Via Sanguinius: El Camino de la Sangre

Una relato de como se comportan los seguidores de este camino o vía, te servirá para comprender mucho mas de ellos si solo leísteis el manual básico de Vampiro Edad Oscura, debido a que en dicho libro la descripción es muy pobre. Espero que te sirve tanto como a mi.

Via Sanguinius: El Camino de la Sangre

Ocurrió en la tierra de los Profetas que un gran y poderoso emir quiso la guerra con sus hermanos, pues codiciaba sus tierras, sus posesiones y los dones mágicos que les había dado su padre el Sultán. Así marcho a la guerra contra ellos, y ellos marcharon contra el, pero ninguno prevalecía, pues sus fuerzas eran iguales.
Un día llego un campesino pidiendo audiencia con el emir. Vestía de arpillera y estaba cubierto por el polvo del camino, y el emir no hubiese abierto la puerta de no haberle dicho “Llévame a tus consejos y concédeme tu favor; y yo matare a tus hermanos y tuyos serán sus dones.”
Así que el emir le hizo pasar; y le pregunto: “Cómo destruirás a mis fieros hermanos, si todos mis ejércitos han fracasado?”
El campesino repuso: “Hay estrechos pasos por los que cabe un hombre, pero no un ejercito. Me acercare sigilosamente y los matare”.
“Si lo haces quedare muy complacido y te tendré en gran estima “, dijo el emir. “¿Pero que pedirás por tu hazaña?”
“Cuando haya terminada mi labor y recogida todos las dones del Sultán para ti, escogeré uno para quedármelo.”
“Es justa”, accedió el emir; pues planeaba matara al campesino cuando hubiese acabado su tarea. Y así partio el campesino, y aproximándose con sigilo al primero de los hermanos del emir, acabo con su vida. Cuándo volvió junto al emir con e! Don de los Vientos, este grito de alegría par el triunfo, y le colmó de riquezas y favores.
A la noche siguiente, el campesino se marcho de nuevo para volver con el Don de los océanos. Y de nuevo el emir le cubrió de riquezas, y volvió a partir en busca de! siguiente hermana.
Y esto hizo basta matar a todos los hermanos del emir y arrebatarles sus dones.
Cuando el campesino regreso la décima vez, el emir celebró una gran fiesta. “Has cumplido tu palabra”, dijo. “Ahorra puedes recibir tu recompensa.”
Pero el campesino alzo la mano y contesto: “Es bien sabido que el Sultán tenia doce hijos, y solo he matado a diez. Aun no he terminado mi tarea“.
“Así es”, repuso el emir. “Pera ese otro hermano no tiene dones, y tampoco interés para mi.”
“¿ Y a que se debe?”
Y esto contesto el emir; mientras preparaba una daga a su espalda, donde no podía verla el campesino. “El Sultán deseaba que todos sus hijos tuviesen dones. Pero éramos codiciosos, y sentíamos celos de su amor por su hijo mayor Haqim. Así que mientras paseaban por el jardín nos levantamos y robamos los dones, huyendo a los cuatro confines del mundo. A nuestra hermano Haqim nada le quedo nada, salvo la oscuridad de la que nacimos, y le llevamos a morir a las frías montañas.”
Entonces el emir se lanzo con su cuchillo, pera mientras lo hacia se apagaron las velas, y una oscuridad abismal lleno la sala. El emir estaba asustado, y la voz del campesino parecía rodearle. Pera era distinta: antes humilde, sonaba ahora llena de ira y triunfo. El emir la reconoció y cayó de rodillas, temblando. “¡Haqim, hermano mío!”, grito
Haqim respondió con una voz tan fría como la piedra: “¿Ves lo que he hecho con la oscuridad en la que me dejasteis? Soy yo, vuestro hermano, a quien traicionasteis en el jardín. Os he perseguido por todo el mundo, sin riquezas ni poder. Ahora me cobrare la deuda.” Y Haqim, que había sido abandonado a la oscuridad y las crueles montañas, eligió el don de la vida del emir matándole y recuperando todos los dones de su padre.
-de la Parábola de la Sangre

Son como un viento oscuro que viene en silencio de Oriente, y la Ruta de los Peregrinos se vuelve roja a su paso”, observó el erudito Brujah Teodosio, hablando de la “sombra de muerte” que cayó sobre señores mortales y Cainitas en el Reino de Jerusalén tras la Primera Cruzada. Su recapitulación, poco mas que una serie de notas garabateadas a toda prisa, hablaba de caballeros Ventrue asesinados como niños en sus refugios, y de demonios de piel oscura y ojos resplandecientes, tan letales para los Cainitas como el león lo es para el cordero. Una venganza musulmana, feroz y terrible, había caído sobre los nuevos señores de la Ciudad Santa. Teodosio los llamaba Assamitas, y junto a sus palabras finales había un andrajoso pergamino cubierto con pequeña caligrafía árabe, atribuida por el a algo llamado la Parábola de la Sangre.

Hay secretos en este fantasioso relato, y he pasado los últimos quince anos intentando descifrarlos, sin resultado. Cómo alcanzó Teodosio estos conocimientos, no lo sabremos nunca, pero estoy seguro de que el precio fue su vida. Los seguidores del Camino de la Sangre valoran sus secretos mas que cualquier otra cosa… de esto al menos si estoy seguro.

De todas formas, habéis de saber que los Assamitas no son demonios; son vampiros, pues soy uno de los tres unicos Cainitas europeos, que yo sepa, que han visto uno y han sobrevivido. Vino a por mi por orden del califa de Granada, y consiguió pasar entre mis sabuesos y mis sirvientes como una sombra de invierno. Caí con una grave herida en mi propio estudio antes de darme cuenta de su presencia. Aquel demonio era tan Oscuro como cualquier moro, pero sus ojos brillaban con la febril luz del devoto. No se recreó en su triunfo como hubiese podido hacer un Cainita inferior; había en el una calma espantosa, una aterradora sensación de algo inevitable. Fue entonces cuando apareció mi guardaespaldas, y sólo aquel valiente caballero pudo evitar mi asesinato. Enfrentaron sus espadas, y era tal su habilidad que la lucha se prolongó durante algún tiempo, extendiendo la alarma por la casa. Al final, destrozado por una docena de terribles heridas, el Assamita cayó; aun intentando, alcanzarme y terminar lo que había empezado. Hubiese podido huir en cualquier momento de la pelea, pero aquel pensamiento no pasó por su rostro inescrutable. y sólo tras su muerte me di cuenta de que no había salido ningún sonido de sus labios.

Desde entonces, he pensado mucho en aquella noche, comparando la misteriosa parábola con el enigma de mi atacante. Por lo que he visto, los seguidores del Camino de la Sangre se consagran en cuerpo y alma a sus creencias. Están henchidos del mismo celo sagrado que los paganos reservan para su Mahoma. Estos mahdi son guerreros disciplinados, atados a un rígido autocontrol y a un inflexible código de honor que exige la muerte antes que el fracaso. A pesar de este comportamiento, practican la diablerie sobre sus victimas de modo casi ritualizado, y parece que los asesinatos que perpetran les reportan algún beneficio mercenario. Esta claro que sean cuales sean, las leyes de los mahdi no surgen de la misma fuente que las nuestras.

¿Susurra la Bestia en el corazón de los Assamitas? Sólo ellos pueden decirlo. Cuando mahdi y paladín se enfrentaron en mi estudio, me sorprendió lo parecidos que eran en algunas cosas: ambos sacaban fuerzas de un fin superior, una noble devoción a una causa. Creo que los Assamitas mantienen a raya a su naturaleza animal con la misma rigurosa abstención de los paladines. Los mahdi bien pueden vivir por algo mucho mas grande que sus no vidas individuales, yen tal caso, este conocimiento de be hacernos pensar: Pues habiendo derrotado a nuestra Estirpe en Oriente, acechan ahora las noches de la península, vengando la Reconquista. ¿Quién sabe dónde acabara esta terrible cruzada? Sólo puedo suponer que naturalezas estarán mas atrapadas por el Camino de la sangre. Ciertamente, el fanático será deseable, así como el curtido superviviente.

En cuanto a su aspecto, ¿que puede decirse de un clan menos visto que el Nosferatu?