Dispares – Hijos del Conocimiento (Solificati)

He sido el huevo, he sido la mierda y ahora aspiro al oro.

“¡Una vida mejor gracias a la química!”. Una vez, esa frase fue el epítome del potencial y la promesa de la energía nuclear, los polímeros plásticos y una hueste de novedosos productos que garantizaban una vida mejor y más fácil.

Para la mayoría de Despertados, es uno de los eslóganes más insidiosos que jamás han acuñado los propagandistas de la Tecnocracia. Aun así, otros magos lo conocen en su forma original: Unus es ab arte transcendit; est transcendens omnia per artem: “Por el Arte, uno trasciende; mediante el Arte, todo es trascendente”.

A lo largo de su dilatada historia, los Hijos (más conocidos por su título preferido, los Solificati) han trabajado en pos de un único y brillante fin: la iluminación y Ascensión por medio de las ancestrales Artes y Ciencias de la Alquimia. Aunque la gente ha practicado formas de alquimia desde la era sumeria, la mayoría de estos autodenominados Coronados trazan su historia hasta la corte del Antiguo Egipto de la reina Hatshepsut. Allí, los coperos de la gran reina aprendieron los secretos del universo tal y como los reveló la alquimia y juraron compartir esos misterios sólo con las almas más dignas. De esta forma, los Solificati crecieron en número, viajando por toda Persia y el norte de África, a través de la Ruta de la Seda hasta India y China, practicando principalmente en grupos pequeños y solitarios hasta que se unieron formalmente en un gremio de alquimistas en la primera reunión de lo que se convertiría en la Orden de la Razón.

Por desgracia, los alquimistas pronto se dieron cuenta de que la Orden era, digamos, menos que hospitalaria para con su causa. Los comienzos en falso, las purgas y las divisiones resultantes recordaban a los diversos estadios de la alquimia (sobre todo a la putrefacción, el estadio de la decadencia que precede a la renovación). Reformados bajo la égida Hermética en 1445, los Solificati se convirtieron en una de las Nueve Tradiciones originales. Sin embargo, poco después, el escándalo que implicó al Gran Traidor rompió la unidad del grupo de nuevo.

La historia informa de que, tras la ejecución de Heylel, los Solificati se disolvieron y cayeron en desgracia, desapareciendo en las nieblas del tiempo. Como suele ser el caso en tales afirmaciones de hechos históricos, la verdad sigue un camino distinto. Los tira y afloja, los ascensos y retiradas, han marcado las costumbres de los Solificati desde los orígenes del grupo.

Esa desaparición en masa fue sólo otro giro más de un ciclo familiar. Cuando los Solificati resurgieron a finales de los años cincuenta (esta vez con el nombre de Hijos del Conocimiento) su Arte implicaba una poderosa nueva sustancia, el LSD. Ya fueran el doctor Alfred Hoffman y su equipo realmente Hijos del Conocimiento o simplemente químicos influidos por sus descubrimientos, la dietilamida de ácido lisérgico fue heraldo de un nuevo mensaje; a través de la alquimia (ahora llamada química), podía abrirse la mente y las Masas podrían ascender.

La nueva raza de Coronados promocionó agresivamente este compuesto entre las Masas (a veces de forma sabia, muchas otras no). La reacción negativa esperable mitigó los potenciales beneficios del compuesto, pero “las puertas de la percepción” habían sido abiertas y no podrían cerrarse fácilmente de nuevo.

Este método psicotrópico sigue siendo controvertido incluso dentro del grupo. De nuevo, los Solificati se dividieron en grupos. Algunos terminaron uniéndose a la Orden de Hermes a finales de los noventa, otros pelearon por su legítimo título como antiguos compañeros de banda luchando por el viejo nombre de ésta. Para el nuevo milenio, dos grupos distintos habían asumido el mismo confuso apelativo: los Hijos empezaron a cansarse de ese minúsculo nombre y las Coronas estaban molestas por los descuidados experimentos y excesos de sus iguales. Ahora, ambos grupos reclaman el título Solificati y cada grupo rechaza reconocer a los otros idiotas como los legítimos herederos de ese nombre.

Los Hijos del Conocimiento de hoy en día son menos proclives a trabajar solos en celdas aisladas iluminadas con velas y llenas de libros, papeles y extraño equipo alquímico, y mucho más dados a formar equipos de investigación universitarios, grupos de reflexión, sectas ocultistas psicotrópicas y grupos de exploración de clubs nocturnos.

Los últimos veinticinco años han visto a estos alquimistas extender su evangelio químico a través de la cultura rave, los festivales de espíritu neotribal y las aventuras globales de cambio de nación de las tribus neogitanas. “En juego en los campos de la mente”, persiguen el rol de los embusteros químicos en cuyas manos las ilusiones del mundo real se rompen, esparcen y reorganizan para formar nuevas y entretenidas imágenes. Aun así, estos Hijos son muy serios en lo que respecta a su juego y esas nuevas imágenes incluyen nuevas visiones para la realidad.

Organización: Como han hecho desde el nacimiento del grupo, los Solificati prefieren reunirse en pequeños grupos centrados en uno o dos Maestros Alquimistas, dos o tres Adeptos y un puñado de aprendices potenciales. Los Maestros marcan los objetivos de estudio y actividad, los Adeptos refinan el proceso y los aprendices aprenden mediante práctica, prueba y error. El estudio académico es crucial y el secretismo incluso más. Dado su doloroso historial con las Tradiciones y la Tecnocracia, este grupo tiene todo el derecho de sentirse paranoico. Quizás esta Alianza Dispar proporcione finalmente seguridad para la Gran Obra en curso del grupo.

Iniciación: Para sacudirse sus preconcepciones científicas, los Solificati recién Despertados (llamados “huevos” en referencia al símbolo alquímico para la gestación) comienzan su entrenamiento con la tradicional tarea de transformar metales básicos en plata u oro. Una vez que han completado esta tarea, los huevos son puestos a prueba por su Maestro para ver si comprenden la lección tras ese encargo. La respuesta correcta, por supuesto, es que él es el metal básico y el oro simboliza su potencial definitivo.

Esferas Afines: Tradicionalmente, Materia, aunque algunos grupos prefieren Fuerzas, Cardinal o Entropía.

Foco: Dado que el universo es una enorme sinfonía de vibrante energía, la Magia es sencillamente la aplicación de la propia Voluntad para influir y cambiar las vibraciones entre una cosa y otra. Las herramientas que simbolizan y canalizan esas vibraciones (y que reorganizan las percepciones de un testigo de forma que pueda resintonizar sus propias esperanzas sobre lo que es y no es posible) propician esa Gran Alquimia.

Para un Hijo del Conocimiento, Todo es Datos, Caos o una Ilusión, una Prisión o un Error. El conocimiento (perfeccionado mediante alquimia, artesanía, sabiduría loca, el Arte del Deseo, Magia del caos e hipertecnología ocasional) proporciona la verdad tras las ilusiones de la vida. Para un Solificatus, la Magia es el Arte de la Transmutación; cambia, refina, rompe y readjunta los materiales existentes en energías recién creadas.

Estereotipos
  • Las Tradiciones: Tratamos de enseñarles Unidad. Nos expulsaron. Que los jodan. Tenemos mejores cosas en las que pensar… y que hacer.
  • La Tecnocracia: Su versión de la Unidad es jodida, maligna, manipuladora y triste.
  • Los Dispares: Nuestros nuevos compañeros tienen la clase de visión que sólo se obtiene mediante perseverancia contra la adversidad. Sí, sabemos un par de cosas sobre eso.

Los Hijos del Conocimiento constituyen los remanentes de una antigua escuela de magia práctica: la transformación de los materiales básicos en sustancias más puras mediante el proceso de la alquimia. Trazando sus orígenes tan lejos como el Antiguo Egipto, estos magos aseguran descender del dios Thoth, el dios de las matemáticas y de la ciencia, así como de los discípulos de Hermes Trismegistus, el fundador de la magia helenística.

Conocidos originalmente como los Solificati, o los Coronados, los Hijos del Conocimiento indagaron profundamente en los métodos organizados y ordenados de la magia transformativa. Especializándose en la relación entre la materia (representada por los cuatro elementos) y el espíritu (representado por el principio unificado del universo), los Solificati llevaron el estudio de la alquimia a sus cotas más altas durante la Edad Media. Con mayores perspectivas debido al conocimiento de la astrología y la medicina, los Alquimistas desvelaron secretos mágicos en su búsqueda de la unión perfecta entre materia y espíritu, simbolizada por la Piedra Filosofal.

Los Solificati alcanzaron la cumbre como grupo organizado de magos alquimistas a lo largo del siglo XIII. Aunque trabajaban codo con codo con otros magos de la Orden de Hermes, estos magos renunciaron a la rígida organización de los conventos, prefiriendo trabajar en laboratorios aislados con tan sólo uno o dos aprendices como compañeros y ayudantes. En 1315, Le Duc Louis Tristán de Varre unió a muchos hermanos alquimistas en una única comunidad de Solificati. La Convención de la Torre Blanca, en 1325, dio lugar a la Orden de la Razón que incluyó entre sus filas a los Solificati. Finalmente, los Solificati se percataron del error que habían cometido al haberse dejado arrastrar por el simplista modo de entender el universo de la Orden y la dejaron en 1335.

A medida que más y más Solificati se enfrentaban con los magos dogmáticos de la Torre Blanca, los Alquimistas se dieron cuenta de que su única salvación residía en la fuerza del número. Como medida de precaución, los Solificati decidieron unirse como una Tradición más bajo los auspicios de la Gran Asamblea de 1457, convirtiéndose en los guardianes de la Esfera de Materia.

SALIR DE LA SARTÉN PARA CAER AL FUEGO:

La traición de la Primera Cábala por uno de sus miembros Solificati, el Avatar-gemelo de Heylel Teomin, llenó de desgracia a la Tradición. El arresto de Heylel, su juicio y condena al máximo castigo de Gilgul hizo que la comunidad entera de los Solificati se deprimiera. No podían ni querían arrastrar el estigma de la traición con ellos, y por tanto, rompieron con las Tradiciones en 1470. Separados entre ellos mismos en facciones que bien condenaban o apoyaban las acciones de Heylel, los Solificati prácticamente desaparecieron como Tradición durante muchos siglos. Algunos Alquimistas buscaron refugio en la Orden de Hermes o se integraron en la Orden de la Razón, donde sus excéntricos modos de entender la ciencia ayudaron con el tiempo al auge de los Ingenieros Electrodinámicos y Diferenciales, precursores de los Hijos del Éter y los Adeptos Virtuales. Unos pocos Solificati desaparecieron en el anonimato, buscando la soledad, como hicieran los Alquimistas de tiempos pretéritos.

Un grupo de doce Solificati se negó a desaparecer, y eligió cambiar su nombre por el de Hijos del Conocimiento y permanecer unidos como un grupo coherente. Aliados pero no unificados, con la Orden de Hermes, los Hijos del Conocimiento comerciaron con muchos de sus secretos para protegerse, particularmente durante el auge del poder de la Inquisición.

Durante el Renacimiento y algún tiempo después, los Hijos del Conocimiento disfrutaron de un breve respiro toda vez que la alquimia y la astrología ganaban de nuevo popularidad. Sus miembros crecieron en número y gracias al tiempo transcurrido los antiguos Solificati asumieron finalmente las acciones del Gran Traidor. Algunos miembros de los Hijos del Conocimiento incluso defendieron la traición de Heylel, asegurando que el mago hermafrodita trató de estrechar más los lazos entre las Tradiciones sometiéndolas a los rigores de la persecución.

El triunfo del paradigma científico durante el auge de la Revolución Industrial dejó una vez más en segundo plano a los Hijos del Conocimiento. Finalmente, descubrieron que la única forma de salvar su visión de la magia era transformarla de acuerdo con los principios alquímicos, creando la décima Esfera que denominaron Unidad. Esta inspiración dio a los Hijos del Conocimiento el ímpetu que necesitaban para preservar viva su magia, clasificada como Arte, durante el siglo XX.

AL FINAL HAY UN COMIENZO:

El descubrimiento durante la década de los 40 de los efectos de las drogas psicotrópicas en la expansión de la conciencia otorgó a los Hijos del Conocimiento una nueva vía de exploración para la alquimia. Alentados por la nueva percepción de la conciencia cósmica importada tanto de la proliferación de cultos orientales como de las drogas alucinógenas durante los años 60, los miembros más jóvenes de los Hijos del Conocimiento practicaron su magia más abiertamente que nunca.

Sin embargo, esta práctica atrajo la atención de la Tecnocracia y los convirtió en blanco de las purgas del final del siglo XX. A medida que la Tecnocracia extendía su ataque contra las Tradiciones de forma que incluyera a las Artes más pequeñas y a los grupos de Dispares, los Hijos del Conocimiento se dieron cuenta de que ya no podían existir como grupo independiente. Tras una serie de delicadas y desesperadas negociaciones, los Hijos del Conocimiento volvieron a unirse oficialmente a la Orden de Hermes como la Casa Solificati en los últimos años del siglo XX.

Sacrificando la independencia tan duramente ganada por la dudosa salvación que prometía unirse con una genuina Tradición, los antiguos Hijos del Conocimiento ahora caminan por una delgada línea bajo el estandarte Hermético. Los Herméticos vigilan con atención en busca de cualquier signo de «Síndrome de Heylel» entre sus nuevos hermanos y hermanas, mientras que a la vez los nuevos Solificati se vigilan entre ellos para prevenir cualquier indicio de traición. Sin embargo, unos pocos Solificati trabajan secretamente para limpiar el nombre del Gran Traidor, sintiendo que sólo si lo consiguen borrarán el estigma que pesa sobre su Casa. Otros Solificati intentan dejar atrás el pasado y concentrarse en sus creencias como la clave que les permita dar la vuelta a las victorias de la Tecnocracia. Muchos miembros jóvenes de la Casa Solificati se han entregado al estudio de la física cuántica y la teoría de las cuerdas. Dado que la ciencia golpea contra un muro de misterio, los alquimistas de la Casa Solificati están seguros de que la aplicación de sus conocimientos y su aproximación a la magia podrán finalmente construir el puente entre la materia y el espíritu, volviendo los avances de la Tecnocracia contra ellos.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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