Apócrifo Salubri – El Clan de los tres caminos

Matthias —
Pienso en ti, querido Matthias, y mis ojos permanecen secos porque sé que tu causa es justa. Eres un verdadero descendiente de Rayzeel que posee la certeza del Cielo prometido a los santos, nuestra victoria final en la muerte salvaguardada por la promesa de Rafael. Aun así, cuando siento mi frente, el ojo de nuestro Clan llora derramándose sobre estas páginas como una bebida ofrecida. ¿Por quién lloro? ¿Por ti, Matthias, perdido ante Londres? ¿Por nuestro progenitor, perdido ante colmillos hambrientos? ¿Por los hermanos de Samiel, muriendo en su rabia? Si hay un beneficio en un corazón que no late, es que no puede latir con falsas esperanzas. Encontrarás la Muerte Definitiva en Londres, un sacrificio al Sol Invicto. Arderás en el mitreo, un cordero en lugar de un toro.

Pues somos corderos, mi querido difunto Matthias. Los Hijos de Samiel habrían hecho leones de nosotros, pero he visto la carnicería que deja el león cuando combate con el águila por los restos. La ausencia de las Castas Guerreras Salubri y Assamita en Ely me reporta comodidad y claridad. En la Reconquista, nosotros los Sanadores chocamos con ambos, todos nosotros bajo el mando del Clan de la Noche. Creíamos que los Guerreros dividieron a nuestro Clan cuando nos abandonaron en la sombra de Acre, pero fue Samiel al tomar su espada, determinando que su Sangre cambiase, lo que nos dividió. Con mano derecha e izquierda, los Pastores juzgábamos a quienes forzaban excesivamente al ganado, actuábamos para mantener a la Sangre de Seth caliente y viva, saboreando aún el sagrado Sol cuando bebíamos en la noche.

Aunque los Hijos de Haqim consideraban que toda la prole de Caín estaba dentro de su ámbito. El conflicto es inevitable, sin importar las historias de amor fraternal entre Saulot y Haqim. Luchamos mientras que oídos ensombrecidos oían promesas más oscuras, y ahora los Tremere ostentan un alto cargo en el Mar de Sombras. Está en nuestra naturaleza buscar la paz, Matthias, así que sopesé esto cuando la Curia Carmesí pronunció mi exilio. Vi odio en el rostro de Nikita de Sredetz cuando habló de mi excomunión, pero la verdad es que no siento miedo, al haber abandonado el pecho de Caín mucho antes. El rumbo de nuestro Clan nos antepone al resto de Clanes y sus colmillos, nuestro cuidado de los Hijos de Seth nos ha llevado a este final. Me percaté de la verdad cuando tropecé en las costas de Rennes buscando envolverme con las más gruesas mantas para que el bote que cruzase el canal me mantuviese a salvo de la inmortal mirada del Sol.

El sacrificio es nuestro propósito, mi hermano en Saulot. Somos corderos tanto en Sangre como en hechos. Saulot no luchó cuando Tremere lo consumió. Sentimos su placidez, su paz en nosotros, incluso cuando desgarramos nuestras vestiduras con los ojos impregnados de sangre. Samiel estaba equivocado al desafiar a Saulot y retrasó nuestro destino durante siglos. Los Chiquillos de Caín no merecen redención, y los Chiquillos de Seth se defenderán por sí solos. Desearía poder ver ocurrir esto en las noches venideras.

En demasiados lugares debemos ocultar nuestra luz y cubrir nuestros ojos bajo tocas. Mithras ha abierto todos mis ojos para caminar abiertamente a la luz. Lloro por ti, Matthias, pero son lágrimas de alegría. Las llamas de nuestro señor deberían ser una corona de rectitud bajo tu frente. Pronto caminaré y sentiré el Sol sobre mi rostro una vez más. Si sobrevivo o no, depende de mi señor Mithras en toda su bondad.

Con esperanza de nuestro pronto reencuentro —
Bethany

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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