Relato – El me asusta…
Él me asusta. Cuando lo conocí, definitivamente me intimidó. ¿Cómo podría no hacerlo? Se alzaba sobre la mayoría de los hombres, una estatua de músculo y hueso tallada para la batalla. Su mirada era lo peor: pesada, intensa, como si pudiera ver a través de todas mis capas y defensas. Y detrás de una calma mal interpretada ocultaba una ferocidad latente que, solo con vislumbrarla en un destello de su iris, me hacía estremecer de pies a cabeza Claro que no debí aceptar salir con él. Lo supe desde el principio. Su posesividad no era la de un hombre enamorado, sino la de un coleccionista que ha encontrado una buena pieza. Era intenso, sí, pero en las malas maneras: en el silencio incómodo, en su presencia imponente, en la forma en que su mano agarraba mi cintura como una marca de propiedad. Hasta sus caricias eran pesadas, toscas. No, no…



