Vlad Teppes, Drácula. Segunda parte.

La segunda parte de la interesante historia de Vlad Tepes, desde la época en que se enfrenta a los turcos hasta sus últimos días, ya siendo vampiro en la época actual.

EL DRAGÓN ATACA

Al nuevo sultán, Mehmed II, se le estaba agotando la paciencia con el gobernante valaco. Aunque Vlad resistía frente al Sacro Imperio Romano Germánico, estaba claro que no se convertiría en una marioneta del Islam. Cuando el Papa convocó otra cruzada contra el unificado Imperio Otomano, los divididos líderes europeos respondieron con poco entusiasmo. Sólo Vlad estaba preparado para ir a la guerra, lo que hizo que el Papa le mirara favorablemente.

Cuando una delegación del sultán llegó para presionarle, con la intención de asegurar su ayuda para la conquista de Serbia, Vlad les pidió que se quitaran los turbantes. Ellos respondieron que nunca se los quitaban. Vlad les dijo que les ayudaría a mantener sus costumbres, y ordenó que los turbantes fueran clavados en sus cabezas.

Entonces contactó con los líderes serbios y les reveló la inminente invasión por sorpresa. Había dejado ya de pagar impuestos al sultán, y combatió a las tropas musulmanas que asaltaban sus aldeas en busca de jóvenes para convertirlos en tropas jenízaras.

Hizo todo esto para provocar al sultán, que exigía a Vlad que viajase a Constantinopla para “discutir” la situación. Drácula se rió del burdo intento de secuestrarle, y escribió a Mechmed diciendo que no tenía dinero para hacer efectivo el pago, y que si dejaba su reino, sus enemigos sajones lo tomarían.

Resistió hasta el invierno, cuando el Danubio se congela, y luego acordó ir a ver al sultán. Pidió a Mechmed que enviase a un importante bajá musulmán para gobernar Valaquia mientras estaba ausente. El sultán así lo hizo, pero envió a un espía para hacer el viaje con Drácula.

Vlad empaló al bajá, a las tropas del bajá, y al espía. Disfrazado como el bajá, Vlad guió a su ejército a la gran fortaleza construida por su padre. Hablando un perfecto turco, ordenó a los guardias musulmanes que abrieran las puertas y dejaran entrar a su ejército. Eso hicieron, y las hordas de Drácula se desparramaron por el interior, exterminando a todos en el interior. Después condujo a sus tropas a través del helado río Danubio para hacer una incursión relámpago en los territorios turcos.

Los relatos de los éxitos de Vlad galvanizaron al mundo cristiano, pero Europa no envió ningún apoyo. El sultán reunió a una de las fuerzas más grandes de la historia del Imperio Otomano para conquistar el diminuto reino de una vez por todas.

Drácula reunió tropas de los diferentes pueblos que componían su reino, y las arengó con gloriosos e inspirados discursos. Recompensó generosamente a cualquier hombre herido en batalla, y empaló a todos los desertores y a los que hubieran sido heridos en la espalda. Estableció una amplia red de exploradores a lo largo del Danubio para mantenerse informado de los movimientos enemigos.

Sus tropas realizaron ataques sorpresa contra los turcos, infligiéndoles serios daños y desapareciendo cuando éstos contraatacaban. Uno de estos ataques llegó peligrosamente cerca de la tienda del sultán. Los turcos peinaron los campos, pero nunca pudieron encontrar el campamento oculto de Drácula.

Los turcos capturaron a uno de los soldados de Drácula reclutados entre los campesinos, y le ofrecieron tierras a cambio de información. El infante rehusó, y también se negó a traicionar a su país cuando se le amenazó con una muerte lenta por torturas. Por primera vez, el sultán empezó a temer a su oponente.

Drácula condujo a los hombres del sultán más profundamente al interior de Valaquia mediante retiradas estratégicas. Comenzó una política de “tierra quemada”, arrasándolo todo a su paso, envenenando los pozos, retirando las provisiones, y desviando los ríos al paso de los turcos. El príncipe puso a todos los habitantes refugiados bajo la protección de sus ejércitos y envió campesinos apestados a los campamentos turcos para extender la peste.

Los turcos se encontraron avanzando por un erial de cenizas, fango y enfermedades. Cuando los rezagados dejaban al ejército para saquear comida, los hombres de Drácula los barrían y mataban. Vlad continuó con sus incursiones nocturnas en los cuerpos centrales de los ejércitos, diezmando a las numerosas tropas por desgaste. La sangre vampírica que corría por sus venas le daba una fuerza y coraje sobrehumanos, e inspiraba en las tropas actos de gran bravura.

Estas tácticas hicieron mella en los turcos. Su miedo aumentó, mientras su número bajaba y su moral se hundía. Aunque sitiaron varias fortalezas en el camino hacia la capital de Drácula, no pudieron capturar ninguna de ellas. Cuando alcanzaron la capital fortificada de Drácula, se encontraron con la boca del infierno. Los márgenes del camino eran un “bosque de muertos”: casi dos kilómetros de cuerpos empalados.

Empalados en lo más alto estaban los restos putrefactos del bajá y el espía. El hedor era insoportable, y el horrorizado sultán, todavía conmocionado por el casi exitoso atentado contra su vida, gimió de terror. Ordenó a sus tropas cavar un enorme foso alrededor del campamento para mantener alejadas a las fuerzas de Vlad durante la noche, y a la mañana siguiente ordenó la retirada masiva.

La sorprendente victoria contra todo pronóstico de Vlad le convirtió en un héroe para el mundo cristiano. El furioso sultán supo que no podría derrotar al príncipe utilizando la guerra convencional, por lo que utilizó una treta común entre los boyardos valacos. Apoyó a un pretendiente al trono valaco con un gigantesco ejército y le envió a destruir el poder de Vlad desde dentro. Aunque Vlad había exterminado sin piedad a cualquier posible pretendiente, todavía quedaba uno… su propio hermano, Radu.

LA CAÍDA DEL DRAGÓN

Respaldado por un masivo contingente de tropas turcas, Radu dijo a los nobles boyardos que se podían librar de su hermano, el poderoso príncipe Drácula, si le apoyaban. Los boyardos azuzaron los sentimientos en contra de Drácula en la nación por medio de la propaganda. Acusaron a Vlad de pretender empalar a todos los habitantes de Valaquia, y pintaron un cuadro de la vida bajo Drácula como una constante privación y guerra con los turcos.

Aunque los boyardos partidarios de Drácula permanecieron inmutablemente fieles, muchos de los más viejos cedieron, permitiendo a las tropas turcas atravesar las fortificaciones y entrar en los pueblos fronterizos valacos. Con sus fronteras desgarrándose por la traición, Vlad fue atacado en su castillo. Su esposa prefirió arrojarse desde la ventana de una torre antes que correr el riesgo de ser capturada.

Vlad se vio forzado a huir de su castillo sitiado a través de un túnel secreto. Sus Hachas y campesinos leales le ayudaron a escapar a la seguridad del norte, mientras su infiel hermano Radu le traicionaba ascendiendo al trono.

Sin sus leales tropas, y sin sangre fresca de vampiro, Vlad se volvió tan débil como cualquier otro mortal. Decidió acudir a Matías, rey de Hungría e hijo de Hunyadi, para pedir otra cruzada. Desgraciadamente, los europeos, divididos y peleándose entre ellos, no podían aportar ninguna ayuda. Se habían acostumbrado a que los vampiros les dijeran encubiertamente lo que tenían que hacer, pero la guerra de la Camarilla y el Sabbat forzó a los clanes a abandonar a sus peones mortales para asegurar sus vidas inmortales. Consecuentemente, Europa vio cómo sus líderes caían en la indecisión y la futilidad.

Radu ofreció generosas recompensas a Matías por el arresto de Vlad, y el débil gobernante accedió. Apartó a Drácula de sus leales Hachas, con la promesa de restaurarle en su trono; una vez estuvo aislado, Matías lo puso bajo arresto domiciliario.

Vlad esperaba que la Cristiandad reaccionara con furia a esta traición y arresto, pero el clamor nunca se produjo. Los boyardos alemanes habían llevado a cabo una campaña de propaganda masiva contra él a lo largo de toda Europa, describiéndole como un torturador y un loco mucho más malvado que los turcos.

Fuera de contexto, las acciones de Drácula parecen obra de un monstruo. Como “Dracul” significa tanto dragón como demonio en rumano, los servidores de Vlad el Monje convencieron a gran parte de Europa que Drácula era el favorito del Infierno, más que un cruzado de la Iglesia. Para empeorar las cosas, el Papa, que admiraba a Vlad, acababa de morir, sin dejar a ninguna autoridad que pudiera contar la verdad.

Vlad sufrió enormemente en su cautiverio y juró reconquistar el trono. Entonces, Radu renegó de sus promesas a Occidente y permitió a los turcos que impusieran tributos a Valaquia. Matías no tuvo más opción que liberar a Drácula y amenazar con reponerle en el trono. Cuando el débil Radu sucumbió ante las tropas moldavas, Drácula se unió en esponsales a la familia Hunyadi, asegurándose el suficiente poder para reconquistar el trono por tercera vez.

Drácula volvió a Valaquia para encontrar su pequeño reino invadido por el Sabbat. Sin un gobernante firme, los vampiros anarquistas vagaban por Transilvania impunemente, siguiendo el rastro de aterrados antiguos. Vlad no tuvo dificultad en capturar vampiros para obtener sangre fresca, y repuso la fuerza sobrehumana de sus Hachas y su resistencia.

El príncipe lanzó nuevos asaltos contra los turcos, derrotándoles en cada ocasión. Pero sus triunfos no le dejaban satisfecho. El brillo de las conquistas militares empezó a empañarse: su cautiverio le había obligado a contemplar su mortalidad. El sentido de su vida se hizo más importante que sus logros. Vio su vida mortal como un breve relámpago en la historia, y la vida vampírica como una eternidad por descubrir.

Entonces envió jinetes para encontrar a la vampiro Durga Syn, como su padre le había ordenado. Antes había sido incapaz de encontrarla, pero ahora estaba dispuesto a conseguirlo. En esta ocasión, ella acudió a él inesperadamente.

La misteriosa anciana le dijo al príncipe que había seguido su carrera con interés, y los dos pasaron mucho tiempo hablando. Después de aprender al pie de los tres mayores señores de la guerra (Dracul, Murad y Hunyadi) estaba contento en convertirse en el protegido de una pacificadora.

Utilizando la sabiduría aprendida de Durga Syn, espió tanto a la Camarilla como al Sabbat, y comenzó a manipular a los manipuladores. Cuando supo que los Tzimisce habían enviado poderosos vampiros para asesinarle, hizo que Justicars de la Camarilla interceptasen la partida de guerra.

Después de que los dos grupos se destruyeran mutuamente en batala, Vlad y sus Hachas cayeron sobre ellos haciendo prisioneros a los dos vampiros supervivientes. El más poderosos había entrado en letargo, pero el más joven, Lambach, todavía estaba consciente. Drácula los llevó a su cámara de torturas en el castillo, y encadenó a Lambach a una enorme estaca.

Sus guardas sostenían un pesado mecanismo que podía empujar la estaca, atravesándole, al menor impulso que le diesen. Drácula dijo al hambriento Vátago que se le permitiría vivir si le convertía en vampiro, prescindiendo del Vínculo de Sangre. El desesperado Lambach accedió, y Vlad sintió la corrosiva agonía y la suave pasión de la Resurrección.

Drácula, fresco por la resurrección vampírica, consumió la sangre del vampiro más antiguo. Lleno de ímpetu gracias al nuevo poder, alimentó con su propia sangre a sus fieles Hachas, que se convirtieron voluntariamente en sus ghouls. Fiel a su palabra, Drácula liberó a Lambach, diciéndole al Tzimisce que el Sabbat podría esperar su pronta visita.


EL DRAGÓN ETERNO

Drácula empezó a despreocuparse cada vez más de las insignificantes intrigas palaciegas del mundo mortal. Simuló su propia muerte y colocó a una marioneta en el trono de Valaquia. Durga Syn partió, prometiendo volver más adelante.

Vlad pasó tiempo entre el Sabbat y la Camarilla durante los primeros días de ambos grupos. Aunque formalmente era un Tzimisce, no estaba obligado a establecer alianzas con ningún clan. Tendía a inclinarse hacia el Sabbat, prefiriendo la libertad que pregonaba a las reaccionarias normas de la Camarilla. Sin embargo, disfrutaba de la compañía de los sabios y reflexivos vampiros de la Camarilla más que la de los salvajes y rebeldes Vástagos del Sabbat.

Después de ayudar a perfilar las cortes de la Camarilla, abandonó airado el grupo. Les dijo que se mostraban deliberadamente ciegos a los peligros del Vínculo de Sangre y de los Antediluvianos. Colaboró con el Sabbat, luchando contra muchos de sus viejos aliados de la Camarilla. Sin embargo, se esforzaba por llevar a buen término los objetivos del Sabbat sin chocar con sus amigos más cercanos de la secta rival.

Pronto llegó a un callejón sin salida en su trato con el salvaje y anárquico Sabbat, y abandonó sus filas. Los Paladines que intentaron castigarle por abandonar fueron descuartizados en piezas de no más de una pulgada y depositados en una guarida del Sabbat.

Finalmente, Drácula se unió a la secta independiente de respetados vampiros antiguos llamada el Inconnu, que trabajaban incesantemente para curar a los vampiros de su necesidad de sangre. En su búsqueda de mayor conocimiento, estos vampiros se aliaron con demonios. Pero entonces Drácula volvió a sus prácticas de cambiar un mal por otro.

A través de los años, Drácula dejó de obsesionarse por el poder personal, mostrándose más preocupado por alcanzar la Golconda: el estado de iluminación en que un vampiro se libera de su frenesí y de la Bestia. Cuanto más poder obtenía sobre los demás, menos le satisfacía éste, y más deseaba conquistarse a sí mismo.

Observó paralelismos entre la Golconda y las tradiciones místicas islámicas, cristianas, paganas y gitanas que había estudiado a lo largo de su amplia y variada carrera. Creía que él y todos los seres podían alcanzar la libertad de sus propios demonios interiores, y juró alcanzar ese estado.


EL DRAGÓN OCULTO

Aunque Drácula intentaba mantenerse en el anonimato, los esfuerzos de propaganda de sus enemigos han tenido un éxito mayor del esperado. Las historias del príncipe loco de Valaquia y de sus sangrientas estacas se extendieron como la pólvora a lo largo de toda Europa y el Cercano Oriente. Rumores del enigmático misticismo del Inconnu corrieron a su vez por la comunidad de vampiros también; estos rumores fueron a menudo contrastados con las fábulas populares de su legendaria crueldad mortal.

A pesar de todos sus esfuerzos, Drácula no pudo sacudirse su gran reputación, y era un objetivo fácil para sus enemigos de la Camarilla, el Sabbat y la Inquisición. Cuando extendió el rumor de que los Antediluvianos eran una amenaza para los Vástagos, los clanes contraatacaron por medio de intermediarios humanos y vampiros. Después de que se uniera al Inconnu en el siglo diecinueve, peones humanos de los progenitores del antiguo vampiro estuvieron cerca de ponerlo en peligro y destruírlo. Vlad los mantuvo a raya con un ingenioso montaje: convirtió la historia real de su vida en el mito de Drácula.

A través de un erudito rumano, refirió al impresionable novelista victoriano Bram Stoker los ricos y abundantes acontecimientos de su vida. Inspirado por su oscura musa, Stoker creó un exuberante y pesadillesco tapiz de maldad que estalló en la conciencia de su época. La historia de Drácula tocó una cuerda tan sensible en los lectores de todo el mundo que efectivamente abortó los esfuerzos de quienes le acosaban.

Mientras los vampiros fueran el ingrediente de las siniestras leyendas que acechaban en las sombras de la conciencia cultural, los enemigos de Vlad se podían asegurar ayuda y asistencia de la temerosa ciudadanía. Pero cuando los no muertos se convirtieron en un entretenimiento popular, incluso los más cándidos campesinos se convirtieron en sofisticados cínicos. En la mente de las masas, los vampiros existían en las pesadillas y sombras y terrores nocturnos. Pero un vampiro de notable reputación visto en el cine no pasaba de ser una entretenida diversión y una ficción que no podría resistir ni siquiera en la hora más gélida.

Incluso los campesinos más supersticiosos se podían sentir superiores a la gente que seriamente buscaba un mito obvio como Drácula. Donde antes los enemigos de Drácula encontraban gente atemorizada y dispuesta a cooperar, ahora no encontraban sino ridículo y escarnio.

Irónicamente, la gente más culta está especialmente predispuesta a despreciar la más evidente prueba de los vampiros, a pesar de la fuerza de la evidencia. Mediante el mito de Drácula, Vlad hizo más para proteger la Mascarada que con ninguna otra cosa.

La historia de Drácula cautivó la imaginación de los victorianos como ninguna otra cosa lo había hecho. Drácula prendió en inocentes, vírgenes y jóvenes doncellas de alta cuna. Simbolizó los estímulos sexuales reprimidos de gente desexualizada, deseos que se manifestaban de formas retorcidas y perversas. Si Jack el Destripador agitó la imaginación, el vampiro Drácula, con su capa negra, la electrificó.

Razonablemente a salvo de sus enemigos, Drácula exploró la mágica historia de la tierra, encontrando a criaturas que nunca había sabido que existiesen. Incluso hoy se esfuerza para que se ilumine y libere la vasta oscuridad de su interior. Hace mucho tiempo que se retiró del mundo de los hombres, y ahora busca respuestas para los grandes enigmas de la Estirpe y los mortales.

Algunos antiguos sostienen que Vlad ha completado su búsqueda, encontrando la paz que todos los Vástagos buscan tan desesperadamente. Otros creen que no ha alcanzado la Golconda, pero que está muy cerca… más que ningún otro vampiro. Otros piensan que está perdiendo el tiempo intentándolo. Y hay quien piensa que la Golconda es una tapadera para su verdadero objetivo: la conquista de los Antediluvianos.

Drácula teme el regreso de los Antediluvianos y la consiguiente cosecha de sus hijos, y aconseja tanto al Sabbat como a la Camarilla a través del Inconnu. Cree que todos los grupos de vampiros ven un cuadro incompleto de la gran batalla, y están condenados a menos que vean la totalidad.