Refugios Lasombra y el camino del imperio

Existe una antigua práctica en nuestro clan que generalmente no os es posible realizar a los recién llegados. Desde que los imperios humanos comenzaron a expandirse, algunos de nosotros les seguimos, avanzando tras las líneas fronterizas, estableciendo refugios en tierras conquistadas y dejando que las fuerzas imperiales mantuvieran alejado cualquier peligro mientras hacíamos que se hicieran cargo de nuestras necesidades más diversas.

Los Lasombra acompañaron a los hititas, los sumerios y los partos, así que no debería sorprenderos que también viajáramos junto a los romanos. Los antiguos describen estos siglos como buenos para nuestro linaje, ya que los disidentes podían partir a realizar experimentos sin perder el contacto con el cuerpo principal del clan. Hasta hace alrededor de trescientos años no hemos vuelto a tener tal tráfico de información y recursos como entonces.

A la vez, no sé cómo vosotros y vuestros compañeros podríais disfrutar de una sensación parecida sin llegar, por ejemplo, a un viaje barato al espacio o un colapso masivo de las actuales instituciones sociales. Algunos de vuestros compañeros de clan intentaron montar una guerra nuclear o una plaga global por ese motivo, pero ninguno de sus esfuerzos funcionaron y el Tribunal de la Sangre autorizó la destrucción de todos los implicados. No deberíais comprar vuestro refugio al precio del de todos los demás…

Roma

Como decía, la campaña de Pompeyo cambió el foco de atención del clan. Sencillamente, ya no era posible continuar con la piratería como forma primaria de depredación.

Algunos de vosotros creéis que el imperio romano era una especie de cosa estática y amenazante. No lo era. Por una razón, en el 68 a. De C. no era un imperio. Era una especie de república encantadoramente corrupta y convulsa, dominada por una aristocracia que tenía una especie de obsesión por estropear todo lo que fuera bien. Un siglo antes de la cruzada de Pompeyo, la República controlaba el territorio desde el este de España casi hasta el límite oeste de Grecia. Cartago seguía existiendo, aunque la mayoría de su imperio ya no. Cuando Pompeyo entró en acción, la República había extendido sus fronteras hacia el sur hasta ocupar antiguos territorios cartagineses, incluidas las desoladas ruinas de Cartago, toda Grecia, Egipto y la mayor parte de Asia Menor.

Por muy divertido que resulte defender lo contrario, los Cainitas tuvieron muy poco que ver en esto. Ciertamente, los más avezados de entre nosotros tuvieron su papel construyendo redes de contactos, manteniendo a protegidos mortales y cosas por el estilo. Tenemos noticias ocasionales del general obsesionado con el terror a la oscuridad o a misteriosos asesinatos nocturnos, y podéis sonreír al oírlo, pero de todas formas un imperio no se construye sobre estas bases. Toda la influencia vampírica en el camino de la historia de la humanidad equivale a pequeños golpes correctores y rizos de acontecimientos. La absoluta futilidad del gobierno de los vampiros debería ser una lección para vosotros sobre lo que no estáis destinados a hacer por la naturaleza, o por lo innatural.

El éxito de Pompeyo llevó a la caída de la República. Los detalles son complejos. Baste decir que un Senado celoso intentó arrancarle su poder y denegó sus peticiones en nombre de sus propias tropas, y que cuando se calmaron las cosas veinte o treinta años después, la República había caído. Julius Caesar gobernaba abiertamente como Emperador (N. del T.: El traductor desearía poder mostrarle personalmente sus condolencias al autor americano de este suplemento por carecer de la más mínima cultura general, o al menos aparentarlo perfectamente), y a su muerte el imperio había crecido casi hasta su extensión máxima.

Existen al menos dos versiones codificadas de la Senda de la Noche que datan del comienzo de la era cristiana. La cristiandad se extendió rápidamente debido a la seguridad y facilidad sin precedentes con la que viajaban los ciudadanos romanos. Ya sabéis que la fe cristiana ha resultado muy interesante para muchos de nosotros. El Tribunal de la Sangre se trasladó desde sus orígenes babilónicos para reflejar las nuevas formas de pensar sobre eficiencia y justicia de mortales y Cainitas, con resultados que siguen siendo aplicables en estos tiempos.