• 25 Aniversario

La Cacería en Vampiro: La Mascarada

¿Qué es la cacería?

La cacería es el acto mediante el cual un vampiro obtiene sangre, su sustento vital. Pero en La Mascarada, este acto está cargado de simbolismo. No se trata solo de alimentarse: se trata de cómo se alimenta, de quién, y por qué.

Cada cacería es una oportunidad para:

  • Explorar el conflicto entre la Bestia y la Humanidad.
  • Revelar aspectos ocultos del personaje.
  • Introducir tensión narrativa.
  • Desencadenar consecuencias políticas o sociales.

En V20, la sangre es poder. Es lo que permite activar disciplinas, sanar heridas, mantener la apariencia humana y resistir el frenesí. Pero también es adicción, dependencia y condena.

Mecánicas de cacería en V20

Tiradas de Cacería

La forma más común de resolver la cacería en V20 es mediante una tirada de Atributo + Habilidad, dependiendo del método elegido por el personaje. Algunos ejemplos:

  • Astucia + Callejeo: Buscar presas en zonas urbanas, evitando la atención.
  • Manipulación + Subterfugio: Engañar o seducir a la víctima.
  • Fuerza + Pelea: Cacería violenta, directa.
  • Carisma + Etiqueta: Alimentarse en eventos sociales sin levantar sospechas.

La dificultad varía según el entorno, la hora, la vigilancia, el tipo de presa y el estilo del personaje.

Tiempo y cantidad

Una cacería exitosa puede otorgar entre 1 y 5 puntos de sangre, dependiendo del método, el tipo de presa y si se alimenta con moderación o hasta el último aliento. Matar a la víctima puede tener consecuencias graves, tanto mecánicas como narrativas.

Riesgos
  • Romper la Mascarada: Si alguien ve al vampiro alimentarse, puede haber consecuencias graves.
  • Pérdida de Humanidad: Alimentarse con crueldad, matar sin necesidad o disfrutar del sufrimiento puede hacer que el personaje pierda puntos de Humanidad.
  • Conflictos sociales: Cazar en territorio ajeno puede generar tensiones con otros vástagos.

Estilos de cacería según el clan

Cada clan tiene su estilo, sus preferencias y sus limitaciones. La cacería puede ser una extensión del concepto de personaje y del clan al que pertenece.

  • Toreador: Ven la cacería como una experiencia estética.
  • Nosferatu: Cazan en los márgenes, en las cloacas, entre los olvidados.
  • Ventrue: Solo pueden alimentarse de un tipo específico de sangre.
  • Gangrel: Cazan como depredadores, en zonas rurales o abandonadas.
  • Malkavian: Su cacería puede ser errática, simbólica o profundamente perturbadora.
  • Brujah: Pueden cazar en medio del caos.
  • Assamitas: Algunos aún cazan vástagos para obtener sangre con poder.
  • Ravnos: Usan ilusiones para atraer o distraer a sus presas.

Narración y ambientación

La cacería no tiene por qué ser una escena rápida o mecánica. Puede ser una oportunidad para:

  • Explorar el conflicto interno del personaje.
  • Desarrollar relaciones con NPCs.
  • Introducir nuevas tramas o enemigos.
  • Reforzar el tono de la crónica.

Ejemplo narrativo: Un Toreador se infiltra en una galería de arte, seduce a un crítico famoso, y se alimenta de él en un rincón oscuro. Pero el crítico es ghoul de un Ventrue local, y la cacería desata una cadena de conflictos.

Consejos para narradores

  • Haz que la cacería tenga consecuencias.
  • Usa la cacería para introducir tramas.
  • Explora el conflicto moral.
  • Varía el tono.
  • Premia la creatividad.

Conclusión

En V20, la cacería es una herramienta narrativa poderosa. No se trata solo de llenar el depósito de sangre, sino de explorar la relación del personaje con su humanidad, su clan, y el mundo que lo rodea. Una buena escena de cacería puede ser tan memorable como un combate o una revelación política.

Convertir la cacería en una experiencia rica y significativa puede elevar tu crónica a otro nivel. Porque en Vampiro: La Mascarada, cada gota de sangre tiene un precio.

Ejemplo de Cacería:

La ciudad dormía, pero él no.
Desde la cornisa del edificio, observaba las luces parpadear como estrellas artificiales. El hambre le quemaba el pecho, un fuego lento que no se apagaba con voluntad ni con rezos. Era la tercera noche sin alimentarse, y la Bestia comenzaba a susurrar.

“Solo una gota. Solo una vida.”

Bajó sin hacer ruido, como una sombra que se desliza entre otras sombras. Las calles del barrio eran un laberinto de neón y desesperación. Allí, entre los olvidados, encontraría lo que necesitaba. No por crueldad, sino por necesidad. ¿O acaso era lo mismo?

La vio en la parada del colectivo. Joven, distraída, con los auriculares puestos. El mundo entero podía colapsar y ella no lo notaría. Se acercó, con pasos suaves, como si el suelo lo invitara a cazar. La conversación fue breve, casi innecesaria. Un gesto, una sonrisa, una mentira.

En el callejón, el tiempo se detuvo.
El mordisco fue preciso, casi elegante. Ella no gritó. Él no tembló. La sangre fluyó como un río secreto, tibia, dulce, viva. Por un instante, se sintió humano otra vez. Por otro, se sintió un dios.

Pero cuando terminó, la dejó ir.
Ella no recordaría nada.
Él, en cambio, lo recordaría todo.

“Una gota más cerca de la Bestia.”

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

5 comentarios:

  1. Me encantó. Muy buena descripción y sin dudas que la cacería da mucha tela para cortar

  2. Eria Leticia Bojórquez Gómez

    ¡Me encantó! Aunque me hizo falta el estilo de cacería de los Salubri y los LaSombra.

    • LASOMBRA…

      La noche se extendía sobre la ciudad como un manto de terciopelo negro. Para Alejandro, Lasombra de tres siglos, la oscuridad no era solo un refugio: era su arma, su esencia. El hambre lo quemaba por dentro, un fuego frío que exigía sangre fresca. No cualquier sangre: necesitaba la de alguien influyente, alguien cuya caída fortaleciera su red de poder.

      Desde la terraza de un edificio abandonado, observaba el centro financiero. Las luces de los rascacielos parecían estrellas artificiales, pero Alejandro sabía que la verdadera oscuridad se escondía en los corazones de quienes trabajaban allí. Su presa: Martín Salcedo, un abogado ambicioso que había empezado a cuestionar ciertos contratos que beneficiaban a los aliados del clan.
      Alejandro descendió por la escalera de incendios, su silueta fundiéndose con las sombras. Cada paso era un susurro, cada movimiento una caricia de la noche. Cuando llegó a la calle, la Obtenebración se desplegó como un velo: las farolas titilaron y se apagaron, dejando la cuadra sumida en penumbra. Nadie notó nada; la ciudad estaba acostumbrada a fallos eléctricos.
      Martín salió del edificio, hablando por teléfono, distraído. Alejandro sonrió. Con un gesto, las sombras se alargaron como serpientes, bloqueando la calle y creando un corredor oscuro. El abogado sintió el cambio, miró alrededor, pero ya era tarde: la oscuridad lo envolvió, aislándolo del mundo.

      Camina — ordenó Alejandro con voz suave, impregnada de Dominación. Martín obedeció, sus pasos resonando en el silencio artificial. Lo condujo hasta un callejón donde la luz no se atrevía a entrar. Allí, Alejandro se reveló, elegante, con ojos como pozos sin fondo.

      — No temas — susurró, mientras las sombras se retorcían detrás de él como criaturas hambrientas—. Solo será un instante.

      Martín intentó gritar, pero la oscuridad le robó el sonido. Alejandro lo sostuvo con fuerza inhumana, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel. Cuando sus colmillos perforaron la carne, la sangre fluyó como un río cálido, apagando el fuego del hambre. Cada sorbo era poder, cada latido una victoria.

      Cuando terminó, dejó el cuerpo vivo, pero marcado por el terror. Martín nunca recordaría el rostro, solo la sensación de que la noche lo había devorado. Alejandro se desvaneció entre las sombras, satisfecho. La ciudad seguía su curso, ignorante de que la oscuridad había cobrado su tributo.

    • SALUBRI…

      La noche envolvía la campiña como un sudario, y el viento traía consigo el olor a muerte. Elyon, un Salubri errante, caminaba entre los campos devastados por la guerra. Su hambre era un peso silencioso, un recordatorio cruel de que incluso los más piadosos deben beber para sobrevivir. Pero para él, la sangre no era solo sustento: era redención.
      A lo lejos, divisó una aldea en ruinas. Las casas ardidas eran esqueletos de madera, y los gritos habían cesado hacía horas. Solo quedaban gemidos apagados, como oraciones rotas. Elyon se acercó, su silueta cubierta por una capa oscura, y encontró a un hombre tendido en el barro, con las entrañas abiertas por una espada enemiga. El olor a hierro y muerte era insoportable.

      El hombre lo miró con ojos vidriosos, suplicando sin palabras. Elyon se arrodilló, posó una mano sobre su frente y dejó que el Tercer Ojo se abriera, irradiando una luz tenue en la oscuridad. Con voz suave, habló:

      —No temas. Tu dolor terminará.

      El poder de Ojo del Alma le permitió sentir cada fragmento de sufrimiento, cada miedo que corroía al moribundo. Con delicadeza, Elyon usó Valeren, cerrando las heridas lo suficiente para aliviar el tormento, pero no para salvarlo: la muerte era inevitable. El hombre suspiró, lágrimas mezcladas con barro.

      Entonces, Elyon inclinó su rostro y bebió. No con violencia, sino con reverencia, como quien toma un sacramento. La sangre era cálida, impregnada de desesperación y esperanza, y cada gota lo llenaba de fuerza y culpa. Cuando terminó, el hombre sonrió débilmente, libre del dolor, y exhaló su último aliento.

      Elyon cerró sus ojos, murmurando una plegaria. Luego se levantó y se perdió en la noche, llevando consigo el peso de otro pecado necesario.

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