Relato Batto – Secretos Oscuros

Este es el relato ganador del primer lugar en nuestro Concurso de Relatos «Secretos Oscuros» por Batto.

El agua de la tina lentamente iba llegando hasta la parte alta, un leve vapor emanaba de ella anunciando el delicioso baño que estaba a punto de tomar. Una mano suave, delicada, hermosa, femenina se hundió en el agua por unos segundos, comprobando la temperatura. El suspiro de placer ante lo deliciosa que estaba no se tardo en escuchar, pronto unos delicados pies, unas hermosas y torneadas piernas se fueron hundiendo en la calidez que la abrazaba.

Solo había tranquilidad y paz ahora, el cabello negro de Hailey se mojaba suavemente y flotaba en la superficie del agua formando una red negra que no permitía ver bien su hermosa y deseable silueta.

La mujer suspiro profundamente mientras que tomaba el cuchillo que había dejado afuera de la tina y observaba su rostro reflejado en la hoja. Había una profunda tristeza y soledad, sus ojos estaban un poco hinchados de tanto llorar. Tantas lagrimas derramadas por la misma causa, todos los días, siempre igual, todas las noches, siempre el mismo trato distante.

Lentamente hundió el cuchillo bajo el agua y lo llevo hasta su pierna, hasta sus pantorrillas. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior mientras que hacia presión suficiente para cortarse, largando un gemido de dolor y lagrimas cristalinas de sufrimiento y sacrificio. Entre sus sollozos llevo el cuchillo hasta la otra pierna para repetir el corte, intentaba cortarse siempre en el mismo lugar para tener la menor cantidad de cicatrices posibles, pero de todas formas se podían ver varios tajos cicatrizados en la misma zona.

Hailey lloraba desconsolada viendo como la tina se iba tiñendo de un color carmesí lentamente, simplemente se recostó allí, llorando en su miseria mientras que la sangre se iba muy lentamente. Al cabo de unas horas, ella seguía allí, el reloj marcaba las 9 de la mañana.

Ya había parado de sangrar y todo su cuerpo estaba semi flotando en el líquido carmesí que se había mezclado con el agua. Ella suspiro profundamente y quito el tapón de la tina, enderezándose con dificultad para encender la ducha y limpiarse bien. Tenía toda la pintura negra de sus ojos cayendo por sus mejillas a causa de las lágrimas. Se veía muy mal, muy pálida, mal pintada, con cara demacrada, cansada y triste. Una vez que se había terminado de bañar se quito la pintura para observar su rostro. Tanta belleza para nada… Era hermosa, pero eso no le servia para nada…

No pudo evitarlo y tomo su rostro entre sus manos, volviendo a llorar desconsolada, cayendo sentada y desnuda en el frío de las losas del baño. Sus piernas estaban lastimadas y había perdido mucha sangre, simplemente no tenia fuerzas. Tardo como una hora más en recomponerse, ponerse de pie, vestirse, maquillarse, arreglarse y salir a la calle. El sol era como una bofetada a sus ojos cansados, camino por las calles de Londres hasta llegar al banco y hacer varios tramites, siempre con una hermosa y dulce sonrisa, una vez fuera de la intimidad era pura sonrisa y efusividad.

Mas tarde, ya pasado el medio día fue a comprar algo para comer en el supermercado. Los hombres le sonreían y le lanzaban piropos al pasar, ella tan solo correspondía las sonrisas pero nada más. No deseaba ni sus cuerpos, ni su atención… Simplemente siguió con su obligación, y pasadas las dos de la tarde se encontraba de nuevo en la casa. Se preparo una ensalada y un bife de carne, mientras cocinaba nuevamente volvió a llorar sin poder evitarlo. Ya no podía mas, no podía aguantarlo mas, no podía sobrevivir así, sola. Dejo todo allí a medio hacer y corrió por la casa, abriendo la puerta y bajando las escaleras al subsuelo, las habitaciones aquí eran como una burda copia de la superficie, hasta tenia cortinas pesadas en las paredes para simular que detrás habían ventanas. Todos los muebles más caros y antiguos se encontraban en esta parte de la casa.

Hailey camino con cuidado por el pasillo hasta llegar a una puerta doble de madera, toda blanca y hermosamente tallada. La empujo suavemente y esta se abrió revelando una recamara increíblemente lujosa, lo único que se podía destacar entre toda la penumbra y la poca luz que entraba por las puertas era una cama de dos plazas con sabanas de seda color carmesí donde estaba recostado un hombre.

La mujer trago saliva y se mordió el labio inferior, mientras que lo observaba, llorando en silencio. Con mucho cuidado se bajo los tirantes del vestido y este cayo al suelo, dejándola desnuda al igual que el hombre que dormía. Cerro las puertas sin hacer ruido y se acerco de puntas de pie hasta la cama, con suavidad levanto las sabanas y se introdujo entre ellas avanzando lentamente, con miedo, hasta tocar la piel suave y helada del hombre.

Con cierto miedo recorrió sus abdominales y su torso superior, disfrutando del simple contacto, suspiro profundamente al notar que el no despertaría y con cuidado se acomodo refugiándose entre sus brazos y recostando su cabeza en su pecho, abrazándolo con devoción. Cerró sus ojos y se quedo allí dormida, para despertarse antes de que se ocultara el sol. Un poco asustada por lo tarde que era se separo de él y se vistió rápidamente, acomodándolo tal cual se había dormido la noche anterior y luego corrió a la parte alta de la casa a seguir con sus quehaceres.

El arconte se despertó con una sensación rara, pero no pudo determinar que era. Se vistió formalmente como siempre y subió las escaleras hasta encontrarse con Hailey en la cocina al parecer preparando una ensalada y un bife de carne. Todos siempre elogiaban lo bien que cocinaba, era una lastima que el no pudiera probar su comida, solía reprochárselo a diario internamente.

La mujer lo vio y le sonrió dulcemente, el hombre la noto un poco pálida y débil.
“¿Buenas noches Jan, dormiste bien?” le pregunto con amabilidad.

El arconte asintio sonriendo levemente -Muy bien, gracias ¿Y tu?- le pregunto pero sin darle tiempo a responder agregó -¿Hiciste lo que te pedí hoy?-

La mujer asintió bajando la vista a la comida mientras que le salían algunas lágrimas de los ojos. “Si Jan…” le dijo aclarándose un poco la garganta “Como odio las cebollas…” comento forzándose a sonreír para él y no preocuparlo.

El arconte se sonrió levemente, ella siempre lloraba con las cebollas al cocinar, o eso creía… -Muchísimas gracias Hailey- le dijo mientras que se disponía a darse media vuelta para partir.

“Espera… Jan…Yo…” –Te amo… te amo Jan…- “Te quería pedir… algo de sangre… ya me siento débil…” Se sentía débil, idiota, patética, cobarde e impotente.

El arconte asintió mientras que se mordía la muñeca. -Me pregunto en que usaras la sangre… siempre se te termina tan rápido Hailey…- dijo Jan negando suavemente con la cabeza. Ella se obligo a serenarse mientras que se acercaba a el y tomaba su muñeca para beber con un anhelo increíble, sintiendo casi un orgasmo de solo probarla, de sentir su pasión, su fuego interno en ella. Bebió por largos segundos, tocando el cielo por unos instantes, para luego regresar a su horrible realidad. Le lamió la muñeca algunos segundos más hasta que se separo de él y se obligo a sonreír una vez más.

“No lo se… se me debe haber perdido por ahí… tu sabes lo distraída que soy…” le dijo sonriendo ampliamente.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.