Chu-Ih-Yu

Eternamente justos e imparciales, los chu-ih-yu son los kamuii guerreros. Son fuerzas de Yin menor, y veneran al oeste, al otoño y al color blanco. Muchos chu-ih-yu trabajan como administradores de alto rango en el Ministerio del Metal (Tieh Fu). Estos kamuii no sólo guardan minas de metales preciosos, sino también templos con gongs y campanas antiguos, o museos con armas de metales valiosísimos.

Los chu-ih-yu son objetivos con las faltas. Cuando alguien, ya sea hirayanu o kamuii comete un acto ilícito, creen que esa persona debe presentarse ante la justicia, con un castigo adecuado al tipo de delito. Las circunstancias atenuantes no tienen importancia para los chu-ih-yu. Llevan el principio del ojo por ojo hasta sus últimas consecuencias. Nunca muestran temor en la batalla, y son famosos por resolución y su valentía. La presencia de un chu-ih-yu entre los jugadores hará que los enemigos se lo piensen dos veces antes de atacar. Cuando un chu-ih-yu toma una decisión, nada puede interponerse entre él y su objetivo. Otros hsíen consultan a los chu-ih-yu sobre asuntos de leyes y justicia. Aunque no se les considera consideran tan sagaces como fu hsi, se les reconoce su valía como árbitros imparciales, sin importar las circunstancias del caso.

Los chu-ih-yu son aliados beneficiosos, salvo por el hecho de que resultan tíos ásperos e insensibles. Siempre son educados, pero de una forma rígida y formal. De hecho, creen que es su deber el promover este comportamiento entre otros. Cuando un chu-ih-yu presencie un abuso o cualquier otro comportamiento injusto, reprenderá de inmediato al culpable, utilizando la espada para justificar sus argumentos, si es necesario. Después explicará por qué era injusto ese comportamiento, a menudo llegando hasta el punto de aburrir inimaginablemente tanto al culpable como a la víctima. Tras esta explicación, el chu-ih-yu puede establecer algún tipo de competición que resulte justa para ambos bandos. Lo más probable es que el culpable obedezca, ya que sólo a un loco se le ocurriría ignorar el poder de la espada de un chu-ih-yu. Muchos de ellos son hábiles con espadas chinas, como el darn-do o el jien, mientras que otros prefieren la katana japonesa, las estacas de antebrazos (tai-dao), los látigos con cadenas (bian), las lanzas (chiang), las alabardas (ghi) o incluso el temible tridente dragón (gao loon cha). La mayoría de los chu-ih-yu manejan con soltura varias armas.

Los hsien-tsu chu-ih-yu son los niños que la mayoría de los padres querrían. Son ordenados y sus modales son siempre extraordinarios. Les gustan las artes marciales y los deportes, y siempre terminan lo que empiezan, como por ejemplo los trabajos escolares o las tareas domésticas. Lo que puede ocasionarles problemas es su ansia de justicia. Si creen que se les ha castigado injustamente, intentarán explicar por qué no merecen tal disciplina, lo cual suele acarrearles más problemas. Lo que asombra a la mayoría de los padres es que si el niño cree que merece un castigo más severo, también lo manifestará rápidamente. Cuando estos hsien maduran, ansían abandonar sus hogares de infancia y servir como administradores para los Shinma de mayor graduación.

Muchos chu-ih-yu son Tradicionalistas Li Shen, y aprecian el orden de la naturaleza. Otros se unen a los guerreros Yü, disfrutando el papel de caballeros administradores de justicia. Unos pocos siguen los excesos de los Shu Shen. Es raro que se unan a los Xian Mo, Xian Mun o Wu Hsien.
Los hsien-jin chu-ih-yu son los eternos pacificadores. Siempre están resolviendo las disputas y buscando soluciones equitativas para ambos bandos. Sin embargo, a veces se exceden al decir a la gente más de lo que esta quiere oír sobre sus errores. Una cosa es decirle a un camarada hsien que ha tomado una decisión injusta, y otra distinta es pasarse una hora explicándole en qué se ha equivocado y qué debe hacer para enmendar el error.

Apariencia: Los miembros de este kwannon-jin son criaturas altas e imponentes, de porte orgulloso. Bajo su forma wani, su piel se vuelve plateada y sus ojos de un blanco sólido brillante. Sus rasgos son afilados y rectilíneos, con una estructura ósea bien cincelada en mejillas, dedos y muñecas. Su pelo es blanco, y tanto varones como hembras lo suelen llevar largo y suelto. Les gustan las prendas y adornos sencillos, que les proporcionan facilidad de movimientos en la batalla. Ni que decir tiene que suelen llevar al menos un par de armas. Cuando usan la Máscara de Shintai, su cara se congela con una mueca fría. Su cuerpo parece aún más erecto, mientras que su pelo largo y plateado se agita como una tela de araña a merced de un viento invisible. Las uñas se alargan, y en conjunto, la visión es como la de un antiguo guerrero esquelético que promete un reino de muerte a los que le ofendan.

Fortuna: Metal.

Suerte: Un chu-ih-yu puede ver la geometría de la verdad en todas las cosas, Por lo tanto, recibe un +2 a las tiradas de percepción a la hora de detectar mentiras.

Maldición: Aunque justos, los corazones de los chu-ih-yu suelen ser fríos como el acero. Deben hacer una tirada de Carisma con una dificultad añadida de +2 al intentar relacionarse socialmente.

Poderes Wani: Son invulnerables a los metales (absorben automáticamente tantos niveles de daño como su Resistencia al ser atacados con balas o espadas).

Conceptos: Guardaespaldas, consejeros, jueces, profesionales de las artes marciales, soldados, clérigos-guerreros.

Méritos y Defectos: La Lengua del Bardo, Código de Honor.

Cita: El metal se hace más fuerte al doblarse, romperse y retorcerse. Imponer justicia supone estar templado en los hechos de la vida. No nos apartamos de esta tarea.

Yin Chyou, Otoño Plateado, forja palabras de entendimiento y sabiduría:

Sobre los chu jung – Comprenden las leyes inmutables de la justicia, pero prefieren aplicarlas sólo a las situaciones del corazón, no de la mente. Esta es una debilidad que deberían esforzarse por corregir.
Sobre los hou-chi – Si eres capaz de convencer a un hou chi para que hable de otros temas que no sean los placeres de la primavera, puede llegar a ser un amigo y consejero fiable. Esto, por supuesto, es difícil.
Sobre los komuko – Respetamos la sabiduría de los komuko y su equilibrio. Nuestras relaciones con ellos son estrechas, ya que el metal del que provenimos yace en el corazón de la tierra.
Sobre los suijen – Los suijen son débiles y frágiles como el jade contaminado. Se contentan con jugar ociosos en sus ríos y lagunas, pero no se preocupan nunca más que de sí mismos.
Sobre los fu hsi – El pueblo serpiente posee un tesoro de sabiduría. Debes escuchar con reverencia sus palabras. Cada una de ellas es como una veta preciosa de plata que discurre entre piedras oscuras.
Sobre los hanumen – Esos monos maleducados saben poco sobre la justicia y el deber. Algunos dicen que su risa vale oro, pero yo creo que es como las hojas del sauce, esparcidas y vacías.
Sobre los heng po – Los heng po reverencian la armonía tanto como nosotros, pero sus métodos son retorcidos y faltos de un entendimiento verdadero de la justicia. Muchos de ellos no son de confianza y carecen de honor.
Sobre los nyan – Traicioneros, derrochadores y vagos. Estos gatos tienen pocas ideas que hagan que nos interesemos por su amistad. La mayoría desdeñan la idea de justicia que nosotros amamos.
Sobre los tanuki – Son guerreros fuertes, resueltos en sus convicciones, incluso como nosotros. Su gusto por las bromas es lamentable, pero ellos constituyen los pilares de hierro de los hirayanu.
Sobre los waigoren – Ya que esa Estirpe no es capaz de comprender nuestras leyes, es imposible que puedan comprender la justicia. Su llegada a nuestras tierras es interesante, cuando menos.