Como sus compañeros semimortales, los Encadenados poseen habilidades sobrenaturales. De hecho, podríamos afirmar que los Encadenados solo poseen habilidades sobrenaturales, ya que carecen de un cuerpo mortal que les permita realizar cosas sencillas, como respirar, caminar o hablar. Algunos poderes de los Encadenados son idénticos a los del resto de demonios, mientras que otros son variantes o amplificaciones de estos poderes. Muchos de ellos son exclusivos de los Reyes del Pavor.
Fe
La Fe es la vida de los caídos, y es incluso más preciosa para los Encadenados. Sin Fe, el Encadenado es un espíritu indefenso atrapado en el interior de un objeto durante el resto de la eternidad, un destino no mucho mejor que el encierro en el Abismo. Con el poder vital de la Fe humana, el Encadenado puede realizar milagros blasfemos mucho mayores de lo que cualquier demonio podría imaginarse, aunque estos poderes le imponen un coste de energía espiritual. Los Encadenados son unos seres hambrientos de Fe, ya que necesitan una gran cantidad de ella para mantenerse activos y llevar sus planes adelante, por no mencionar el hecho de la dificultad añadida para conseguirla.
Adoración y Fe
Los caídos pueden obtener Fe de mortales, enfocando la Fe del mortal en ellos mediante un pacto previo o un acto de siega. Los Encadenados carecen de ambas opciones, ya que necesitan una Fe más concentrada que la que cualquier mortal puede producir. Por ello, los Encadenados obtienen Fe mediante la adoración deliberada de sus seguidores mortales. Cuando un grupo de mortales realiza un ritual de adoración a su maestro oscuro, el Encadenado recibe Fe: un punto por cada participante en el ritual.

Obviamente, el Encadenado preferiría poseer un centenar de seguidores a su disposición que realizara rituales diarios. Por desgracia, no es el ritual el que otorga la Fe, sino las convicciones de los mortales involucrados. Los mortales precisan llevar a cabo largos rituales repletos de sacrificios y autoflagelaciones que solo pueden realizarse en determinados lugares y en determinadas épocas. Al realizar estos complicados rituales, los mortales enfocan su voluntad y su fuerza emocional en la adoración. Solo un elevado nivel de adoración puede justificar las dificultades de la tarea. Es esta devoción la que concentra la Fe del mortal y permite que el Encadenado la canalice hacia su interior mediante el ritual. De igual forma, los rituales deben poseer un tamaño limitado, incluso para un culto con cientos de miembros, para que los participantes se sientan conectados con el Encadenado. Este sentimiento de proximidad impone a los seguidores un estado mental y espiritual adecuado para entregar su Fe al maestro. Los personajes que poseen un Trasfondo de Culto elevado obtienen Fe con mayor frecuencia por el hecho de que los distintos grupos de seguidores realizan más rituales. Los personajes con un Trasfondo de Adoración más elevado obtienen más Fe de los rituales por el hecho de que sus rituales involucran a un mayor número de participantes. Cada Encadenado posee una colección única de rituales diseñados por antiguos sacerdotes.
El jugador debe trabajar junto al Narrador para determinar el momento de realización de los rituales que suministran Fe al Encadenado. El Trasfondo de Culto pone de manifiesto la frecuencia de los rituales, pero no el día, la hora o las circunstancias. Muchos rituales se llevan a cabo en días significativos para los adoradores: el primer día del mes, la primera noche de luna nueva, al inicio de la medianoche, etc. Existen otros factores que podrían determinar los detalles del ritual. Quizá deben realizarse en determinados lugares con accesibilidad limitada. El jugador debería ponerse de acuerdo con el Narrador en los detalles, determinando los días y los momentos en los que el Encadenado recibe su Fe. Ten en cuenta que el Encadenado recibe esta Fe tras la finalización del ritual de adoración. Si el ritual es abortado antes de completarse, la Fe se pierde.
Ejemplo: Marta juega con un personaje Encadenado en la crónica de Luis. Su personaje es el Encadenado Neberu de la faz Ninsun, y ambos acuerdan que es coherente que su culto se rija por una serie de reglas y pautas astrológicas. Su Trasfondo de Culto de 2 y de Adoración de 3 permite que el Encadenado de Marta reciba 6 puntos de Fe dos veces al mes. Marta y Luis deciden que los seguidores de su personaje llevan a cabo los rituales los días sexto y decimosexto del mes, justo cuando una blasfema constelación estelar aparece sobre el horizonte. Los rituales finalizan con la llegada de la medianoche, momento en que el personaje de Marta recibe su Fe. Luis determina que los rituales deben llevarse a cabo en el exterior y alejados de las brillantes luces de la ciudad para que los sectarios puedan observar las estrellas durante los mismos.
Rituales de Veneración
Además de los rituales de adoración, que sirven para generar Fe para el Encadenado, existen rituales de veneración menores que otorgan una pequeña ventaja al personaje. A diferencia de los caídos, los Encadenados no pueden segar a sus esclavos para obtener dados adicionales de evocación, aunque pueden obtener dados adicionales a partir de los rituales de veneración, rituales capaces de producir una cantidad difusa de Fe que les ayuda a evocar su saber retorcido. Los rituales de veneración requieren un grupo de adoradores, aunque solo precisan unas pocas horas para completarse. Al final de estos rituales, el Encadenado recibe un número de dados de bonificación igual a las horas necesarias para completar el ritual, hasta un límite igual al nivel permanente de Fe del personaje. Estos dados de bonificación deben utilizarse inmediatamente para realizar una tirada de evocación o se pierden irremediablemente. El Encadenado sabe el momento en que un ritual de veneración se está llevando a cabo y puede planear con antelación el uso de los dados de bonificación.
El trasfondo de Adoración del personaje determina la duración del ritual de veneración, así como el número máximo de dados adicionales que pueden obtenerse del mismo. El nivel permanente de Fe del personaje es el único límite al número de dados que pueden obtenerse. Si el ritual dura 10 horas y tu personaje posee una Fe de 6, obtendrás 6 dados de bonificación. A diferencia de los rituales de adoración, los rituales de veneración no se realizan de forma regular. Tu personaje deberá encargarse de organizar el ritual en el momento adecuado para poder beneficiarse de él. Si éste es interrumpido antes de su finalización (probablemente por las maquinaciones de los enemigos de tu personaje) no obtendrás ningún daño de bonificación, aunque hubieran pasado varias horas desvíe su inicio. En función de las circunstancias, el Narrador puede decidir que el ritual Gleba realizarse en lugar determinadlo, incorpore determinados materiales específicos o cuente con elementos adicionales que compliquen su ejecución (y de lugar a nuevas posibilidades para la historia).
Ejemplo: Los sectarios que adoran al personaje de Marta pueden realizar rituales de veneración de seis horas de duración para concederle dados adicionales de evocación. Luis sugiere que, como sucede con los rituales de adoración, estos rituales se realicen de noche y alejados de fuentes de luz artificial. Marta no está demasiado de acuerdo, ya que impone un límite severo al momento en que puede obtener la reserva extraordinaria de dados. Por este motivo sugiere que en vez de ello los sectarios realicen los rituales de veneración imitando constelaciones (posicionándose de una forma determinada y desplazándose según unos esquemas predeterminados a lo largo del ritual), y puedan realizarlos en cualquier momento del día. Luis está de acuerdo, ya que la flexibilidad adicional queda compensada por el incremento del peligro de cometer un error e interrumpir el preciso ritual.
Estasis
Sin Fe, un caído es simplemente un mortal con cierto potencial de poder. Sin Fe, un Encadenado no es nada, cesa de existir. Un personaje Encadenado carente de puntos de Fe temporal cae en un estado de éxtasis, una hibernación intemporal donde el personaje no puede hacer otra cosa que soñar con volver a despertar. Cada día que transcurra en que el Encadenado carezca de Fe temporal, éste debe gastar un punto temporal de Fuerza de Voluntad. Cuando el personaje se quede sin Fuerza de Voluntad temporal, caerá en éxtasis y permanecerá indefenso y dormido en el interior de su relicario.
Para recuperarse del éxtasis, el Encadenado necesita Fe. Un solo punto de Fe temporal bastará para levantarlo de su letargo y le permitirá realizar evocaciones y esclavizar mortales. Por supuesto, para recibir Fe, el Encadenado necesita seguidores, y si el culto se ha disuelto durante su sueño, la criatura no tendrá oportunidad alguna de recuperarse del éxtasis. Es probable que exista un sinnúmero de Encadenados durmiendo en relicarios enterrados o encerrados en museos a la espera de un mortal que recupere una fe olvidada y vuelva a suministrarle adoración.
La Fe Como Arma
Al igual que ocurre con los caídos, los Encadenados utilizan la Fe de los mortales como fuente de poder, aunque los mortales pueden utilizarla contra ellos como arma. Los Encadenados son tan vulnerables a la Fe mortal como los caídos, incluso más. Aunque sus relicarios son más resistentes que un huésped mortal, los Encadenados no pueden defenderse contra los poderes de la Fe sin recurrir a sus sirvientes.
Si un Encadenado se encuentra en tierra consagrada (un lugar con un potencial de Fe, como una iglesia o un templo), sufre daño debido al poder hiriente de esa Fe. Si el demonio se encuentra en un cuerpo físico (posee a un huésped mortal o manifiesta su cuerpo apocalíptico), sufre la pérdida de un número de niveles de salud de daño letal igual al potencial de Fe del lugar por cada turno transcurrido (estos niveles pueden ser absorbidos de la forma normal). El Encadenado debe realizar una tirada de Fuerza de Voluntad (dificultad 7) por turno para permanecer en tierra consagrada.
Si el relicario del Encadenado se coloca en tierra consagrada, el peligro es mucho mayor, ya que la Fe mortal destruye la magia protectora del objeto. El Encadenado recibe el mismo daño que en el caso anterior: un número de niveles de daño letal igual al potencial de Fe del lugar por turno. Este daño no puede absorberse y el daño se aplica a los niveles de salud del relicario, no a los del personaje.
Como último recurso para mantener el relicario indemne, el Encadenado puede gastar Fe para negar los efectos. Cada punto de Fe temporal niega un nivel de daño letal en ese turno. Al final, incluso los Encadenados más poderosos gastarán su Fe y el relicario será destruido, enviando a la criatura al Abismo (consulta “Muerte de los no muertos”). Para evitar este desenlace, el Encadenado debe hacer que el relicario abandone la tierra consagrada. Sus esclavos pueden encargarse de ello, o el demonio puede verse obligado a manifestar su forma apocalíptica y sacar el relicario en persona. Si opta por esta alternativa, el Encadenado comenzará a sufrir el daño descrito con anterioridad.
Los objetos sagrados poseen el potencial para dañar a los Encadenados, o a su relicario, de una forma similar al terreno consagrado. Si un objeto con un determinado potencial de Fe se aplica a la piel del Encadenado de forma física (un huésped mortal o un cuerpo apocalíptico), el personaje sufre un número de niveles de daño letal igual al potencial de Fe del objeto, aunque este daño puede absorberse. Si el objeto se coloca junto al relicario del personaje, este recibe el daño y no puede absorberse, aunque el Encadenado puede gastar Fe para negar el daño de forma temporal. Las oraciones de los mortales también pueden servir contra los Encadenados. De hecho, los mortales desarrollaron estas oraciones para defenderse contra las depredaciones de estos seres cuando regresaron a la Creación en el pasado. En general, las oraciones afectan a los Encadenados de la misma forma que a los caídos, con los siguientes cambios:
• Destierro: El demonio no puede ingresar en la zona de donde ha sido desterrado, ya sea en forma apocalíptica o bajo un cuerpo mortal. Si el relicario del personaje permanece en esta zona, la mente del Encadenado permanece en su interior, por lo que puede realizar evocaciones de forma normal, aunque no puede manifestar su cuerpo apocalíptico en la zona hasta que no hayan desaparecido los efectos de la oración.
• Abjuración: El Encadenado no puede entrar en la zona por voluntad propia. Si alguien coloca el relicario del personaje en su interior, este puede actuar de forma normal, aunque no puede manifestar su cuerpo apocalíptico hasta que no hayan desaparecido los efectos de la oración.
• Atadura: Si se realiza una oración de atadura sobre el Encadenado mientras se encuentra en el interior de un cuerpo físico, este queda atrapado de forma normal, aunque siempre tiene la opción de retirarse hasta su relicario. Si la oración se realiza sobre el relicario, el Encadenado queda atrapado en su interior, siendo incapaz de poseer un cuerpo mortal o manifestar su forma apocalíptica durante la duración de la oración (aunque puede utilizar evocaciones).
• Exorcismo: Si esta oración se realiza sobre un Encadenado que posea un huésped mortal, expulsa al personaje del cuerpo mortal y lo encierra en su relicario. El mortal está condenado a muerte, ya que su cuerpo sufre las quemaduras del ardiente poder del Encadenado. Esta oración no tiene ningún efecto si se realiza sobre el relicario del Encadenado. La armadura espiritual del relicario es más poderosa que cualquier Fe mortal y no existe ninguna oración capaz de romper la conexión existente entre el Encadenado y el objeto inanimado.


