Otras Hadas

Algunas hadas son nativas de lugares específicos del mundo del Medievo Oscuro. Se cree que muchas son seres singulares y únicos, mientras que otras forman bandas conocidas como “huestes feéricas”.

Aunque me he hecho viejo vagando
Por tierras llanas y tierras montañosas,
Descubri a dónde se ha ido ella,
Y besaré sus labios y tomaré sus manos;
Y caminaré entre hierbas moteadas,
Y recogeré hasta que el tiempo y los tiempos terminen,
Las manzanas de plata de la luna,
Y las doradas manzanas del sol.

-W.B. Yeats, “La canción de Angus el Errante”

Algunas hadas son nativas de lugares específicos del mundo del Medievo Oscuro. Se cree que muchas son seres singulares y únicos, mientras que otras forman bandas conocidas como “huestes feéricas”. Por lo general, las hadas singulares tienden a ser más poderosas que los individuos de los grupos. Ambas categorías se van haciendo cada vez más raras, a medida que sus arboledas y cañadas secretas son invadidas y la Iglesia se abre paso hacia los corazones y almas de la gentes. Muchas se alejan más del mundo, partiendo hacia Arcadia.

Alfar
También llamados elfos, estas hadas nórdicas suelen ser confundidas con una versión de los sidhe. Los alfar son las hadas con menos probabilidades de ser encontradas en la Tierra, pues normalmente viven siempre en sus propios reinos del otro mundo. Si alguien se encuentra con un alfar, puede estar seguro de que el elfo ha emprendido una misión o búsqueda de gran importancia. Por lo general tienen poderosos tesoros feéricos y potente Glamour (magia feérica) con los que protegerse. Suelen encontrarse en las tierras que forman las actuales Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Rusia, Alemania y Austria. Hay dos tipos distintos de alfar, cada uno residente en su propio reino.

Los elfos de la luz (o lios alfar) viven en el reino de Alfheim, una tierra bella y soleada de fertilidad y riqueza. Aman el resplandor del sol y son altos, de cabello y ojos claros. Los lios alfar adoran los colores brillantes, aman a los animales, y dominan la magia útil, la agricultura y los quehaceres domésticos. Algunas mujeres alfar son notables hilanderas y tejedoras, cuyos tapices son atesorados como obras de arte incomparables. Los elfos de la luz son grandes poetas, músicos y bailarines, y a veces se les puede inducir, por medio de regalos o de lisonjas, a ofrecer a un mortal un trago de Hidro miel del Poeta, un potente brebaje que otorga el don del genio lírico.
Sus ropas suelen estar muy elaboradas y adornadas, y llevan el pelo recogido en pulcras trenzas. Los guerreros de los lios alfar prefieren las cotas de malla y las hachas, espadas y lanzas largas. Algunos usan flechas élficas, reforzadas con hechizos e impregnadas de una sustancia que hace que el herido caiga en un profundo sueño encantado. Las víctimas de estas flechas no pueden despertar salvo por los esfuerzos de otros. La búsqueda que debe ser llevada a cabo para despertar al durmiente es determinada en el momento de hacer la flecha. Tales búsquedas suelen incluir largos viajes en busca de ingredientes extraños o difíciles de encontrar (como viajar hasta los confines orientales del mundo para encontrar a la serpiente enjoyada que custodia el pozo de la vida, y suplicarle un trago de sus aguas). Sea cual sea el viaje y su objetivo, debe ser posible para los héroes cumplir con sus condiciones en un plazo razonable (un año y un día es lo corriente).

Los elfos oscuros viven en Svartalheim, una tenebrosa tierra que se encuentra en las cavernas subterráneas. Serpenteantes túneles dan paso a unas tierras abiertas bajo un cielo oscuro y centelleante, donde los elfos residen en palacios de cristal. Dado que son grandes mineros, herreros y magos, prefieren las tinieblas a la luz del sol, que lastima sus ojos.

Los svartalfar prefieren los colores oscuros con gemas perfectamente cortadas y pulidas engarzadas en oro o plata. La ropa de minería o forja oscura y sobria es la que se utiliza para trabajar. La mayoría tiene el pelo y los ojos negros, y muchos sufren alguna deformidad (una joroba, un pie zopo o una mano torcida y seca). Aquellos que no tienen ninguna deformidad física suelen sufrir ocasionales accesos de locura, o tener un corazón extremadamente oscuro o una naturaleza cruel.
Los svartalfar también prefieren las cotas de malla, las lanzas y las espadas. La sustancia que cubre sus flechas no causa sueño, sino que provoca la enfermedad (y a veces la muerte). Es más, se rumorea que los elfos oscuros pueden exhalar un veneno letal sobre los mortales que les ofenden. Nadie sabe qué es lo que piden a cambio de un antídoto contra ese veneno.

Se sienten muy orgullosos de los objetos que forjan, creando verdaderas obras de arte. Ya sean joyas, armas, armaduras o útiles objetos domésticos, muchos están dotados de Glamour feérico, lo que les da un gran poder mágico. Uno de sus mayores placeres es crear anillos mágicos que causan problemas o desgracias al portador (un humano o un Cainita). Un anillo puede proyectar Glamour sobre un mortal, haciéndole actuar de forma contraria a su naturaleza, u otorgarte poder. Algunos anillos que dan poder pueden alejarse por sí mismos de una persona una vez ésta se ha vuelto dependiente del poder, desvaneciéndose para reaparecer en otro lugar y tentar a otro. Otros se cobran un precio por su uso, como hacer que el corazón de su propietario se vuelva frío, convertirlo gradualmente en una fea bruja o destruir algo que aprecia (dinero, otras joyas, paz mental o el amor de su prometido).

De acuerdo con ciertas historias, los svartalfar crearon los grilletes que aprisionan a Fenris, el lobo maligno, encadenado ahora hasta el fin del mundo. Ligera como una cinta, la cadena está hecha con seis cosas imposibles, entre ellas el sonido de las pisadas de un gato y el aliento de un pez.

Es difícil decir si los alfar son buenos o malos, pues pueden ser ambas cosas. Por lo general, se considera a los elfos de la luz más solícitos y tolerantes con los mortales (y presumiblemente los Cainitas). Los svartalfar son vistos como seres malignos, retorcidos y menos proclives a ayudar a los mortales. Se cree que tendrían más en común con los Cainitas. A pesar de estas reputaciones, es posible encontrar a un lios alfar enfurecido, cuya ira haga temblar a muchos vampiros, o a un elfo oscuro amable y generoso… especialmente con cualquiera al que haya tomado bajo su protección.

Hadas Domesticas
Estas hadas tienen muchos nombres, dependiendo del idioma de la región. Conocidas en gran parte de Europa como bwbchas, booakers o cottagers, se llaman domoviyr en Rusia y duendes en la Península Ibérica. Primas del brownie o boggan, hacen muchas tareas en la casa que escogen como hogar. La mayoría de las hadas domésticas se mantienen invisibles cuando hay alguien presente. Se dice de las que han sido vistas que son muy distintas de los boggans: en lugar de ser bajas y algo rechonchas, las hadas domésticas tienden a ser más pequeñas que los humanos, con cuerpos esbeltos y largos dedos y tobillos. El color de su cabello y ojos varía, y todas tienen preferencia por las ropas sobrias y prácticas.

Algunas llevan a cabo tareas domésticas, desde ordenar a las vacas hasta cepillar el suelo. Mientras no sean vistas trabajando y se les deje algún pequeño regalo como muestra de agradecimiento (un plato con leche, un poco de miel), estas hadas hacen la vida mucho más fácil a sus anfitriones.

Otras hadas domésticas desdeñan este tipo de quehaceres, pero custodian el hogar frente a los ajenos al mismo… sean amigos o enemigos de la familia. Pueden ponerse difíciles cuando por celos impiden que un amigo entre en una casa: quien lo intenta es atacado por calderos, herramientas y utensilios voladores, y cualquier otra cosa que las hadas puedan arrojarle hasta que se retira. No obstante, a menos que el visitante pretenda perjudicar a los habitantes de la casa, las hadas domésticas no causan verdadero daño a los intrusos… por lo general.

Unas pocas hadas domésticas, especialmente los domoviyr, ayudan a sus anfitriones robando lo que éstos necesitan a los vecinos y viajeros. Así, la familia puede encontrarse al despertar con huevos recogidos en la granja de al lado, un pastel descuidado de¡ alféizar de la ventana de un vecino, o un caballo de monta (con riendas) sustraído a un viajero mientras dormía en la posada. Las hadas no se toman bien las sugerencias de que devuelvan lo robado.

Algunas son criaturas celosas y resentidas que entran en los hogares intentando destruir a todos sus ocupantes. Sus naturalezas serviciales y protectoras se convierten de alguna forma en locura. Son conocidas por arrojar los muebles por los aires. Estas hadas son muy peligrosas (incluso para los Cainitas), y se ha sabido de algunas que han llegado a herir seriamente, algunos dicen que a matar, a vampiros que buscaban cobijo de la luz del día en casas aparentemente abandonadas.

Lo más frecuente será que los Cainitas se encuentren con hadas domésticas desempeñando el papel de guardianes. Aunque no suelen ser consideradas las más poderosas, estas hadas dominan varios trucos (la invisibilidad entre ellos) que les permiten derrotar a un vampiro. La tradición de la Estirpe habla de un desdichado Cainita que intentó alimentarse de una persona que vivía con un hada. Las potentes ilusiones de ésta hicieron que el vampiro se metiese en el fuego, donde se dice que permanecen sus cenizas en el día de hoy.

El Erlkonig
Esta hada, a veces llamada ly erg, se encuentra allí donde se conoce a los alfar. El Erlkonig (“rey elfo”) es un elfo alto y majestuoso que lleva una corona de oro. Suele vestirse con ropas adecuadas a la estación: verde pálido en primavera, verde oscuro en verano, naranja u oro en otoño y blanco en invierno. Hay quien dice que encabeza la Caza Salvaje, montando un corcel feérico a través de los aires, con sabuesos feéricos ladrando, sonidos de cuernos de caza y cortesanos gritando en su persecución nocturna de una desdichada víctima. Si la presa consigue eludir a los perseguidores hasta el amanecer, queda libre.

Normalmente, el Erlkönig actúa en solitario como heraldo de la muerte. Cuando se aparece ante alguien que está a punto de morir, su semblante describe el tipo de muerte que sufrirá la persona: si está contraído en una mueca, la muerte será dolorosa, mientras que una expresión tranquila predice una muerte pacífica. Aunque hay quien afirma que una vez visto el Erlkonig la muerte es inevitable, otros dicen que el rey elfo ofrece siempre una razonable oportunidad de escape. A veces, el condenado debe contestar una adivinanza o resolver un enigma. Otras veces, debe derrotarle en algún tipo de desafío (combate, narración, poesía improvisada) para sobrevivir. Para algunos, esta criatura de rostro triste aparece corno un soldado: mientras se acerca, alza una mano ensangrentada indicando que desea librar un duelo. Quien acepta el desafío pierde invariablemente, y morirá antes de quince días.

Muchos dicen que es el rey elfo es el rey de los lios alfar, un ser de buen corazón cuya tarea es recoger las almas de los que mueren. Otros afirman que, se trata de un svartalfar que roba las almas de aquellos a los que condena, usándolas para aumentar su propio poder. Se ignora si algún Cainita ha visto al Erlkönig antes de su Muerte Definitiva.

Gianes
El nombre de gíanes es italiano, pero también se conoce a estas sabias y peligrosas hadas como skogrsa, hilanderas y tejedoras feéricas en lugares de toda Europa, Rusia y Escandinavia. Suelen aparecer como inalcanzables mujeres jóvenes de gran belleza, ancianas abuelas, o lechuzas. En raras ocasiones, adoptan forma de hombre. Las que se visten prefieren hacerlo con ropajes largos y capuchas.

Dotadas de poderosa magia profética y del tiempo, las hadas tejedoras son capaces de grandes alardes de adivinación: contemplando el giro de sus ruecas, pueden predecir el futuro de quien les haya proporcionado materia para hilar. Algunas gianes usan otros métodos de adivinación, como interpretar las ondas formadas por una piedra arrojada al agua, o el vuelo de las hojas llevadas por el viento. Sea cual sea el método, siempre implica algún tipo de movimiento.

Sus predicciones son siempre acertadas, aunque algunos aspectos de las mismas puedan cambiar a causa de las medidas tomadas para impedirlas. Estas hadas nunca endulzan sus profecías; sólo quienes busquen la verdad sin adornos deben preguntarles por el futuro. Es más, sus dones de oráculo tienen un alto precio: a cambio de su conocimiento, siempre piden algo extraño que parece bastante fácil de conseguir, pero en realidad esconde un peligro mortal. Las gianes lo ven como un juego, y no pretenden que nadie sufra daño.

Se sabe que han hecho predicciones para Cainitas que lo pidieron con la suficiente amabilidad, o a los que pueden pedir cosas más allá de las posibilidades de los mortales. A la inversa, al menos un Cainita se ha visto convertido en el blanco de un persistente cazador al que las gianes encargaron robar sangre de vampiro a cambio de una profecía.

La Hechicera
También conocida como la Hechicera Azul, para otros Annis la Negra o la Dama de la Muerte, se considera que es una criatura única. El término denota a una mujer sabia o sagrada que conoce palabras de poder y puede predecir el futuro. Descrita con frecuencia como originaria de Escocia, es posible encontrarla en lugares tan remotos como Egipto o Tierra Santa.

Una anciana con ropas harapientas de color azul o negro, la Hechicera camina de noche con un báculo de acebo y un cuervo carroñero posado en el hombro. Parece conocer el destino de cualquiera con el que se encuentra, y suele ser representada con un velo que le cubre la cara, como símbolo de que a ningún hombre le está permitido saber cómo será su muerte. En Bretaña y Francia se la conoce como la Korrigan, que aparece como una mujer deseable y encantadora por la noche y como una repulsiva bruja durante el día. Algunos dicen que si un pretendiente se preocupa sinceramente por ella y no la rechaza durante el día, se vuelve hermosa todo el tiempo. Muchos creen que no es exactamente un hada, sino un avatar de la triple diosa en su aspecto de anciana.

La leyenda habla de su mal temperamento y su genio vivo: aquel a quien toca con su báculo muere. Los Cainitas pueden caer en letargo (aunque el sol les matará si no están a cubierto durante el día). Quienes tratan a la Hechicera con respeto pueden escapar de su destino y quizá hasta encontrar fortuna. Se sabe que ha dado a quienes la han complacido crípticas pistas que conducían a tesoros enterrados o perdidos, o consejos que les han ahorrado muchas penalidades. Su conocimiento y su sabiduría son legendarios, y quiénes buscan a la hechicera para aprender de ella rara vez son rechazados; no obstante, esto tiene un precio. Dependiendo del humor que tenga en ese momento, los regalos que se le hayan ofrecido, el respeto mostrado y la razón por la que se buscan sus conocimientos, puede pedir algo tan fácil de encontrar corno un peine de madera, o tan dificil como una pequeña flor rosa que crece sólo en las más altas cumbres de los Cárpatos.

La Hechicera es más poderosa durante los meses de invierno, después de Samhain, y entierra su báculo durante los meses de verano, recuperándolo cada año en la víspera de Samhain, Se supone que si alguien lo encuentra, tendrá poder sobre todos los humanos. Aunque la Hechicera conoce muchas tinturas y hierbas curativas que pueden ser efectivas incluso para los vampiros, se dice que su sangre es un veneno mortal para los Cainitas.

Hadas Pastoriles
Estas hadas están presentes en todas las culturas que mantienen rebaños. Aunque la mayoría se dedican a las cabras o las ovejas, algunas se especializan en otros animales domésticos, como vacas, caballos o cerdos. Conocidas como las gruagach en las Islas Británicas, vasily en Rusia, Yann-An-Od en Bretaña y por otros nombres en toda Europa, estas hadas suelen poner pruebas a los mortales para ver si son dignos de tener animales a su cuidado. Aunque se rumorea que pueden cambiar de forma como los pooka, raramente (si es que lo hacen alguna vez) asumen la de un animal. A veces adoptan el aspecto de grotescos ancianos, pero con más frecuencia aparecen como pastores corrientes, porquerizos, cuidadosas de gansos o palafreneros. Estas hadas pueden ser benéficas o perjudiciales, según el comportamiento de los mortales con los que se relacionan. Algunas aparecen a la puerta de un desconocido y le piden que les permita entrar en la casa. Si se les da la bienvenida, recompensan al amable anfitrion protegiendo sus rebaños. Si se les niega la entrada pueden provocar incendios o robar animales como venganza.

Cambiantes
Aunque todas las hadas son peligrosas si se les molesta, algunas no parecen tener un lado bueno. La mayoría de estas dañinas hadas odian a todas las demás criaturas y procuran hacerles daño en cuanto surge la oportunidad. Aunque muchas de sus víctimas son humanas, se sabe de algunas que se han enfrentado a Cainitas molestos o inoportunos. Estas hadas son conocidas como cambiantes por su capacidad de asumir otras formas, y también por sus extrañas naturalezas.
Una vez, estas hadas fueron simples embaucadoras, pero enfurecidas por el trato de los mortales a su especie, muchas se han convertido en asesinas. Conocidos como ieles en Rumania y Europa Oriental, lutin en Francia y painajainen en Italia, Alemania y Austria, y a veces relacionados con los kelpíes de Escandinavia y las Islas Británicas, los cambiantes asumen distintas formas para acechar a los incautos.

Algunos pueden parecer humanos normales, y cantar o bailar para seducir a sus víctimas. Estas formas tienen siempre uno u otro defecto: el hada puede parecer una hermosa joven, pero ocultar una cola de gato bajo su voluminosa falda, o alas de murciélago bajo una capa. Algunas también pueden asumir formas que parecen mejores de lo que es posible, convirtiéndose (por ejemplo) en un apuesto joven que es un espécimen físicamente perfecto. En ambos casos, las hadas usan su Glamour para ocultar su aspecto real (que suele ser feo y deforme) a los humanos. Los cambiantes que adoptan estas formas seducen a sus víctimas, visitándolas noche tras noche: se alimentan de la sangre y la energía creativa de sus amantes, debilitándoles hasta la muerte. Corre un rumor acerca de un Cainita que cayó bajo el hechizo de un cambiante y quedó reducido a una cáscara vacía por el pseudovampiro, como si hubiese sido diablerizado. También se dice que el hada adquirió los poderes del Cainita.

Otros cambiantes prefieren formas más impactantes, apareciendo como grandes gatos erguidos, caballos marinos, ponis de montaña o sabuesos extraordinariamente grandes. Muchos de ellos, como los gatos y los sabuesos, hablan a sus víctimas, persuadiendo a los indefensos ingenuos para que les sigan. Las malevolas hadas prometen mostrarles dónde hay un tesoro escondido o juran que el rey de las hadas les deberá un favor por ayudar en algún trabajo. Una vez en privado y lejos de testigos molestos, los cambiantes atacan y devoran a los pobres crédulos.

Los Cambiantes que se transforman en ponis y caballos marinos no hablan, tentando a sus víctimas para que monten sobre ellos: el viaje se convierte en una pesadilla infernal. Los caballos marinos sujetan al jinete y le arrastran al fondo del mar, ahogándole y devorando su carne.

Los cambiantes ponis también pueden llamarse pesadillas, pues salen al galope con su jinete, sujetándole mediante la magia para que no se deja caer, y recorriendo los terrenos más abruptos, escarpados y terroríficos que puedan encontrar: los cambiantes se deleitan y alimentan con el terror del jinete. Al final del viaje, hacen caer al mortal, ríen y se marchan. No obstante, dejan marcada a su víctima: esa noche y todas las noches siguientes, le enviarán salvajes pesadillas, disfrutando de su terror. Si los sueños no terminan, el desdichado puede acabar muriendo de cansancio y miedo. El último tipo de cambiante asume la forma de algún objeto inanimado y provoca problemas. Se sabe de cambiantes que se han hecho pasar por útiles de granjero, carretas, barriles e incluso ropa. Las herramientas se mueven solas, apareciendo entre las posesiones de un vecino y provocando discusiones sobre su propiedad, o acusaciones de robo. Las carretas se alejan rodando de improviso o se rompen al poner cargas en su interior. Los barriles pierden líquido, y las prendas de ropa se retuercen sobre quien las lleva, haciendo que tropiece, apretándose fuertemente o incluso atando a la víctima a un árbol. Uno de los trucos predilectos de estos cambiantes es adoptar la forma de pepitas de oro u otros objetos de valor, incitando la codicia de su poseedor, para luego esconderse en la bolsa de otra persona o desaparecer cuando la víctima intenta pagar algo con su recién descubierta riqueza. Estos cambiantes parecen ganar el sustento necesario de la irritación y la furia que engendran. Aunque no son tan peligrosos como los que devoran a sus víctimas, siguen pudiendo causar un daño considerable.