Solificati

Los Hijos del Conocimiento constituyen los remanentes de una antigua escuela de magia práctica: la transformación de los materiales básicos en sustancias más puras mediante el proceso de la alquimia. Trazando sus orígenes tan lejos como el Antiguo Egipto, estos magos aseguran descender del dios Thoth, el dios de las matemáticas y de la ciencia, así como de los discípulos de Hermes Trismegistus, el fundador de la magia helenística.

Conocidos originalmente como los Solificati, o los Coronados, los Hijos del Conocimiento indagaron profundamente en los métodos organizados y ordenados de la magia transformativa. Especializándose en la relación entre la materia (representada por los cuatro elementos) y el espíritu (representado por el principio unificado del universo), los Solificati llevaron el estudio de la alquimia a sus cotas más altas durante la Edad Media. Con mayores perspectivas debido al conocimiento de la astrología y la medicina, los Alquimistas desvelaron secretos mágicos en su búsqueda de la unión perfecta entre materia y espíritu, simbolizada por la Piedra Filosofal.

Los Solificati alcanzaron la cumbre como grupo organizado de magos alquimistas a lo largo del siglo XIII. Aunque trabajaban codo con codo con otros magos de la Orden de Hermes, estos magos renunciaron a la rígida organización de los conventos, prefiriendo trabajar en laboratorios aislados con tan sólo uno o dos aprendices como compañeros y ayudantes. En 1315, Le Duc Louis Tristán de Varre unió a muchos hermanos alquimistas en una única comunidad de Solificati. La Convención de la Torre Blanca, en 1325, dio lugar a la Orden de la Razón que incluyó entre sus filas a los Solificati. Finalmente, los Solificati se percataron del error que habían cometido al haberse dejado arrastrar por el simplista modo de entender el universo de la Orden y la dejaron en 1335.

A medida que más y más Solificati se enfrentaban con los magos dogmáticos de la Torre Blanca, los Alquimistas se dieron cuenta de que su única salvación residía en la fuerza del número. Como medida de precaución, los Solificati decidieron unirse como una Tradición más bajo los auspicios de la Gran Asamblea de 1457, convirtiéndose en los guardianes de la Esfera de Materia.

SALIR DE LA SARTÉN PARA CAER AL FUEGO:

La traición de la Primera Cábala por uno de sus miembros Solificati, el Avatar-gemelo de Heylel Teomin, llenó de desgracia a la Tradición. El arresto de Heylel, su juicio y condena al máximo castigo de Gilgul hizo que la comunidad entera de los Solificati se deprimiera. No podían ni querían arrastrar el estigma de la traición con ellos, y por tanto, rompieron con las Tradiciones en 1470. Separados entre ellos mismos en facciones que bien condenaban o apoyaban las acciones de Heylel, los Solificati prácticamente desaparecieron como Tradición durante muchos siglos. Algunos Alquimistas buscaron refugio en la Orden de Hermes o se integraron en la Orden de la Razón, donde sus excéntricos modos de entender la ciencia ayudaron con el tiempo al auge de los Ingenieros Electrodinámicos y Diferenciales, precursores de los Hijos del Éter y los Adeptos Virtuales. Unos pocos Solificati desaparecieron en el anonimato, buscando la soledad, como hicieran los Alquimistas de tiempos pretéritos.

Un grupo de doce Solificati se negó a desaparecer, y eligió cambiar su nombre por el de Hijos del Conocimiento y permanecer unidos como un grupo coherente. Aliados pero no unificados, con la Orden de Hermes, los Hijos del Conocimiento comerciaron con muchos de sus secretos para protegerse, particularmente durante el auge del poder de la Inquisición.

Durante el Renacimiento y algún tiempo después, los Hijos del Conocimiento disfrutaron de un breve respiro toda vez que la alquimia y la astrología ganaban de nuevo popularidad. Sus miembros crecieron en número y gracias al tiempo transcurrido los antiguos Solificati asumieron finalmente las acciones del Gran Traidor. Algunos miembros de los Hijos del Conocimiento incluso defendieron la traición de Heylel, asegurando que el mago hermafrodita trató de estrechar más los lazos entre las Tradiciones sometiéndolas a los rigores de la persecución.

El triunfo del paradigma científico durante el auge de la Revolución Industrial dejó una vez más en segundo plano a los Hijos del Conocimiento. Finalmente, descubrieron que la única forma de salvar su visión de la magia era transformarla de acuerdo con los principios alquímicos, creando la décima Esfera que denominaron Unidad. Esta inspiración dio a los Hijos del Conocimiento el ímpetu que necesitaban para preservar viva su magia, clasificada como Arte, durante el siglo XX.

AL FINAL HAY UN COMIENZO:

El descubrimiento durante la década de los 40 de los efectos de las drogas psicotrópicas en la expansión de la conciencia otorgó a los Hijos del Conocimiento una nueva vía de exploración para la alquimia. Alentados por la nueva percepción de la conciencia cósmica importada tanto de la proliferación de cultos orientales como de las drogas alucinógenas durante los años 60, los miembros más jóvenes de los Hijos del Conocimiento practicaron su magia más abiertamente que nunca.

Sin embargo, esta práctica atrajo la atención de la Tecnocracia y los convirtió en blanco de las purgas del final del siglo XX. A medida que la Tecnocracia extendía su ataque contra las Tradiciones de forma que incluyera a las Artes más pequeñas y a los grupos de Dispares, los Hijos del Conocimiento se dieron cuenta de que ya no podían existir como grupo independiente. Tras una serie de delicadas y desesperadas negociaciones, los Hijos del Conocimiento volvieron a unirse oficialmente a la Orden de Hermes como la Casa Solificati en los últimos años del siglo XX.

Sacrificando la independencia tan duramente ganada por la dudosa salvación que prometía unirse con una genuina Tradición, los antiguos Hijos del Conocimiento ahora caminan por una delgada línea bajo el estandarte Hermético. Los Herméticos vigilan con atención en busca de cualquier signo de “Síndrome de Heylel” entre sus nuevos hermanos y hermanas, mientras que a la vez los nuevos Solificati se vigilan entre ellos para prevenir cualquier indicio de traición. Sin embargo, unos pocos Solificati trabajan secretamente para limpiar el nombre del Gran Traidor, sintiendo que sólo si lo consiguen borrarán el estigma que pesa sobre su Casa. Otros Solificati intentan dejar atrás el pasado y concentrarse en sus creencias como la clave que les permita dar la vuelta a las victorias de la Tecnocracia. Muchos miembros jóvenes de la Casa Solificati se han entregado al estudio de la física cuántica y la teoría de las cuerdas. Dado que la ciencia golpea contra un muro de misterio, los alquimistas de la Casa Solificati están seguros de que la aplicación de sus conocimientos y su aproximación a la magia podrán finalmente construir el puente entre la materia y el espíritu, volviendo los avances de la Tecnocracia contra ellos.