Tradiciones – Orden de Hermes

Yo no “manifiesto” cambio. Yo ME CONVIERTO en el Cambio.

Al igual que Salomón ató espíritus a su voluntad, al igual que Merlín crio a un mozo de cuadras para que fuera rey, al igual que John Dee nombró imperio el reino de Isabel y lo ancló en el tiempo y el espacio en Greenwich, así también las Casas de Hermes hacen girar las ruedas ocultas del mundo. Sus Artes son las más refinadas, su conocimiento el más exhaustivo, sus voluntades las más dedicadas a la excelencia. En muchas mentes (muy especialmente las suyas), la Orden de Hermes define la palabra mago.

Como la mayor y más organizada Tradición, la Orden de Hermes ha influido (ellos dirían “definido”) en la experiencia occidental de la Magia. Los Herméticos disponen de un inmenso abanico de secretos y protecciones. Su riqueza es vasta, sus Maravillas poderosas, sus bibliotecas dejan sin aliento. La Orden se jacta de contar con el mayor número de Capillas, Maestros y Archimagos. Sus logros incluyen la primera codificación del estudio Mágico, la formulación de las Esferas y, de hecho, la formación de las propias Tradiciones.

Aun así, la Orden se ha enfrentado a reveses y catástrofes: la pérdida tanto de su mayor Capilla, Doissetep, como de su Maestro líder, Porthos Fitz-Empress; la exterminación (algunos dirían “autodestrucción”) de sus más poderosas luminarias; la devastación de inestimables archivos. Y aun así, la reacción de las demás Tradiciones parece ser un suspiro de alivio. ¿Por qué?

Porque los magos Herméticos son, sin excepción (y hasta el exceso), meticulosos, pedantes, majestuosos y arrogantes. El prefacio del venerable Libro de enseñanza, un grueso volumen presentado a cada nuevo aprendiz, captura esta actitud en un párrafo: «¿Qué mago de cualquier Tradición rival, con cualquier habilidad, puede jactarse de un conocimiento más amplio que el menor de nuestros Adeptos? ¿Qué otro mago puede ofrecer una pizca de teoría que apoye su Magia? El chamán aborigen con sus tambores y sonajas entrega su cuerpo a un espíritu que no conoce. El clérigo con su canción suplica como un niño el favor de las deidades. El Extático con su vicio arde como un meteoro y se desvanece, y la bruja con sus ritos de sangre aspira sólo a procrear. Hasta el Akáshico con su meditación y ejercicio busca satisfacción pasiva en falsas creencias. Mientras tanto, el Hermético de firme voluntad ordena: “¡Haz!”. Y es hecho».
Esta grandilocuencia revela la odiosa confianza de la Orden; el Hermético medio también puede corroborarlo. Entre las Tradiciones, sólo los Verbena y los Cuentasueños tienen una relación tan violenta con la odiada Tecnocracia. No es un accidente que los Masones Artesanos (formados a partir de una secta Hermética renegada) decidieran iniciar hostilidades volando por los aires una ciudadela Hermética y organizar la Convención de la Torre Blanca en otra. Tampoco es un accidente que el Maestro Baldric LaSalle escogiera albergar al Tribunal de Mistridge, el primer paso hacia la Gran Asamblea, en las ruinas de ese primer ataque. Puede que un Extático aportase la inspiración y que los Verbena atrajesen aliados, pero fue la Orden de Hermes quien forjó los cimientos sobre los que se construyeron las Tradiciones.

Hasta las Tradiciones rivales aceptan la vasta y espectacular historia de la Orden. En el Antiguo Egipto, dos propicios precursores inventaron el alfabeto. El Archimagus Salomón vinculó muchos espíritus que aún sirven a la Orden hoy en día. Pitágoras fundó el culto a Hermes en Grecia. El Corpus Hermeticum, atribuido a Hermes Trismegisto (“Hermes Tres Veces Grande”), supone la base de la Tradición actual. Hasta los Durmientes recuerdan a unos cuantos Herméticos de esos tiempos de leyenda: Merlín, Paracelso, Saint-Germain, Cagliostro. Desde Gandalf a Crowley pasando por Potter, la aceptación popular de la Magia proviene de los arquetipos Herméticos. En el nuevo milenio, el grupo disfruta de más aceptación popular que nunca antes. Las Masas pueden no dedicarse a las Artes Herméticas, pero en una especie de creencia subconsciente, aceptan las formas de la Orden como el rostro de la hechicería occidental.

Y así, aunque diversos reveses le han costado mucho a la Orden, los magos Herméticos dan la bienvenida a esta era con renovada vitalidad. La pérdida de Archimagos, la destrucción de Doissetep, la guerra contra los vampiros, la purga de la corrupta Casa Janissary… son todas cosas como la Torre que se derrumba del tarot: la ruptura de una atadura que fuerza una transformación. Los Herméticos de esta era se están arremangando y rehaciendo la Orden desde los cimientos mientras tratan de mantener éstos (confianza, conocimiento, excelencia y voluntad) intactos. Guiados por una visión de la Ciudad de Pymander, el ideal de la Ascensión global para la Voluntad Mística, los Herméticos siguen comprometidos con la perfección. Dado su propósito superior, no pueden aceptar menos.

Organización: La Orden es rígidamente jerárquica, disciplinaria y regulada. El Código de Hermes y su Corrigenda Periférica dictan el comportamiento, protocolo, reglas para los desafíos de certamen y las inscripciones adecuadas para las puertas de las Capillas. Aún existen trece Casas como facciones de las interminables y brutales luchas internas de la Orden. Algunas Casas anteceden a la conquista normanda (Bonisagus, Flambeau, Quaesitor, Tytalus, Verditius y la genérica Ex Miscellanea), otras son más nuevas, incluso bastante recientes (Fortunae, Hong Lei, Ngoma, Shaea, Skopos, Solificati y Xaos).

Iniciación: Reclutados de academias, órdenes religiosas esotéricas o de entre militares, los estudiantes deben sobrevivir a un severo aprendizaje bajo un inmisericorde mentor (una mater o un pater). La Orden reconoce nueve grados de avance místico: Neófito, Zelator, Practicus, Iniciado, Iniciado Exemptus, Adepto, Adepto Major, Magister Scholae y Magister Mundi.

El entrenamiento busca provocar a la conclusión del Tercer Grado un Despertar gradual más parecido a un proceso que a un único y chocante momento.

Esferas Afines: Fuerzas supone el núcleo del entrenamiento Hermético. Ciertas Casas tienen preferencia por Vida, Materia, Mente y Espíritu como intereses secundarios, pero Fuerzas es siempre esencial.

Foco: Un mago Hermético comanda no menos que las llaves del universo. Y así, estos consumados eruditos dominan ancestrales y arcanos rituales mediante estudio constante e intensa práctica. Los Herméticos son, por necesidad, reservados y desconfiados, ya que explotan corrientes elementales mediante ensalmos, signos, sellos, parafernalia y lenguajes secretos. Después de todo, gobiernan un gran poder y sus rivales acechan en todas partes.

La alquimia, el dominio y la Alta Magia Ritual son el núcleo de las prácticas de la Orden. Ningún mago Hermético carece de dicho entrenamiento. Ciertos Herméticos añaden Magia del caos, el Arte del Deseo, hipertecnología, artesanía, ciencia extraña, yoga y algo de maleficia ocasional a ese núcleo, buscando paradigmas como Un Cosmos Mecánico, Orden Divino y Caos Terrenal, el Poder Da la Razón, la Tecnología Tiene Todas las Respuestas y, naturalmente, Traer de Vuelta la Edad Dorada.

Estereotipos
  • Tradiciones compañeras: A pesar de las prácticas venerables y la sabiduría ocasional, nuestros aliados carecen de la disciplina para lograr un poder o control duraderos. Incluso así, han permanecido con nosotros durante siglos, así que siguen siendo compañeros dignos.
  • La Tecnocracia: Al final sólo uno de nosotros sobrevivirá.
  • Los Dispares: Aficionados talentosos, perdidos por su propia separación.

 


Abuelos de la Tradición, místicos sin igual, guardianes de las llaves del Cielo … la Orden de Hermes reclama muchos títulos. Sean verdaderos o hubris, la Orden ha aportado más a las Tradiciones, ha instruido a más Archimagos y ha creado más teorías mágicas codificadas que ninguna otra de las Tradiciones del Concilio. Estos trabajadores de la voluntad se encuentran orgullosamente alzados sobre sus hazañas como hechiceros superiores, maestros de rituales y encantamientos, sabios de renombre y doctos creadores de artefactos y Capillas.

Pero, a pesar de todo, su unidad oculta poderosas intrigas políticas. Sus buenos tiempos terminaron, arrastrados con los mitos de antaño, sus Capillas más poderosas están destrozadas y los Iniciados más recientes abandonan los antiguos códigos para tomar nuevos caminos. La Orden ha sobrevivido durante siglos mediante su dedicación y su fuerza, pero en el nuevo milenio posiblemente se oirán doblar las campanas por su muerte o por su renacer.

TRASFONDO:

Los historiadores Herméticos escriben tomos y disertaciones enteras considerando la formación de la Orden. La mayoría están de acuerdo en que los orígenes Herméticos surgieron del Antiguo Egipto, donde la magia nativa y la Cábala Hebrea mezclaron una poderosa mística con la precisión matemática. Los únicos sacerdotes – hechiceros de la época en Sumeria, Babilonia y Egipto sembraron las semillas del misticismo con el lenguaje y la escritura. La magia de los símbolos y sus significados trajeron a la conciencia humana un nuevo modo de mirar el universo para juntar y transformar ideas separadas. Los historiadores de la Orden señalan a un par de Archimagos como la inspiración que está detrás de Troth, el dios egipcio de la sabiduría, que fue llamado más tarde «Hermes Trimegistos» o Hermes Tres Veces Grande por los griegos de quien tomó el nombre la Orden.

Desde los orígenes egipcios, las ideas de los cultos misteriosos se extendieron por Grecia y el Mediterráneo. Los escritos de pensadores como Salomón y Pitágoras infundieron una combinación de misticismo y precisión en las obras mágicas de varios grupos. Hermes, como símbolo de la comunicación, el conocimiento, los viajes y la buena fortuna, hizo de patrono popular de tales círculos. Los ideales herméticos y trothianos permanecieron dispersos en sociedades secretas por Grecia y el Mediterráneo durante varios siglos, emergiendo de repente en la conciencia de grandes filósofos como Platón. El giro más importante llegó en el 332 a.C. con la unificación alejandrina de buena parte de Persia, Grecia y Egipto. A partir de ese imperio, los viajes y la comunicación permitieron la yuxtaposición de varios tipos de cábala, gnosticismo y religión persa, creando el primer engranaje reconocido como perteneciente a la Tradición Hermética.

A pesar del declive de la civilización helenística, la caída de Roma y similares catástrofes de civilizaciones, la Orden Hermética prosperó. Densos textos codificaban la alquimia, la numerología, la teología y la magia benévola. El Culto de Mercurio (versión romana de Hermes) trabajó con magia muy potente de manera coordinada y propagó los ideales herméticos entre la crema de la sociedad intelectual.

Finalmente, la Orden de Hermes se reunió bajo la dirección de Trianoma y Bonisagus. Estos fundadores (un político y un investigador legendarios) se unieron para viajar por Europa y reunir a los practicantes de los ideales mercuriales y herméticos. La habilidad diplomática de Trianoma procuró ganarse a muchos seguidores para el grupo, a la vez que la revolucionaria parma mágica de Bonisagus (un escudo contra la magia) permitió a los magos independientes de la época reunirse con relativa seguridad. Estos líderes se convirtieron más adelante en los Primi, fundadores de las Grandes Casas, y transmitieron sus estilos mágicos y tradiciones a través de sus aprendices. Desde estos linajes, la Orden cristalizó como una unidad política individual, con cada Casa compitiendo y contribuyendo en una sociedad mágica que seguía la revolucionaria codificación hecha por Bonisagus del Gran Arte.

Durante los siglos de éxito, la Orden experimentó importantes triunfos y contratiempos. En la Edad Oscura se vio su talla como consejeros y místicos, apartados de la sociedad, pero influenciándola sutilmente. Sin embargo, su Gran Experimento sucumbió a las luchas internas, el elitismo y los escarceos con el Infernalismo. Además, la Orden se reestructuraba expandiéndose y sumándose, acogiendo nuevos grupos constantemente. Las Antiguas Casas cayeron o fueron reemplazadas. Los Druidas de Diedne fueron erradicados, acusados de estar enteramente corrompidos por demonios. Los acusadores, los Tremere, se adhirieron más adelante al vampirismo. La Orden de la Razón, contraria al misticismo de Hermes, derribó muchas Cábalas y Capillas Herméticas, pero la Orden reaccionó aportando sus increíbles recursos y su apoyo para resistir en la formación del Concilio de la Tradición. La Orden hizo que el reconocimiento de las Esferas fuera el sistema mágico interno de la Tradición para el estudio, pero también se vio apartado de su deseada importancia en el interior del Consejo. El Renacimiento trajo nuevas ideas a la Orden, pero a la larga marcó su hundimiento como fuerza abierta a la humanidad. La destrucción de muchos bastiones de la Orden obligó a los Herméticos a retirarse de la escena cotidiana y, a la larga, a ser expulsados de las páginas de la Historia por la Tecnocracia.

A través de sutiles influencias la Orden intenta hoy en día introducir el misticismo menor y los secretos del Arte en la sociedad de masas. Aunque esté lejos de ser un éxito absoluto, este proyecto está recuperando una sorprendente cantidad de tiempo perdido, especialmente cuando la publicación en serie de las obras herméticas las ha vuelto asequibles. Pero tal vez es demasiado tarde para que este proyecto consiga algo bueno. Con la caída de Doissetep, la destrucción de Concordia y la muerte o el exilio involuntario de la mayoría de los grandes Maestros, la Orden se encuentra con sus instructores y estructuras tradicionales amenazadas. Los Novicios, que apenas contarían antes como Discípulos, deben ahora preparar a aprendices con sus conocimientos parciales y rudimentarios. Los antiguos secretos acumulados cuidadosamente, han desaparecido, en muchos casos para siempre, a la vez que elementos místicos y poderosos patrones han sido destruidos o guardados bajo llave más allá de la Celosía. Los supervivientes sobre la Tierra tan sólo pueden aspirar a recordar sus enseñanzas y aprender todo lo que puedan. La Orden sobrevivirá, pero posiblemente no vuelva ser la misma que fue una vez.

ORGANIZACIÓN:

La Orden de Hermes es, sin lugar a duda, la Tradición que tiene una jerarquía más rígida. Los Iniciados y los Aprendices deben servir a un mentor que les enseña lo fundamental de la teoría y la práctica mágica. Después de un duro periodo de aprendizaje (que tradicionalmente duraba hasta siete años, pero que a menudo se acorta en el mundo moderno), el suplicante realiza una prueba para ser reconocido como mago. Este reto puede acabar en la vuelta al periodo de aprendizaje o incluso en la muerte. Una vez aceptado, cada mago tiene su propio sigil, un símbolo de sus logros individuales. Aunque todos los magos tienen, en teoría, autoridad para votar en las reuniones herméticas, la política marcha al ritmo que marcan los Maestros y los ambiciosos. En más de una ocasión, por cuestiones políticas se ha desaprovechado la posibilidad de un crecimiento moral o material. Cada paso hacia el éxito en la Orden revela los más grandes misterios, pero también hace al estudiante estar más obligado con la Tradición en su conjunto. Aquellos que logran la Maestría son elogiados por su alto rango y reciben el respeto debido a sus poderes, pero también deben contar con los adversarios políticos que se ganan. Se espera que cada Maestro, por turnos, reclute y prepare a un nuevo aprendiz o a un grupo de estudiantes. El círculo continuo, pero cada vez más enredado en conflictos internos.

La Orden de Hermes tiene un detallado código de conducta que establece la base de las relaciones mágicas internas. Entre otras cosas, los magos Herméticos consideran los sanctasanctórums inviolables, tienen prohibido la aplicación de magia sobre otros Herméticos, se espera que preparen al menos a un aprendiz y no les está permitido tratarse con entes infernales. Por supuesto, todas estas reglas se someten a un simple axioma: que no te atrapen. Diversos tipos de corrupción abundan dentro de la Orden. Romper las reglas no es tan punible como romperlas de un modo políticamente inaceptable.

Pero las cosas van a cambiar pronto en la Orden. Con la escasez de instructores experimentados y Maestros en la Tierra, los nuevos magos deben aprender de los conocimientos, a menudo fragmentarios, de los Discípulos que quedan. Privados del apoyo tradicional, las facciones políticas de la Orden no tienen más remedio que dejar a un lado sus diferencias, o si no, apagar su llama de gloria. La Orden se encuentra con que no tiene otra acción que la de unir las fuerzas, por lo que sus numerosos miembros se están creando una nueva visión de la Tradición.

FACCIONES:

La Orden clasifica sus muchos estilos de magia diferentes por Casas, que son grupos que siguen los pasos de un fundador concreto. Ha habido muchas Casas en el pasado y aunque un buen número de ellas han caído, habrá más que las sustituyan.

Los magos de la Casa Bonisagus mantienen viva la erudición base del fundador de la Orden. Estos magos investigan profundamente la teoría mágica. Muchos de los grandes descubrimientos de la Orden proceden de la Casa Bonisagus. Con su investigación exhaustiva de los orígenes y causas mágicas, tales magos suelen estudiar profundamente la Esfera Cardinal.

La Casa Ex Miscellanea (es decir, la «Casa Hecha de Mezclas») se desarrolló a partir de la necesidad creciente de acoger a aquellos magos que querían aprender y compartir el estilo hermético, pero cuyos estudios no cuadraban con ninguna otra casa. Este grupo se formó en la Edad Oscura y hoy sigue siendo fuerte. Tiene cabida para nigromantes, espiritualistas, estudiosos de lo feérico, naturalistas, místicos de la física, artesanos y otros que consideran que su talento podría desplegarse en la dirección de una Tradición diferente, pero que desean la estructura y la penetración Herméticas. Las Antiguas Casas, perdidas para la eternidad, también están incluidas en esta formación.

Las armas tácticas de la Orden se encuentran en la Casa Flambeau. Estudiosos sin par de las Fuerzas, los Flambeau provienen de una mezcla de influencias árabes y españolas. Manejaron fuego purificado en su cruzada por la venganza contra los enemigos de la Orden.

La magia del azar y de la probabilidad se vincula a las matemáticas de la Orden mediante la Casa Fortunae. Esta Casa, bastante moderna, se ocupa de la numerología avanzada, lo fortuito y el botín de los juegos de azar: el dinero (pero a diferencia de los Tecnócratas, consideran el dinero como un concepto mágico). Ponen en marcha un entendimiento intuitivo de los acontecimientos azarosos que conduce a una manipulación de la casualidad y, naturalmente, suelen renunciar al enfoque de la Orden sobre las Fuerzas a favor de su propia línea de Entropía.

De la poderosa vigilancia interna se ocupa la Casa Jenízara. Aunque los Jenízaros no establecen las reglas de la Orden, las hacen respetar. Estos magos buscan constantemente indicios de corrupción interna y magos que hayan mantenido tipos no permitidos de relaciones o hayan quebrantado los ideales de la Orden; entonces los Jenízaros se encargan del problema. Pero ¿quién vigila a los vigilantes?

La Casa Quaesitor, una de las Casas originales, supervisa la ley hermética. Mientras que los Jenízaros funcionan más o menos como controladores ambulantes, los Quaesitori ocupan Tribunales para resolver casos de derecho y castigo, para sentar nuevos precedentes o desechar los antiguos y para determinar la suerte de los magos acusados de las acciones criminales. Los Quaesitori rara vez obligan a cumplir estos dictados directamente, pero se encargan de interpretar las leyes humanas personales, herméticas y divinas. Algo bastante aterrador: los Quaesitori tienen la dudosa distinción de ser los hechiceros que descubrieron el rito Gilgul.

En el extrarradio de las prácticas de la Orden se encuentra la Casa Shaea, un grupo que adopta la parafernalia de la Orden en el Antiguo Egipto y promueve la base lingüística como la llave del pensamiento comprensivo, de la percepción y, de esta manera, del universo. A partir de estos elementos, los Sheshati se entregan a la enseñanza, el estudio y, con el tiempo, a la sabiduría. Aunque otros Herméticos a veces se burlan de ellos tratándolos de simples escribas, el grupo femenino predominante conserva los archivos con diligencia, y sin duda, guarda muchos secretos que a las otras Casas les encantaría conocer … o ver destruidos.

La Casa Solificati constituye el grupo más reciente de la escena hermética. Algunos miembros se adhirieron a la Orden después de la disolución de su Tradición en la Edad Media. Ahora, los Hijos del Conocimiento que quedan, junto a los estudiantes de la Ex Miscellanea, han reunido las fuerzas de la antigua Tradición y han logrado el reconocimiento como una verdadera Casa. Los Solificati son alquimistas que practican la transformación de la materia como una metáfora de la evolución de lo humano hacia lo divino. También experimentan con la iluminación química, en busca de una sustancia metafísica que abra las puertas a percepciones más elevadas. Como es de esperar, los Solificati tienen una considerable riqueza de conocimientos sobre la Materia, y estudian esta Esfera más que las otras.

Quizá, la Casa más rara es la Casa Thig, también conocida como los «Hijos del Rubí» o «Crisol de Thig». Estos modernos tecnomagos combinan el dispositivo tecnológico con el simbolismo de la Orden. En lugar de construir un ordenador mejor, un Adepto Thig hará uno mágico. Donde un Tecnócrata cuenta con la innovación tecnológica, el mago Thig somete a los espíritus y poderes místicos a las formas científicas. Aunque un tanto marginados entre las otras Casas, los jóvenes y emprendedores Thig demuestran tener aptitud para combinar los viejos métodos herméticos con el pensamiento del nuevo mundo. Tal vez porque no confiaron demasiado en los Maestros y viejos mentores, los Thig han prosperado mientras otras Casas han recibido un duro golpe como consecuencia del Balance.

Por último, la Casa Tytalus hace hincapié en el desarrollo a través del conflicto. Todo el movimiento del universo proviene de la interacción de fuerzas antagónicas, polarizadas. La Casa Tytalus lleva este principio a todos los niveles de la existencia y sus miembros buscan constantemente problemas, retos y pruebas dignas de sus técnicas. Ningún mago Tytalus se duerme en los laureles ni tiene suficiente: siempre hay un misterio más elevado que requiere un mayor grado de perfección y erudición. Los Tytalus se esfuerzan verdaderamente por mejorar la Orden, pero sus métodos resultan peligrosos a menudo. Algunos se preguntan si su presencia no trae más conflictos de los que merecen la pena.

FILOSOFÍA:

La filosofía hermética es compleja y tiene varias capas. En el corazón, los Herméticos persiguen la perfección. Este camino se manifiesta a través de pruebas, exámenes, el descubrimiento de uno mismo y la recomposición de patrones fragmentados, como lenguas dispares y acertijos matemáticos. Idealmente, cada matemático tiene una Palabra, un imperativo divino que guía las revelaciones de las cifras. Mediante la exploración de los vínculos de esa palabra y todos sus significados, el individuo se eleva hasta su naturaleza interior, y luego más allá. Cada paso del proceso es un reto y requiere un salto de la perfección que también abre la puerta hacia el siguiente sendero. Finalmente, el ser humano llega lo suficientemente lejos como para convertirse en algo cósmicamente divino.

FALLOS:

Aunque la Orden tiene una gran unidad y un gran corpus de conocimiento, su rebeldía política y su orgullo son obstáculos para la iluminación. La historia hermética está llena de decisiones tomadas por el orgullo, por interés político o por creer que sus estudios les elevan más allá de otras Tradiciones. Cada mago hermético tiene que pasar por el reto de la investigación para lograr el conocimiento y esa sabiduría, duramente disputada, es guardada con celo y tratada como una joya de Verdad. Cuando sus ideologías entran en conflicto, no hay nada que hacer.

En el pasado, la Orden luchó encarnizadamente por un mayor reconocimiento dentro del Concilio de la Tradición, mencionando sus numerosas contribuciones y su propia habilidad mística. Las Casas se disputaban internamente los recursos, los estudiantes e incluso algunos puntos de teoría mágica. A pesar de la creación del certamen para acabar con los rencores de una manera que no fuera fatal, los hechiceros rivalizaron y se mataron unos a otros, cuando sus energías podían haberse empleado en la búsqueda de la Ascensión o en la lucha de los enemigos de la Tradición. La Orden, además, ha ocultado atrocidades y problemas únicamente para guardarlos como fuerzas secretas en las maquinaciones políticas, y ha intentado obligar a las otras Tradiciones a adoptar sus propios puntos de vista. Con ninguna de estas acciones se han ganado la simpatía de los otros magos.

Internamente, la Orden suele poner límites a sus propios miembros de acuerdo con su talento político. Si un Maestro quiere que determinada línea de procedimiento sea tomada o sea rechazada, que un talismán cambie de dueño o que una Capilla ascienda o caiga, la suerte de otros magos puede depender de si toman partido por él o no. Un Discípulo bien intencionado puede encontrarse censurado por poco más que un par de ideas sutiles, y la preparación puede ser muy difícil de conseguir sin promesas de un pago posterior en sa, esencialmente favores. Muchos Herméticos llegan a estar tan absorbidos por sus propias agendas políticas y asuntos personales, que pierden de vista el progreso hacia la Ascensión y la perfección personal, mientras luchan en una guerra política que les desgasta y les degrada. Con la destrucción de gran parte del peldaño superior de la estructura hermética, esta trayectoria podría cambiar, o quizá la sangre nueva simplemente se convierta en otra vieja guardia.

TEORÍAS Y PRÁCTICAS:

La Orden prepara a sus miembros de acuerdo con el estilo de la Casa, pero el entrenamiento moderno tiende a ser algo ecléctico y a estar basado en situaciones de supervivencia. La teoría hermética dice que cada individuo tiene la chispa de la divinidad y la potencia del perfeccionamiento personal, pero que pocos son conscientes o están preparados para ello. Por eso es importante separar el grano de la paja. Dejan a los no-Despertados seguir con sus vidas banales y centran la verdadera atención y el aprendizaje en aquellos que pueden aprovecharlos. Sumamente interesados en la simbología, la magia hermética invoca nombres angélicos para abrir las puertas de la Creación, a veces mediante el lenguaje secreto Enochiano. Con el lenguaje de los ángeles desencadenan sonidos y vibraciones que resuenan en los elementos clave de la Teluria e imponen su voluntad sobre ella. Otros elementos herméticos son tanto las espadas, báculos y varitas, instrumentos tradicionales para representar el poder y la violencia, como los círculos, triángulos y otros símbolos geométricos que representan la dirección, la medida y la clausura con su sencilla pureza y su precisión matemática. Parte de la magia espiritual recurre también a los antiguos pactos hechos en los primeros días. De la misma manera que los magos herméticos son aficionados al comercio de favores entre sí, a menudo hacen tratos con espíritus para la tutela o el auxilio, invocando después a estos espíritus con objetos y símbolos especiales. Algunos símbolos, como el Sello de Salomón, incluso son considerados investidos de un poder perpetuo o descubrimientos divinos de claves universales, por lo que pueden ser utilizados repetidas veces para realizar conjuros.

Los magos herméticos se recogen y estudian en Capillas como otros magos, pero es digno de destacar que ellos son los pioneros de esta idea entre las Tradiciones. La mayoría de los Herméticos tiene una doble vida: por un lado una Palabra Hermética y un nombre de arte, y por otro, una identidad mundana. Después de todo, a pesar de la necesidad de dominar múltiples lenguajes, matemáticas esotéricas y tomos de simbología, los magos herméticos deben ser expertos en la sociedad mortal, especialmente cuando es tan arriesgado entrar en el mundo espiritual. Por esta razón, mantienen una filiación, un tipo secreto de lealtad muy parecida a la mayoría de la corriente principal de las sociedades de masones y rosacruces.

Esfera habitual: Fuerzas.

Focos habituales: Cánticos en Enochiano y otros lenguajes oscuros, Pentagramas y Círculos, Sellos de Salomón, Números específicos, Báculos, Varitas, Espadas.

Conceptos: Arcanista, Hombre de Negocios, Oficial Federal, Historiador, Lingüista, Político.

Estereotipos:

-Adeptos Virtuales: Tan cerca de descubrir la magia de los patrones, tan lejos de hacer algo con ella.

-Coro Celestial: Su fuego nos hizo arder, pero nuestras búsquedas dejan atrás su dependencia de una deidad externa.

-Cuentasueños: Nosotros dominamos la lealtad de los espíritus, no nos sometemos a sus caprichos.

-Eutánatos: Simples asesinos cuyas obras destruyen el poder sagrado de la magia.

-Hermandad Akáshica: Aunque ambas Tradiciones busquemos la perfección, ellos equivocan los instrumentos y los signos que señalan el camino.

-Hijos del Éter: Hay magia en sus juguetes, muy parecida a nuestros artefactos de antaño, pero deben ir más allá de lo material.

-Verbena: Brujas y curanderas.

-Seres Huecos: Son el resultado de una magia sin verdaderos mentores. Estos niñatos necesitan una buena azotaina.

«Nuestros son el rayo, la Palabra y la inspiración. Cuando toda la humanidad alcance la perfección. ¡Nuestra Orden alcanzara la gloria!».

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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