Tyler, Antigua Brujah de la Camarilla

Mediante el robo y el asesinato ocuparon la tierra,
Ahora, a sus órdenes, brotaban los muros por todas partes.
Hicieron leyes para encadenarnos.
Sus sacerdotes nos deslumbran con el cielo
O nos condenan al infierno.
No veneraremos al Dios al que sirven
El dios de la avaricia que alimenta a los ricos
Y deja morir de hambre a los pobres.

– Leon Rosselson.
“El mundo al revés”.

Cuando la tiranía rompe las espaldas de la gente, unos pocos valientes se levantan para contraatacar. Aunque los tiranos puedan alzarse con el triunfo, los rebeldes como Tyler convierten cada victoria en algo costoso y finalmente vacío. Desde su humilde origen campesino a su actual posición de poder en una de las ciudades más infestadas de vampiros del mundo, la vampiro Tyler ha visto todas las caras de la sociedad Cainita y la mortal. Esta dura e inteligente revolucionaria trabaja y lucha por dar fin a todos los sistemas de injusticia impuesta, ocultando mientras tanto un oscuro secreto a sus aliados de la Camarilla.

SU VIDA

Tyler, nacida Patricia de Bollingbroke, pasó toda su vida inmersa en los dobles horrores medievales de la inmundicia y la brutalidad. Contra todos los pronósticos, sobrevivió y superó el trauma de las pestes, el hambre y la crianza de cinco sanos hijos. De hecho, su gran amor por la vida no sólo le permitió sobrevivir entre la suciedad y pobreza de la Inglaterra feudal, sino que le dio el coraje para aspirar a cosas mayores. Arrebujada en su basto jergón después de que su marido e hijos se durmiesen, soñaba con volar.

Su mundo saltó, hecho añicos, a su alrededor, cuando su marido se arriesgó a cazar furtivamente en las tierras del barón para alimentar a su hambrienta familia durante un invierno mortalmente frío. El barón lo asesinó y tomó a los niños como servidores del castillo, y envió a sus hombres a recoger a Patricia para una noche de deporte de contacto. Rehusando someterse huyó de los cuchillos de los carniceros.

La fortuna le llevó a unirse a la creciente rebelión de los campesinos de John Ballad y Wat Tyler, que dirigían una revuelta contra la crueldad de los nobles. La antigua vida de Patricia se había convertido en cenizas, y alegremente la desechó por una nueva vida como mujer libre e independiente en un mundo donde estas criaturas eran ignoradas.

Aunque los campesinos no podían aceptar a una mujer como líder, la admitieron como una apasionada partidaria de la causa y como un espíritu que guiaba la revolución. Resplandecía con una energía interior que inspiraba y daba coraje a cualquiera que tocase, y pronto llamó la atención de Wat Tyler. Cautivado por su pasión y convencimiento, la hizo su amante y su confidente; ella a cambio le guió con su fervor y su justa furia.

Patricia concibió el asesinato del Arzobispo de Canterbury, y ayudó a ejecutar el osado plan. Los revolucionarios marcharon sobre Londres y tomaron la ciudad. En el momento de triunfo, expusieron sus demandas al aterrorizado rey. Éste aceptó, pero se desquitó matando a muchos de los hijos de los revolucionarios y haciendo rehenes a otros niños. Cuando Patricia intentó rescatar a su último hijo vivo, el rey cerró las fauces de su trampa sobre ella, condenándola a muerte. Acurrucada en la fétida celda de la mazmorra, supo que todos sus sueños se habían convertido en nada.

SU MUERTE

En la más negra hora de Patricia, un extraño con una capa verde pardo apareció misteriosamente en su celda. Se presentó como Robin Leeland, del clan Brujah de los vampiros, y le habló de sus esfuerzos para llevar a los malvados gobernantes ante la justicia. Robin le ofreció el Abrazo, y ella aceptó sin dudarlo. El vampiro le hizo jurar lealtad eterna: no a él, sino a la causa de la justicia.

Patricia se liberó de su prisión y golpeó con una fuerza surgida de años de justa e hirviente cólera. La primera sangre de mortal en sus labios brotó de las venas del barón que había matado a sus hijos, y le siguió la sangre de muchos hombres. Se reunió con los campesinos rebeldes y los dirigió en decisivos ataques contra el rey. Durante un año se regodeó en su nueva fuerza y poder, y dejó un gran rastro de destrucción en su despertar. A pesar de sus victorias, sus filas mermaban, mientras sus seguidores se iban interesando más por la violencia que por la justicia.

Patricia se dio cuenta de que la luz interior que una vez inspiró a los campesinos se había incendiado en un furioso fuego de locura. Sus seguidores ya no encontraban inspiración en ella. El ejemplo que dio fue la venganza, y sólo los rufianes respondieron favorablemente.

Sus campesinos obtuvieron algunas concesiones de los nobles, pero perdieron la guerra. Una agria tristeza embargó su corazón. Se exilió de su hogar y nunca volvió a Inglaterra.


SU NO VIDA

Llegó a España a tiempo de ver cómo la impía Inquisición diezmaba las antiguas familias de vampiros. Los vampiros más viejos se apresuraban a sacrificar a sus jóvenes a la Inquisición, y los neonatos perecían en un alarmante número.

Los antiguos se ocultaron de la amenaza. Patricia opinaba que los vampiros no debían huir de los mortales, sino ser ejemplo de justicia y honor. Los Vástagos estarían más seguros si aplastaban a los humanos que subyugaban a sus semejantes. Libres, los hombres y mujeres iluminados se mostrarían ansiosos de dar su vital sangre a los benefactores.

Aunque a muchos vampiros les agradaba el plan, temían asumir una posición fija cuando muchos humanos les estaban acosando. El toreador Rafael de Corazón propuso la Mascarada, y el Ventrue Hardestadt propuso la creación de la Camarilla para hacer cumplir sus leyes. “¿Por qué deberíamos hacer nada para mejorar las vidas de los mortales?” preguntó el antiguo Ventrue. “¿No me acosan y atacan en cualquier ocasión? No les debo nada excepto cenizas y odio, y no me inclinaría a ayudarles ni aunque todos estuviéramos más seguros por ello”.

Asqueada por esta lógica destructiva, Patricia abandonó los primeros consejos de vampiros y se puso del lado de los neonatos rebeldes. Estos neonatos, abandonados por sus regentes para morir a manos de la Inquisición, formaron la rebelión anarquista.

Patricia planeó una osada incursión contra Hardestadt. Éste encarnaba todo el soberbio elitismo despreciado por Patricia, que no veía diferencia alguna entre sus planes y los de los barones mortales que oprimían a otros en nombre de un derecho divino.

Patricia envió un grupo de anarquistas Brujah y aliados humanos a un sangriento asalto al castillo de Hardestadt. Las defensas del Ventrue borraron a su ejército de harapientos, pero ella logró destruir y cometer diablerie sobre el antiguo. Sin el liderazgo de Hardestadt, los antiguos comenzaron de nuevo a pelear entre ellos. Esto retrasó muchos años la fundación de la Camarilla, dando lugar a una organización débil y dividida.

Los éxitos de Patricia electrizaron a la creciente comunidad anarquista, ganando apoyo para su causa. Los vampiros jóvenes abandonaron a sus amos en el despertar de la Inquisición, se deshicieron de sus Vínculos de Sangre y formaron una enorme banda de merodeadores llamada el Sabbat.

Rogaron a Patricia que fuera su líder, pero halló a este grupo tan repugnante como los rufianes mortales que se congregaban a su alrededor en Inglaterra. Rechazó su adoración y abandonó Europa con rumbo al Nuevo Mundo. Fue seguida por poderosos y vengativos Arcontes de la Camarilla, que pretendían acabar con ella.

Se estableció en Cartagena de Indias, donde sirvió como asesina para la poderosa conquistador vampira Helena. Cuando la Camarilla la acorraló, huyó a las colonias inglesas. Para despistar a los Arcontes, Patricia cambió su nombre por el de Tyler, en honor a su antiguo amante. Volvió a conectar con el clan Brujah, que estaba profundamente arraigado en la Camarilla. Tyler se estableció en su nuevo hogar y mantuvo la discreción durante siglos. Entonces tuvo lugar un fenómeno transformador: comenzaron los primeros vuelos del hombre.

Remontarse sobre el cielo llenaba de un sueño de libertad centenario en Tyler, que inmediatamente patrocinó las primeras aeronaves experimentales. Reconociendo el gran poder del viaje aéreo, se mudó a la ciudad donde creyó que se construiría uno de los más grandes aeropuertos del mundo. En la encrucijada de América, tomó el control del creciente aeródromo de Chicago. Regulando el flujo de Vástagos dentro y fuera del aeropuerto de O’Hare, aumentó enormemente su capacidad de defenderse de aquellos vampiros que todavía la buscaban.

A pesar de su desprecio por la Camarilla, se unió a esta para trabajar con sus camaradas Brujah. Muchos de ellos ignoran su pasado como Patricia de Bollingbroke, e ignoran su papel en la fundación del Sabbat. Aquellos que lo sabían, no dijeron nada.


SU NATURALEZA


Tyler desprecia totalmente la corrupción y los injustos privilegios de los poderosos. Se opone a los poderosos que gobiernan mediante la intimidación y a los que según ella abusan de sus posiciones castigando a los débiles.

Le agrada su papel de asesina de los poderosos Cainitas, y conoce el inigualable regocijo de consumir a una generación anterior. El asesinato de Hardestadt le hizo desarrollar una cierta predilección por beber la vitae de los adversarios y de los decadentes e injustos nobles. Existe para el día en que pueda reemplazar a todos los gobernantes corruptos, humanos o vampiros, por otros compasivos. Pero su poder se ha aletargado por las dudas y recelos sobre sus éxitos.

En una amarga ironía, su resistencia a abusar del poder mortal le llevó a un mayor abuso de poder por los inmortales, al emular el Sabbat los excesos de los reyes mortales para esclavizar a la raza humana.

Sus ordalías han fortalecido las convicciones de Tyler, pero sus pérdidas han embotado su furia. En lo más profundo de su corazón, teme que sus futuros éxitos queden mancillados y pervertidos por grupos como el Sabbat; por ello, se muestra muy cauta sobre sus planes y todos sus aliados. Si se sobrepusiese a sus propias dudas, podría transformar de nuevo la cara del mundo.