Relatos Lunus Obsurus – Recuerdos de un desconocido

Una ves mas, hemos disfrutado de nuestro afamado concurso de relatos, ambientado en la cosmología de Mundo de Tinieblas.

Comportimos con ustedes, el relato ganador, una ves más a manos de Lunus Obsurus.


Yo he amado a una sola mujer en toda mi vida. Y tengo que confesar que esa mujer no ha sido mi esposa. Creo intuir que piensas que soy el peor de los canallas, pero dejemos los juicios para dios porque nosotros, los imperfectos, llevamos tanto a cuestas que es un pecado enjuiciarnos los unos a los otros.

Marie, era su nombre. La conocí en el verano del 95, durante mi luna de miel… fue amor a primera vista. Quizá no compartas la creencia de esa clase de amores, pero estoy aquí para atestiguar que tal cosa existe y es de las mas raras y sublimes. Tesoros sin mapas ni navíos tratando de encontrarlos.

Y ella era radiante, simplemente radiante. Esos ojos color miel se asemejaban a dos hermosos soles, dos cristales brillantes y puros. Si es cierto eso que los ojos son el espejo del alma. Su alma tiene que haber sido la mas hermosa y perfecta de todas. Tenia las piernas largas y moldeadas, las caderas mas perfectas y sobre ella una cintura delicada y pequeña…de esas imposibles de encontrar hoy en día. Su busto generoso y redondeado, era el causante del afloramiento de la malicia que nosotros los hombres llevamos dentro.

Fue amor a primera vista, lo recuerdo vívidamente. Me encontraba como dije, en mi luna de miel, en un lujoso hotel europeo. Había llegado la noche anterior desde Madrid, por la mañana era aun soltero al acaecer la noche estaba atado a los lazos matrimoniales. Marcado por el estigma de posesión visible a cualquier ojo por las pesadas cadenas que se reducen en un simple anillo.

Su cabello rubio estaba enroscado en un precioso moño de novia, el vestido blanco, sus ojos azules, su piel blanquisima…era realmente un ángel…de esos caídos, los que se convierten en diablos. Ah…pero se llevaba todas las miradas, todas…

Cualquier hombre hubiese sacrificado mucho por llevarla en sus brazos…cualquier hombre menos yo, que la conocía perfectamente.

Ella me sonreía cínicamente, aunque quizá sea yo el equivocado y ella en realidad disfrutara y era feliz de haberme atado a ella…como dicen, hasta el fin de mis días. No había pie a divorcio y no lo hay aún.

Ah Juliet, una mujer…de la aristocracia acostumbrada a la pomposidad y al glamour de la sociedad. Era el esposo de una mujer bella, adinerada e inteligente…pero fría como el invierno ruso que sorprendió a las tropas alemanas en las puertas de Moscú y Leningrado. Una mujer, hitleriana, insaciable de poder y ambición.

Y sin embargo, dije acepto, y la conduje hacia la habitación, y la alzé en el umbral de la puerta, y la cargué a través de ella y la deposité suavemente en la cama, y la bese y la ame.
Esa misma noche ella partió en compañía de mi abogado hacia vancouver a arreglar sus cuentas bancarias y las mías.

Bebí incontrolablemente, bebí por mi debilidad, bebí hasta ahogarme… y entonces cuando ya no podía ser más miserable, cuando no podía ser más risible mi estado… antes de cerrar los párpados por última vez aquella noche, la vi.
Llevaba un vestido de noche rojo, su cabello negro y su piel bronceada pintaron un magnífico óleo en mi cerebro imposible de borrar por manos humanas, imposible de ser tomado por ladronzuenlos ávidos de dinero, solo capaz de ser tomado por la muerte en mi último respiro.

Las circunstancias y los demás encuentros son demasiado amplios y hermosos…no puedo, no hallo las palabras adecuadas para describir mi ansiedad, mi pasión, mi… amor.

Ah! pero una noche Julie apareció nuevamente, malvada, preciosa y con ella regresó mi carga pesada, mi indiferencia, mi desanimo, mi dolor. Y había dispuesto marcharnos en ese preciso instante hacia suiza…donde era requerida nuestra presencia.

Pero…Marie….mi hermosa Marie… no la volvería a ver… no podía irme sin despedirme de ella. Y de pronto, sentí mi mano ser tocada por otra, sentí una mano fría y suave que me halaba mientras en cada paso me alejaba de mi preciosa diosa, de mi amor ilimitado, del objeto de mis pasiones de mi… de mi mujer!!!.

Y fue cuando me di cuenta, que no era una mujer a la que besaba apasionadamente, que no era solo la mujer que alguna vez me la encontré en un pasillo oscuro, a la que había estrechado en mis brazos… no! … ella era…ella era todo lo que Julie no era, ella era una mujer dulce, comprensiva, desinteresada, maternal, amorosa, sensible, bella! bella!

Y me solté con brusquedad alejándome de las manos de mi captora y la oí gritarme amenazadoramente…pero eché a correr tan rápido como pude; y los gritos desaparecieron en el crecer de mi lejanía, y viré hacia la izquierda, y continué de frente y tomé el elevador, y toque en la puerta de la habitación que albergaba a la mujer que amé, a la única mujer que le he susurrado en el oído un: te amo.

Ella abrió la puerta, sus hermosos ojos se clavaron en los míos, pero no la dejé decirme nada le cerré los labios con un beso antes. Y mis manos rodearon su cintura pequeña, se asentaron en las firmes caderas, se deslizaron por la suave espalda y cayeron hasta sus divinos glúteos, los cuales aferré hacia mi. La aprisioné hacia mi cuerpo, cerré la puerta con un empujón de mi pie sin dejar de besarla. Y mis manos la tomaron de sus hombros y me separaron de ella tan solo por un instante, en el que mis labios le susurraron en el oído un: te amo. Y la besé en el cuello, disfruté de sus hombros… de los senos que alguna vez se llevaron la poca cordura que me quedaba, los que despertaron el manso y salvaje animal en mi; mientras la reposaba suavemente en la cama, mientras hundía mi tosco cuerpo en el suyo. Y la amé, la amé… la amé como nunca amaré a nadie mas en este mundo.

Le di un beso mientras aún dormía, le dejé una carta larga y tediosa, una rosa, el título de una propiedad de la cual Julie jamás se enteraría. Y me marché… y me dolió alejarme, me lastimó no tenerla cerca… me hirió profundamente no poder acercarme a ella nunca más.
Y viví resignado… pero nunca, nunca desde aquella noche… he tocado a otra mujer.

Y esta es la desgracia con la cual tengo que vivir hasta el día en muera sepultado al lado de una mujer cruda y cerca de una mujer bella, cerca de la única mujer que he amado, en la única en quien pensaré hasta el fin de mis días.

-Una risa macabra rompió el silencio.

El vástago que se encontraba sentado frente a la ventana se volvió a ver los balbuceos de su pronto chiquillo, estaba mitad vivo, mitad muerto… sufría los dolores del cambio quizá ¿recordaba de su pasado acaso?

– No me parecen importantes, las idioteces de las que hablas… no vas a morir realmente! y no vas a tener una tumba! y verás a esas mujeres morir y lloraras su muerte y sufriras los horrores de enterrarlas …pero eso a mi no me importa! apúrate ya!!! pronto llegará tu hambre, el unico amor que tendras a partir de ahora… !!

Y de un golpetazo abrio la puerta y abandonó la habitación.