Linea de Sangre – Hijos de Osiris

Ra me ha escogido para traer luz a la oscuridad y curación a quienes sufren.

En el antiguo reino de Egipto vivieron dos hermanos: el faraón Osiris y su hermano menor Set. Osiris era un gobernante sabio, pero su hermano envidiaba su corona y su esposa, Isis. Tras hacer un pacto oscuro con el dios Apep, Set logró convertirse en un demonio no-vivo de gran poder para derrocar a su hermano. Con el corazón apesadumbrado, pues aún amaba a su hermano, Osiris rezó a Ra para que le otorgara el poder de librar a su tierra de este nuevo mal. Ra respondió confiriéndole dones divinos a Osiris y atándole a la vez a la oscuridad para que sirviera como representante de Ra por la noche. Cuando se enfrentaron am­bos hermanos, ni siquiera Ra pudo hacer frente al poder de Apep, y Osiris resultó derrotado, asesinado y descuar­tizado por Set, el cual no tuvo en cuenta a la esposa de Osiris, pues Isis era una gran hechicera que se propuso reconstruir el cuerpo de su marido. Lo con­siguió a cambio de renunciar a cualquier descendencia que pudieran tener aún, ya que Osi­ris no pudo volver a engendrar vida. Incluso en la derrota, el faraón conservó su sabiduría y otros seres condenados como Set buscaron su consejo para curar sus heridas con la luz de Ra. Desde entonces, Osiris ha sido un faro de esperanza y redención en medio de la noche.

Ésta es la historia que cuentan los Hijos de Osiris. Quizás describa a Osiris de un modo más favorable de lo que realmente merezca, pues como faraón de Egipto estaría a la par con los mejores confabuladores y traidores. De hecho, los Seguidores de Set cuentan una historia com­pletamente distinta en la que Osiris suplicó el don oscuro a su hermano menor sólo para acabar consumido por la sed de sangre y la rabia hasta que su esposa Isis lanzó un conjuro que frenó su furia e impidió que creara otros monstruos como él.

Sea cual sea la verdad de esas noches del pasado, normalmente un Hijo de Osiris se afana a emular el mito. Tienen la reputación de ser bondadosos y sabios, además de reconocidos buscadores y mentores de la Golconda. Aunque muchos Hijos a menudo asumen el papel del buen pastor que cuida de cada oveja descarriada, otros se fijan más en el rebaño como conjunto. Tales Penitentes podrían manipular a un Príncipe para que degenerara en su depravación y provocar así un golpe que lo depusiera e instaurara un nuevo sentido de la moralidad en el feudo al quedar los otros Cainitas preo­cupados por no seguir el mismo camino. Es una apuesta arriesgada pero no imposible con las herra­mientas y la posición adecuadas. Un Hijo de Osiris puede tener las mejores intenciones para la mayoría, pero el camino al infierno está lleno de ellas.

Sobrenombre: Faraones (despectivo), Penitentes.

Apariencia: Al proceder de numerosos Clanes y Líneas de Sangre su aspecto es también variado. Sin embargo, después de que concluya su período de aprendizaje, todos los Penitentes se afeitan la cabeza para sim­bolizar que son como niños en su nuevo camino. Cuando se encuentran dentro de los templos suelen vestir túnicas blancas egipcias, completamente lisas o bien adornadas con símbolos egipcios bordados en oro.

Refugio y presa: Perseguidos por los Seguidores de Set y a veces apartados por los Príncipes por su cháchara sobre la Humanidad, a menudo ven más sencillo permanecer con los suyos. Se reúnen entre hermanos, tanto como puede hacerlo un linaje tan reducido, en templos comunales bien escondidos alejados de los refugios de los demás Cainitas. Pueden incluso ver una semejanza entre su Fundador y el Mesías cristiano (pues ambos murieron y resucitaron) y afincarse en iglesias cristianas si son capaces de hacerlo sin llamar la atención.

Suelen ser muy cuidadosos al seleccionar sus presas y prefieren tomar hombres de gran tamaño de los que puedan alimentarse sin matarlos. Pero aun así se dan accidentes y más de un Hijo de Osiris habrá tenido la necesidad de deshacerse de algún cuerpo.

Abrazo: Los Hijos de Osiris no pueden Abra­zar, y su secta tampoco recluta de forma activa miembros de otros Clanes. Aún así, alguien puede ir en su busca, normalmente vam­piros que se hayan desesperado por la oscuridad que anida en su existencia y hayan oído hablar de los Hijos de Osiris como buscadores de la Golcon­da. Esos Penitentes pueden proceder de cualquier Clan, aunque, de forma comprensible, ningún Seguidor de Set jamás ha solicitado unirse.

Disciplinas de Clan: Bardo, más dos Disciplinas del Clan original.

Debilidad: La Debilidad del Clan original. Además, el rito de iniciación torna la Sangre del can­didato inerte y éste deja de ser capaz de Abrazar.

Organización: Los Hijos de Osiris son muy escasos, y por ese motivo carecen de una organización real. Suelen residir en templos comunales supervisados por un Rey Inmortal que actúa de representante de Osiris y que puede ser hombre o mujer independientemente del título. Teóricamente, los templos se comunican unos con otros, pero la realidad es que el correo postal no es fiable y se pierden más mensajes que los que llegan a destino. Los rumores afir­man que el templo más antiguo de Egipto está dirigido por el Gran Rey Inmortal, quien habla directamente en nombre de Osiris, aunque el Penitente medio de Occidente jamás podrá viajar allí para averiguar la verdad.

Estereotipos

  • Assamitas: Ladrones de Sangre y bebedores de almas. Sus conocimientos son grandes, pero no vale la pena asociarse con tales demonios.
  • Capadocios: Pacíficos eruditos en busca del conocimiento. Podríamos tener mucho en común si no adoraran sus libros; nuestro propósito es más elevado.
  • Lasombra: Oscuridad dentro y os­curidad fuera. Vendieron su alma a los demonios y ellos se llevaron su reflejo.
  • Malkavian: Deben tratarse con bon­dad, pues son como niños tanto en su sabiduría como en su locura.
  • Salubri: Sanadores y protectores de la humanidad como nosotros. No debe darse crédito a los terribles rumores que circulan sobre ellos.
  • Seguidores de Set: Nos odian porque somos el espejo que les muestra la verdad.
  • Tzimisce: Al igual que nosotros buscan ser algo más, aunque su meta no es la humanidad. Para ellos no hay redención.
Ricardo Blanch

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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