Vasantasena: Malkavian Antitribu del Sabbat

Simulando locura o diplomacia
En el campo de batalla o en la corte
Por tus esfuerzos he ascendido
Cuando todo se ha desmoronado

– Bhasa, “La visión de Vasavadatta”

La demencia proyecta una larga sombra a través del mundo subterráneo del Sabbat. La locura de muchos bravos del Sabbat toma una forma de oscuridad: una luz agotada. Pero en la iluminada loca Vasantasena, la locura toma la forma de una luz que brilla con demasiada intensidad para ser soportada por sus semejantes.


Incluso los más temibles líderes del Sabbat encuentran a la lunática de inspiración divina incómodamente aterradora. Su intensidad y pasión por la causa del Sabbat hacen un fuerte contraste con la discordia y el miedo que produce entre las filas del Sabbat.

Pocos entienden sus motivos, pero muchos miembros del Sabbat coinciden en que lucha nada menos que por la salvación de todos los vampiros del retorno de los voraces Antediluvianos.
SU VIDA

A finales del siglo X, Rajarajah el Grande gobernaba en la edad de oro artística y comercial de la India. Cuando los nobles de la casa Kalari de Panaji celebraron el nacimiento de su hija, sabían que su pequeña hija Vasantasena podría crecer esperando un matrimonio glorioso; quizá con el hijo del mismo Rajarajah.

Vasantasena se convirtió en una bella y bondadosa princesa, bien atendida, pero no malcriada. Estudió los misterios del ancestral culto de Shradda, en el que los vivos alimentaban de sus antepasados muertos con sacrificios, y se convirtió en una adepta. Por su alta cuna, su dominio de los rituales locales, y su encanto efervescente, Vasantasena atrajo a muchos pretendientes, cada uno llevando regalos más ostentosos que el anterior.

Sólo su padre y su madre sabían que un anciano santón itinerante llamado Unmada había predicho que la niña estaba destinada a sacrificarse de un modo que la sacaría del ciclo de la reencarnación.

SU MUERTE

Aunque la vida en Panaji era idílica para Vasantasena, un cáncer devoraba la corte. El chambelán de Calicut había ofrecido a los nobles la oportunidad de apoyar su ejército privado secreto. Prometía seguridad frente a las incursiones de guerreros islámicos que socavaban las fronteras más lejanas del Imperio, y una oportunidad para conquistar otras tierras. Exigió mucho dinero a la mayoría de las casas nobles, cuarteles para sus tropas, y sacrificios de sangre a sus antepasados. Al padre de Vasantasena, le exigió la princesa.

La respuesta de la corte de Kalari al despótico visitante estaba dividida. Algunos nobles se querían unir a él. A otros les desagradaba el chambelán por sus extrañas costumbres (sólo se reunía con ellos de noche), pero les gustaba la idea de tener un ejército privado. El padre de Vasantasena, el príncipe Kalari, deseaba desenmascarar al chambelán ante el rajá y ver al usurpador despedazado por los elefantes. Los políticos de la corte se volvieron desagradables y viciosos: hombres honrados divididos en facciones sobre el rumbo del estado y vueltos unos contra otros.

El chambelán, un vampiro viajero del clan Tzimisce, se regodeó en el perverso placer tanto de enfrentar a un hombre contra otro como de hacer presa sobre la inocente y joven princesa. Visitó en secreto las habitaciones de Vasantasena y bebió la sangre de la princesa cada noche. No la desangró lo suficiente para matarla, pero tomó lo bastante como para dejarla espiritualmente herida.

La súbita palidez y depresión de Vasantasena atemorizaron a su familia. El chambelán insistió en que el príncipe Kalari había insultado a los dioses al rechazar su oferta, y que Kali había castigado a la princesa en pago por ello. Vasantasena, dominada por una profunda laxitud, se hundió rápidamente en la desesperación. Finalmente, al borde de la locura, cayó en el bendito alivio de un coma.

Su turbado padre decidió finalmente unirse al malvado chambelán, deseoso de pagar cualquier precio para recuperar a su preciosa hija. Antes de que pudiera anunciar su plan, el santón Unmada regresó para ver a Vasantasena. El príncipe Kalari se opuso, temiendo que tal cosa enfureciese al chambelán. Pero respetaba al viejo y sabio brahmán más de lo que temía a su torturador, y acabó cediendo. El anciano brahmán examinó a la muchacha y declaró que se encontraba en un profundo estado de Supta, un estado de ensoñación tras el cual moriría pronto.

Unmada, un devoto de la mortificación de la carne, tenía el cuerpo cubierto con cientos de púas, agujas de metal y ganchos de hueso. Se sacó una espina de bronce del pecho, mezclando su propia sangre sagrada en un elixir, y lo dio a beber a la durmiente muchacha. Vasantasena revivió de inmediato, revelando todo a sus padres sobre la vil voracidad y los enormes colmillos del chambelán.

Unmada reprendió a los nobles por entablar una alianza con un demonio: “¿Cuándo un hombre es tan malvado que el hedor de su engaño aparece en cada una de sus acciones, por qué os tientan sus promesas? ¿Sois incapaces de oler las mentiras?”. Les dio una vara encantada de sauce que podía destruir al monstruo, y abandonó la corte.

Algunos nobles reaccionaron con coraje, y pidieron la cabeza del monstruo clavada en una pica. Pero la avaricia de los cortesanos más cautos ensombrecía cualquier asunto, y rehusaron emprender acciones contra el chambelán. “¿Cómo sabemos que el sabio dice la verdad?”, preguntó uno. “¿No se dice que está loco? El chambelán no puede ser un demonio con colmillos. Goza del apoyo de los sacerdotes.”

Otros nobles, en lo más profundo de sus corazones, sabían que el chambelán era inhumano, pero se alegraban de aliarse a un poder sobrenatural. Unos pocos nobles no acababan de decidirse. Sólo Vasantasena sabía que el demonio debía ser destruido. En una corte donde los nobles estaban enloquecidos por el ansia de poder, ver claro llevó a la princesa casi al borde de la locura.
Cuando el chambelán volvió a la corte para escuchar la decisión de los nobles, la presencia de Vasantasena le impresionó. Pero le sonrió cortésmente e invitó a los nobles a que se le unieran.

Vasantasena sabía que matar al demonio con la vara de Unmada no era suficiente. Debía desenmascararlo y mostrar a los nobles la verdad sobre la criatura que apoyaban. Moviéndose con una rapidez nacida de la claridad de sus propósitos, sacó una espada de la funda de un guarda y la clavó en el no muerto corazón del chambelán. El vampiro no murió, pero chilló de furia. Sus colmillos se desplegaron, y se volvió hacia la princesa. Ante la mirada de los atónitos cortesanos, desgarró su delicada garganta con los dientes y ávidamente sorbió su sangre.

Los furiosos nobles no pudieron negar por más tiempo la evidencia. Se sintieron malvados y asqueados, alzándose contra el chambelán, que contraatacó como un demonio. Sólo el padre de Vasantasena fue capaz de matarlo, clavándole la vara de sauce bendita.

Más tarde, aquella noche, el santón regresó para contemplar la desolación. Tomó el cadáver del chambelán, prometiendo evitar el retorno del monstruo inmortal. También recogió el cuerpo de la princesa asesinada: “su sacrificio la ha puesto fuera del dominio de unos idiotas impíos como vosotros”, dijo con gravedad. “Su espíritu ha alcanzado un estado de perfección, libre del ciclo de la reencarnación que ata a todos los demás al mundo de la ilusión. Sabed también, vosotros impíos nobles, que estáis condenados a mil reencarnaciones como insectos sin alas en un jardín de pájaros hambrientos”.

Unmada, un vampiro del lunático clan Malkavian, no dijo a los nobles de Kalari que Vasantasena estaría libre de su reencarnación porque iba a convertirla en un vampiro.


SU NO VIDA

Escondido en un bosque sagrado, Unmada se recreó con la potente sangre del chambelán y ganó un gran poder con ella. Entonces alimentó con su propia sangre vampírica a la princesa. Vasantasena resucitó como una muerta viviente. Debido a que Unmada había fortalecido a la princesa con un trago de su propia sangre no muerta antes de que el Chambelán la matara, Vasantasena “sobrevivió” a su propio asesinato.

Vasantasena pasó varios siglos viajando con su mentor Malkavian Unmada. Los dos inseparables amigos esparcieron pequeñas briznas de su locura como semillas allá donde fueron. Sin embargo, cuando intentaron aventurarse en China, los misteriosos vampiros asiáticos los acosaron sin descanso y les obligaron a huir rápidamente hacia el oeste, llegando en tiempos de la Inquisición.

Unmada convocó a los clanes vampíricos a unirse contra la rapaz y temeraria violencia de los anarquistas y el celo genocida de los humanos. Pocos de sus hermanos Malkavian le prestaron atención, pero convenció al lunático clan para unirse a la Camarilla. Profetizó la condena para toda su especie si no se unían a sus semejantes. Sin Unmada y sin las exhortaciones de Vasantasena, los Malkavian no se habrían unido a la amarilla, y los clanes hubieran tenido menos oportunidades para sobrevivir a la guerra de los anarquistas.

Aunque Vasantasena trabajó con Unmada para unir a los clanes, quedó pronto decepcionada ante la Camarilla. Encontraba a los demás vampiros, especialmente los de los clanes Ventrue y Tremere, imperdonablemente ciegos a los hechos reales de la existencia vampírica. Llamó al Vínculo de Sangre forzoso para los anarquistas en la Convención de Thorns “una espina en el corazón de todos los vástagos”. (Nota del Traductor: Vasantasena hace un juego de palabras intraducible. “Espina” es precisamente “thorn” en inglés).

La noche en que los Assamitas fueron mágicamente despojados por los Tremere de su facultad de cometer diablerie contra otros vampiros, liberó a una horda de los anarquistas capturados y huyó de la Camarilla y de su sire. Condujo a su progenie a unirse a las indómitas legiones Lasombra y Tzimisce, y creó el Sabbat a partir de las cenizas de la rebelión anarquista.

Los vitales secretos de la Camarilla que se llevó consigo al unirse al Sabbat le ayudaron a mantener vivo el naciente movimiento el tiempo suficiente para consolidar su poder. Pronto el Sabbat se convirtió en una fuerza lo suficientemente poderosa para retar a la Camarilla y la Yihad se desató.


SU NATURALEZA

Debido a su descenso hacia la locura y la infusión de la sangre Malkavian de Unmada, Vasantasena ha adquirido extrañas y notables dotes de visión interior. Es capaz de sentir místicamente las auras espirituales, adivinar la historia de los objetos, y ver el interior del alma de las personas. Estos talentos le permiten penetrar en las ilusiones consensuales que muchos mortales y vampiros aceptan como reales y ver las cosas exactamente tal y como son. Esto también le hace parecer más demente de lo que está realmente.

Los formidables sentidos de Vasantasena le dicen que mientras los vampiros permanezcan atados al “Vínculo de Sangre” en indestructibles linajes de Vástagos, los Antediluvianos pueden engullirlos como hileras de perlas. Insiste en que cuando los Antediluvianos se despierten en la Gehena, no tendrán más que ordenar a un solo antiguo que se someta a ellos, y éste presentará a todo su árbol genealógico como festín… ordenando a su prole que ordene a que prole que ordene a su prole sacrificarse a los Antediluvianos.

Vasantasena trabaja en la rama evangelizadora del Sabbat, esparciendo su locura por los campamentos de la Camarilla y convirtiendo a los anarquistas a sus creencias.

Los nuevos conversos encuentran más fácil pasar las espantosas pruebas de iniciación del Sabbat después de haber estado expuestos a su peculiar tipo de locura.

Aunque obsesiva en cuanto a la necesidad de iluminación, se mofa de las muchas Sendas de Iluminación del Sabbat. Experimenta un gozoso placer interrumpiendo sus reuniones y retando a sus líderes a sesudos debates. Muchos miembros del Sabbat la encuentran imperdonablemente perturbadora, pero los más viejos le muestran un extremo respeto, y rememoran con veneración su papel crucial en la fundación de su orden. Los más jóvenes la admiran como un ejemplo no vivo de a lo que pueden aspirar.