El Tercer Gran Maelstrom

Las Tres Abominaciones se amontonaron unas encima de otras, y de nuevo tembló el suelo, la tierra se hendió, y se desató otro Maelstrom. Retumbó en todas direcciones, en todos las partes de las Tierras de las Sombras, una furia que arrolló todo el Mar Sin Sol. Del abismo soplaron horribles temporales, torbellinos que asfixiaron a todo el Imperio; desde arriba se cerraron los mares huecos, y todo se hundió en la oscuridad.

Dejó un mundo abatido, un imperio desgarrado y raído. La Tempestad había enloquecido; todo lo inundó, separando Estigia del resto de las Tierras de las Sombras. Un vil Espectro, llamado Corazón Helado, dirigió divisiones de su casta infernal que salían de las grietas, engullendo el odio que dejaron los Renegados, los Herejes y los rebeldes Gremios. Él y sus secuaces atestaron con el miedo el viejo Río de la Muerte, por lo que fue abandonado por los Barqueros que quedaban, quienes prefirieron utilizar las amplias carreteras antes que aventurarse por el Río. El Manto se engrosó y ensanchó; los wraiths que intentaban asomarse fueron rechazados. Los Arcanoi fallaban, los ánimos se debilitaban.

Fue el precio del odio, la locura del poder, la crueldad de la rebelión, lo que infligió un Tercer Gran Maelstrom a las Tierras de las Sombras. Ahora, las atrocidades de los males pasados rodeaban las Tierras de las Sombras, flotaban por Estigia en las ráfagas de viento predominante, posándose sobre todas las cosas como una niebla grasienta proveniente de la superficie de la arremolinada ubicuidad de la Tempestad. Ahora, todo estaba recubierto por una pátina de oscuridad, todo empapado en el odioso fango de la Tempestad. Y toda esta locura había sido forjada por las manos de los wraiths.

EL TIEMPO DE LA MATANZA

En cuanto llegamos a las costas de las tierras Obsidianas, todos los que estábamos a bordo vimos con Claridad que una gran desgracia había acontecido en este mundo.

Nuestra pequeña lancha de desembarco casi fue hundida por Olas de tres metros antes de que pudiéramos alcanzar la orilla. Desde nuestra embarcación, podíamos ver las anchas columnas de humo ondulando hacia la nada, el paisaje ardiendo con el fuego irreal del Olvido. Recordé las historias sobre el primer Maelstrom, y cómo la tierra silbaba y quemaba con esas llamas furiosas.

No pude comprender la visión que se nos ofrecía cuando avanzábamos tierra adentro. Apenas puedo describirla ahora, ya que me afecta profundamente. Los grandes templos que no eran mas que escombros. Las grietas hirvientes en el suelo que llevaban directamente al centro del Infierno. Y podía oír los llantos y los lamentos angustiados y atormentados, desde todas partes y ninguna. Un mundo había muerto… no, había sido asesinado..

Extracto del Diario de a bordo del Sojourner, Henry Moore, Capitán.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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