Linaje Feérico: Eshu (1ª Parte)

Introducción del linaje feérico de los Eshu.

Los Eshu personifican el espíritu de la aventura. Originalmente descendientes de los sueños de las antiguas tribus de África, la India y su patria, Caldea, los Eshu se pueden encontrar ahora en cualquier parte del mundo. Cuando dejaron sus tierras natales, los Eshu se adentraron en el mundo y vagaron hasta donde les llevaron sus sueños.

Consumidos por el deseo de vagabundear, valoran los rasgos que aseguran la supervivencia en el camino, como el encanto, la agudeza y el ingenio. Después de milenios de viaje han aprendido a adaptarse y a adoptar las culturas que han ido encontrando. Esto ha convertido su talento para la composición de canciones y la narración de historias en algo realmente sorprendente.

La reputación de los Eshu les precede. Al aprender a vivir gracias a su astucia, un viajero sabio siempre busca un negocio fácil. Si esto significa timar a alguien, así sea. Para los Eshu esto se aplica en ambos sentidos. Si algún otro consigue timar a un Eshu, ciertamente merece su respeto. Tales tramposos son recompensados a regañadientes por su logro; después de todo, ¿de qué otra forma van a aprender los Eshu nuevos timos?.

La curiosidad y vanidad de un Eshu puede meterle en todo tipo de problemas. Por esta razón, los Eshu tardan en confiar y tienden a guardarse sus consejos. Sus ceremonias sagradas se llevan a cabo lejos del resto de la Estirpe y sólo unos pocos compañeros de viaje son invitados a ellas. Una invitación a un festival Eshu es un honor difícil de conseguir.

Consumados forjadores de historias, bardos, comerciantes y artistas, el pueblo incansable usa la sabiduría de un millar de viajes para guiar sus Artes. El Arte de la interpretación encaja con ellos, pues los Eshu consideran que el espíritu del momento lo es todo.

Cualquiera que proporcione a un Eshu nuevas historias, buenas canciones o danzas, una compañía agradable o una bebida fuerte es tratado como un compañero querido… hasta que el espíritu del momento ha pasado. Inspirados por esta felicidad, parten y buscan aventuras aún mayores. El resto de la Estirpe puede creerlos volubles, pero ¿a quién le importa?. Quien no pueda seguir el camino mejor que se quede atrás.

Los Eshu siguen estas tradiciones con orgullo, e impresionar a los demás es importante para los de su clase. La mera supervivencia no es suficicente: un Eshu debe tener clase. La dignidad lo es todo para ellos, incluso aunque implique una extraña definición de “autosuficiencia”. Un Eshu se quedará sin comida ni abrigo si aceptarlos significa perder su orgullo.

Siempre que les es posible, estos miembros de la Estirpe visten con ropajes y joyas espléndidas, que los demás consideran exóticas u ostentosas. Para adaptarse observan las modas y artes locales y rápidamente aprenden a emularlas. Una vez consideran que han aprendido lo suficiente, parten con dicho conocimiento. Ya sea rico o pobre, cada Eshu lleva consigo la sabiduría recogida en todos sus viajes. Sin importar que los otros se llamen duques o reyes, los Eshu se consideran príncipes de los caminos.