Linea de Sangre – Hijas de la Cacofonia – Overtura

¿De dónde venimos? Me han dicho que es uno de los misterios de la era actual. Todo lo que sé son las historias que me contó mi Sire, y que su Sire le contó a ella. Quizás mi Sire era la original; quizás sólo seamos simplemente Toreador con una habilidad especial. No puedo decirte la verdad, con lo valiosa y elusiva que tal cosa es entre nosotras. Pero puedo decirte lo que me contaron, aunque te brindará más preguntas que respuestas a la larga. Uno de los relatos implica a tres hermanas. Todas ellas tenían voces y talentos increíbles, suficientes para interesar a varios Clanes vampíricos. Una fue Abrazada por los Toreador, otra por los Ventrue y la tercera por los Malkavian. Aun así, las divisiones del Clan no podían mantenerlas separadas y en contra de las órdenes de sus Antiguos, se reunían en secreto. Por desgracia, los Antiguos rara vez recompensan la desobediencia y cada una fue castigada con severidad.

Sin embargo, en lugar de doblegarse, cada castigo sólo hizo que las hermanas se volvieran más determinadas y astutas. Juntas, comenzaron a tramar una forma de escapar de sus Clanes y estar juntas. Así que comenzaron a compartir no sólo sus habilidades, sino su Sangre, con la esperanza de Vincularse aún con más fuerza que antes. Conforme el tiempo pasaba, comenzaron a unirse más y los lazos con sus Sires se debilitaron gradualmente. Encontraron nuevas habilidades y desarrollaron nuevos Poderes ya que se convirtieron en más que la suma de sus partes. Aquéllas a quienes engendraron reclamaron ese legado como Hijas de la Cacofonía.

Hay tres desenlaces distintos sobre su final. En uno, todas llegaron a ser como los Toreador y quedaron obsesionadas con la armonía que podían producir. Se dice que un día se perdieron en una única nota perfecta y permanecen congeladas para siempre, escuchando una canción que no pueden dejar de cantar. Otro relato culpa a la Sangre Malkavian al decir que enloquecieron por la música constante y terminaron odiándola. Buscaron músicos y los asesinaron hasta que el Clan Toreador las capturó. Gritan cada noche en alguna profunda mazmorra para detener la música que sólo ellas pueden oír. El relato Ventrue es más sencillo. Se dice que simplemente desarrollaron el gusto por la Sangre de las otras. Nada más les concedía sustento, así que cayeron una sobre otra y la vencedora ha mantenido a las otras dos presas como suministro personal durante siglos.

¿Es alguna de estas historias la verdad? No puedo decírtelo. Quizás haya algo de verdad en ellas. Pero, ¿cómo puedes creer un relato cuando incluso las historias sobre nuestro origen en la era victoriana son mentira? Es cierto que esa época fue nuestra edad dorada. Podían encontrarse auditorios y teatros en cada ciudad. De hecho, la competencia por los mejores escenarios era amplia, y en una era sin televisión ni radio ni fonógrafos, la gente clamaba oírnos cantar. Eso no quiere decir que tal exigencia nunca haya sido el caso antes. Previamente, durante cientos de años, los ricos habían considerado la música un logro valioso y se entretenían unos a otros con canciones tras la cena. Pero la era victoriana no sólo fue una época para la música, fue una edad para el intérprete. Capturamos los corazones del público, ya fuese en el encanto de un auditorio o en el drama de la ópera. En el centro del imperio británico, nuevos artistas y estilos musicales inundaron la capital. La música evolucionó, cambió y engendró nuevos movimientos, un concierto de sonidos que se extendió a través de las eras. Pero mi Sire nació mucho antes de esa era. Siglos antes, oculta como un arma por una organización cuya existencia pocos conocen: la Tal’Mahe’Ra.

La orquesta de la Mano Negra

Me han dicho que originalmente fuimos concebidas como arma, aunque hay varias historias distintas. Cientos de años tras la caída de Roma, hubo un plan de crear un pequeño grupo de Toreador que pudieran infiltrarse en la Camarilla. Habían de cantar y actuar para la crema de la sociedad vampírica y gentilmente empujarla hacia la locura. Podía ser un descenso lento, conforme cada Vástago de alto rango se volvía más y más errático. Pero cuando alguien se percatase de qué había pasado y buscase reemplazar a los líderes
dementes, la Camarilla estaría ya hecha trizas.

Así que la Tal’Mahe’Ra reunió a algunas de sus mejores cantantes Toreador, intérpretes con tanto talento que todo Elíseo las querría. Entonces, la Secta encontró un Malkavian que les enseñase sus poderes. Pero parece que las cosas no salieron totalmente de acuerdo con el plan. Algunos dicen que las Toreador aprendieron demasiado, mientras que otros dicen que no fue suficiente. En cualquier caso, cualquiera con un mínimo de sensatez debería haberse dado cuenta de que añadir un Malkavian a un plan iba a hacer que las cosas tomaran una dirección inesperada.

Los años se convirtieron en décadas y luego en siglos y a pesar de todo el entrenamiento, los Abrazos controlados y la manipulación, la Tal’Mahe’Ra nunca estuvo del todo satisfecha con aquello en lo que nos habíamos convertido. Para el Renacimiento éramos algo nuevo, pero éramos demasiado diferentes para el trabajo para el que nos habían diseñado. Una rama de la Secta quería destruirnos por principio, al ser un cabo suelto. Otra, con voces más pragmáticas, insistió en que debíamos tener uso en alguna parte. Como podrías imaginar, no nos dieron voto en el asunto.

Instrumentos rotos

Al dejarnos a nuestro aire, algunas de nosotras encontramos formas de escurrirnos del control de la Tal’Mahe’Ra. Tuvimos cuidado de no revelarnos ni de traicionar nuestros orígenes. De todas las Sectas, la Tal’Mahe’Ra es la que menos perdona a quienes no pueden guardar silencio. Muchas de nosotras nos ganamos la vida como artistas nómadas entre los adinerados. Pocos Vástagos pensaron que fuésemos más que Toreador astutas, y nuestra naturaleza itinerante evitó que muchos preguntasen por nuestro linaje.

Por desgracia, no pudimos mantenernos en silencio mucho tiempo. La música, que es nuestra compañera constante, necesitaba ser libre y conforme las salitas dieron paso a los auditorios y teatros salimos a la luz. Conocíamos los peligros, pero éramos como polillas ante la llama. Podíamos ofrecer nuestras voces a cientos y cantamos. Fue hermoso y glorioso. Pero como podrías esperar, la gente comenzó a percibir que éramos diferentes. Se hicieron preguntas y los Príncipes nos convocaron para que nos explicásemos.

Por fortuna, guardamos bien nuestros secretos. Las Hijas de mayor edad permanecieron en la Tal’Mahe’Ra, mientras que las más jóvenes habían sido olvidadas y se escabulleron entre las grietas. En conjunto, estas Chiquillas no sabían casi nada de su origen, y las que lo hacían se mantuvieron calladas. La Tal’Mahe’Ra observó en silencio, lista para masacrar a aquéllas de nosotras que revelasen demasiado. Una espada de Damocles descansaba sobre toda nuestra Línea de Sangre; pero fuimos discretas. No teníamos interés en política y eso bastó para que nos dejasen tranquilas. Cantamos para los Príncipes y nos permitieron quedarnos, incluso nos rogaron que nos uniéramos a la Camarilla.

Así que, al final, llegó el momento de hacer un trato. La Tal’Mahe’Ra no nos quería y la Camarilla sí. Hicimos un pacto con nuestros viejos amos de que nunca compartiríamos sus secretos y a cambio nos permitirían existir. Las Sires no contarían a sus Chiquillas nada acerca de la Tal’Mahe’Ra, y se permitiría que surgieran mitos en lugar de la verdad. Algunas permanecimos con la Tal’Mahe’Ra, incluyendo muchas de nuestras Antiguas originales. Aquéllas que conocemos nuestro origen sabemos que si compartimos la historia, nuestras Antiguas serán las primeras en pagar el precio. Algunas compartimos la verdad con aquéllos en quien confiamos. Después de todo, aún somos Vástagos, y cualquiera que confíe en que un Vástago mantenga su palabra, es idiota. Pero en general, mantenemos el secreto; lo que está en juego es demasiado para no hacerlo.

Hay una cosa sobre el relato que siempre me hace preguntarme algo. Igual que nosotras somos parte de un plan para destruir la Camarilla, la Tal’Mahe’Ra tenía otra estratagema para destruir al Sabbat. La Espada de Caín es una amenaza no menos peligrosa o menor para su secretismo y objetivos, así que debe haber otro experimento fallido. Suelo preguntarme qué pudo ser de él, si llegó a existir, y si alguna otra Línea de Sangre ahí fuera es, en realidad, nuestra hermana.

Nuestra propia canción

Conforme la era victoriana dio paso a la nueva era de tecnología y ciencia de la era moderna, nos rehicimos. Vistas de una forma, somos un olvidado resto de un experimento fallido; bajo otra luz, una nueva mariposa liberada de un capullo. Al fin podemos tomar nuestras propias decisiones, labrar nuestro propio destino. Al fin somos capaces de responder a una importante cuestión: ¿qué queremos? Aun así, la era actual nos ha quitado algo. Los auditorios han desaparecido casi por completo en una era de música grabada.

Algunas de nosotras podemos aplicar nuestros Poderes en medios grabados, pero incluso las que pueden aún ansían la emoción de actuar ante una audiencia en vivo. Es cierto que hay enormes estadios para conciertos donde podríamos cantar para miles, pero eso implica un peligroso nivel de fama, más que suficiente para descubrir nuestra verdadera naturaleza, así que hemos de permanecer pequeñas y en silencio, actuando para audiencias de madrugada en lugares exclusivos. Muchas de nosotras hemos encontrado un cierto hogar entre los Toreador, que de entre todos los Clanes son los que más respetan nuestras habilidades.

Así que por un lado hemos cambiado muchísimo. Hemos ganado libertad, no ha sido duramente ganada, sino que nos deslizamos discretamente de las garras de un gigante dormido.

Hemos creado un lugar para nosotras y hemos encontrado un nicho neutral en la política de los Condenados. Pero, por otro lado, somos lo que siempre hemos sido. Como la música, nos adaptamos y obtenemos nuevas melodías, pero la naturaleza esencial de lo que somos son los restos de lo que se hizo hace cientos de años. Como la música, somos eternas.

Ahora, la Camarilla se ha convertido más o menos en nuestro hogar, lo que a veces me pregunto si puede haber sido el plan de la Mano Negra todo el tiempo. Pero no tenemos poder allí. Ascender demasiado o prometer demasiada lealtad podría causar la ira de la Tal’Mahe’Ra sobre todas nosotras, y aunque aquéllas de nosotras que están ligadas a la Camarilla esperan que nos protegiera de nuestros viejos socios, nos percatamos de que es una esperanza endeble en el mejor de los casos. Muchas de nosotras permanecen independientes a cualquier Secta. Mejor arriesgarse a la no-vida solas que sentirnos para siempre peón de un ancestral adoctrinamiento. Cuando pienso en ello, siempre me preocupa que el miedo ha condicionado muchas de nuestras decisiones.

Pero estamos tan seguras como podemos estarlo, así que la canción continúa. Puede que me creas o puede que no. Y soy una mentirosa como todos los demás. Por supuesto, puedes compartir la historia como desees, y si un día desapareces, entonces al fin sabré que mi Sire decía la verdad.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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