Clan Nosferatu – Edad Victoriana

Aunque los confines del imperio de la Reina Victoria podrían incluir algunas de las vistas más gloriosas que jamás hayan deleitado a los ojos de los mortales, también albergan algunos de los seres más nauseabundos que jamás hayan surgido de ellas. En el subsuelo de las calles, acechando bajo los muelles, ocultos en las sombras y tras las agujas góticas de las Iglesias corretean los abominables Nosferatu. Ésta es una época de pudientes y no pudientes, y las Ratas de Cloaca ciertamente encaman la difícil situación de los segundos. El destino de los Nosferatu, resignados a sus propios dominios mugrientos y mal vistos por prácticamente todos los demás Vástagos, es básicamente el mismo que desde hace tiempos inmemoriales.

Sin embargo, los Nosferatu nunca han sido vampiros que se acobarden ante lo que el destino les depara, y en la época victoriana se encuentran tan robustos como siempre. Siguen siendo los amos sin discusión a la hora de ocultarse de la mirada de aquellos quienes no desean que los vean, y esta habilidad les permite también hacer acopio de información, al estar ocultos para los sentidos menos aguzados. Cuando se quiere información, uno va a las Ratas de Cloaca, todo el mundo lo sabe.

Sin embargo, lo que no tanta gente sabe es el potencial que poseen algunos Nosferatu para la humanidad ilimitada. Parece ser que la Maldición de Caín que los desfigura físicamente también tiende a provocar una simpatía que rara vez se encuentra en otros miembros de la Estirpe. Éste no es siempre el caso, y un intruso que suplique clemencia en el dominio territorial de una Rata de Cloaca y espere escabullirse sano y salvo bien podría terminar bastante vapuleado, cuando no incluso hallar la Muerte Definitiva.

Resumen

Los Nosferatu llevan haciendo uso de su negocio de intercambio de información desde siempre, por lo que cualquier Vástago puede recordar, y la época victoriana desde luego no va a cambiar esto. De hecho, el progreso tecnológico de los tiempos ha proporcionado a las Ratas de Cloaca cada vez más oportunidades de intercambiar sus vetustos fragmentos de información. El telégrafo hace que la comunicación entre las madrigueras de los Nosferatu sea extremadamente fluida, el ferrocarril permite a los colegas Nosferatu visitarse con menos problemas durante los viajes por territorio salvaje, y el ocultismo emergente de la época incluso permite a los pocos hechiceros Nosferatu existentes intercambiar sabiduría por medios más arcanos.

Sin embargo, los Nosferatu no son sólo simples espías. Muchos de los iconos de la época, como los barrios bajos y las mansiones apolilladas también atraen su atención. Lo que no tienen de bello, lo compensan en versatilidad, y se adaptan a los desafíos y a los cambios de los tiempos con una velocidad casi imposible para un Vástago. Aunque muchos no-muertos permanecen bloqueados debido a su condición de Condenados, los Nosferatu reaccionan con velocidad a los cambios en el mundo que los rodea. Aunque sea propio de los Ventrue y los Toreador ir por ahí haciendo cabriolas y emocionándose al pensar en los legados perdidos de sus ancestros de las noches de antaño, las Ratas de Cloaca saben que para formar parte de un mundo que avanza inexorablemente, uno no puede permitirse ser un anacronismo.

Los Nosferatu, amos del mundo animal superados sólo por los Gangrel, suelen ostentar el control sobre las criaturas de las ciudades. No suelen convertirse en señores de los dominios de los bosques. En lugar de esto, sus esbirros bestiales son las alimañas y otras especies repugnantes de las comunidades de los mortales. Aunque un Gangrel pueda hacerse señor de los lobos, una Nosferatu puede proclamarse reina de las moscas o señora de las ratas; los Vástagos con medios más elevados no suelen apreciar la diferencia, pero ésta es importante para los que se sumergen en la inmundicia de las ciudades.

Mientras que los Brujah poseen pasiones y causas que seguir, los Nosferatu suelen tener intereses, y lo único que diferencia ambas cosas es el grado de implicación emocional del Vástago en cuestión. Los Nosferatu prefieren las aficiones, los campos de estudio, las corrientes de pensamiento; sus fines tienden a lo práctico, e incluso a lo temporal o secular. Hasta cierto punto, esto refleja su naturaleza. Después de todo, buscan información, o tal vez un vehículo externo que les permita evitar la introspección. Aun así, los Nosferatu se cuentan entre los Vástagos más astutos (al menos, los que no entran dentro del vilipendio que les depara el mundo victoriano) en muchos casos, y en otros, entre los más sensatos.

Dominio

Los Nosferatu, que a menudo deben mantenerse de sobras, metafóricamente hablando, en lo que se refiere al dominio, sienten un perverso deleite al escoger los emplazamientos más horribles que pueden encontrar para sus dominios y refugios. Naturalmente, su sobrenombre da una falsa impresión sobre sus gustos en este sentido, y muchos se resignan a ocupar refugios bajo las calles, pero eso no quiere decir de ningún modo que todas las Ratas de Cloaca hagan del lodo del sistema de desagües su reino. Algunos escogen lugares apartados, tales como iglesias abandonadas o los hogares olvidados de familias venidas a menos, para mejor aislarse del desprecio de otros Vástagos. Otros prefieren la mugre y el bullicio de las ciudades, y habitan en nidos de cuervos en medio de los barrios de mala fama, bajo los muelles de las vías acuáticas y dentro de esas partes de las ciudades por las que las gentes honradas harían mejor en no pasar. Aún otros se distraen el aislamiento de sus cuerpos deformes retirándose del mundo en otros sentidos, y se unen a los monjes escolásticos de monasterios en activo o juegan al leproso y el señor ante los nobles rurales que todavía mantienen sus tierras.

Los Nosferatu, más que ningún otro clan, adaptan la naturaleza del depredador solitario al mundo floreciente de las ciudades. Mientras los Brujah forman proles descendientes de un solo sire, bajo las calles de las ciudades se han formado madrigueras enteras de Nosferatu, compuestas por todas las Ratas de Cloaca desventuradas que decidan permanecer allí y no despertar demasiado la ira de sus compañeros. Tal vez la desgracia compartida es menos, o tal vez la mentalidad de los Nosferatu tiende al punto de vista de «nosotros contra ellos». Sea cual sea el caso, las Ratas de Cloaca son los Vástagos más dados a cohabitar en un solo dominio, o a permitir ciertos «solapamientos» de terreno que sólo se aplican en su caso.

Varios territorios parecen dar una idea de preeminencia Nosferatu, pero la carestía. relativa de príncipes y otras luminarias entre las Ratas de Cloaca implica que, incluso en los puestos de poder de los Nosferatu, dicho poder proceder de algo externo a los canales de tradicionales de la Camarilla. Se rumorea que, en Roma, por ejemplo, existe un enorme número de Ratas de Cloaca, tal vez suficiente como para considerarse un «reino», por usar la jerga Nosferatu, pero la fuerza de la fe que conspira para mantener a los vampiros en su lugar en una ciudad tan sagrada, sin duda sugiere que su caso es único. Por lo demás, en todas partes hay grandes y terribles Nosferatu que crean dominios en los que merodear sin rivales, como monstruos de la noche, mientras los mortales que los rodean se mueven sigilosamente por miedo a despertar a la Bestia que camina entre ellos.

Aunque esta clase de dominios son los más frecuentes en las tierras bárbaras, las regiones del Imperio algo apartadas de las intrigas principales de la Camarilla también contienen estos horrores rústicos.
En ciudades civilizadas, casi siempre se reconoce a un Nosferatu como ser importante entre sus iguales. La disparidad entre las Ratas de Cloaca da color a sus relaciones: el más antiguo normalmente es el más respetado, y de igual modo ostenta el título de primogenitura si el príncipe reconoce ese puesto a los Nosferatu. Por debajo de él (para respetar el sentido de vaga jerarquía que siguen de forma casi incongruente las Ratas de Cloaca), unos pocos ancillae desperdigados tal vez se disputen las pocas influencias que puedan quedar, mientras que los neonatos se dedican a graznar y sisearse entre sí y a otros Vástagos por los pocos despojos que no importan ni a los ancillae. De hecho, esta podría ser la causa del fenómeno de anidamiento entre los Nosferatu: ¡Por qué molestarse en tomar posesión de una cloaca propia cuando todos los pisoteados pueden unirse (al menos a ojos de los demás) y hacer que su dominio en común sea mayor que la suma de las partes?

Intereses

Los Nosferatu se llevan sus influencias e intereses allá donde pueden, lo que a menudo es, rencorosamente, a donde otros Vástagos les permitan. Aunque no es inaudito que un Nosferatu se establezca como benefactor de las artes, becario de una escuela (mediante intermediarios, por supuesto) o consejero de un aristócrata, éstas son más bien excepciones. En la mayoría de los casos, los Nosferatu se ven relegados a las filas del submundo o las masas de los desamparados. Los proxenetas y las madames Nosferatu se aprovechan de las casas de meretrices; los ladrones envían a sus pillos escurridizos a robar a otros pobres. Los jefes criminales de poca monta venden mercancía robada en la calle o usan sus poderes de ofuscación para colarse en casas y museos y robar los objetos ellos mismos.

Raro es el Nosferatu que supera la ruina infligida sobre él por el Abrazo. El mundo victoriano depende demasiado del valor de las apariencias como para siquiera considerar que algo tan aparentemente demoníaco como un Nosferatu no sea el horror infernal que aparenta ser. En vista de esto, las Ratas de Cloaca tienden a tomar una decisión pronto, y ésta determina el carácter de sus personalidades en la no-vida desde ese momento en adelante.

Algunos Nosferatu se toman al pie de la letra la mentalidad victoriana, y se convierten en encarnaciones de las maldades más negras que representan visiblemente. Estos Nosferatu son verdaderos horrores, e infligen dolor y consternación sólo por la emoción indirecta que eso les produce, y se echan a graznar siempre que otra maldad se les pone por delante. Estas Ratas de Cloaca suelen ser los matones y los terrores de sus respectivos nidos, y se ceban incluso en otros Nosferatu cuando no tienen delante un objetivo mejor. Afortunadamente, éstos rara vez acumulan influencia o de valor o duración permanente, y pronto quedan abatidos por el peso de su propia maldad. A la postre terminan destruyéndose a sí mismos u obligando a otros a hacerlo. Cuando no caen en las garras de la Bestia poco después de convertirse en criaturas tan malvadas, pocos de sus compañeros de clan tienen algún escrúpulo ante la posibilidad de convencer a otros Vástagos de que sólo es cuestión de tiempo hasta que lo hagan, y que es por el interés de todos el librarse de ellos cuanto antes.

Potros Nosferatu se deslizan hacia el otro extremo del espectro. Entre estas Raras de Cloaca se cuentan los gentiles ermitaños que siguen códigos de moralidad casi imposibles para negar sus naturalezas bestiales, los “nobles salvajes» de las tierras bárbaras o los que simplemente desmienten la imperante moralidad victoriana de presunción y autocomplacencia. Algunos de estos Nosferatu incluso están considerados entre los demás Vástagos como verdaderos santos. La verdad de esto sigue siendo cuestionable, por supuesto, ya que, ¡qué santo se mantiene con la sangre de otros? Sin embargo, la sabiduría y la fuerza de voluntad que demuestran estos Nosferatu da fe de la fragilidad de los prejuicios victorianos, al menos en cuanto al carácter. Del mismo modo, estas ratas de cloaca rara vez se forjan influencias de gran valor, pero esto se debe más a la falta de contacto que a un deseo apóstata de echar a perder el mundo para que esto se asemeje al propio semblante monstruoso.

La mayoría de los Nosferatu están en algún punto medio del espectro, y ocasionalmente sucumben a los ardides de la Bestia, pero normalmente también reconocen el valor del Hombre interior. Aun así, el mundo conspira en su contra debido a su fealdad, y sus intereses suelen estar donde los Nosferatu pueden acumularlos razonablemente: en los puestos inferiores de la policía, en el bajo vientre infecto de la sociedad, entre los que se sitúan por encima de las preocupaciones pasajeras ( como los que se unen a órdenes monásticas o se lanzan al estudio de las ciencias) o incluso fuera completamente del modelo social, convertidos en autarcas con el deseo de conducir sus propias existencias como mejor les parezca.

¿El Jubileo de Diamante? No seáis absurdos. Nosotros no vemos muchos diamantes por aquí abajo, desgraciados. Vemos el fango que no queréis, la porquería que tiráis por los desagües y los restos que dejáis porque no podéis molestaros en limpiar por donde pasáis. Sois derrochadores, orgullosos y estúpidos … ¿y tenéis el valor de mirarnos por encima del hombro? Una noche todo eso cambiará… y hasta entonces. volveremos por cualquier medio que tengamos. -Des Coates, expatriado parisino del dominio de Francois Villon

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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