La Historia de los Baali Parte 3

De adoradores de entidades sin rostro de un culto impio, al clan mas odiado por el resto de los cainitas, esto es, la historia de los Baali.

La Historia de los Baali Parte 3.

Los Pozos de Sacrificios

La Primera Tribu, haciéndose pasar por diversos cultos misteriosos, sirvió a las entidades sin rostro durante muchas generaciones. Entró en un cuidadoso juego por obtener el poder sin comprometer su supervivencia. Mientras las demás tribus cobraban fuerza, los miembros de la Primera acudieron a ellas como sacerdotes y mujeres santas, llevando el conocimiento los ritos y rituales. También aportaron la veneración y el abuso del poder de los Hijos, pero lo enmascararon de modo que ciudades enteras empleaban su fuerza para servir a los Hijos sin saberlo.

El culto más poderoso se encontraba en la ciudad de Ashur, atendiendo un pozo ahora oculto y protegiendo los restos del primer Hijo, descubierto ya hacía varias generaciones. Aquel pozo era terrorifíco para el pueblo de Ashur mas nunca flaqueó su reerencia. A lo largo de los siglos el culto hizo en él grandes sacrificios. Cuando Ashur hacia la guerra a otras ciudades, mataba prisioneros y esclavos; cuando hacía la paz, robaba ganado y niños a los que emplear como ofrendas. Las víctimas eran destripadas y su sangre almacenada en ánforas de arcilla; los órganos eran cuidadosamente retirados, se leían en ellos presagios y eran arrojados al pozo para descansar sobre los cadáveres de las anteriores víctimas. Cuando no se necesitaba oráculo los miembros del culto arrancaban uno a uno, con sus manos y dientes los miembros de los sacrificados, arrojando después los cuerpos destrozados al pozo. Con la llegada de la noche la sangre era vertida sobre cadáveres aún calientes, mezclando un bebedizo de corrupción y carne putrefacta en el que cientos de moscas zumbaban y se reproducían.

Este ritual de muerte y desmembramiento no podía permanecer mucho tiempo en secreto. Otros poderes llegaron al mundo en aquellos tiempos, y sabían que no se les estaba haciendo reverencia.

¿Es sorpresa, pues, que un Cainita de gran poder y majestad descubriera una noche el pozo? Los sacerdotes de la Primera Tribu elevaron sus voces contra él y llegaron a emplear salmos prohibidos, pero eran un junco ante la tormenta. El poder de la voz de la criatura aturdió a los sacerdotes y acalló sus gritos; su mirada derrotó a los más blandos de sesera. A los fuertes de cuerpo, pero no de mente les arrancó los miembros mientras arrojaba por doquier los trozos de carne. A los fuertes de mente, pero no de cuerpo, les obligó a desgarrar sus propias entrañas con largos cuchillos, y así lo hicieron. A los más bellos les obligó a copular, fundiendo después la carne y los huesos de los amantes. Les extrajo las costillas, de modo que sus lascivos movimientos se convertirían en mortales acometidas, y los vio morir. Pues el Cainita había presenciado los ritos, y eran de su agrado. Había contemplado los rituales y deseaba mostrarles que sus depravaciones y atrocidades no eran nada, que no eran mas que niños jugando al mal. Y para que no quedara nadie a aprender la lección arrojó los cuerpos al pozo, donde dejó fluir su Vitae. Tres mortales sobrevivieron para saborear la sangre que les dio; solo tres de los cientos que habían adorado a la criatura.

La noche siguiente las tres víctimas lograron abrirse paso y salieron del pozo de órganos. Estaban cubiertos de entrañas, sangre e inmundicia, y aullaban con una furia y locura desaforadas. Su creador les había abandonado; sus patronos habían desertado. Estaban locos por el odio y sentían la sed de la muerte.

Habían nacido los Baali.