Tradicion – Solificati

Un Despertado lleva una corona. Como un halo, este brillante adorno representa el favor de Dios. Para ganársela, un mago debe discernir más allá de las falsas apariencias, dominar el Arte de la Transformación y refinarse hasta pasar de ser arcilla a oro.

La alquimia, el Arte de la Transformación, se ocupa de la ascensión de los materiales básicos a un estado exaltado. Los «imitadores» mortales tratan de convertir el plomo en oro, pero el verdadero alquimista trata en realidad de transformarse a sí mismo. Aunque esta búsqueda involucra a las disciplinas materiales, tales refinamientos no son más que los pasos de un niño por el Camino Regio. Los alquimistas Solificati toman su nombre de la corona de la maestría. Estos «Coronados» muestran sus logros con orgullo (con demasiado orgullo, para el gusto de algunos), pero se han ganado el derecho. El camino hacia sus filas es largo y tortuoso, acosado por los dragones de la avaricia, la ignorancia y la inestabilidad material. El fuego del genio puede convertirse en una antorcha (o en una explosión) con gran facilidad.

La Senda comienza en la Copa de Isis, con las Artes de Hatshepsht, que se empolvó las mejillas con oro que había creado a partir de la arena. Brillante como el sol, enseñó a sus mejores estudiantes cómo refinar el polvo resplandeciente. Justo cuando la humilde arena se convertía en puro metal áurico, enseñaba, el más simple pupilo podía, por medio de la sabiduría, convertirse en un mago o en algo más. Para proteger sus secretos los escondió en jeroglíficos esotericos, dibujos tan simbólicos que ni siquiera los maestros escribas eran capaces de descifrarlos. La reina pasó sus secretos a diez de sus más fieles Portadores de la Copa, conminando a los magos a perfeccionarse a sí mismos, igual que la arena.

Por supuesto, esos secretos se deslizaron hacia labios menos fiables. El conocimiento de Hatshepsht pronto se mezcló con los descubrimientos de los magos Taoístas, los Herméticos, los rabinos judíos, los oráculos paganos y los místicos cristianos, creando un extraño Arte que podía condenar o deificar con igual éxito. Aquellos que estudiaban la alquimia con motivos egoistas veían su fortuna convertida en ruinas por la Maldición del Oro. Los que buscaban el Camino Regio de la perfección personal recibían riquezas, Iluminación e inmortalidad.

Por el camino los alquimistas refinaron curas maravillosas, metales magníficos y un lenguaje de símbolos tan ornado y complejo que los maestros lo entendían sólo en parte. Un grupo de estos, el Gremio del León Blanco, se unió a varias sectas de Altos Artesanos. Esta propicia alianza del «Gremio de Oro» llevó a los Masones Artesanos de ser un grupo de logias a convertirse en una Orden a gran escala. Poco después, el Leon Blanco Duc Luis de Varre unió a su gremio con otras escuelas alquímicas. Llamó al resultado «los Coronados» y ayudó a establecer la Orden de la Razón.

No iba a durar mucho. Los alquimistas, acostumbrados a la autosuficiencia, se rebelaron ante las «interferencias» de las otras Convenciones. Los Solificati abandonaron la Orden al poco tiempo de su creación, desintegrándose rápidamente en facciones en facciones enfrentadas. Se produjo una serie de guerras internas que terminaron cuando el Diplomado Luis devolvió a los Coronados al Camino Regio. Ahora son una Tradición y mantienen su independencia mientras trabajan por un objetivo mayor.

Para los extraños, un Solificato parece arrogante y absorto. Sus investigaciones son más importantes que las gracias sociales y a menudo habla con acertijos y busca significados ocultos. Si es remotamente competente, el mago se rodeará con bienes terrenales… de los que no parecerá preocuparse. Sin embargo, tras esta cáscara el alquimista es un vidente que trata de luchar contra su propia ceguera. Para él, el mundo es un tapiz de símbolos, tentadores en su complejidad pero simples si se sabe cómo y donde mirar. Su comportamiento enigmático es un reto para los demás: Mira más allá de lo evidente. Supera tus límites. Rompe el huevo de la serpiente y córtate con los dientes de Ouroboros. Sölo entonces podrás llamarte «mago».

Filosofía: «la magia es un signo de refinamiento. Aunque concede grandes poderes, estos no son nada comparados con el proceso espiritual. Todo en la Creación es parte de ese desarrollo (las estrellas, los minerales, los espíritus, las bestias) y es reflejo de una verdad cósmica: todo objeto tiene un estado superior. El mundo es orgánico y ha sido creado con una sencillez que, al fundirse, revela la Divinidad. Ese proceso de fusión representa el mayor reto, ya que requiere sabiduría, educación, intuición y un equilibrio entre los elementos internos y externos.

La perfección de uno engendra la perfección para todos. Las cosas materiales están, en el fondo, vacías. Hay que ser generoso como el cisne, honorable como la llama y valiente como el león. La verdadera Piedra Filosofal no es en realidad una piedra, es el espíritu que vive para siempre.»

Herramientas y estilo: al contrario que los Herméticos a los que recuerdan, la mayoría de los Solificati son calmados y pacientes. En laboratorios llenos hasta arriba de libros, quemadores, cartas astrológicas y extraños productos químicos transforman la materia mundana en objetos maravillosos. El plomo en oro no es más que al comienzo. Sus pociones, polvos, Metales Verdaderos y extraños fuegos intimidan menos que las tormentas salvajes de sus amigos de Hermes, pero empleados sabiamente pueden ser igualmente efectivos. Mal utilizados pueden producir una catástrofe.

Sin embargo, todo eso no son más que juguetes. La verdadera magia aparece en la conciencia, la percepción y las facultades expandidas que logra todo alquimista. Sus sentidos, mente y resistencia alcanzan niveles sobrehumanos. Puede ver el pasado y el futuro, curarse, incluso leer los pensamientos y emociones. El mago se convierte en su propio foco. Siempre que pueda concentrarse en sus experimentos, sus sentidos se agudizarán. Algunos Coronados llegan a convertirse en rebi, hermafroditas que funden lo masculino y lo femenino en un todo perfecto. El emisario elegido por la Tradición para la Primer Cábala es uno de estos rebis, formado mediante la fusión de dos magos en uno.

Organización: el Diplomado Luis evita los errores del pasado, por lo que deja a los Solificati a sus anchas. En estos días, un alquimista es juzgado por sus logros y su perspicacia, no por su rango en una insignificante jerarquía. El aprendizaje es imprecindible, pero tras la graduación todos los Coronados son iguales… siempre que puedan demostrar su valía. Normalmente se deja que las disputas las resuelvan los magos (preferiblemente mediante el certamen, no el asesinato). Para escándalo general, esta Tradición reverencia a hombres y mujeres por igual, ya que lo importante es el conocimiento, no el decoro.

Primus: Diplomado Luis de Estes.

Iniciación: convencer a un buen alquimista para que te entrene es muy dificil: las interminables pruebas, labores y sesiones que acompañan al aprendizaje ahuyentan a todos salvo a los buscadores más decididos. Casi todos los aprendizajes duran entre cinco y diez años, durante los cuales el «huevo» (aprendiz) aprende casi todos los símbolos comunes, teniendo que averiguar el resto por su cuenta. Pocos libros alquímicos incluyen textos: diagramas y algunas referencias crípticas son todo lo que el aprendiz debe aprender. Si Despierta podría ser admitido en la comunidad… o no. La mayoría de los huevos no saben dónde se han metido hasta que son admitidos como miembros.

Daemon: bestias mágicas, animales y signos del Zodíaco dirigen una alegre danza por el Camino Regio.

Afinidades: Materia y Tierra.

Seguidores: ricos mercaderes, artistas, aspirantes a alquimista, agraciados por la generosidad.

Conceptos: extranjero misterioso, apotecario, monje, astrólogo, pintor, noble, mago patoso.

 

Elevate por encima del polvo
Si quieres transformarlo en oro.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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