos y menos maniobrables, pero podían transportar mucha mercancía y necesitaban menos gente para manejarlos. Los mercaderes los llevaban cargados de arcones, toneles, hatos de pieles y los demás bultos que constituían sus mercancías. También en ellos iban los grupos familiares completos durante los viajes de colonización; incluso podían llevar, en una plataforma central hundida, los animales de la granja, útiles de cocina, herramientas, así como todo lo necesario para comenzar una nueva vida: semillas, forraje, alimentos y hasta madera para construir la casa, si sabían que en el lugar de destino escaseaba, como era el caso de Groenlandia.

La enorme flexibilidad y resistencia de los delgados tablones de los barcos vikingos se debían a que la madera era cortada con hacha y nunca con sierra, siguiendo las líneas radiales del árbol, consiguiendo tablones muy delgados que iban superpuestos unos sobre otros en forma de tingladillo y remachados con clavos de hierro. Los barcos eran así ligeros y maniobrables, con la posibilidad añadida de poder ser transportados por tierra cuando la ocasión lo requiriese, como fue en el caso del remonte de los ríos rusos.

Navegacion
Los vikingos fueron grandes navegantes que heredaron ese arte tras ser desarrollado a lo largo de generaciones; sus antepasados ya surcaban expertamente las aguas del norte debido a que los numerosos ríos, lagos, islas y fiordos de esas tierra propiciaron el transporte a través del agua mejor que por una tierra atestada de grandes montañas, espesos bosques o pantanos infectos.
Los navegantes de su época se guiaban básicamente por las estrellas; pero, teniendo en cuenta que los vikingos viajaban, por motivos meteorológicos, en verano y que las noches blancas del norte e incluso la habitual nubosidad impiden la observación del cielo, tuvieron que desarrollar otros sistemas para navegar, como interpretar la forma y dirección de las olas, la temperatura y humedad de los vientos, las distintas sutiles tonalidades del agua, la dirección de las aves migratorias, la presencia de aves marinas o ciertos tipos de peces; además, los expertos timoneles se aprendían de memoria el perfil de las costas. Las viejas sagas cuentan acerca de la utilización de cuervos: si, al soltarlos, regresaban pronto era señal de que no había tierra en las cercanías; si no regresaban, se seguía su vuelo con la seguridad de encontrar tierra en esa dirección. También en alguna saga se habla de la piedra solar; esta piedra se supone que era calcita, que se puede encontrar en una isla del fiordo de Oslo y que tiene la propiedad de polarizar la luz, por lo que era útil en los días nublados, cuando cambiaba levemente de color justo por el lado donde estaba el sol.

Los Dioses
Los dioses nórdicos estaban divididos en dos grandes familias: los Ases (Aesir) y los Vanes (Vanir). De modo simplista, se podría decir que los primeros se dedicaban más a la guerra y los segundos al amor. A pesar de que sus enemigos siempre fueron la raza de los gigantes, los dioses masculinos no tenían inconveniente en mantener relaciones con alguna giganta de la que se encapricharan; de hecho, algunos dioses son fruto de la unión entre un dios y una giganta. En cambio las diosas solían encontrar despreciables a los gigantes.

Los dioses más importantes eran:
· ODÍN. Dios principal y el más polivalente de todos, que lo mismo protegía a los guerreros que a los poetas, a los brujos y a los muertos. Los germanos le llamaban Wotan y los anglo-sajones Woden. Era hijo del dios Börr y la giganta Bestla. Tenía un solo un ojo (el otro lo perdió en el Pozo de la Sabiduría como intercambio por los conocimientos adquiridos) y le acompañaban su caballo Sleipner, de 8 patas, los cuervos Hugin y Munin, que sobrevolaban la tierra y le informaban de todo lo que veían, y los lobos Geri y Freki. Presidía los banquetes de los guerreros del Valhalla, aunque él no comía nada, dedicándose sólo a beber hidromiel. Se le llamaba “el padre de todos”, y no sólo en sentido figurado, ya que era el padre físico de la mayoría de los dioses. Usaba varias identidades y disfraces, según la misión que estuviese llevando a cabo.
· FRIGGA, hija de Odín, también se convirtió en su segunda esposa y era la única que podía sentarse en su trono, desde donde se observaba lo que ocurría en todos los mundos. Era diosa de la atmósfera, y, por lo tanto muy variable. En su palacio recogía a los matrimonios que habían muerto amándose para que permanecieran juntos después de la muerte, por lo que en las bodas se brindaba por ella.
· THOR era hijo de Odín. Para muchos vikingos era el prototipo al que aspiraban a imitar: dios del trueno, de la fuerza y la justicia. Está más cercano al hombre y sobre él hay más historias y leyendas que sobre ningún otro. El amuleto más recurrente entre los vikingos era una reproducción pequeña de su martillo (Mjöllnir) colgado del cuello; a él dirigían sus oraciones, incluso después de la cristianización, cuando emprendían un viaje por mar, ya que Thor también era un aventurero y un viajero, aunque él se transportaba en un carro tirado por machos cabríos. Su principal entretenimiento era matar gigantes, de los cuales defendía a los hombres y a los demás dioses. Su fuerza natural estaba reforzada por su martillo, un cinturón y unos guantes mágicos.
· FREY era el dios de la fertilidad, tanto de las personas como de los animales o los campos. Bajo su protección se conseguían buenas cosechas, el ganado crecía sano y las personas procreaban hijos fuertes. En su honor, los vikingos echaban pan o derramaban vino o cerveza sobre la tierra. Su iconografía tradicional lo muestra sentado tirándose de la barba y con un gran pene erecto. Sus seguidores llevaban un talismán con la imagen de un jabalí.
· FREYA, complementaba un poco las funciones de su hermano Frey, al ser diosa del amor y la fecundidad. Se transportaba en un carro tirado por gatos y mandaba sobre las walkirias. De gran belleza y muy libidinosa, no dudaba en utilizar sus encantos sexuales para obtener lo que quisiera. Una de sus funciones era recibir en el Valhalla a lo guerreros muertos valientemente que llevaban las walkirias en sus caballos alados; algunos de ellos tendrían tratos especiales por parte de Freya; los casados se reunían con sus esposas o con las mujeres muertas sin casarse. Su culto, al igual que los de Frey, se acompañaba por cantos eróticos y posiblemente de orgías rituales.
· LOKI, el más intrigante y traidor que siempre actuaba por pura maldad. No se sabe cual es su origen, pero era hermano de sangre de Odín. Comenzó siendo un dios, para convertirse paulatinamente en un ser maligno y ser aborrecido tanto en el Asgard como en el Midgard. Pero, a pesar de no ser querido por nadie, tampoco podían evitar su presencia. Representaba los peores rasgos que podía tener un vikingo, divino o humano: el engaño, la traición y el egoísmo. No se levantó ningún templo en su honor ni se le dedicaron sacrificios. Con la diosa Sigyn tuvo a Nari y Vali, y de su unión con la giganta Angrbroda surgieron los mayores monstruos del universo, como la serpiente Jormungand, el perro Fenrir y Hel, la reina de las tinieblas.
· TYR, también hijo de Odín. Los germanos le llamaban Tiwaz y estaba considerado como el más bravo de los dioses. Era el dios de las batallas combatidas con honor y astucia. Había una runa que lo representaba y que los guerreros solían grabar en la hoja de sus espadas, sobre las que se hacían los juramentos más sagrados.
· BALDER, dios de la verdad, la luz y la inocencia; a pesar de ser querido por todos los dioses, moriría asesinado involuntariamente por su hermano gemelo, pero ciego, Hodur, en una de las tramas cargadas de malevolencia de Loki.
· HEIMDALL, el guardián del Asgard. Desde su palacio, llamado Himingbjorg, observa continuamente el puente Bifrost que une el Asgard con el Midgard, para que no pasase nadie que no hubiera sido invitado. Se caracterizaba por su extremada fuerza y por su agudo oído.
Además de estos había muchos otros menos citados en las leyendas:
· Aegir, dios de los océanos, siempre dispuesto a causar el hundimiento de los barcos, cuyos tripulantes eran recogidos por la red de su hermana-esposa Ran, por lo cual ninguno de los dos era muy popular.
· Njord, dios de los vientos, invocado en casos de tempestad o para anular los malos deseos de Aegir.
· Hermod, ayudaba a las valkirias a transportar a los valerosos guerreros al Valhalla, de los cuales era su jefe. Debido a su velocidad también hacía de mensajero de Odín, sobre todo cuando este no podía acudir personalmente a infundir valor a los guerreros en las batallas de Midgard.
· Forsetti, dios de la justicia, era el juez supremo del Asgard y los dioses respetaban sus sentencias cuando acudían a él para dirimir cualquier desavenencia, logrando reconciliar a todas las partes.

Las Normas
Las Nornas eran las diosas nórdicas del destino. Aparecieron tras la Edad de Oro, cuando la vida empezó a pervertirse incluso en el Asgard. Eran tres hermanas: Urd (Fue), Verdandi (Es), Skuld (Será), simbolizando el pasado (una anciana decrépita que mira hacia atrás), el presente (una mujer joven y atractiva que mira al frente) y el futuro (una niña cubierta por un velo que mira un libro cerrado). Su principal ocupación es trabajar en el telar donde se teje el destino del mundo, aunque por la noche Skuld deshace todo lo hecho por sus hermanas, por lo que el futuro siempre se presenta incierto bajo sus caprichos. También están encargadas de regar todos los días las raíces de Yggdrasil con las aguas del manantial Urd, en cuyas cercanías residían.
Su misión eran ayudar a los dioses a sacar enseñanzas del pasado para que actuasen correctamente en el presente y prevenir así los equivocaciones del futuro. Se decía que algunas veces se acercaban a la Tierra en forma de cisnes para aconsejar igualmente a los humanos.

Las Runas
Los vikingos, como los demás pueblos germánicos, usaban la escritura rúnica, cuya enseñanza a los hombres tradicionalmente se atribuye al mismísimo dios Odín, que a su vez las consiguió tras ofrecerse en sacrificio a sí mismo. Originariamente el alfabeto rúnico se componía de veinticuatro caracteres, que más tarde se simplificarían a dieciséis, aunque hubo en Escandinavia varios tipos de dialectos rúnicos adaptados a los modos de pronunciación de las diversas zonas. Las formas rectas y angulares de las runas eran idóneas para tallarlas en madera; al pasar al hueso y la piedra algunas tomaron formas más redondeadas.
El alfabeto rúnico recibe el nombre de Futhark por ser estas las letras iniciales, tal como nuestro abc. Cada runa representa conceptos por sí misma y, además de servir como escritura, tenían un sentido eminentemente mágico. La palabra runa tiene los significados de misterio, susurro, secreto.
En el Hávamál, que ya hemos visto que también se atribuye a Odín (entre otras cosas, dios de la brujería y la sabiduría, que en la antigüedad venían a ser el mismo concepto), hay varias referencias de este tipo: “Escribirás una runa en el costado de tu nave, si quieres que el corcel de las velas navegue seguro sobre las olas” o “la copa de oro está llena de juramentos y de runas, de sortilegios y de signos mágicos”. Así mismo, al Hávamál nos describe en uno de sus versos cómo Odín consiguió el secreto de las runas después de permanecer colgado nueve días, en ayuno absoluto, en el fresno del mundo. “Sé que colgué del árbol azotado por el viento nueve noches completas, atravesado por la lanza y a Odín entregado, yo mismo a mí mismo”.
Muchos objetos de uso cotidiano encontrados, como peines, bastones o joyas, llevan grabado el nombre de su propietario; a veces, algún tipo de mensaje rúnico que no ha podido ser descifrado. Así mismo, con runas se escribían mensajes en bastones o tablillas usados sobre todo por los comerciantes y los reyes; podían ser tanto un calendario como una declaración de guerra. Algunas runas fueron grabadas en lugares que no podían ser vistos, esperando que su poder intrínseco actuase secretamente.

Las Piedras Runicas
Uno de los legados culturales vikingos más abundantes que han llegado a nuestros días son las piedras rúnicas. Pueden tener escritura rúnica, imágenes o una combinación de ambas. Normalmente sólo están grabadas por una cara, aunque no faltan las que los están por los dos. La mayoría fueron erigidas para conmemorar a algún familiar muerto. Estaban pintadas con colores fuertes y se les colocaba en lugares donde pudiesen ser vistas por mucha gente, como en los cruces de caminos o a la entrada de las granjas.
El texto contaba los actos valerosos del homenajeado; muchas veces dicen que murió en lejanas tierras, por lo que se cree que esta era una forma de reconocerlo oficialmente muerto y así poder los familiares disponer de la herencia. Los elementos comunes son: el nombre de quien la manda erigir, el nombre del homenajeado, parentesco o relación entre ambos, posición social y circunstancias de la muerte. Cada maestro tallador tenía su propio estilo y en muchas piedras aparece su nombre. Algunas tenían grabada una maldición contra el posible osado que quisiera destruir el monumento; también podían tener una invocación a Thor, que con la llegada del cristianismo se transformó en una corta plegaria por el alma del difunto.
En la isla sueca de Gotland se han encontrado cientos de ellas; suelen ser del siglo VIII y posteriores. Estas no suelen tener texto, sólo imágenes que cuentan alguna historia o símbolos abstractos que hoy en día, sin las connotaciones adecuadas, resultan difíciles de interpretar. En la ciudad danesa de Jelling pueden verse dos de las mejores y más grandes piedras rúnicas que han llegado a nuestros días. Una de ellas fue erigida en el 965 por el rey Gorm en honor a su mujer. La otra fue erigida por su hijo Harald Diente Azul como autohomenaje por haber conquistado toda Dinamarca y Noruega y haber cristianizado a los daneses. La piedra de Rök en Suecia, tiene su propio récord con una inscripción de 725 runas, que no se han podido descifrar.
En los dibujos, el tema más recurrente es una serpiente enroscada en un león y dragones de cabezas y cuerpos excesivamente alargados, aunque hay muchas que muestran escenas mitológicas más reconocibles.

Magia
Tanto por lo que cuentan las sagas como por lo que se ha encontrado en las excavaciones, podemos asegurar que la magia, en distintas vertientes, era un elemento habitual en la vida vikinga. Prácticamente todas están relacionadas con las runas.
Se han encontrado muchas espadas con la runa que representaba a Tyr, dios de la guerra; a veces acompañada por un conjuro rúnico que aumentaría su eficacia en el combate. Las runas también eran usadas como sistema de adivinación (echar las runas), interpretando los símbolos rúnicos grabados sobre trozos de madera.
En la saga de Egil Skalagrimsson se citan frecuentemente personajes secundarios que son mujeres hechiceras y hombres brujos. El propio protagonista es un maestro de runas, capaz de usarlas para curar, detectar venenos o echar maldiciones. En una de estas dirigida contra el rey noruego Erik y sobre todo contra su esposa la reina Gunhild, reconocida como gran hechicera iniciada en Laponia, utiliza una rama de avellano y una cabeza de caballo, haciendo lo que se llamaba un poste de agravio y pide a los espíritus protectores que los expulsen de su país. En los siguientes capítulos vemos como ambos viven exiliados en Inglaterra.
En esta saga también se cita la costumbre de tapiar el lugar de la casa por donde se sacaba a un difunto para ser enterrado, para que así no pudiese volver. En otras sagas, es frecuente que un muerto regrese a molestar a la familia, en cuyo caso había que utilizar un ritual preciso que tiene mucho que ver con la parafernalia antivampírica.
La buena suerte, llamada haminja, también era un elemento fundamental en la vida de cualquier vikingo, pero que sobre todo era esencial en el líder, ya que hacía que los demás le siguiesen sin vacilación. Pero cuando este líder perdía su buena suerte, automáticamente perdía la confianza de los suyos. En los tiempos en que los reyes eran elegidos entre los mejores guerreros, más de uno acabó sus días a mano de sus ex-seguidores al perder su haminja y por lo tanto la protección de los dioses. Los guerreros apreciaban la ayuda de los conjuros antes del combate, aunque la mayoría prefiriese confiar más en su espada.
En las sagas también se relatan cantidad de sueños y la correspondiente interpretación, para la que algunas personas estaban capacitadas. A través de ciertos sueños tenían premoniciones sobre sucesos futuros o lejanos. También hay indicios de prácticas de necromancia y en algunos lugares había mujeres clarividentes llamadas volva, que predecían el futuro analizando los corazones de animales sacrificados.
Cuando se hacían viajes de colonos, antes de llegar a la nueva tierra se quitaba el mascarón de proa, habitualmente con la cabeza de un dragón, para no ofender a los espíritus tutelares de ese lugar; por el mismo motivo se llevaban las pilastras de madera de la casa que habían dejado atrás y las echaban al agua para que esos espíritus tutelares las moviesen por medio de las olas y les indicasen así cual era el lugar idóneo para establecerse.

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