Taftâni – Trasfondo Histórico

Genios, alfombras voladoras, botellas mágicas, hombres cambiaformas, mujeres que miran a través del velo de ilusión y caballos de madera que cruzan el mundo son leyendas que provienen de los Taftâni, los tejedores de diseños maravillosos. Desde su hogar en Oriente Medio, estos brujos practican desde hace mucho un estilo de magia rimbombante y vibrante. Perseguidos en la actualidad por un mundo estrictamente científico y la agonía de la magia resplandeciente, se agarran a la última esperanza del misticismo que fluye entre sus manos como la arena del desierto.

Trasfondo Histórico

Al igual que el Ahl-i-Batin, los Taftâni reclaman las tierras desérticas de Oriente Medio como su hogar. Los magos que se llaman a sí mismos los Tejedores trazan su antiguo linaje hasta los primeros tiempos de la magia sin forma definida, anterior al auge de los grupos de magia diferenciados. Anterior a las religiones monoteístas del judaísmo, cristianismo y el Islam, los brujos de Arabia, Persia y las tierras vecinas rendían honores a un infinito número de deidades y espíritus, tanto benignos como malignos. Los Taftâni basan sus manejos mágicos en la creencia de que la magia es abundante en todo el universo, encarnada en los espíritus y demonios conocidos como genios. La habilidad de los Tejedores a la hora de usar su voluntad para ordenar o atar a un genio les sirve como una forma de proteger a los Durmientes bajo su custodia, e igualmente como una manera de regocijarse en sus dones mágicos.

Salomón el Sabio, uno de los más grandes reyes de Israel, y supuestamente uno de los brujos más poderosos del mundo, no practicaba únicamente los rituales de la magia Hermética, sino que también ganó fama por su habilidad para encadenar a los demonios. A pesar de la conversión de Salomón a la creencia en un solo Dios, los Taftâni trabajaron junto a él durante el auge de la Plaga de los 10.000 Genios, apresando espíritus malvados mediante sellos de poder o atándolos en el interior de objetos físicos.

Al contrario que el Ahl-i-Batin, los Taftâni rehusaron abandonar sus creencias politeístas en favor del Islam. Esta firme adhesión a su antigua doctrina de multitud de dioses y demonios formó una peligrosa brecha entre los Tejedores y los Batini, que ha persistido hasta hoy. Debido a este no disimulado paganismo, los Taftâni se retiraron incluso más allá del mundo que les rodeaba, separándose de la cultura musulmana para seguir sus propios caminos en la magia.

Unos pocos Taftâni se presentaron en la Gran Asamblea de Mistridge, más por curiosidad que por un deseo real de aliarse con otras escuelas de magia. Declinaron la oferta de unirse a las recién formadas Tradiciones, y los Taftâni dieron la espalda a los magos europeos y tribales, desdeñando la idea de regularse ellos mismos y despreciando el concepto de que la magia debía estar sujeta a otro control que no fuese la voluntad del que la practica. Etiquetados como Dispares por las Tradiciones, los Taftâni perdieron cualquier protección que pudieran haber obtenido al someterse al Concilio de las Nueve. La mayoría de los Tejedores consideró a su posición como \”parias\” entre las Tradiciones el precio a pagar para obtener la libertad de practicar la magia fieles a su estilo, resplandeciente y exuberante.

La dominación del Islam de las tierras ancestrales de los Tejedores llevó a los Taftâni a esconderse. Del mismo modo que la Inquisición persiguió y exterminó a muchos magos de las Tradiciones en Europa, los ejércitos del Islam cazaron y destruyeron a muchos de los Taftâni, tachándolos de infieles e infernalistas. Unos pocos consiguieron sobrevivir, huyendo a los lugares más apartados del desierto y erigiendo allí inexpugnables fortalezas, protegidas por genios esclavos y otras criaturas conjuradas. Otros se retiraron a sus castillos en las nubes o a sus reinos de bolsillo, donde pudieron practicar su magia sin interrupciones de un mundo que cada vez se volvía más hostil.

La popularización de las antiguas culturas árabes y persas por parte de Sir Richard Burton y otros caballeros aventureros del siglo XIX hizo que algunos Taftâni abandonaran ligeramente su vigilancia y salieran de nuevo a la luz. No obstante, este breve período terminó al desatarse la Primera Guerra Mundial, en la que la Tecnocracia se aprovechó del conflicto a escala mundial para establecerse en los lugares más remotos del mundo y en el corazón de la magia Taftâni. Una vez más, los Taftâni se retiraron. Desde los primeros años del siglo XX, los Taftâni se han mantenido aparte del resto del mundo, participando en los mismos únicamente cuando era absolutamente necesario para proteger sus propios territorios o para prevenir alguna amenaza personal.

Solo unos pocos Taftâni siguen practicando su magia en Irán, Iraq, Turquía, Arabia y otros lugares de Oriente Medio. Estos individuos resueltos rehúsan abandonar sus creencias, incluso ante las tremendas dificultades provocadas por los políticos teocráticos y la expansión de la tecnología al mundo árabe.

Un asunto de vital importancia para los Tejedores es la necesidad de mantener sus custodias y sellos de protección que aún mantienen atados a algunos de los más poderosos genios. Varias lámparas mágicas y otras trampas de genios han desaparecido, yendo a parar a las manos de los coleccionistas o languidecen en museos bajo unas medidas de seguridad escasas. Los Taftâni temen el debilitamiento de estas ataduras y el caos que seguro seguirá si alguna de esas criaturas escapa a un mundo donde su existencia choca contra las leyes de la realidad. Algunos Taftâni aseguran que las recientes catástrofes en Oriente Medio son la prueba de que al menos alguna de estas ataduras se han desintegrado, causando la destrucción y la ruina inmediatamente después. Cuando una parte de una ciudad estalla en llamas o la pared de un museo se viene abajo, el Tejedor más cercano intenta descubrir si el daño se produjo por medios naturales o por el contrario, si éste fue producido por la destrucción de un antiguo sello y la liberación de un airado genio.

Recientemente, algunos Tejedores han comenzado a realizar tentativas de alianzas entre ellos en un tardío intento de deshacer parte del daño provocado por la expansión de la tecnología en sus territorios. Algunos Taftâni han sugerido realizar una gran demostración de magia que haría comprender a la humanidad, de una vez por todas, que la ciencia sólo describe una parte de nuestro mundo. Si pueden demostrar la validez de sus creencias, estos Tejedores se sienten capaces de dar la vuelta a la imparable marea de la ciencia y reinstaurarse a sí mismos como creadores de maravillas sin parangón.