Nagah 1º parte

Fue durante las furiosas batallas de la Cuarta Edad, donde los Kuei-jin instigaron a las razas cambiantes a luchar entre si, que muchos Nagah perecieron. Su deber siempre ha sido el de controlar que ninguna de las razas cambiantes se aparte jamás de la labor que Gaia les ha encomendado y castigar a quienes lo hicieran. Y por eso, por hacer lo que debían, casi fueron destruidos.
En la actualidad los Pueblos del Crepúsculo aun buscan acabar con los Hombres Serpiente y es por eso que estos se mantienen ocultos entre sus hermanos sin revelar nunca su verdadera naturaleza y siguiendo los designios de sus Tres Madres.

NAGAH

DESCRIPCIÓN
La poesía del cuchillo resplandeciente, la cadencia del ultimo aliento del cadáver: así es el arte de los Nagah. A los hombres serpiente se les encomendó la tarea de hacer de jueces entre los hengeyokai, para mantener el Equilibrio cuando el Wyrm abandono esa tarea. Hacen cumplir los Mandatos cuando las Cortes están demasiado ocupadas o se obcecan al hacerlo, se mueven hasta las fronteras de la sociedad de los hengeyokai, observando a sus victimas con gran atención. De hecho, los Nagah prefieren mantener en secreto todas las cosas; incluso han escondido su propósito a los Pueblos del Crepúsculo y prefieren simular su extinción antes que divulgar los secretos de su deber.
Realizan sus obligaciones con tal eficacia y delicadeza que hablar abiertamente de los Nagah se ha convertido en un presagio de mala suerte. Cuando un hengeyokai hace mención de esta raza, utiliza la metáfora poética para no decir su nombre: “las sombras que se alargan”, “la penumbra que suspira”, “el silencio del río”. Por su parte, los Nagah consideran que matar es un arte, algo que, si realmente debe hacerse, se tiene que hacer con gran precisión. De hecho, les gustan otros artes como la poesía y la escultura y equilibran sus actos de destrucción con pasatiempos de creación. Se esfuerzan por ser la imagen de la justicia y consideran que su deber sagrado es enviar de vuelta a casa a aquellos que pertenecen al Infierno.
Pero la eficacia asesina de los Nagah ha demostrado ser una maldición, además de una bendición. Cuando empezaron las guerras de la Cuarta Edad entre los hengeyokai, los Nagah fueron atacados con más fiereza que cualquier otra raza, excepto la de los Okuma. El razonamiento fue el siguiente: después de todo, si la corrupción nos envuelve, seguramente los jueces también se habrán corrompido al dejar que esto sucediera. Junto a las salvajes perdidas que tuvieron lugar durante la Guerra de la rabia, estas casualidades han provocado casi la extinción de los Nagah en esta época en la que están despertando los Zhong Lung.
Incluso hoy en día, las viejas heridas no se han acabado de curar. Los Nagah guardan sus artes principalmente para ellos, y solo salen de las sombras si es necesario. Casi nunca les ofrecen formar parte de un sentai (cosa que no les ofende en o absoluto). Después de todo, las contribuciones visibles podrían mejorar la reputación de esta Raza, pero si los Pueblos del Crepúsculo supieran que los Nagah todavía existen, intentarían poner remedio a este descuido. El anonimato es lo más juicioso.

ORGANIZACIÓN
Aunque los Nagah han ido aumentando en numero de forma progresiva desde las desastrosas guerras de la Cuarta Edad, sólo quedan unos 400 hombres serpientes en toda Asia. Algunos culpan de esto a una contienda que está teniendo lugar con los Nezumi y murmuran que los hombre rata se escurren en las guaridas de los Nagah para devorar los huevos escamosos de los jueces. Jamás trabajan solos, pus la leyenda de Vinata, su mayor traidor, sirve de terrorífica advertencia sobre la destrucción que puede provocar un Nagah que abrace al Wyrm.
Los Nagah del reino Medio no tienen túmulos propios; en vez de ello, se reúnen en el protectorado de una corte amiga cuando pueden. Algunos continúan manteniendo Anantas (huecos pequeños y personales del reino espiritual, como los reinos Guarida de los Bastet) en el fondo de los ríos, pero incluso estos Nagah viven a tiro de piedra de uno o dos de sus hermanos. Casi nunca mantienen grandes discusiones entre ellos y sólo lo hacen cuando e asunto amenaza a toda su Raza.
El número de Nagah que sirve a las Cortes de la Bestia de la Madre Esmeralda es casi imperceptible, aunque son más de los que hay en los Pueblos del Crepúsculo, pues revelar la presencia a los occidentales se castiga con la muerte. Realizan sus obligaciones en silencio… si el resto de hengeyokai no es oye engrasar los engranajes del Ciclo, mejor que mejor.
Sin embargo, al continuar sirviendo a las Cortes con obediencia, los Nagah se han visto en una situación muy precaria. Bien concientes de su cercana destrucción durante la Guerra de la Rabia, los hombres serpiente saben que otra acción abierta podría volver a reducir sus números. Esperan que la buena voluntad de las Cortes actúe como intermediaria entre ellos y los Pueblos del Crepúsculo en caso de que los occidentales llegaran a describir la verdad.

RASGOS
Los Nagah tienen un diseño aparentemente perfecto para desarrollar su papel de maquinas asesinas, pero también tienen debilidades. Los hombres serpiente son incapaces de caminar de lado pro si mismos: sólo pueden entrar ala Umbra en sus Anantas, sin tener que utilizar un Don especial o pedir la ayuda de su sentai montaña. También tienen dificultades para aprender los Dones comunes; los únicos espíritus que contestaran regularmente a sus ritos de invocación son los siervos de Wani, el adormilado Príncipe Dragón. A pesar de que parezca que todos los espíritus de reino Medio están obligados a contestar a las invocaciones, las cosas no son así: los espíritus no ayudan a los Nagah a menos que un Wani o uno de sus visires les hayan dados instrucciones de hacerlo. Para ello, los hombres serpiente deben pagar 7 x Nivel del Don en puntos de experiencia para aprender cualquier Don que no sea un Don de los Nagah.
Cuando actúan para servir a su raza, los Nagah utilizan un sistema de Renombre que realmente no es un sistema; no les importan demasiado los sistemas de castas y confían en los antiguos para que juzguen sus meritos. De forma similar, su sistema de auspicios sólo tiene de sistema de auspicios el nombre; reconocen cuatro auspicios estaciónales, pero no asignan tareas particulares a ninguno. Todos son iguales, todos sirven para mantener los mismos niveles elevados. La única diferencia radica en los puntos de rabia iniciales: Kali (invierno) y Kartikeya (verano) empiezan con 4 puntos de Rabia, mientras que Kamakshi (primavera) y Kamsa (otoño) empiezan con 3 puntos. Todos los Nagah empiezan a jugar con 4 puntos de Fuerza de Voluntad.
Sin embargo, los Nagah que sirven a las Cortes siguen gustosamente el camino de la Virtud de Esmeralda e incuso toman auspicios cuando es necesario. Son agradables y, a menudo, silenciosos y siniestros compañeros cuando sirven a un sentai; también son cortesanos adecuadamente profesionales. Los Nagah aceptan con gusto aquello que se les pide que hagan; la necesidad, después de todo, es a lo que sirven en ultima instancia.

RAZAS
Los Nagah no hacen diferencias sociales entre sus razas; cada uno es equivalentemente digno a su propia manera y contribuye con una cantidad idéntica de habilidad. La Gnosis inicial de un Nagah funciona igual que la correspondiente a la raza de los Garou. Los Balaram (homínidos) empiezan con 1 punto, los Ahí (metis)con 3; y los Vasuki (cobre) con 5.
Es curioso que los metis sena tan fértiles como cualquier otro Nagah; uno de cada 10 de los hijos de un Ahí serán Nagah. Si es mujer, el Ahí podrá decidir al principio del embarazo si desea que el nuevo ser sea humano o cobra; después, pasará el resto de embarazo en la forma deseada. Esto tiene ciertos efectos secundarios extraños, pues si escoge tener bebes humanos, normalmente tendrá gemelos o trillizos, pero si quiere tener cobras, la cantidad de huevos será menor a la que debería tener de forma natural. A pesar de esta cara ventaja, los Nagah no intentan incrementar criando un cuota adecuada de Ahí; se esfuerzan por mantener un numero idéntico de cada raza dentro de la tribu, pues temen la maldición que caería sobre su linaje si desafían al equilibrio de las cosas.

FORMAS
Las formas de los Nagah son espléndidas y terribles, a pesar de que los hombres serpiente tienen mucho cuidado de no actuar en otra forma que no sea la de Balaram. En todas sus formas excepto en la de Balaram pueden inyectar un veneno muy potente a sus enemigos. Si el adversario sale herido del ataque de mordisco, el veneno añadirá siete puntos adicionales de daño agravado en sus Niveles de Salud, que se absorberán por separado. En algunos casos, el Nagah también utiliza su veneno para cegar al oponente (siempre han preferido aparearse con cobras escupidoras). Si el Nagah escupe su veneno y acierta en el blando, la victima sufrirá los 7 niveles de daño, pero habrá un retraso de un turno antes de que las toxinas entren n la corriente sanguínea (el veneno se podrá eliminar). Si el veneno entra en los ojos, el dolor que provoca y el daño que comporta al nervio óptico dejaran ciega a la victima durante al menos, tres turnos. Por suerte, el Don Resistir Toxina es efectivo contra el veneno.
· Balaram: En esta forma, el Nagah es idéntico a cualquier humano.
· Silkaram: Esta forma es de apariencia vagamente humana. Desaparece todo el pelo del cuerpo del Nagah, que es sustituido por arrugas óseas que parecen escamas. Los dedos de las manos y los pies se palmean y les proporcionan una excelente habilidad natatoria. La línea de la mandíbula se alarga sustancialmente; la nariz retrocede y se ensancha hasta que al cara parece casi plana. Unas “escamas” del Silkaram cubren los labios, dificultando así el habla humana. Los ojos se oscurecen y pierden toda la coloración humana. Los dientes parecen fundirse en uno, excepto los alargados caninos, que se convierten en colmillos que se retraen cuando no los utilizan.
· Azhi Dahaka: La forma de combate de los Nagah es una criatura terrorífica, una cobra gigante rematada con un torso en forma de barril y un poderoso conjunto de brazos. Incluso los Nagah que decienten de las serpientes que no sena cobras presentan un regio “capuchón” en esta forma. Los Azhi Dahaka pueden desencajar a mandíbula y poseen discretas branquias que es hacen totalmente anfibios. Las extremidades de un Nagah en esta forma son tan flexibles como la columna vertebral de una serpiente. Bajo el torso, la cola (lo suficientemente gruesa como para mantener el equilibrio sobre ella) puede llegar a medir entre 5 y 7 metros, y a veces más. De las manos de los hombres cobra brotan garras tan terribles como las de cualquier Garou, y sus miembros son muy flexibles. La mayoría de los Nagah marcan su cuerpo con cicatrices, al igual que algunos Garou, que se convierten en lívidos patrones en esta forma.
· Kali Dahaka: Esta forma recuerda a la gran cobra real y es tan gruesa como la pierna de un hombre. Además, la forma Kali Dahaka de muchos Nagah conserva los brazos, aunque se consideran antiestéticos. La mayoría de los Nagah prefieren adoptar esta forma sin los brazos (es posible con una segunda tirada de Resistencia + Impulso Primario, dificultad 7). La cicatrices rituales de los hombres serpiente también permanecen, aunque cambian de tono y son más difíciles de distinguir. La forma de Kali Dahaka dispone de branquias, de modo que el Nagah en esta forma de “gran cobra” puede respirar perfectamente bajo el agua.
· Vasuki: La forma de vasuki es idéntica a la de una cobra normal.