Vikingos y Normandos

El ejército invasor del duque Guillermo de Normandía había trepado el 14 de octubre (1066) a la altura y acampaba cerca de la población de Hastings.

Los señores llevaban casi sin excepción la larga cota imbricada, tallada por abajo, los yelmos puntiagudos con el nasal, sus cortas lanzas y las ruidosas espadas largas. Sus escudos tenían la forma de un triángulo alargado de cantos redondos, de modo que protegían los muslos de los jinetes. Los infantes seguían en un grupo abigarrado, armados en parte con hachas de guerra, picas, espadas y arcos de asta, cubiertos en parte con camisas de cota, en parte con corazas de cuero o guateadas.

El rey de los anglosajones, Harald, había avanzado con sus peones a una loma a diez kilómetros al noroeste de Hastings. Allí había erigido rápidamente parapetos, y había dispuesto a sus guerreros en una colina. Esperaba el golpe del ejército invasor.

Este llegó en seguida. Los normandos montados y acorazados se lanzaron al asalto colina arriba contra los parapetos y atacaban furiosos. Mas los sajones se defendían valientemente. Se mantenían firmes tras su muro de escudos y manejaban el hacha de guerra inglesa y la lanza corta germánica. Los caballeros normandos trataban en vano de superarlos desde sus altos caballos.

Pero los normandos habían conservado el viejo arte escandinavo del tiro con arco. En largas hileras y a distancia segura de los furiosos «housecarls» se formó entonces la peonada para disparar largas saetas emplumadas. Cada vez que retrocedía el ataque de los jinetes estaba preparada la cadena de arqueros, que cubría a los anglosajones con una lluvia de flechas silbantes.

Era una lucha desigual que hacía clarear lentamente la muralla de escudos del rey Harald. Entonces llegó como un huracán el último ataque resoplante y ululante de los barones y caballeros normandos. El rey de los sajones cayó empuñando el hacha de guerra; sus últimos guerreros huyeron al bosque.

La campaña normanda de 1066 es muy diferente a las anteriores. Esta vez los antiguos escandinavos no venían sólo para arrasar y saquear, sino que los conducía un duque que quería quedarse con toda su gente en Inglaterra y que quería hacerse rey. Cerca de un millón y medio de anglosajones cayó bajo el dominio de apenas doce mil bandoleros sin escrúpulos. Los vencidos fueron sometidos a la servidumbre de la gleba, a la prestación personal y a la tributación. Con su trabajo se construyeron las poderosas «keeptowers». los tremendos castillos y torres cuadrados normandos, y más tarde las catedrales normandas. La nobleza, los señores feudales, los lores y la alta clerecía serían en el futuro de sangre normanda, la población campesina y dedicada a las actividades artesanas sería, a partir de ahora, anglosajona.

La invasión de los normandos en Inglaterra fue un gran acontecimiento que cambió el mundo. Matilde, la esposa de Guillermo el Conquistador, lo bordó, junto con sus damas de corte, con todas sus fases, en el tapiz de Bayeux.

Desde cerca del año 500 se oye hablar de las correrías de los vikingos. Hacia 515, el .rey de los gutos» Hygelak está en el Bajo Rin. Hacia 620 desembarcan en las islas Shetland. En el siglo VIII aparecen en las costas inglesas. En 793 saquean el monasterio de Lindisfarne al noroeste de Inglaterra, en 798 asaltan la isla de Man.

Con su avance contra los holstenos y daneses hacia Jutlandia en 780, Carlomagno causó gran intranquilidad entre las gentes del norte. Cada vez con mayor frecuencia se hacían a la mar con sus audaces barcos dragones los belicosos campesinos de Dinamarca y Noruega.

En el siglo IX ardía toda Flandes, los vikingos remaban por el Loira, el Garona y el Rin. Rodeaban Gibraltar. Vikingos suecos (varegos) fundaron en 862 el reino “Rus” alrededor de Nóvgorod. Aparecen en el mar Negro y ante la ciudad de Constantinopla.

También hacia 860, vikingos desplazados por una tormenta llegan a la isla glacial de Islandia, y antes de 860 otros conquistan Kiev y llegan hasta el mar Caspio.

En 885/6, ejércitos nórdicos asedian París. Hacia 890 un tal duque Rollón se fija en la Normandía y es reconocido como duque feudal en Francia en 911. En 984, Erik el Rojo desembarca en Groenlandia.

Hacia el año 1000, el hijo de Erik, Leíf, llega hasta “Vinland”, es decir Norteamérica (Labrador).

Hacia 1046, uno de los hijos del conde Tancredo de Hauteville de la Normandía, Robert Guiscard, sigue a sus hermanos a Italia; venció a los potentados locales y fundó con su hermano Roger el posterior reino de las Dos Sicilias. El emperador Federico II de Hohenstaufen tiene sangre normanda en sus venas. Su imperio normando es una floreciente corona de Occidente.