Barba Azul

En 1404 nacía uno de los personajes más abominables de la historia universal. Se llamaba Gilles de Rais. Fue él quien dio origen a la leyenda del pirata Barba Azul.

 

No tenía ni 20 años cuando raptó a Catalina de Thouars, casándose con ella la misma noche del rapto, no por amor sino por ambición, ya que la familia Thouars era poseedora de muchas riquezas.

Gilles de Rais se unió a Juana de Arco en su cruzada, llegando a ostentar el grado de mariscal. Quizás fue el único período de su vida en que se entregó en cuerpo y alma a una causa noble.

La derrota de Juana de Arco, por traición, su proceso y muerte, acabaron con las buenas intenciones de Gilles de Rais, quien volvió a su hogar. Su barba negra de azulados reflejos hizo que se le llamara Barba Azul. Era inteligente y culto, ambicioso, ávido de riquezas y despilfarrador. Era un apasionado de la música. Poseía muchos órganos. El sonido de este instrumento le producía tal enajenación, que se hizo construir otros portátiles para que le acompañaran en sus menores traslados.

Gilles se aproxima al momento en que se anuncia, amenazadora la ruina inevitable. Ante esta situación se vuelve hacia el esoterismo, buscando en la alquimia el modo de fabricar el oro que le falta. Cae en manos de un embaucador llamado Prelati, quien le asegura que llenará sus arcas gracias a la magia negra. Pero nada ocurre. Practican conjuros, misas negras, etc. Aquí lo grotesco va a ceder el sitio a lo odioso.

Un día se ofrece a la vista de dos de sus servidores que han penetrado en la cámara de su maestro un espectáculo horroroso. Le ven teniendo en la mano el corazón y otros órganos de un niño que acaba de hacer matar. Deposita tales despojos en una habitación y ordena tras cerrar con llave que nadie entre. Llegada la tarde, Gilles ocultaba en una de las mangas de su vestido (bastante amplias en aquella época) los restos mutilados para llevarlos al retiro de Prelati.

Entonces empezó lo más horrible que se pueda imaginar. Gilles de Rais necesitaba niños para sus sacrificios. Todo lo ocurrido se halla escrito en las actas que llevó su proceso y que en el año 1959 fueron publicadas por el Club Français du Livre.

Una noche Catalina, su esposa, estaba preocupada por la fiebre de su hija María. Quería avisar a su marido, pero éste se encontraba en un ala del castillo que estaba prohibido circular. Pero Catalina, preocupada por la salud de su hija, decidió burlar la prohibición. Pasó al recinto y abrió la puerta que su marido le había vedado abrir. No pudo contener un grito de horror. En esa habitación vio todas las tremendas atrocidades que su esposo llevaba a cabo. El mariscal le perdonó la vida a su esposa, mientras no comentara lo observado y la recluyó en el castillo.

Para procurarse víctimas, servidores de Gilles de Rais recorrían los pueblos y aldeas, prometiéndoles a dichos infortunados que les harían pajes en los castillos del señor de Rais. Pero cuando el engaño se hizo evidente, debieron recurrir a los raptos. El temor se apoderó de los habitantes de los pueblos. La gente comenzaba a murmurar. Desaparecían niños y niñas. Llegó un momento en que fue tan grande la murmuración que los comentarios llegaron a las más altas autoridades.

El 14 de septiembre de 1440, se presentó a las puertas del castillo donde habitaba Rais un grupo armado al mando del capitán Jean Labbé, acompañado por un notario que venía en nombre del obispo de Nantes. Era el fin. Gilles de Rais se entregó y el 19 del mismo mes, empezó el interrogatorio, que no concluyó hasta octubre.

Además del pecado de herejía y de pactar con el demonio, salió a la luz que el mariscal sacrificaba y sodomizaba niños. Más de 300 niños y niñas perecieron de este modo. También admitió haber asesinado a mujeres embarazadas con el fin de profanar sus fetos.

Durante el proceso, el mariscal de Rais reconoció sus crímenes y pidió perdón por ellos. Fue condenado a ser colgado y quemado vivo. Catalina de Rais asistió al proceso y a la ejecución de su marido sin derramar una lágrima. Se retiró a sus tierras y poco tiempo después contrajo nuevas nupcias. Pero jamás pudo olvidar el espectáculo que se ofreció a sus ojos cuando abrió la puerta prohibida.