Merlin

Merlín, el mago, el druida del rey Arturo, el héroe de la más famosa de las leyendas célticas, no ha muerto. Continúa viviendo aunque está fuera del tiempo y del espacio; un encantamiento lo mantiene prisionero en la frontera entre la vida y la muerte, sin envejecer sin vivir y sin morir, contempla el paso de los siglos encerrado en una prisión construida con la magia de las palabras, con el poder de la voz.

Su rey, Arturo, también permanece en la frontera del mundo, en la isla mágica de Avalon, durmiendo un sueño encantado. Ambos esperan que la corte de Camelot pueda algún día recuperar su esplendor.

Merlín se ha convertido en el druida modelo legado por la tradición céltica. Es un sabio que conoce el pasado, el presente y el futuro; puede utilizar las fuerzas de la naturaleza, del mundo visible y del mundo oscuro, invisible, el Otro Mundo. Tiene el dominio de la palabra, el poder de la voz: pronuncia las fórmulas sagradas en las principales ceremonias religiosas, recita encantamientos y posee el don de la videncia. Además, ejerce las funciones políticas propias de los druidas: él es quien proporciona un rey a los celtas utilizando su poder mágico para que Arturo sea concebido; después se ocupará de la educación del muchacho que, bajo su protección, adquirirá la sabiduría y la fuerza. Merlín es el poder en la sombra, el consejero y embajador, el druida que compartirá el poder con Arturo. Pero ¿quién es Merlín realmente? ¿Un druida que ejerció su poder entre los celtas de Britania como Diviciaco entre los feudos, o es un personaje de leyenda, uno más entre los muchos héroes creados por el peculiar sentido celta de la historia? Merlín puede ser ambas cosas.

Los primeros cronistas de la historia de Britania mencionan dos personajes históricos, Ambrosio y Myrddin, que pueden estar en el origen del personaje legendario de Merlín. En el siglo V los romanos habían abandonado Britania y gobernaba un “rey” llamado Constantino, que tenía como druida al mencionado Ambrosio. Algún tiempo después, en el siglo VI, aparece en las crónicas un caudillo de las tierras del norte de Britania llamado Myrddin que, en una batalla contra los sajones, tuvo la visión de un horrible monstruo en el cielo y, enloquecido, se refugió en lo más profundo de los bosques, donde se dedicó a profetizar y llevó una vida salvaje en la naturaleza. La historia es confusa en lo que se refiere a ambos personajes, Ambrosio y Myrddin, y a veces contradictoria en las fechas.

Según la tradición oral galesa la historia de Merlín comienza en el siglo VI. En esa época, los reyezuelos celtas de Britania estaban envueltos en luchas tribales, sin que ninguno lograra imponerse y pacificar el país. Uno de estos caudillos, Vortigern, había buscado ayuda en mercenarios sajones, quienes pronto se dieron cuenta de que podían invadir fácilmente la isla y dominarla gracias a las luchas internas que la desgarraban. Vortigern había ordenado construir una fortaleza para defenderse de los ataques enemigos, pero las obras no avanzaban porque cada noche se derrumbaba lo construido durante el día; tras consultar a los druidas de su corte, éstos dictaminaron que era preciso purificar el lugar de la construcción mezclando la sangre de un niño sin padre con los cimientos de la torre. Buscando a ese niño encontraron a una princesa galesa que había tenido un hijo de padre desconocido: incluso para ella, que ni siquiera podía explicarse cómo había quedado embarazada. Este niño de origen mágico era Merlín, y habitaba con su madre en el bosque, pues la princesa se había recluido allí huyendo de la corte. Merlín y su madre fueron conducidos ante Vortigern y sus magos. Cuando iba a producirse el sacrificio, Merlín aseguró al rey que conocía la causa por la que la torre en construcción se derrumbaba cada noche y, ante la sorpresa de los druidas, explicó que bajo la torre había una cueva en al que vivían dos dragones, uno rojo y otro blanco, que cada noche luchaban ferozmente, lo que movía los cimientos de la torre, haciéndola caer.

Los hombres de Vortigern comprobaron que lo que afirmaba el pequeño Merlín era cierto por medio de unos zapadores y el rey, asombrado, le pidió una interpretación del extraño fenómeno. Merlín demuestra su poder de adivinación e interpretación y pronuncia su primera profecía: el dragón rojo representa a los celtas y el blanco a los sajones. Este último vence cada noche en la lucha y esto es lo que sucederá en el futuro: los sajones vencerán y dominarán la isla.

Pero el mago Merlín que ha llegado hasta nosotros formando parte de la historia del rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda fue creado por Godfred de Mommouth; este clérigo escribió a principios del siglo XII una historia de Britania en al que, por primera vez, se da a la figura de Merlín cierta importancia; este Merlín es un caudillo bretón que se vuelve loco y se refugia en los bosques, donde se dedica a profetizar. Algún tiempo después Mommouth escribe la vida de Merlín, utilizando para crear al personaje todos los relatos que se habían transmitido durante siglos sobre él. En el Merlín literario se mezclan los rasgos de varios personajes de la tradición oral celta (el rey irlandés Suibhne, el profeta y mago escocés Lailoken y el galés Gwyddyon, héroe mitológico que representa el poder mágico de los druidas), junto con personajes históricos como Ambrosio y le caudillo bretón, a lo que añade además rasgos claramente cristianos.

En su obra, “Vida de Merlín”, Mommouth modifica la historia del nacimiento del mago: el diablo, por medios maléficos, engendró un hijo en una joven virgen. Este hijo tendría el poder y la sabiduría necesarios para dominar y dirigir la vida de los hombres, pero la joven elegida era virtuosa, pura y muy cristiana, por eso, pesa a no imaginar quién podría ser el padre de su hijo, ni cómo había ella llegado a concebirlo, lo bautizó en el mismo momento del nacimiento, arrancándolo así de las garras del diablo. Sin embargo, el niño conservó casi todos los poderes que le habían sido otorgados en el momento de la concepción. Lo demostró cuando aún era un niño muy pequeño. En la época en la que nació Merlín, Vortigern, un jefe militar, usurpó el trono y ordenó asesinar a los dos hijos del rey. Pero uno de ellos, Uther Pendragon, consiguió salvarse y fue educado en el continente por sus partidarios. Desde el momento en que lo supo, Vortigern comenzó a construir una torre para defenderse del previsible ataque del heredero legítimo. Y ya sabemos cómo encontró a Merlín y la interpretación que hizo éste del derrumbamiento de la torre. Llegados a este punto Mommouth modifica de nuevo la leyenda galesa y cuenta que al liberar a los dragones, que estaban atrapados en dos pequeñas cavidades de los cimientos de la torre, se abalanzaron el uno sobre el otro en una lucha feroz, en la que venció el blanco pese a ser más pequeño que el rojo. Merlín profetizó que a los tres días Uther Pendragon se enfrentaría a Vortigern y lo vencería. Así sucedió, Pendragon fue rey y Merlín retornó al bosque.

Durante muchos años la blanca túnica de Merlín se vislumbró en los bosques más oscuros y profundos, adivinaba entre las nieblas mágicas que surgían repentinamente en las batallas, facilitando victorias y derrotas, se vio al mago recitando encantamientos y recogiendo muérdago. Durante muchos años su esbelta figura, ligeramente apoyada en la vara de roble que simbolizaba su poder, recorrió los caminos y visitó los palacios de los jefes. Allí donde llegaba se sentía el poder de la sabiduría y se escuchaba la voz de los dioses. Pero los comienzos de la Edad Media eran tiempos de crueldad y desorden. Uther no lograba imponerse sobre otros caudillos rivales ni terminar con la amenaza sajona y Merlín continuaba buscando al hombre que pudiera unir a los celtas y ser llamado rey por todas las tribus. Cuando Uther Pendragon le pidió ayuda para seducir a Igerne de Tintagel, esposa del duque de Cronualles, Merlín encontró la oportunidad que esperaba. Puso la magia al servicio de los deseos de su rey y, por medio de un poderoso conjuro y ciertas hierbas, consiguió que Uther tuviera la apariencia física de su enemigo el duque. Así, mientras éste se defendía de un ataque sorpresa en medio de la noche, Pendragon entraba sin problemas en el castillo y en el lecho de la bella Igerne, que creía estar recibiendo a su marido. En esa unión fue concebido Arturo. Al mismo tiempo, en el campo de batalla moría el duque de Cornualles. Poco después Uther Pendragon se casó con Igerne. Pero cuando nació el hijo de ambos, Arturo, Merlín se lo llevó para ocuparse de su educación y convertirse en su druida y consejero.

Merlín nunca abandonará del todo el lugar al que realmente pertenece, el bosque, por la corte de Camelot. En el bosque los druidas pasaban gran parte de su tiempo dedicados al estudio y el conocimiento de lo natural y lo sobrenatural. Era un espacio para la soledad, el aprendizaje y la comunicación con el Otro Mundo. Allí se realizaban los ritos y sacrificios, los héroes celtas se adentran en la frondosidad para superar pruebas, recuperarse de las heridas y los fracasos, o buscar el camino al Otro Mundo. Es un territorio de nadie, un espacio entre los dos mundos, donde todos los prodigios son posibles y donde los locos y los sabios se convierten en profetas.

La corte de Arturo en Camelot, creada para la leyenda por Mommouth, es una corte medieval, caballeresca, en la que siempre está presente el amor y la lucha por conquistar a la dama amada. Así, Merlín se verá envuelto, cuando sea ya anciano, en el juego del amor cortés. El poderoso mago es seducido por la joven Nimue o también llamada Viviana, una de las hadas del lago donde se guardaba Excalibur, según la tradición galesa, o por la bella Morgana, hermanastra del rey Arturo y maga ambiciosa que quiere alcanzar el mismo poder que Merlín, según la tradición artúrica.

En cualquier caso, su amada no sólo enamora al anciano mago, sino que le convence para que la convierta en su discípula. Merlín, poco a poco, va enseñándole sus conocimientos hasta que un día, en el bosque Broceliande, cede ante los deseos de Nimue y le enseña el más poderoso y peligroso de los conjuros: las palabras mágicas que convierten a un hombre en prisionero de quien las pronuncia. En el momento en que realiza la máxima demostración de su poder, Merlín se está entregando a Nimue: al pronunciar el conjuro el anciano mago acepta quedar prisionero de la voz de su amada. Desde entonces Merlín permanecerá encerrado en su cárcel de amor invisible hasta que otro druida deshaga el hechizo.

Hay varias versiones sobre la ubicación de la prisión de Merlín: según una de ellas estaría situada en el bosque de Broceliande, en una gruta de cristal cercana a una fuente, en el mismo lugar donde se produjo el conjuro; otra versión la localiza en las profundidades de la tierra, por tanto sería de roca. También hay una leyenda que sostiene que Merlín duerme bajo “La Danza de los Gigantes”, es decir, bajo las piedras del círculo mágico de Stonehenge, que él mismo habría transportado desde la lejana Irlanda con el poder de su voz para honrar la sangre derramada por los guerreros bretones en una batalla que tuvo lugar en esa llanura de Salisbury. Todas estas versiones sobre el fin de Merlín ponen de relieve el rechazo que la mentalidad cristiana siente por la magia. El poder de Merlín no le salva de caer en el pecado del deseo y eso le lleva a dejarse atrapar en su propia magia. Pero en la tradición galesa, todavía próxima a la mentalidad celta, Merlín desaparece de Camelot voluntariamente. Se retira a la isla sagrada de los druidas, Mona, en el noroeste de Gales y allí continúa viviendo, guardando, junto con nueve compañeros, los tesoros de Britania: talismanes y reliquias celtas que deben permanecer escondidos de los nuevos invasores. En cualquier caso, atrapado en su encantamiento, ya no puede actuar, sólo hacer oír su voz.

Merlín es también una metáfora del mundo céltico. Un mundo que había logrado sobrevivir en Irlanda y Gran Bretaña algunos cientos de años más que en el continente, pero que en el siglo XII ya había sido enterrado por una nueva civilización. Y sin embargo, los celtas, durmiendo su sueño encantado, como Merlín y Arturo, paradójicamente han conseguido hacer oír su voz en nuestros días.

Las leyendas sobre Merlín nos han proporcionado mucha información sobre las funciones del druida en la sociedad celta, información cuya veracidad se ve confirmada pro lo que sabemos de druidas históricos como Diviciaco. En Merlín, en su relación con Arturo, encontramos la función política y la educadora; sabemos de su poder mágico y de sus conocimientos sobre plantas y animales; su vida se desarrolla en los bosques en mayor medida que en la corte y, además, su final pone de relieve uno de los aspectos menos conocidos de la religión druídica: la importancia de la palabra en los ritos y encantamientos. En los escritos de Julio César, uno de los autores que, a raíz de sus campañas militares para conquistar la Galia, más información nos proporciona sobre los celtas, y también en algunas inscripciones grecorromanas, aparece el término “gutuaer” o “gutuatro”. En un principio se creyó que esta palabra era el nombre de un druida, pero no es así. Es un título sacerdotal del que sólo conocemos el significado etimológico, “padre de la voz” o “padre de la palabra”, lo que da la idea de su relación con los encantamientos orales. El gutuaer podría ser el druida que pronunciaba las invocaciones o palabras mágicas en las más importantes ceremonias, por eso Merlín conserva el poder de la voz aun estando prisionero de su propia magia, ya que la palabra es la esencia del conocimiento y el poder druídico.

En Irlanda existía una maldición druídica llamada “glan dicinn”. Era un encantamiento mágico, una llamada a las hadas que habitaban en los matorrales de espinos para obtener ayuda de los habitantes del Otro Mundo contra los enemigos. Quien sufría esta maldición no podía disimularla, puesto que las consecuencias del encantamiento eran visibles en su cara, que se cubría de forúnculos. Para realizar el encantamiento, siete druidas debían situarse dando la espalda a una mata de espino cuando el viento soplara del norte; mientras sostenían en la mano una piedra de honda y una rama de espino, todos ellos entonaban la maldición; después, depositaban las piedras y las ramas sobre la raíz del matorral. Otra manifestación de la importancia del encantamiento oral en la vida social y religiosa de los celtas es el geis. Este encantamiento no era de uso exclusivo de los druidas, sino que podía ser utilizado por cualquiera. Se trataba de una prohibición o de una obligación, por ejemplo, no comer determinado alimento o viajar a cierto lugar. Los druidas parecer ser los únicos que no sufrían geasa, plural de geis, pero los reyes y los héroes estaban sujetos a muchos.

Llegó un tiempo en que los grandes druidas, como Merlín o Diviciaco, fueron perdiendo su poder. Los bardos ocuparon su lugar, pero éstos se limitaron a cantar y contar las historias de sus antepasados. Con la llegada del cristianismo la cultura celta va perdiendo fuerza. Las antiguas historias que se transmitían de generación en generación, narradas junto al calor de los hogares, comienzan a escribirse y se convierten en novelas caballerescas que entretienen a la nobleza feudal y perderán su significado original para adquirir un sentido diferente, más acorde con los nuevos valores cristianos. En el siglo XIII, otro clérigo, Robert de Boron, modificará definitivamente la leyenda de Merlín para cristianizarla: así es cómo el druida, el mago, que encarnaba la esencia del mundo céltico y la lucha de los bretones por sobrevivir frente a los nuevos tiempos, se convierte en el sabio guardián de los valores cristianos que impulsa y dirige a los caballeros cristianos de la Tabla Redonda en la búsqueda del Santo Grial.

Este documento fue aportado por Queen of the Damned. 9 de Diciembre del 2003