Tariq el Silencioso, Dominio de la Mano Negra

Libertad frente a organización, voluntad frente a rectitud, antiguos frente a neonatos… Todas estas luchas caracterizan a los vampiros del Sabbat, que parecen unidos tan sólo por el odio que sienten hacia los Antediluvianos y por el desprecio que demuestran hacia el ganado.

Trasfondo: Tariq fue uno de los soldados de Alí durante la séptima invasión cristiana de su patria. Luchó valientemente durante el asedio de Mansourha, pero terminó siendo herido, capturado y torturado. Vituperó a sus enemigos hasta que éstos, enfurecidos, le arrancaron la lengua para “hacer callar al paynim”. Preso, vencido y al borde de la muerte, Tariq elevó sus ojos hacia el cielo pensando que sería la última vez que podría hacerlo, sólo para ver a un beduino que permanecía de pie sobre él. Los soldados cristianos no parecían percatarse de la presencia del hombre, mientras éste le explicaba al prisionero que estaba a punto de ser recompensado por su devoción y su valor. El Abrazo de Tariq, concedido por el shakarI beduino, fue rápido y solemne, y cuando el frenesí se le pasó, a sus pies yacían los pedazos de los cristianos.

El neonato pronto se mostró tan devoto hacia su clan como lo había sido hacia las enseñanzas de Alí. Se ganó una temible reputación como diabolista, y cometió el “Amaranto” tantas veces como le fue posible, aún cuando no le sirviera para aumentar la potencia de su propia Sangre. Parecía no haber modo de detener a Tariq hasta que los vampiros de la Camarilla se alzaron por fin en la Revuelta Anarquista para aplastar a los anarquistas y a los Assamitas bajo sus talones unidos.

Con la localización de su más sagrado refugio en serio peligro, los Hijos de Haqim negociaron a regañadientes la paz con la secta. A causa de haber sido uno de los miembros más notorios del clan, Tariq fue elegido como simbólico chivo expiatorio de los crímenes de todos sus hermanos. Fue expulsado para que se le diera caza, pero antes de partir los Assamitas le vincularon en secreto un espíritu que le advirtiera cuando el peligro estuviera cerca. Con el tiempo, Tariq aprendió a confiar sin reservas en este “Espíritu Externo”, y sorprenderle se convirtió en algo virtualmente imposible.

Después de su exilio, el guerrero se convirtió en la definitiva pieza a cobrar. La Camarilla le perseguía reclamando su cabeza, y el Sabbat como un potencial recluta de gran valor. Los Assamita también intentaron “darle caza”, pero fracasaron notoriamente. A pesar de todo, Tariq permaneció leal a su clan, y aceptó el peso de sus “crímenes” sin ningún resentimiento. Libre de la maldición de los Tremere, siguió consumiendo sangre de Vástagos, creciendo en habilidad, poder y reputación.

En 1995, después de haber pasado medio milenio como uno de los vampiros más buscados, a Tariq se le acabó la suerte. Los antitribu Tremere consiguieron, por fin, capturarle. Su plan consistía en fortalecer la posición de su clan en el Sabbat reclutándole. Después de años de investigación y de la pérdida de varios miembros, descubrieron la existencia del espíritu guardián del Assamita. Con esta información y la utilización de Manipulación Espiritual, fueron capaces de neutralizar al Espíritu Externo. Aún así, la batalla fue feroz, aunque al final el fugitivo fuera reducido.

Tariq se resistió con todas sus fuerzas. Después de meses intentando convertirle mediante los métodos más agresivos que se puedan imaginar, los antitribu Tremere abandonaron disgustados. En lugar de matarle o de quedarse con su sangre, le sometieron al ritual de Apagar la Llama Radiante, lo cual redujo su generación a la 13ª. Luego, con la fuerza de un neonato y un mundo lleno de enemigos, fue arrojado sin ninguna ceremonia a territorio de la Camarilla. El Cainita que no se doblegara terminaría quebrándose.

Aunque increíblemente débil, Tariq contaba con cinco siglos de no-vida de experiencia a los que recurrir. Irrumpió en el primer refugio de la Camarilla que pudo encontrar, atacando a los Vástagos allí residentes con un abandono suicida. Las sanguijuelas de la secta reconocieron inmediatamente al demonio de la Lista Roja; tres de ellas huyeron, y la cuarta se derrumbó sin que hubiera de mediar pelea. Tariq despedazó a su víctima, pero no intentó cometer diablerie sobre ella.

Noticias de este y otros ataques similares empezaron a extenderse. Se rumoreaba que el inscrito en la Lista Roja se había vuelto loco y que enfrentarse a sus rabiosos asaltos era una locura aún mayor. Los Vástagos de cuya mano buscaba la muerte caían ante él como hojas secas. Con reputación a sin ella, sólo era cuestión de tiempo el que apareciera un oponente digno que se enfrentara a él, y podría haber encontrado muy pronto la liberación que tanto ansiaba si los antitribu Assamita no hubieran descubierto lo que sufrió a manos de sus camaradas de secta. En cuanto Djuhah, el serafín de la Mano Negra, supo de la condición de Tariq, vio clara la oportunidad.

Encargó a una manada de la elite de la Mano Negra que reclutaran a Tariq a cualquier precio, ordenándoles que se refirieran al Assamita fugitivo como a su dominio, con lo cual, y debido a que su pérdida de generación no era algo de dominio público, esta charada daría la impresión de que Tariq dirigía una columna permanente de la Mano. Esta diversión le dio a Djuhah la oportunidad de establecer otras columnas permanentes de la “secta dentro de la secta”, haciéndose con un asidero político que luego demostraría ser inquebrantable.

En tanto que las columnas no se cuestionen, el serafín está dispuesto a llegar a cualquier extremo para mantener a Tariq no-muerto. Sin embargo, Djuhah es dolorosamente consciente de que el feroz guerrero podría volverse contra él en cualquier momento. Por su parte, Tariq es plenamente consciente de que su Espíritu Externo ha sido reemplazado, figuradamente, por una columna de antitribu Assamitas. Si alguna vez llegara a descubrir las maniobras políticas que giran alrededor de su persona, las consecuencias serían, a buen seguro, devastadoras.

Imagen: La piel de los Hijos de Haqim se oscurece con la edad, y la de Tariq es realmente oscura. Sus ojos claros contrastan dramáticamente con su piel negra como el carbón, pero ahora miran vacíos, como si fueran los de un tigre con la espalda rota que se ha resignado a su destino. Su semblante, que no había cambiado en 500 años, ha envejecido notoriamente desde su encuentro con los antitribu Tremere. Ahora aparecen arrugas en las comisuras de sus labios y de sus ojos, sus sienes están salpicadas de gris y el peso acumulado de sus carga es ahora evidente en su frente. Muchos Cainitas consideran que estos cambios son curiosos, ya que tales signos de envejecimiento son rasgos distintivos de los mortales.

Sugerencias de Interpretación: Estás cansado de la lucha sin sentido y sin final. Tu intención es la de seguir desafiando a los demás Vástagos hasta que mueras en un combate justo. Aunque no reconoces abiertamente a la columna de la Mano Negra que te sigue, en las profundidades de tu ser siente como se llena un vacío de varios siglos. La compañía de tus hermanos te reconforta, incluso desde lejos, y, en secreto, estás empezando a reconsiderar qué sabiduría hay en tu comportamiento autodestructivo.

Clan: antitribu Assamita
Sire: Bakr
Naturaleza: Visionario
Conducta: Bravo
Generación: 13ª
Abrazo: 1250
Edad Aparente: Recién entrada la cuarentena
Físicas: Fuerza 5, Destreza 5, Resistencia 5
Sociales: Carisma 5, Manipulación 5, Apariencia 5
Mentales: Percepción 5, Inteligencia 5, Astucia 5
Talentos: Alerta 5, Atletismo 5, Esquivar 5, Empatía 2, Imitación 3, Intimidación 4, Pelea 5
Técnicas: Acrobacia 3, Armas C.C. 5, Armas de Fuego 5, Conducir 2, Demoliciones 3, Disfrazarse 5, Meditación 5, Seguridad 5, Sigilo 5, Supervivencia 3
Conocimientos: Academicismo 5, Criptografía 2, Leyes 2, Lingüística 2, Ocultismo 5
Disciplinas: Auspex 4, Celeridad 3, Extinción 5, Fortaleza 4, Ofuscación 5, Potencia 3, Viscerática 3
Trasfondos: Aliados 5, Miembro de la Mano Negra 3
Virtudes: Convicción 2, Autocontrol 3, Coraje 5
Moralidad: Senda de la Sangre 1
Fuerza de Voluntad: 3