Via Serpentis: El Camino del Tifon

Una relato de como se comportan los seguidores de este camino o vía, te servirá para comprender mucho mas de ellos si solo leísteis el manual básico de Vampiro Edad Oscura, debido a que en dicho libro la descripción es muy pobre. Espero que te sirve tanto como a mi para comprender como funciona.

Via Serpentis: El Camino del Tifon

“¿Que quieres?”, Preguntó el extraño. Su sonrisa era cálida y amistosa; sus ojos oscuros resplandecían con traviesa camaradería. “Todo el mundo quiere algo. ¿Cuál es tu deseo secreto?”.
La luna llena sobre Damasco bañaba de plata las calles vacías. En algún lugar a lo lejos, se alzó una voz para caer de nuevo… uno de los guardias del sultán, dando la novedad. El desconocido y yo estábamos sentados sobre el tejado del palacio, perdidas en la sombra. Me había abordado mientras buscaba un acceso a los archivos del palacio. Al principio pensé que mis actividades habían acabado por llamar la atención del príncipe de la ciudad, pero no hubo amenazas ni intentos de arresto.
“Los secretos no son para compartirlos”, dije con cierta prevención. “¿Como serian secretos de otra forma?”
El extraño sonrió de nuevo. Había en el una cierta presencia, una relajada calma que desarmaba con sutileza. “Muy bien dicho. Pero resulta obvio que has venido a Damasco para algo. Quizá pueda ayudarte”.
Me encontré tentado de preguntarle que sabía del palacio. No había podido descubrir nada de su distribución o sus guardias, y me veía obligado a confiar en mis facultades para entrar. “Como puedes ver, busco una forma de entrar en el palacio.”
“¿Intentas llegar hasta el sultán?”
“No, en absoluto”, conteste enseguida.
El extraño asintió. “Entonces se trata de otra cosa. No pareces un ladrón, así que no son tesoros lo que persigues… ¡ah!. Ya lo sé. Pareces un erudito. Debes buscar los archivos.”
No pude sino asentir. ¿No seria valiosa su asistencia si me ayudaba a conseguir el pergamino? “No puedo negarlo. Pero aun no me has explicado por que estas tan interesado en ayudarme.”
Bajo la cabeza: “Todos somos peregrinos, amigo mío. Al ayudar a otro a conseguir sus deseos, no nos acercamos mas a nuestras propias metas? Ahora, dime cual es el pergamino de al-Azaar que buscas.”
Aquello me sorprendió: “¿Hay mas de uno?”
“Oh, por supuesto”, dijo suavemente el desconocido. “El pergamino de Caín es sólo el primero. También escribió otro por cada uno de los Tres Enigmas de Nod. Me sorprende que no lo supieras.”
¡No podía creer mi fortuna, después de un siglo de investigación! “Había llegado a creer que los demás eran solo un mito. ¿Y tu sabes donde están?” Mi desconfianza se estaba desvaneciendo, como escarcha al sol. ¿Acaso no era yo viejo y conocedor del mundo? Era posible que aquel Cainita buscase mi perjuicio. En tal caso, estaba seguro de que podría cuidar de mí mismo. Valía la pena arriesgarse, no por uno, sino por los cuatro pergaminos de al-Azaar.
El extraño sonrió: “Hay dos debajo de nosotros. Los otros están aquí en la ciudad.”
Sopese los riesgos y las ganancias: las cuatro pergaminos… “Puedes llevarme basta ellos?”, Pregunte.
“Nada más fácil.”
Y le permití conducirme hasta aquello que yo mas deseaba. Paso mucho tiempo hasta que me di cuenta de que no le había dicho que buscaba los pergaminos de al-Azaar.

Esta en la naturaleza de los hijos de Caín vivir de acuerdo con un código que mejora nuestras vidas y evitar los comportamientos que nos degradan. Luchamos por seguir la senda correcta, que nos libere del pecado. El Camino de Tifón nos haría creer que de esta forma vivimos sólo la mitad de nuestras vidas.
La lógica del profanador seduce con facilidad. ¡Cuidaos de sus melosas palabras y su comportamiento fraternal! Por supuesto que las buenas obras son una parte esencial de la vida, ¿pero que hay de nuestra tendencia al mal? ¿Podemos decir, si no exploramos esas partes de nuestra alma, que llevamos una vida completa? ¿Cómo puede estar mal rendirnos a nuestros instintos pecaminosos, si fue Dios quien nos los dio? Sólo explorando a fondo nuestras naturalezas podremos encontrar nuestro camino al Cielo. Mas de un dominio ha caído en el fuego y la sangre a causa de los actos de los Seguidores de Set, después de haber abrazado estos principios.

Los profanadores se abandonan al mal, intentando corromper cuanto les rodea. En lugar de resistirse a los impulsos de la Bestia, buscan perder el dominio de sí mismos y rechazan todo freno o autocontrol. De esta forma, se abren a la degeneración y la decadencia. El profanador esta dispuesto a extender la mancha de la corrupción a todo lo que toca. Haciendo caer a sus victimas, aprende a entender la naturaleza del mal. Por tanto, tienden a acercarse a gente de gran virtud o influencia; los miembros de la Iglesia están entre sus victimas predilectas, al igual que la nobleza. El profanador trabaja con paciencia y cuidado, descubriendo los deseos secretos de su victima y sus odios ocultos, para explotarlos después sin piedad. Le da todo lo que desea su corazón, sabiendo que al alimentar esos sueños construye apetitos todavía mayores. No pasa mucho tiempo sin que las necesidades se conviertan en peticiones, y es entonces cuando empieza el descenso al mal.

Por definición, parece que el profanador esta libre de éticas de cualquier tipo. Sus creencias le exigen separarse de toda estructura o control. Por el mismo principio, busca atacar a las Instituciones que intentan mantener el control y la autoridad. Muchos dominios se han podrido desde dentro, con príncipes llevados a crueles excesos mientras un profanador provoca la rebelión de los antiguos. Cuando los fuegos se apagan, no queda mas que aflicción y cenizas.

Los Seguidores de Set buscan a mortales de naturaleza egocéntrica y despiadada. Los bellacos de todo tipo son los predilectos por su egoísmo. También se escoge a individuos autoritarios, por su deseo de controlar las vidas ajenas. Las mentes fanáticas son apreciadas por su ciega devoción.
De todos los clanes vampiricos, puede decirse que sólo los Setitas siguen este Camino. Extienden su corrupción allí donde pueden, arrastrando a otros Cainitas por su oscura y tortuosa senda y consiguen el éxito con demasiada frecuencia.
La mayoría de los profanadores parecen inocuos, incluso inofensivos, y con frecuencia son apuestos y encantadores. Llevan el atuendo que mejor encaje con su victima.