Archivo de la etiqueta: La Ley

Buenos Aires Nocturno

“Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”
Martin Fierro.

Buenos Aires, ciudad del tango y la birome.
Tierra virgen para los Cainitas. Una ciudad llena de oportunidades para aquellos que esten dispuestos a tomar al toro por los cuernos.
La Paris de America, en todo su esplendor, esconde tras ese velo de paz un oscuro secreto.

La historia de Buenos Aires es complicada e intrincada.

Todo comenzó con una pareja de enamorados. Elizabeth y Arthur. Ambos se conocieron en Europa, más precisamente Francia a principio del 1800. Vivieron juntos y fueron grandes consejeros de Napoleón Bonaparte, el matrimonio era perfecto, ella tenia la chispa y el tenia el cerebro para hacer funcionar las cosas, tan así era su dupla que llamaron la atención de 2 antiguos vampiros de la ciudad. Ellos fueron separados por una cuestión política entre sus sires. El tiempo fue largo. Tanto así, que hasta casi olvidaron ese sentimiento que hacia latir su corazón.

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La Ley de Caronte

Si algo sostiene a la Jerarquía es su creencia en que son los herederos directos de la filosofía de Caronte, así como los garantes del orden en las Tierras de las Sombras. Recientemente han establecido un código que dirige las relaciones entre los Wraiths y los mortales. Hasta hace relativamente poco existía una libertad casi absoluta para aparecerse ante los que aún respiran, pero el reciente peligro que significan los exorcismos y otros rituales de purificación ha hecho necesario un régimen de control mucho más estricto.

La Jerarquía se constituye por lo tanto en la organizadora de toda la burocracia Estigia, lo que incluye la creación de tribunales y la imposición de sentencias para los infractores. Sentencias que, al carecer de sentido la condena a muerte a quien ya lo está, van desde la esclavitud a otro fantasma a la discorporación (convertir al alma infractora en un bien tangible en las Forjas)

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Las Tradiciones

Todo vampiro que resida en una ciudad gobernada por un príncipe debe aceptar ciertas responsabilidades a cambio de los privilegios de la seguridad y la estabilidad. Esta estabilidad sólo se mantiene cuando los Vástagos se comportan de una forma concreta, dictada por unas reglas casi universales. Éstas se conocen por el gentil nombre de las Seis Tradiciones, aunque no son precisamente amables sugerencias. Para los vampiros de la Camarilla y los príncipes que las siguen, son la ley. Un Vástago puede tener la seguridad de que allí donde viaje las Tradiciones tendrán fuerza. Quizá sean interpretadas de otra forma, pero no faltarán. Es mediante la imposición de estas leyes, y a través de las leyes mismas, como los príncipes reciben gran parte de su poder. Obviamente, los príncipes están entre los más celosos guardianes de las Tradiciones.

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Las Seis Tradiciones que forman las leyes de la sociedad vampírica han ido pasando supuestamente desde las guerras que acabaron con la Segunda Generación. Es raro que se pongan por escrito, pero nunca han sido olvidadas y todos los vampiros (incluso los que se burlan de ellas) las conocen de un modo u otro. Sus términos específicos pueden variar, pero la intencionalidad es siempre la misma.

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Tara, Príncipe de San Diego

Siendo al mismo tiempo aristócratas corruptos y justos pastores de los depredadores, los miembros de esta secta se acercan más y más al borde del abismo cada noche. Aunque aprieta los puños cada vez con más fuerza, los vampiros se escapan de ella como granos de arena.

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El auge de los caballeros

En tiempos de Carlomagno, los guerreros a caballo se habían convertido en la élite de las unidades militares francas y esta novedad se extendió por Europa. Luchar desde un caballo reportaba mayor gloria en la batalla porque los jinetes podían moverse velozmente y pisotear al enemigo de menor rango que luchaba a pie.

Cuando las caballerías de dos ejércitos se enfrentaban entre sí, la velocidad de la carga y el violento choque que se producía resultaban estimulantes. La caballería gozaba de mayor prestigio por el alto coste de los caballos, las armas y las armaduras. Sólo los individuos adinerados o los siervos de los ricos podían permitirse luchar como jinetes.

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La Retribución

Las Tradiciones que conforman la Retribución representan las leyes básicas de la Estirpe. Se cree que se originaron entre las sabias hadas que vivían más próximas al Ensueño, fueron recopiladas tras la División como forma de asegurar la supervivencia feérica frente al cambio inexorable. Sigue leyendo

Gangsterismo y Ley Seca

La década de los 20 convirtió a Estados Unidos en la capital del crímen organizado. La ley seca, la matanza de San Valentín, Al Capone. En este documento se muestra una panorámica de la realidad criminal de aquellos felices años veinte.La enmienda número 18 de la Constitución de los Estados Unidos, conocida como “Volstead Act”, que se hizo popular en todo el mundo como la Ley Seca, es un ejemplo de los efectos perversos de una ley impuesta por el fanatismo de unos, bienintencionada en un principio, y que acabó perjudicando a la mayoría, posibilitando un crecimiento del crimen organizado, de las pandillas de fabricantes, contrabandistas y expendedores de bebidas alcohólicas, de lo que para resumir se conoce como gangsterismo. Presentada en 1917, entró en vigor en enero de 1920 y fue abolida en diciembre de 1933.

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Clase Prestigio – Puño de Hextor

Mientras que la mayoría ven a los Puños de Hextor simplemente como mercenarios brutales, éstos son en verdad templarios al servicio de su inmisericorde deidad. El mundo es un sitio oscuro y sin compasión, o al menos eso dice la Iglesia de Hextor, donde los fuertes sobreviven gobernando a los débiles y estableciendo el orden a partir del caos.

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Clase Prestigio – Saqueador

Temido por muchos y comprendido por pocos, el infame Saqueador es un individuo que dedica su vida al servicio de Erythnul, Deidad de la Matanza, Viviendo entre la violencia y el salvajismo, el Saqueador busca expandir la influencia maligna de su deidad allá donde vaya, sin descansar mucho tiempo en ningún sitio a menos que las fuerzas del bien y de la ley lo persigan.

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