Leila Monroe, Cruzado del Sabbat

Libertad frente a organización, voluntad frente a rectitud, antiguos frente a neonatos… Todas estas luchas caracterizan a los vampiros del Sabbat, que parecen unidos tan sólo por el odio que sienten hacia los Antediluvianos y por el desprecio que demuestran hacia el ganado.

Trasfondo: Leila Monroe se abrió paso con las uñas a través de un brutal Rito de Creación, emergiendo desnuda de la tierra con los preceptos del Sabbat grabados a fuego en su corazón. Tuvo la visión de que su misión sagrada era compartir con la Ciudad de Ángeles la pesadilla que es la vida bajo las reglas de la Espada de Caín.

Leila sirvió como ghoul a un arzobispo Lasombra de California del Sur, y en calidad de esclava, soportó los maltratos y vejaciones de este monstruo perverso. Pasó más de 15 años de su vida siendo entrenada y adoctrinada antes de su Abrazo. Su Sire veía Los Ángeles como una ciruela madura lista para ser recogida por las garras del Sabbat. El Estado Libre Anarquista no era más que una inconexa colección de cuadrillas, y la presencia de la Camarilla era insignificante. Leila iba a ser el instrumento para someter a L.A.
Después de ser Abrazada en los primeros años de la década de 1940, la joven, de pasmosa belleza, se introdujo en la sociedad angelina, abriéndose paso entre las multitudes como un cuchillo en la mantequilla. Rechazó numerosas ofertas de pruebas para las pantallas y contratos de estudios mientras enredaba a muchos ejecutivos cinematográficos en su red. Estableció su centro de operaciones alrededor del sistema de estudios de cine, y durante los 60 encargó toda una serie de películas de horror que atentaban directamente contra la Mascarada, incluyendo El Príncipe de los Vampiros y el clásico Están Entre Vosotros.

A finales de los 60 extendió sus tentáculos hacia las esferas anarquistas e independientes. Descubrió que los vampiros de L.A. eran un grupo indisciplinado, así que al principio le resultó fácil utilizar su encanto y su elegancia para extender su influencia sobre las cuadrillas, reconvirtiéndolas en manadas del Sabbat. Actuando igualitariamente aceptando a los Cainitas de cualquier tipo (incluyendo a los Caitiff), pudo arreglárselas para asegurarse, al menos nominalmente, el apoyo de los vampiros sin ley. Esta “mentalidad abierta” le hizo aún más fácil atraer a los forasteros a su llamada.

Leila encontró problemas cuando intentó ejercer algún control sobre las violentas manadas anarquistas de las ciudades interiores durante los primeros años de la década de los 70. Estos grupos estaban compuestos por pandilleros Abrazados para actuar como los músculos de la secta, y el respeto que sentían por el Sabbat era sólo ligeramente mayor al que sentían por la Camarilla. Las manadas de Monroe perdieron numerosas escaramuzas. El fracaso a la hora de consolidar su posición en la ciudad interior le costó a Leila el Obispado de L.A., y, hirviendo interiormente, tuvo que presenciar en silencio cómo el título le era concedido a un Pander como símbolo de la aceptación de todos los Vástagos por parte del Sabbat. La Lasombra estuvo sonriendo durante toda la ceremonia, mientras una bilis sanguinolenta le subía por la garganta. Fue allí, en ese preciso instante, cuando decidió que todos lo honores y títulos podían irse a la mierda, pero que sería su influencia lo que seguiría haciendo que las cosas funcionaran en Los Ángeles.

Invirtió lo que quedaba de los 70 y los 80 en consolidar sus intereses en la industria del cine de serie B y para adultos, y comenzó a involucrarse en actividades ilegales como el tráfico de estupefacientes y otros asuntos. Fue durante una transacción de drogas fallida cuando su esfera de influencia colisionó por primera vez con aquellos a los que luego llamaría “esos bastardos orientales”. Un grupo de compradores se desvaneció en un muelle del puerto, y nunca más se volvió a saber de él. Cuando Monroe investigó el asunto, la única pista que descubrió fue una garra de casi 16 centímetros.

Aunque nunca antes le había prestado atención a la enorme población asiática de L.A. (Excepto como suministradora de drogas), este nuevo giro de los acontecimientos la incitó a vigilarla más de cerca. Por desgracia, cada tentáculo de influencia que intentaba extender hacia Chinatown se convertía en un muñón sangrante. La constante cooptación o la absoluta desaparición de sus agentes la sumió en un estado de pánico. ¿Se trataría de una nueva incursión de la Camarilla? ¿O sería algo mucho más siniestro?

Sus preguntas obtuvieron respuesta cuando un marchito asiático llegó afirmando ser el emisario de un grupo de vampiros conocidos como los Kuei-jin. Todo lo que se sabe de la reunión es que, cuando terminó, Leila, pálida y temblorosa, y el hombre salieron juntos de la habitación. La Lasombra recibió órdenes que prohíben la interferencia en Chinatown, dejando claro que los Cainitas sólo son bien recibidos durante las dos horas siguientes al ocaso y que no se les permite alimentarse. De los occidentales que infringen estas reglas suele no volverse a saber nada.

En la actualidad, Monroe está en un compás de espera. El obispo está haciendo airadas declaraciones que no están encontrando la aprobación de sus superiores, y además, para su consternación, Leila ha reclamado desvergonzadamente para sí el título de Priscus. Las mayores preocupaciones de la Lasombra son los rumores de que los Kuei-jin están saliendo de los vecindarios asiáticos y están empezando a establecer nuevos territorios en las áreas controladas por las manadas de su secta. La continua agitación de los anarquistas y de los agentes de la Camarilla la mantienen muy ocupada apagando los incendios antes de que el obispo pueda reaccionar. Sigue estando segura de que puede reclamar toda la ciudad para el Sabbat (justificando así su derecho a ser Priscus), pero bajo el peso de todas las presiones acumuladas, su devoción a los preceptos de la Espada de Caín se están volviendo algo estridentes e inseguros últimamente.

Imagen: Leila es una hermosa mujer, con unos rasgos delicadamente esculpidos enmarcados por un cabello rubio como la miel. Tienes los ojos de un azul pálido, y siempre está vestida para matar, figurada o literalmente.

Sugerencias de Interpretación: Si tan sólo pudieras inclinar la balanza de L.A. hacia el lado del Sabbat cumplirías todos tus sueños. Estás dirigida por y fanáticamente consagrada a los principios de tu secta. Disfrutas haciendo largos y tortuosos discursos sobre sus beneficios, y te disgustan las maniobras políticas de las que eres testigo, aunque sabes que son necesarias para tu éxito. Tu aspiración a un título no es vanidad, es tu destino… gánatelo.

Clan: Lasombra
Sire: El Caballero
Naturaleza: Bravo
Conducta: Fanático
Generación: 10ª
Abrazo: 1942
Edad Aparente: Bien entrada la veintena
Físicas: Fuerza 3, Destreza 4, Resistencia 3
Sociales: Carisma 4, Manipulación 3, Apariencia 5
Mentales: Percepción 3, Inteligencia 4, Astucia 2
Talentos: Alerta 2, Callejeo 3, Esquivar 2, Gracia 1, Intimidación 3, Liderazgo 2, Pelea 3, Subterfugio 3
Técnicas: Armas de Fuego 2, Etiqueta 2, Interpretación 4, Seguridad 3, Sigilo 2
Conocimientos: Academicismo 1, Burocracia 3, Finanzas 1, Layes 3, Lingüística (español) 1, Política 3
Disciplinas: Dominación 3, Obtenebración 2, Potencia 2, Presencia 2
Trasfondos: Aliados 2, Contactos 3, Fama 1, Influencia (cine) 3, Recursos 3
Virtudes: Convicción 4, Instintos 2, Coraje 5
Moralidad: Senda del Poder y la Voz Interior 6
Fuerza de Voluntad: 5

Ricardo Blanch

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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