Relato Sardum – David contra Goliath

Otro de los mejores relatos del concurso del mes de Marzo del 2005. Espero que lo disfruten tanto como nosotros.

Aún recuerdo la Primera vez… que alguien no me tomó en serio.

Despierto, pero es de noche. Como los últimos años, como parece que será siempre.

La cama está fría, aunque en la habitación se está agradablemente caliente. Alargo mi brazo, y toco algo gélido, sobresaltándome.

La luz de la mesilla ilumina un cuerpo de mujer, acostada de lado, de tal manera que me da la espalda. Parece muerta.

Le volteo el cuerpo, y me sorprendo al ver un rostro bello, joven, desnudo y lleno de vida… hasta ahora.

Lo peor es que no recuerdo qué hago aquí, ni quien es la chica, ni mucho menos cómo ha podido suceder algo tan horrible.

Intento incorporarme, pero un dolor agudo en el pecho me revela que he estado estacado hasta hace poco, pero… ¿Para qué?. Utilizo mi Vitae para curar la herida, lo que hace que una pequeña astilla, salga a la superficie.

Estoy desnudo, al igual que la chica; me levanto a colocarme algo de ropa. Me fijo en la habitación: parece un apartamento lujoso, y al mirar por los amplios ventanales, me doy cuenta que estoy en Madrid. He debido salir de caza.

Sé que soy un vampiro del clan Ventrue. Que mi sire se llama Wax y es dos veces más grande que yo. Recuerdo todos los secretos que me ha contado sobre esta ciudad podrida, pero no como he llegado aquí. No lo entiendo y no me gusta.

Por fin, encuentro mi ropa sobre una silla, bien doblada y planchada. Al menos se que lo que pasó anoche no tuvo que ver con la lujuria, porque sobre la silla está la ropa que llevaba antes, perfectamente doblada. Vale la estancia de una semana en el Hotel Carlton. En la mesilla está mi reloj, que vale aún más que la ropa.
Cuando me visto, me siento mejor, más protegido. Me acerco a la desconocida, la arropo paternalmente, y le doy un beso en la frente. Un absurdo gesto inconsciente de consuelo.

Abro la puerta con una llave de tarjeta, y accedo al pasillo, que parece desierto, excepto por una Beretta 92F tirada en el suelo. Agarro la pistola, y compruebo el cargador: está lleno. Con el arma amartillada, me muevo como una pantera cautelosa. No me fío de lo que pasa.

Cuando paso frente a la puerta del apartamento de al lado, me fijo que está abierta. Al entrar encuentro en el vestidor un cargador vacío, rodeado de muchos casquillos de bala. El cargador es fácilmente reconocible: El de una Beretta 92F.

Suelto la pistola sin pensar que algo malo, muy malo, está pasando. En el interior de la habitación hay un par de cadáveres acribillados a balazos en la cama. Son el Alcalde y una mujer que claramente no es su esposa. Me llevo las manos a la cabeza en un gesto de desesperación. No recuerdo nada. Será mejor salir de aquí.

Salgo de la habitación corriendo, y lo primero en lo que me fijo es en una cámara de vigilancia colocada sobre la puerta del ascensor que lo ha debido grabar todo. Estoy Jodido.

La puerta del ascensor se abre, y aparecen media docena de GEOS* apuntándome con subfusiles, gritándome que me eche al suelo.

Parece que alguien me la ha jugado, pero bien. Uno de los GEOS grita “¡Arma!”.

– ¡¡¡¡No, no!!!!. No voy armado ya…. ¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOO!!!!!!…

Docenas, quizás cientos de impactos de bala, atraviesan mi carne ya muerta. El daño, por separado, no es mucho; pero todo junto resulta demasiado para soportarlo: entro en Letargo, irremediablemente.

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Al otro lado de la Cámara de seguridad, alguien ríe.

Yndian, el Nosferatu, está satisfecho, pues su plan ha salido redondo. Pocos son los de su Clan que, como él, pueden burlar a las cámaras con sus poderes, y elegir el “reflejo” que saldrá grabado en éstas.
Él es uno de ellos.

Marca, despacio, un número de teléfono en su móvil: el del Príncipe de Móstoles, una Ciudad vecina que lucha por arrebatar Madrid para la Camarilla.

– ¿Si? – dice la voz masculina, al otro lado – ¿Eres Tú, Yndian?
– Claro, Wax – dice – ¿Te llega clara la imagen?

Hay un elocuente silencio de un momento, al otro lado de la Línea. Le está enviando a través de Internet las imágenes desde la Cámara de Seguridad. Un GEO se aproxima al cadáver del presunto asesino del Alcalde, y le pega una leve patada, para comprobar su muerte.

– Sí, cabrón
– Bien – contesta Yndian, sonriendo aún más – Te dije que no debías expulsar de la ciudad a mi chiquillo, ni extorsionar a mis “bolsas de zumo”, ni abusar de los impuestos Municipales; pero no me tomaste en serio. Mal hecho. He decidido quitarte tu caramelo más preciado: Tu Alcalde. Sin contar con que tu Ventrue favorito, Hernán, tu chiquillo, está ahora a merced de las autoridades que controla el Jefe de Policía Rosell, curiosamente, peón de los Nosferatu antitribu.

Yndian está henchido de satisfacción: un Giovanni local, Giulio, se encargaría de enterrar inmediatamente su cuerpo en una tumba sin nombre, en la Almudena, ya que en el pasado, Yndian le había conseguido un contrato con una Funeraria importante, que más tarde pasó a ser un negocio lucrativo. Hoy tendría a dos ilustres clientes: el Alcalde, y su puta favorita; sin contar con los Favores que debería de gastar el Príncipe para borrar la humillación ante los Efores.

El Plan había sido perfecto:
Cuando se metió en el edificio, ofuscado con el aspecto de Hernán, mantenía oculto su cuerpo estacado en maletero del coche, en el garaje. Más tarde no le resultó demasiado difícil hacerse pasar por uno de los guardias de seguridad, para manipular las cámaras en un bucle, de tal manera que enfocasen un garaje tranquilo. Unos momentos más tarde sacó del maletero el cuerpo estacado de Hernán, y lo subió a un cuarto de la limpieza, libre de cámaras, en el mismo piso. Sabía que allí ejercía otra puta de lujo, en el apartamento de al lado, pero con la abultada cartera del Ventrue, no hubo problema. Una vez dentro, envenenó la bebida de la prostituta, y la metió en la cama.
Tras morir ella, Yndian volvió a ofuscarse como un guardia de seguridad, y manipuló las cámaras del mismo piso, estropeándolas durante el tiempo que, calculó, necesitaría para intercambiar de sitio a Hernán. Y así lo hizo.

Una vez en el apartamento, con la prostituta ya muerta, y Hernán estacado con ella, salió desnudo al pasillo, comprobando por la luz roja intermitente, que los agentes de seguridad habían reparado eficazmente la cámara. Lo único que llevaba encima era una Beretta 92 F, que se encargó de vaciar sobre el Alcalde y su Zorra, y un cargador lleno que colocó después en la pistola.

Luego, tranquilamente, tras cerrar la puerta de su matadero particular, depositó ésta en el suelo, y se metió en el apartamento contiguo a desestacar a Hernán. Lanzó la madera por la ventana, y aprovechó un cartel de publicidad para pasar por el exterior hacia el pasillo adyacente, al cuarto de limpieza. Allí se ofuscó como una asistenta, y fue al apartamento del Alcalde, de nuevo. Todo lo demás, fue fingir miedo, y bajar corriendo y chillando a Recepción. El resto, era fácil de imaginar. La Policía llegó pronto, y Los GEOS, también.

Desde su refugio, seguro bajo las Cloacas, Yndian cierra el portátil cuando comprueba que todo ha cuadrado como quería. El Príncipe Camarilla ha perdido un aliado importante en la Ciudad Sabbat por excelencia en Europa, y él ha ganado un puesto más importante en la Manada que dudaba de sus capacidades.

Nadie se mete con los Nosferatu antitribu, nadie…

*GEOS: Unidad de élite de la Policía Nacional Española, similar a los famosos Swat Norteamericanos.