• 25 Aniversario

Combatiendo a los Caídos – Encadenados

Fue la fuga de los caídos la que despertó a los Encadenados. Estos demonios supieron de inmediato de donde provenían los caídos y qué eran. Pronto se dieron cuenta de otras tres importantes cosas.

  • La primera, que los caídos no se sentían automáticamente inclinados a obedecerles ni eran conscientes en un principio de su existencia.
  • La segunda, que los caídos poseían poderes demoníacos y cuerpos físicos; podían moverse, percibir e incluso pasar por humanos.
  • La tercera, que podían obtener Fe de los humanos de forma mucho más flexible que los Encadenados. Un Encadenado capaz de esclavizar a uno o varios caídos podría aprovecharse de sus capacidades en beneficio propio.

De igual forma, un Encadenado que consumiera la esencia de un caído podía conseguir parte de su saber y del resto de sus conocimientos.

Los Encadenados desean tener el mayor número posible de caídos a su lado. Representan una gran ventaja, muy superior a la de los adoradores mortales o los esclavos. Pero el peligro potencial también es apreciable. Es improbable que ningún caído, ni siquiera el más poderoso de la Tierra, sea capaz de derrotar a cualquier Encadenado, aunque un grupo de ellos puede representar una amenaza seria. Una corte infernal representa una amenaza mayor, ya que está organizada de forma similar a un culto y compite con el Encadenado por la devoción mortal, por no mencionar su capacidad para organizarse ante nuevas amenazas. Como resultado de ello, los Encadenados dedican una parte importante de sus recursos a identificar, rastrear y neutralizar a cualquier caído que ingrese en su territorio.

En general, los Encadenados prefieren capturar y esclavizar a los caídos que descubran, hecho por el que muchos Reyes del Pavor han creado equipos especializados de cazadores de demonios armarlos con una curiosa mezcla de tecnología moderna y reliquias arcanas. Estos equipos intentan someter y atar a los caídos antes de llevarlos ante la presencia del Encadenado, aunque algunos de los Reyes del Pavor prefieren esclavizarlos personalmente.

Si el demonio resulta ser demasiado astuto o poderoso para poderlo capturar, el Encadenado no dudará en ordenar su destrucción. En muchos casos, esto conlleva una emboscada cuidadosamente preparada y diseñada con la intención de destruir el cuerpo del huésped y desterrar su espíritu al Abismo. En algunas otras ocasiones, el Encadenado intentará consumir al demonio para apoderarse de su poder. En estos casos, un equipo especial atacará y debilitará a la víctima hasta que sea incapaz de resistirse, arrastrándola acto seguido hasta el lugar donde espera el Encadenado para consumirla.

Los Reyes del Pavor consideran que la mayor amenaza que pueden tener (dejando a un lado a otros Encadenados) consiste en la existencia de una corte infernal en su dominio. En condiciones ideales, el Encadenado intentará dispersar la corte mediante un ataque frontal si considera que la organización es suficientemente débil. En caso contrario, el Encadenado intentará hacerse notar lo mínimo posible a la vez que dedica sus recursos a socavar y dividir la corte desde el interior. Aunque los Encadenados son muy distintos a los caídos, siguen siendo expertos en las artes de la intriga, la política y la diplomacia, ya que han manipulado a varios imperios humanos a lo largo de la historia. Intentarán dividir la corte potenciando las disensiones internas,
la rivalidad y la ambición personal mientras esperan que llegue el momento adecuado para golpear.

Servidores Infernales

Debido a su condición demoníaca, los caídos poseen una debilidad con la que los Encadenados están muy familiarizados. Cualquiera que conozca sus Nombres Celestiales puede invocarlos y atarlos a su servicio. Debido a su posición elevada en las huestes infernales, muchos Encadenados recuerdan los Nombres Verdaderos de aquellos demonios que estuvieron a su servicio.

Debido a su dependencia de los rituales, los Encadenados hubieran cometido una estupidez si no hubieran aprendido todo lo posible de los rituales humanos que los liberaron del Infierno. Muchos de ellos poseen un excelente conocimiento experimental de las técnicas de invocación y atadura, aunque sufren las mismas restricciones que los caídos (consulta los detalles en el libro de reglas de Demonio).

Es decir, alguien debe prepararles el ritual exacto para invocar al demonio específico, el círculo de protección adecuado y todos los detalles necesarios. Los Encadenados no pueden utilizar estos conocimientos para invocar a sus antiguos sirvientes del Abismo y esclavizarles. Ningún demonio puede hacer esto, ya que los rituales necesarios implican la presencia de expertos hechiceros humanos capaces de generar la Fe suficiente para alimentar la invocación. Este hecho demuestra que los humanos participantes son capaces de hacer algo que el Encadenado es incapaz de hacer por sí mismo. Los demonios suelen no hacer demasiado hincapié en este espinoso asunto.

Los Encadenados pueden realizar invocaciones de demonios que ya se encuentran en la tierra, aunque es poco probable que dediquen su tiempo en invocaciones con la esperanza de que algún antiguo sirviente ande cerca. Se trata de un asunto de economía elemental: no suele salir a cuenta gastar tiempo y esfuerzos cuando existen otras necesidades más concretas.

Con frecuencia, son los esclavos los que se encargan de derribar a los enemigos de su maestro, o a algún espíritu natural que el Rey del Pavor desea convertir en un servidor útil. Para capturar un caído, se necesita un grupo de esclavos que posea dones especiales como fuerza, resistencia y velocidad sobrehumana, sentidos mejorados para no dejarse engañar por las ilusiones e inmunidades al control mental. Los esclavos poseen una voluntad débil, por lo que aquellos que se dedican a atrapar a los caídos deben someterse a la exposición de visiones sobrenaturales y ser capaces de resistir los efectos de las revelaciones. El equipo ayuda a equilibrar la balanza. Las protecciones capaces de absorber daño y defender contra el frío y el calor suelen ser útiles, así como una gran variedad de armamento, incluyendo opciones no letales como dardos tranquilizantes.

A diferencia de los Encadenados, los caídos pueden sufrir daño físico, y una cantidad suficiente basta para someterlos. Ante todo, estos grupos deben poseen una gran capacidad táctica. El ataque a un caído debe ser rápido y certero, algo que no es fácil de conseguir. Puede ser necesario emplear tácticas de subterfugio, como hacerse pasar por policía, para mantener su guardia baja y conducirlo hasta el lugar adecuado. La parte más crucial del asalto consiste en el ritual de atadura, ya que no puede realizarse en cualquier sitio. Al igual que ocurre con un ritual de invocación, debe llevarse a cabo en un lugar adecuado. De una u otra forma, se debe conducir al caído hasta el interior del círculo y mantenerlo en el interior hasta que el ritual haya finalizado.

El caído también puede ser víctima de ataques a su fuente de fuerza (rastreando y eliminando a sus esclavos), ya que todo Encadenado es consciente de que la muerte de los esclavos debilita al demonio, aunque la desaparición de todos pone en peligro su utilidad como sometido. Bien, no exactamente, ya que siempre se le puede ordenar que reclute algunos.

Los esclavos que conocen el ritual de atadura simplemente sirven para canalizar el poder de su maestro. Es el Encadenado el que obtendrá el control sobre el caído, no los esclavos. En el clímax de la ceremonia, el Encadenado se unirá al esclavo para enfrentar su voluntad contra la del caído. Como siempre, este contacto tendrá consecuencias catastróficas para el esclavo.

Si no es posible realizar la atadura (o ésta fracasa), el caído debe ser retenido y conducido hasta la presencia del relicario antes de destruir el cuerpo del huésped. El Encadenado debe estar “presente” para devorar la esencia del caído. O, si posee el saber apropiado, atar esta esencia a un objeto.

Si la atadura tiene éxito, el caído debe obedecer al Encadenado. Un hechicero humano, utilizando el mismo ritual, puede atar a un demonio durante un tiempo limitado y dar un número limitado de órdenes. La naturaleza infernal del Encadenado le permite extender este período substancialmente. Es importante recalcar que aunque el caído está atado, su esencia es libre. Sólo mediante la posesión del Encadenado o el conocimiento de su Nombre Verdadero se convierte en un servidor infernal.

Los servidores infernales son los esclavos más valiosos para un Encadenado, aquellos en los que está dispuesto a gastar energías para protegerlos y cuyos sentimientos puede llegar a tener en cuenta. Un servidor infernal puede participar en los rituales del Encadenado, ya que el demonio puede revelarle el saber necesario para ello. El servidor infernal es el responsable de la custodia del relicario, conoce su verdadero escondite, mata cuando el Encadenado lo desea, actúa como mensajero entre las congregaciones y lidera los enfrentamientos contra otros Encadenados o contra las cortes infernales.

El servidor infernal es consciente de su situación. Su naturaleza, intelecto y habilidades permanecen intactos, pero no puede desobedecer a su señor. Su Tormento se incrementa inexorablemente con cada acción independientemente de su estado mental. Sólo puede salvarse de dos formas. La primera consiste en destruir a su señor. El destierro del Encadenado al Abismo puede otorgarle cierto respiro temporal, al menos hasta que el Rey del Pavor regrese a la Tierra. La segunda consiste en que la naturaleza del caído cambie en tal grado que como resultado de ello se produzca un cambio en su Nombre Verdadero.

Aunque la realización de este cambio constituye una tarea excepcionalmente compleja mientras el caído está sometido, un demonio paciente y determinarlo puede utilizar las oportunidades que se le presentan para redimirse con la esperanza de que estos actos lo alejen de los errores riel pasado.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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